Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  25 de octubre de 2011
  Rafael J. Terán
  Diego Valderas: "Siempre hemos ido tres o cuatro años por delante de la sociedad"
  Diego Valderas ha sido uno de los hombres más significativos del Partido Comunista de Andalucía, tanto en la Transición como en los años posteriores de la Democracia. Hecho a sí mismo después de tener que afrontar la pérdida de sus padres con muy pocas horas de diferencia, este político desarrolla la mayor parte de su actividad política en su propio pueblo, Bollullos Par del Condado, del que fue alcalde desde 1979 durante quince años.

Los comienzos.
Yo llego a la política de la mano del movimiento sindical, muy especialmente de CC OO y de quien durante mucho tiempo ha sido su secretario general en Huelva, Pepe Lagares, quien durante el tiempo de la Transición, entre 1976 y 1979, jugó un papel decisivo, especialmente en la comarca del Condado, y fue uno de los motores de la célula del PCE durante la época más difícil, más dura y más interesante que vivió el partido en esta zona, especialmente durante los años setenta porque él hacía posible el funcionamiento de esa célula y marcaba el ritmo de la actividad en una comarca tan roja como ésta y muy conectada con la Cuenca Minera, ya que ambas eran los dos grandes polos, junto a la ciudad de Huelva, del PCE en la provincia y en Andalucía. Mi actividad sindical se centró especialmente durante los años 1974 a 1976 en ser delegado sindical de la Cooperativa Vinícola del Condado. Ahí es donde dí mis primeros pasos más comprometidos con el movimiento obrero y a través de él, en la política local y comarcal.

Mi llegada a la política quizá sea un poco más amplia porque en los años 1975-1976 monté un negocio junto a otro compañero; se trataba de un pub llamado El Nido, que era el centro del ambiente político de izquierda y de la izquierda más radical de la comarca del Condado, con pueblos como Almonte, La Palma, Paterna del Campo... En este local se daba cita gente del PSOE, del PCE y de la LCR –que en Bollullos y en Nerva tuvo los dos polos con cierta fuerza, sacando en Nerva un concejal en 1979 y en Bollullos se quedaron a cinco votos–. Allí se fraguaron todas las listas electorales de Bollullos en el año 1979, hasta el extremo de que los cabezas de lista de LCR, PSOE y PCE salieron todos de allí y hasta mi socio fue miembro de la lista de la LCR. Mientras que yo encabecé la del PCE. Es curioso, pero yo empiezo colaborar y trabajar más estrechamente con el PCE desde el año 1977. Antes había participado en alguna célula o en grupos de estudiantes o del movimiento obrero y habíamos creado un grupo de trabajo en el que años después casi todos seguimos trabajando en política; pero más o menos en 1976 o 1977 fue cuando tuve una colaboración más estrecha con el PCE y mi militancia comienza prácticamente entonces.

En el PCE consideraban que yo era un militante comunista sin carnet y creo que aquello favoreció el que en 1979 pensaran en ponerme al frente de la candidatura como una persona que compartía proyecto, ideas y todo lo que significaba el movimiento comunista de aquella época, aunque tuviese la consideración de independiente. Creo que aquello lo hicieron tremendamente bien y siempre alabaré la inteligencia de Pepe Lagares, quien fue capaz de conformar en Bollullos –siendo la tercera fuerza política más votada en las elecciones generales de marzo de 1979- una lista que en las municipales vino a multiplicar por tres el resultado, y que cambió todos los pronósticos electorales que se daban en Bollullos, donde en aquellos años la UCD marcaba la prevalencia por encima del PSOE y siempre dejaba al PCE en tercer lugar.


Líderes. Además de José Lagares y yo también lideraba el PCE en la provincia  Venancio Cermeño. Estaban ellos y un grupo muy importante en Huelva capital, con Fernando Herrera, otro hombre muy importante que procedía de un grupo de intelectuales, de la universidad y conocía muy bien el espacio en el que también se movía el PSOE con Jaime Montaner, Carlos Navarrete, José Antonio Marín y otros. Fernando era un referente más intelectual junto con gente como José Antonio Fernández Sanabria y Pepe Quintero (del movimiento sindical), que tenían una amplia militancia en el PCE de aquella época. También había un movimiento obrero fuerte, especialmente en los años 1977 y 1978.
Quizá haya un tema que no se trató bien y es que las cabezas de lista del PCE en las elecciones de aquellos primeros años no se basaron en quienes estaban trabajando directamente en el territorio. Me refiero a Francisco Romero Marín y a Javier Pérez Royo, que venía de Sevilla y que la dirección del Partido consideró que encabezara las elecciones de 1979 con Venancio Cermeño en segundo lugar. Siempre recordaré una anécdota de Venancio con un periodista que, en una entrevista, le preguntó: “Oye, ¿qué harías si mañana estuvieras en el Congreso de los Diputados?”, y Venancio le respondió: “Pues posiblemente me está planteando usted que haga las maletas porque ello significará que el PCE ganará las elecciones generales”... porque claro, ir de número dos por la provincia de Huelva y salir era poco menos que un imposible para el PCE en Huelva, donde el electorado que tenía para elegir solo a cinco diputados. Lograrlo era prácticamente una ruptura y una revolución.

La sede provincial del PCE en Huelva era penosa. De aquella sede de la calle Cardenal Albornoz siempre recordaré que la luz de subida nunca estaba arreglada y siempre había que subir casi en absoluta oscuridad unos 20 escalones muy antiguos que resbalaban bastante, lo que creaba un ambiente lúgubre, aún de clandestinidad, cuando ya estábamos legalizados y habíamos sido votados en muchos pueblos. Lo cierto es que a la debilidad financiera, que no organizativa, en aquellos años se debía aquella sede en la que yo di mis primeros pasos participando en las primeras direcciones del PCE como miembro del Comité Provincial.

En Huelva, el resultado de las municipales de 1979 fue muy positivo para el PCE porque la presencia en la capital fue importante con dos concejales: Emilio Escobar y Paco Portillo, quienes hicieron un papel muy bueno, muy destacado y formaron parte del primer equipo de gobierno formado por José Antonio Marín Rite, del que siempre diré que tuvo la enorme capacidad de nuclear en torno a él al conjunto de la izquierda, con cinco fuerzas políticas (PSOE, PSA, PCE, ORT, Independientes), frente a la UCD que fue mayoritaria y la que ganó entonces. Hizo gala de una capacidad política y de síntesis que creo que a José Antonio hay que reconocerle en su trayectoria política. Luego había también dos zonas muy importantes: El Condado, donde los comunistas prácticamente éramos la segunda fuerza política detrás del PSOE y por delante de todo lo que representaba a la derecha, donde nosotros no sólo teníamos a Bollullos como lugar más emblemático y fuerte, sino que también estaban Manzanilla, Escacena del Campo, Paterna con el MCA y Villalba del Alcor, lo que nos permitió tener el primer diputado provincial, que fue Sebastián Martin Recio, alcalde de Manzanilla, al que yo luego sustituí en la Diputación en el año 1981. También estaba la Cuenca Minera donde teníamos el núcleo central en Nerva, aunque excepto Campofrío todo estaba en manos del movimiento sindical de CC OO y del Movimiento Comunista. En Nerva teníamos a Ricardo Gallego y en Riotinto a Pelegrín, que fue alcalde cuatro años porque no quiso estar más tiempo. También teníamos Trigueros, otro pueblo fundamental de la mano de Manuel Peñate, y en la zona del Andévalo estaban El Granado y El Almendro, con Juan Rosas, que era un marcado ortodoxo del comunismo, por no decir que el tirón estalinista aún le podía en aquella época en la que Santiago Carrillo ya lo tenía superado y nos había hecho superar el tránsito del leninismo y del eurocomunismo.

Una crisis. La crisis del Partido en el año 1981 fue un momento muy duro en el que el análisis mal entendido no permitió asentar lo que había sido un buen resultado electoral en las municipales e impidió haber crecido, lo que hizo que entráramos en una crisis que se reflejó en las elecciones autonómicas de 1982 al no tener ningún representante el PCE. Creo que por algunos sectores del PCE, encabezados por Antonio Toti en Huelva, quien posteriormente militó en las filas del PSOE, se magnificó la opinión de los miembros del Grupo Municipal de Huelva sobre la crisis de los concejales del PCE en el Ayuntamiento de Madrid, que creó un estado de opinión en todo el país. Se dio mucha importancia a la posición de Portillo y Escobar, debido a intereses de desplazamiento que fueron un error y que yo viví intensamente como miembro del Comité Provincial. Nunca lo comprendí, aunque más tarde, con más perspectiva, vi que aquello había sido instrumentalizado ante las bases de la capital para desplazarlos y dar paso a otros compañeros en el tema municipal. Aquello llevó a que se perdiera la capital, que era un núcleo importante, dividiendo a los militantes del PCE y perdiendo la fuerza y la presencia municipal en 1983, desterrando a la parte más renovadora y más fresca del trabajo que habían estado haciendo los comunistas que estaban en el interior, frente a los que venían del exterior con una ortodoxia más profunda. Creo que vencieron los que siguieron la linea de la ortodoxia más profunda, que miraban la situación española desde el exterior y no desde el interior del partido, aunque eso ocurrió a nivel general, no solo en Huelva, y produjo un cierto parón en las perspectivas electorales del PCE a nivel general; pero en Huelva fue un mazazo del que aún no nos hemos recuperado porque había un grupo humano muy fuerte, con una capacidad intelectual muy brillante, formado por personas con una coherencia enorme, que optaron por la expulsión o por apartarse de la órbita del PCE, aunque la mayoría ha mantenido su coherencia sobre el conjunto de la izquierda, sin ligarse estrechamente a lo que representó el PSOE, mientras que aquellos que desde la ortodoxia los empujaron a irse, acabaron de la mano del PSOE tres años después.
Nosotros teníamos una Asamblea Local muy fuerte, muy unida y muy ligada al trabajo municipal. Quizá esa conjunción, que marcaban Lagares y otros compañeros, hizo que la crisis no nos afectara, aunque desgraciadamente sí afectó a otros zonas, incluso a la Cuenca Minera, donde Ricardo Gallego estuvo muy presionado con un sectarismo muy fuerte, por los compañeros de la dirección provincial encabezada por Antonio Toti; pero El Condado se mantuvo firme junto a Pepe Lagares porque éramos gente muy abierta que entendíamos que por una diferencia de criterios que no llegaba más allá que expresar las ideas públicamente, no se podía estigmatizar a unos compañeros que estaban trabajando muy bien en el Ayuntamiento de Huelva. Recuerdo que José Antonio Marín me decía que no entendía como en vez de ponerle focos y luz al trabajo tan bueno que estaban haciendo en el terreno medioambiental y del comercio y transporte, los petardeaban... Los concejales Escobar y Portillo pusieron en marcha aquel planteamiento de que “quien contamina paga” no sobre la base de que “si usted puede pagar contamine lo que quiera”, sino como forma de empezar a aplicar lo que para nosotros había sido una bandera. Hicieron un trabajo excepcional y José Antonio Marín me decía “mira, estáis locos, despreciar la capacidad de estos dos concejales a mí me va a favorecer politicamente pero no dejo de ver que es de una cortedad de ideas politicas enorme” y resultó ser así. La prueba evidente es que tras las elecciones de 1983 nos quedamos sin concejales y Manuel Rodríguez, que era un representante importante del movimiento ciudadano, hasta cierto punto fue llevado con cierto engaño y pagó los platos rotos al sacar cero concejales. Todo lo que pasó se pagó en las elecciones autónomicas de 1982 en las que con los números en la mano, para nosotros era impensable no sacar un diputado. Ocurrió que cuando no se contó con el Condado y se desplazó de la confección de la lista de 1982 a la gente más nucleada como a mí, a Pepe Lagares y otros, poniendo como número dos en Bollullos a un compañero que no representaba el sentir popular ni estaba en el Ayuntamiento ni en ningún lado, pero estaba vinculado a ese frente ortodoxo que en el PCE representaba Antonio Toti y las ideas de Santiago Carrillo que ya iban cayendo, desplazado a Lagares, a mí y a otra gente, hizo imposible que Juan Pablo, que encabezó la lista en aquel momento, fuese diputado y prácticamente nos quedamos en casi 12.000 votos, siendo la vez que menos votos obtuvimos en una elecciones autonómicas.

Reforma agraria.
Creo que había un buen trabajo politico y que en Bollullos, más que dedicarnos a la gestión, nos dedicamos a la acción politica, lo que tuvo su trascendencia no sólo en la provincia sino más alla, permitiéndome ocupar muy rápidamente espacio en el terreno andaluz. Recuerdo haber vivido una etapa maravillosa con el PCE en Andalucía defendiendo la Reforma Agraria integral y participando muy acticvamente en los primeros debates de 1982, 1983 y 1984, formulando también el Estatuto de Andalucía, y en 1979, 1980, 1981 participando en el proceso que llevó a la aprobación del Estatuto, a la vez que intervenía en lo que para el PCE andaluz fue un elemento central: “Tenemos que ser capaces de diseñar cuál es la estrategia de nuestra fuerza politica para los próximos diez o doce años” Yo viví ese debate y aprendí política de la mano de Julio Anguita, de Felipe Alcaraz, de Pepe Barragán... Creo que a partir de entonces se empieza a diseñar todo lo que significaba abrir el PCE después de 1982, tras la caída en las elecciones autonómicas y en las generales a lo que fue luego Convocatoria por Andalucía. Entonces participé muy activamente como miembro de la ejecutiva andaluza, en la que curiosamente el Condado tenía un peso fuerte, ya que de sus 15 o 20 miembros estábamos Pepe Lagares y yo frente al PCE en Huelva, que solo tenía a uno. Con ello había una tendencia nueva a la apertura y a la superación de la crisis de la mano, especialmente, de Felipe Alcaraz.

Nunca olvidaré la gran movilización que hubo el 4 de diciembre de 1977, que fue una de las grandes manifestaciones de Andalucía. Es verdad que Huelva, en lo que fue ese gran debate estatutario, constitucional, entre reforma y ruptura, no ocupó nunca como provincia un espacio de liderazgo, pero creo que había una sensación compartida en el conjunto de la ciudadanía, con el conjunto de lo que después fue el gran movimiento de masas que hubo en Sevilla y en Málaga para hacer posible el Estatuto de Andalucía, la incorporación de Andalucía al artículo 151. Creo que hay que reconocer que los ciudadanos onubenses se movieron porque había un ansia de cambio muy profundo en Huelva,  que luego se expresó con fuerza en 1983 al dar el PSOE la vuelta a todo lo que significaba la fuerte presencia de UCD que, salvando la capital, era la fuerza que tenía la Diputación, el mayor nivel y número de ayuntamientos... aunque creo que teníamos un foco centrado en la fuerte presencia de los comunistas en la Cuenca Minera y el Condado, que obligaban al PSOE a tirar más a la izquierda, además del de la capital, con ese gobierno “de acción democrática” por no decir de “concentración democrática” frente a la derecha que lo conjuró maravillosamente Jose Antonio Marín, conectando muy bien con las ansias de democracia y libertad de los onubenses, más allá de lo que representaba la presión de UCD y de AP. Tampoco hay que olvidar que algunos políticos de Huelva tuvieron una presencia importante en el primer Gobierno autónómico, en el que durante varios años Jaime Montaner tuvo un peso fundamental.

Socialistas y comunistas.
En aquellos primeros años de la Transición había objetivos comunes como ganar la democracia y abrir el espacio de libertades lo más ampliamente posible. Con el gran acuerdo muncipal de 1979 con los socialistas, comunistas y andalucistas, se firmó una gran foto progresista que tuvo sus resultados, eso sí, escorados más hacia el PSOE, aunque sin el PCE difícilmente se hubiera podido dar la gran fuerza de movilización ciudadana que suponía aprobar el Estatuto y ganar el espacio de Andalucía como comunidad autónoma en igualdad de condiciones con el Pais Vasco, Cataluña y Galicia a traves del 151... Ahí creo que el PCE jugo un buen papel y supo medir su consenso en el plano de la concreción estatutaria con su capacidad de movilización social, que también venía de la mano de un movimiento sindical tan fuerte como CC OO y actuaba de correa de transmisión, complementando la capacidad de movilización que siempre ha tenido el movimiento comunista y su relación muy estrecha con CC OO en representación del movimiento obrero, aunque es verdad que el PSOE pudo reflejarlas con más fuerza a su favor, aunque yo decía que “por cada socialista siempre había dos comunistas en las manifestaciones”.

Nosotros perdimos con la legalización del PCE algo fundamental como fue el perder de vista la importancia que los medios de comunicación iban a tener. Teníamos una militancia muy tejida entre el movimiento obrero y el movimiento universitario con una capacidad y un cuerpo intelectual fortísimo, hasta el punto de que en los primeros Gobiernos de la democracia muchos de estos compañeros no aguantaron el tirón del debate de las ideas dentro del PCE entre los años 1977 y 1983 y acabaron siendo grandes representantes institucionales y públicos del PSOE. Sólo permanecieron muy fieles gentes como Fernando Herrera, quien ha tenido tentaciones de todos los colores y nunca ha caído.

Participación. Donde gobernabamos siempre se ha aplicado el concepto de participación política, muy propio de los comunistas. Lo digo por mi propia experiencia, porque si en algo siempre he valorado a Bollullos es porque la participación y la relación del Gobierno municipal con la ciudadania era tan estrecho que muchas veces elaborar los presupestos era muy sencillo porque te los había marcado la gente. Siempre recordaré que en 1981, para hacer los presupuestos de 1982, pedimos a la gente que nos dijera cuál era el presupuesto de inversiones que querian para la ciudad y sólo les planteamos unos diez temas para que ellos valoraran y decidieran. Fue genial. Marcaron pautas para siete años y nos permitieron elaborar un Plan Estatégico y tener un proyecto de ciudad que avanzara con perspectiva de futuro. Los comunistas siempre trabajamos muy bien la cercanía con la gente; los que gobernábamos nunca fuimos un gobierno cerrado ni nos creímos el ombligo del mundo en aquella etapa de 1979, y esos valía para los lugares más emblemáticos donde el PCE gobernaba. Era fácil justificar el que en unas elecciones autonómicas bajásemos mucho y en unas municipales barriésemos Diego Valderas, Manuel Peñate, Ricardo Gallego, etc. Era difícil oponerse a una buena gestión, hacer política y situar a los pueblos en vanguardia en sus comarcas. Cuando llegábamos con nuestra propuestas a las instituciones provinciales siempre estaba la lucha de los ayuntamienientos socialistas o de UCD porque a veces nos daban a los comunistas más que a ellos. Era porque planteábamos fórmulas de gestión y política que otros no eran capaces de hacer.

El 23-F.
El intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 fue tremendo y hasta cierto punto inesperado y vino a mostrar lo difícil que estaba siendo la Transición y pasar del Régimen de Franco a la Democracia con los sectores de resistencia que había, porque en cuanto se habló de algo que ahora también está en debate como era el modelo de Estado y convertir España en una democracia con con comunidades autónomas, reconociendo la pluralidad de los pueblos, aquello cimbreó a muchos. El tema de Andalucía vino a dar el último golpetazo a esas ansias de sectores resistentes a que el Régimen desapareciera. Ahí es donde creo que hubo una sorpresa enorme; pero con cierta perspectiva histórica también hay que ver la reacción positiva que aquello produjo: superar el Golpe hizo reaccionar al pueblo. Creo que sin el 23-F la consolidación de la democracia que se da en 1982 con la victoria en las elecciones generales del PSOE y de Felipe González no se habría producido con tanta fuerza. El Golpe fue un aviso importante al conjunto de la ciudadanía y las elecciones posteriores fueron la respuesta de quienes no estaban dispuestos a ningún tipo de marcha atrás.

El 23-F lo viví con mucho nerviosismo porque a uno le coge con la mente joven. Recuerdo que estaba en el Ayuntamiento trabajando con un funcionario mientras escuchaba el debate por la radio. Aquello me produjo un sobresalto enorme, aunque actué con mucha frialdad, porque en apenas un minuto pensé “¿Cuál es la primera medida que debo tomar ante algo de lo que no sé que iba a suceder?” y esta medida fue llamar al jefe de la Policía Municipal y decirle “en esta ciudad quien manda es el gobierno municipal y el alcalde. No hay orden que no pase por mis manos, venga de donde venga, incluso si procediera de la Guardia Civil”. El jefe estaba bastante nervioso y me dijo que no me preocupase que así se haría. Inmediatamente convoqué también a los miembros de mi equipo de gobierno y a los del partido que me eran más cercanos, y a continuación convoqué a la Comisión Municipal Permanente con representantes de todos los partidos, para que viéramos todos por dónde podían ir los acontecimientos y decidir qué hacer. Recuerdo que el portavoz de la UCD, Manuel Díaz Mantis, era el que parecía más tranquilo y decía “aquí no pasa nada, tranquilos, tranquilos”. Lo cierto es que todos estuvieron a la altura de las circunstancias y dieron una respuesta muy buena. También llamé al teniente de puesto de la Guardia Civil y le dije lo mismo que al jefe de la Policía Local, recordándole “que no iba a permitir ninguna actuación que no fuera de mi conocimiento”, con una firmeza que a mí luego me sorprendía. A mis 27 años, entonces, nunca me las había visto más gordas. También le dije a mis compañeros del partido que los censos de quienes militan en el PCE los hicieran desaparecer o los pusieran a buen recaudo. Recuerdo que el que se encargó de ello los guardó en un pajar, sobre todo porque si era preciso, tirándole un cerillo desaparecería todo con facilidad.

Mirando atrás.
Hay que mirar aquellos años de forma muy positiva. Huelva ha sido siempre un lugar muy apegado al poder que había en el conjunto del Estado, teniendo una fuerte presencia de derechas –de centro si cabe– pero dispuesta a permitir la sustitución del Régimen anterior a gente más cercana a éste. Creo que la Transición fue capaz en Huelva de darle la vuelta a todo eso y hacer que sea una de las provincias que en el voto progresista, de izquierdas, está a mucha distancia de lo que pueden representar los herederos del Régimen, los herederos de Fraga. La Transición merece el reconocimiento de muchas personas que se jugaron su vida, sus ideas, que sacrificaron la vida familiar, y creo que hay que valorarlas al margen de donde estén hoy o donde militen, especialmente del PCE y del PSOE, aunque también hubo de la ORT y otros de fuerzas políticas más pequeñas pero no por eso menos decisivas, de esa parte olvidada del troskismo, revolucionarios más fuertes, como compañeros de la LCR que luego han ido resituándose.

Sobre todo, reconocer la fuerza que tuvo el movimiento sindical que en Huelva fue capaz de aglutinarse en las dos grandes centrales sindicales, aunque respecto a otras provincias, ha sido capaz de mantener 20 años sindicatos como el Unitario que sólo se da en Huelva, y eso tiene su valor. Ello se debe a que había un movimiento político más allá del PCE o del PSOE que tenía sus raíces en algunas zonas y más en el terreno sindical, e incluso en el terreno educativo, con sindicatos como USTEA, que era un movimiento pedagógico fuerte al margen de CC OO. Todo eso fue producto de una Transición fuerte, bonita, teniendo presente que Huelva era parte del fondo del saco que sigue siendo históricamente en el hacer político, muy apegada al poder.

Miedos. Haciendo un análisis más cercano, el Condado es francamente de izquierdas, especialmente por la fuerza que le imprime ser la parte “más roja”, pero ahí tienes a La Palma del Condado, rodeada de derechas, pero permanece. Recuerdo que en 1983, cuando trataba de montar allí una lista, reunidos casi 20 compañeros y compañeras jóvenes, entró la madre de uno de ellos a la reunión diciendo que si su hijo iba a ir con nosotros íbamos a buscar una ruina a la familia; nos echó a la calle y le impidió que encabezara la lista. Llevábamos unos años de democracia y aún éramos “los diablos“ para muchos. Esta misma anécdota se ha repetido 18 años después, cuando vuelvo a La Palma y me reúno con compañeros con menos pelos que resultan ser prácticamente la misma gente que nos habíamos visto en 1983 que ahora decide ir adelante. Lo curioso es que quien acordamos que sea cabeza de lista era un abogado, hijo de aquella mujer que nos había dicho que nos fuéramos a la calle con el padre y, a pesar de su carrera y formación, con la lista ya hecha, esta persona viene y nos dice “no puedo con mi familia, me han dicho que o la cabeza de lista o ellos, y elijo ellos, tenéis que comprenderlo”. Y era el mismo en la misma casa.

También me ocurrió algo parecido en una de las células del PCE que montamos en Bollullos en 1974. Estábamos en el doblado de la casa de un amigo, éramos ocho o diez y había venido alguien del PCE de Sevilla cuando entró el padre del compañero, dueño de la casa, y nos echó a todos bajo la amenaza de ir al cuartel de la Guardia Civil. Luego ese amigo, cuya primera reacción fue dura respecto al padre, acabó en la LCR, aunque con el paso de los años ha acabado en la Iglesia.
   
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