Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  25 de octubre de 2011
  Rafael J. Terán
  José Antonio Marín Rite: "Los empresarios no reconocían la gravedad de la contaminación"
  Los pactos de la izquierda y la falta de mayoría absoluta de UCD en las primeras elecciones municipales hicieron que José Antonio Marín Rite fuese el primer alcalde democrático de la ciudad de Huelva después del franquismo. Sus primeros años de mandato supusieron una nueva concepción del municipalismo. Su Corporación Municipal es multicolor, con representantes de su partido –el PSOE–, así como de la UCD, PSA, PCE, ORT e Independientes compartiendo tareas de gobierno en un clima de consenso y diálogo nada usual. Huelva es una ciudad que, al socaire del entusiasmo municipalista que salía de la Casa Grande de la Gran Vía, se plantea un futuro más compartido, menos anodino que el pasado reciente. En 1981 ya ha dado tiempo de hacer el rodaje obligado de quienes, por primera vez, asumían tareas de gobierno en el municipio. Abierto el proceso de desarrollo de la autonomía, aprobada masivamente por los onubenses un año antes, se afronta un nuevo tiempo en el que, al igual que en el resto del país, aún tenían que darse muchos acontecimientos que, para el futuro, serán decisivos.

Andalucía despierta.
El año 1981 es un año en el que los nuevos ayuntamientos están en un proceso de consolidación avanzado. Han pasado los primeros momentos; se ha producido la primera toma de contacto de los nuevos gobernantes municipales democráticos, y aquella gente que entra con una ilusión grande, también con una inexperiencia grande –vamos a decirlo todo–, empieza a tomarle el pulso de verdad a la vida municipal. También empiezan a aparecer en la ciudad pequeñas mejoras; los barrios comienzan a retocarse y se trata de corregir la ruina casi completa de los servicios públicos municipales, a la vez que se inicia un proceso de mejora que es extraordinariamente bien recibido por los ciudadanos.

Ésa es una característica de este año 1981 que en la vida autonómica también tiene una gran trascendencia por la batalla del Estatuto, que en Andalucía fue especialmente dura por la posición del Gobierno y toda la gran conmoción política que supuso la campaña del Estatuto de Autonomía, que yo creo que fue, para mí, la primera gran toma de conciencia colectiva que ha habido en la historia de Andalucía, de todos los tiempos.

La de 1981, con el referéndum de octubre sobre el Estatuto de Autonomía, es la primera gran movilización colectiva de toda Andalucía, y eso fue emocionante verlo y vivirlo. Yo recuerdo que a los alcaldes de las capitales de provincia se nos usó –y con razón–, pues entonces éramos gobernantes democráticos, la gente nos tenía aprecio –por qué no decirlo– y tuvimos un papel en aquella campaña que yo no sólo hice en Huelva, sino que me llevó también a estar en todas las capitales de Andalucía en actos multitudinarios con mis amigos, compañeros y alcaldes de entonces. Así pude comprobar personalmente la gran movilización que hubo en Andalucía, cómo Andalucía despierta realmente de un letargo que había durado toda su historia.

La intensidad era mayor a medida que las ciudades eran mayores, pero en la provincia también. Claro que en los pequeños pueblos de la Sierra y el Andévalo, donde todavía el recuerdo de la Dictadura era más próximo, donde todavía la represión del franquismo y de las cosas tremendas que pasaron en estos pueblos estaban más presentes, la movilización era más complicada, pero ibas por ellos y veías la bandera andaluza en los balcones, celebraban actos en los que empezaban a acudir ya 70 u 80 personas en un pueblecito pequeño. También se notaba la movilización, no en los niveles de grandes masas como ocurría en las ciudades más grandes, pero sí que la había.

Un referéndum. En Huelva fue muy bien el referéndum; no tuvimos un riesgo realmente a pesar de que una de las reliquias que teníamos heredadas del franquismo era el censo, que tenía una abstención técnica del 20%. Te acordarás de las batallas del censo y que había gente que iba a votar y no podía... Era un problema, porque si te pedían mayoría absoluta del censo y teníamos aquella abstención técnica, resultaba que había un 20% de gente que votaba contra ti; vamos, que no vota, y era muy difícil superar aquellos listones, no sólo porque eran altos, sino porque teníamos este problema de la altísima abstención técnica.

La gente esquematizaba la cuestión de vivir. La batalla por el Estatuto de Andalucía tuvo un profundo sentido social, de protesta ante la actitud del Gobierno que se equivocó totalmente, que hirió a Andalucía y tuvo una respuesta enérgica; la primera gran respuesta democrática. La gente ya podía hacer eso a pesar de que aún se corrían riesgos y hubo hasta un muerto, pero la gente podía hacerlo y lo hizo. Protestó. También tenía un contenido social porque la gente asimilaba el atraso de Andalucía, la situación de marginación, con la falta de capacidad de autogobierno, y todo eso se mezcló y provocó esa gran movilización que fue la lucha por el Estatuto. Gracias a eso aquello salió de la forma que salió porque era muy, muy difícil, teniendo un Gobierno en contra y un censo con aquellas características; era prácticamente imposible, pero sin embargo se consiguió porque la gente se pone de pie y tanto en Huelva como en la mayor parte de Andalucía protagonizó una movilización de primer orden que yo diría que es la primera colectiva en la historia de Andalucía.

Toda la política entonces estaba mediatizada por la situación de la política general de España, por el problema tremendo de la consolidación de la democracia, que se pone por delante como primer valor. Es lo primero y todos los partidos lo entienden, por eso se pactaba tanto; por eso se llegaba a acuerdos; por eso se llegó a los Pactos de la Moncloa y muchas cosas fueron posible. Había que demostrar que la democracia servía y sobre las espaldas de los ayuntamientos cayó la tremenda responsabilidad de demostrar que era así.

Si aquellos ayuntamientos hubieran fracasado, yo creo que hubiera sido un golpe durísimo para la credibilidad del sistema; con el “con Franco vivíamos mejor” se habría hecho evidente, pero supieron hacerlo bien –y un día se tratará este tema con profundidad– y tuvieron que cumplir, además de las tareas de mejora de los servicios públicos, que eran evidentes y sin medios. En fin, hicieron posible toda aquella cosa tremenda que era propiamente municipal.

Teníamos también la tarea añadida de tener que demostrar que servía el cambio que se había introducido en el país, el sistema nuevo que se había dado a la gente y que era desconocido para los que tenían 30 o 40 años porque no habían vivido otra cosa que la pura dictadura. Había que demostrarles que la democracia servía y eso lo tenían que hacer los primeros que gobernaran, y esos fueron los ayuntamientos. Esa tarea se cumple y nadie puede arrogarse el mérito; fue una labor de todos, que hicimos entre todos aunque a algunos nos correspondió un poco más dirigir aquello de alguna manera en algunos lugares concretos, pero aquello no fue labor de una persona, ni de dos, ni de cien, fue una obra colectiva del municipalismo andaluz y lo mismo lo hizo Julio Anguita en Córdoba que Luis Uruñuela en Sevilla, que yo en Huelva o que otros en otros sitios.

Una provincia aislada.
¿Era Huelva una provincia con poco peso? Ése es otro tema, muy interesante también. No podemos olvidar que Huelva es heredera de su historia y no lo puede evitar. Huelva tiene durante siglos una economía de carácter colonial, no tenía agricultura de primor, ni turismo; tenía solo un pequeño comercio en la capital, un pueblo muy bonito con los funcionarios, la Administración Pública y la empresa minera. Por eso en Huelva hay magníficos ferrocarriles mineros que son verdaderas obras de ingeniería –por ejemplo, el muelle del Tinto– que eran verdaderos avances tecnológicos, y muy malas carreteras, porque la economía era una economía colonial, de explotación de la riqueza y de salida por el puerto de Huelva, durante años y años, de la riqueza mineral. Por el puerto también salían otras cosas como el sufrimiento y el atraso de la gente que sacaba aquellos minerales.

Huelva vive aislada, no hay comunicación, y el Estado no tenía mucho interés en la provincia porque estaba entregada. Pensemos que cuando yo era un muchacho y estaba estudiando el Bachillerato había un solo Instituto de Enseñanza Media en toda la provincia; eso es un ejemplo, y produce una determinada huella. Yo siempre digo que la huella más importante de la colonia en Huelva fue la huella cultural. Hay una huella social, otra material, de las infraestructuras... pero la más grave es la cultural. La colonia marca culturalmente a esta provincia y una de las grandes operaciones que se han hecho en esta provincia es superar esa huella. Yo ponía como símbolo la Universidad, que es el símbolo de la superación de la huella cultural de la colonia y, si pensamos un poco en lo que ha sido nuestra vida, nuestra historia y nuestras posibilidades, eso es así y por eso, la provincia de Huelva, con esta condiciones, no podía tener encima mucha influencia; podía haberla de algún personaje concreto, y ahí tenemos el caso de Burgos y Mazo y algún otro personaje aislado, pero no es eso.

Hay un libro de Núñez Roldán, que se llama Huelva en los confines del Reino, donde se habla de una Huelva marginal, periférica en relación con los confines del Reino de Sevilla; era un territorio anejo al Reino de Sevilla y, más tarde, se entregan a los franceses y a los ingleses las reservas minerales, y vuelve a la colonia, que en Huelva es muy antigua. En nuestras calles de Huelva vemos restos de fundición que demuestran que aquí había metalurgia, no minería, en el siglo VI y VII antes de Cristo; hemos descubierto yacimientos arqueológicos que son explotaciones de gentes venidas aquí a explotar la riqueza mineral, y eso sigue, continúa, cambia hace muy poco a mediados de la década de los años 1960.

El Polo de Desarrollo, en el terreno económico, es un inicio de la superación de una situación histórica de dependencia en lo económico y cultural, con otras connotaciones de tipo medioambiental. En la enseñanza se hicieron centenares de escuelas y docenas de institutos de Enseñanza Media en la provincia y, después, la guinda final de ese proceso viene con la Universidad.

¿El nombramiento de Félix Manuel Pérez Miyares como ministro de Trabajo? Pérez Miyares fue ministro muy poco tiempo. Fue un hombre importante y además, en el tema del Estatuto y en algunas negociaciones posteriores tuvo que ver. Siempre he dicho que fue sin duda el mejor currículum político de la provincia de Huelva y un hombre que jugó su papel en momentos como el inicio de la autonomía, donde me consta que tuvo una buena interlocución con Rafael Escuredo y estuvo en la urdimbre de aquellos momentos iniciales del proceso autonómico, además de que esa posición le duró relativamente poco. Si algún día habláramos de los políticos de Huelva, Pérez Miyares ocuparía un lugar preeminente.

Buen entendimiento. En la Gran Vía residía un Gobierno Civil de la UCD, teníamos un Ayuntamiento de izquierdas y la Diputación Provincial también era de la UCD. Se dio una situación que yo creo que se marcó desde el Ayuntamiento porque si en él hubiese habido una situación de tensión grave, se hubiese tensionado el conjunto. El Ayuntamiento de Huelva, al ser una entidad de elección de primer grado (el Gobierno Civil y la Diputación eran de segundo grado), tenía más vitalidad, ante la opinión pública –tú viviste aquello perfectamente– era más importante. En el Ayuntamiento habíamos propiciado un clima de gobierno compartido, de trabajo institucional respetuoso, con una relación institucional muy correcta y positiva, y eso influyó en el resto.

Tengo que decir que los gobernadores civiles de aquella época lo entendieron y la relación del Ayuntamiento con el Gobierno Civil fue buena e incluso hubo gestiones para la ciudad realizadas conjuntamente por ambas instituciones, permitiendo que se afrontaran  problemas conjuntamente porque hubo una relación buena tanto con Pedro Núñez Morgades como con Jesús Posada.

Por primera vez, en el año 1981, la Diputación metió al Ayuntamiento en los Planes Provinciales de Obras y Servicios. Eso era posible gracias a aquel ambiente. La avenida de Alemania era una calle importante de la ciudad que tenía carteles por todas partes, con sus comerciantes en la ruina porque estaba levantada desde hacía varios años y el empresario que las llevaba había parado las obras porque no le pagaban... estaba en una situación lamentable y aquello había que arreglarlo y fue uno de los primeros objetivos que nos marcamos porque no podían continuar así. Por eso, se metió el arreglo de la avenida en los Planes de Obras y Servicios de la Diputación, aunque técnicamente era casi imposible.

Acudimos a la Diputación porque había ese ambiente de entendimiento, si no, no se habría podido hacer y en esto tuvo también su parte el que era secretario general de la Diputación, José Cruz Millana, con el que estuvimos estudiando la salida jurídica que tenía aquello, y que fue declarar la obra de urgencia, considerada socialmente urgente, lo que justificó que la Diputación hiciera una obra en la capital de la provincia, también con aportación del Ayuntamiento.

El Gran Teatro.
No tuvimos problema para adquirir el Gran Teatro. Se compró entre las dos porque entendimos que aquello no se podía convertir en un garaje y nadie se quería apuntar ningún tanto. Fue una operación conjunta, aunque luego vino el problema de la restauración, que fue más complejo porque era más cara que la propia obra. Metimos al Gran Teatro en un programa de reparación de teatros municipales de toda España, en el que estuvieron el Lope de Vega, de Sevilla; el Falla, de Cádiz; el Romea, de Murcia y otros muchos. Era un proyecto que estaba muy apoyado por la Reina Doña Sofía, y por eso vino a la inauguración y con ella coincidí, siendo ya entonces presidente del Parlamento de Andalucía en las inauguraciones del Falla y del Lope de Vega. Ella, que tenía una preocupación real y sincera por la cultura, se dio cuenta de que la reparación del Gran Teatro era necesaria porque había en España un patrimonio de teatros municipales que se iban a perder, así que con Javier Solana, siendo ministro de Cultura, convencimos al Ministerio de que ya habíamos hecho el esfuerzo de comprar el teatro y que, por tanto, no se nos podía reclamar, como a los otros teatros, el pago de la mitad de la obra de restauración. No fue fácil pero se consiguió.

La crisis del PSA fue una de las pocas convulsiones políticas que hubo en el  Ayuntamiento de Huelva, que era un Ayuntamiento que tenía todas las papeletas para que las hubiera habido, y muchas. Fue una crisis interna del partido que afectó, aunque no de una manera esencial, a la actividad municipal porque que la gente del PSA siguió en su sitio aunque a algunos los sustituyeron, pero estuvieron trabajando en sus concejalías hasta el final de la legislatura. Fue efectivamente una crisis importante que provocó un problema grave en el PSA, sobre todo en Huelva, porque aquí el núcleo dirigente cayó en un mismo sitio y el PSA casi desaparece.

Los concejales andalucistas tenían delegaciones importantes. Antonio Mora Roche era el primer teniente de alcalde y delegado de Urbanismo. Es que habían sacado seis concejales en las elecciones municipales de 1979, y estamos hablando de un Ayuntamiento (el de Huelva) en el que nadie sacó más de ocho ediles. Tuvieron unos resultados electorales muy buenos.

La relación con los sindicatos no fue mala. Nosotros dimos –fundamentalmente desde el partido (el PSOE)– un apoyo muy fuerte a los sindicatos que creo que ellos mismos reconocieron. Los dirigentes sindicales de Astilleros en aquella época sabían muy bien del esfuerzo del PSOE y concretamente del secretario general de Huelva, Carlos Navarrete, quien se tomó el asunto como una cosa muy personal, y lo reconocen así incluso los propietarios de la empresa con los que yo he comentado en varias ocasiones la importancia que tuvo el apoyo que se les prestó en las crisis que tuvieron.  También en aquella época se apuntan las primeras crisis serias de la minería, que ya había tenido algunas anteriores, aunque se hace más patente la situación de la minería, que ha conducido a donde estamos ahora Estaba también el sector pesquero, que no tenía aún los problemas de caladero tan importantes que tuvo. Sí los tuvo por apresamientos, pero eso eran problemas muy concretos y el sector seguía siendo muy fuerte, muy grande; la flota de congeladores tenía una fuerte incidencia, era muy importante y era clave en la economía provincial.
Con la Federación Onubense de Empresarios hubo de todo y tuvimos discrepancias importantes. Siendo presidente José María Tejero, que estaba en el año 1979 cuando se constituyeron los ayuntamientos democráticos, tuvimos un entendimiento importante y con el Ayuntamiento se llegaron a pactar temas importantes, como el Impuesto de Radicación, con un calendario de subidas razonables y contrapartidas por parte de ellos, que incluso llegaron a hacer recomendaciones de pago a los afiliados, pero con Constantino Menéndez, hacia 1981, las relaciones no fueron las mismas.

La contaminación.
Estamos hablando de una época en la que toda la operación de descontaminación y de mejora medioambiental que felizmente se ha hecho después, no se había producido. Entonces el Polo estaba “soltando” lo que no estaba en los escritos y, además, no había instrumentos de control porque había unos medidores situados en varios puntos de la ciudad, que hacían la media de 24 horas y no servían para nada porque un incidente grave a cierta hora del día quedaba en nada cuando se hacía la media del día, aunque también es cierto que a veces, haciendo esa media había días que se estaba por encima de la norma (fíjate cómo estaba la cosa). Al principio teníamos el problema de que los empresarios no reconocían el problema de la contaminación, decían que no había contaminación y, ello unido a que no había medidores, lo hacía más complicado.

Iniciar el proceso de reconocimiento de la gravedad de la contaminación en la ciudad y de la necesidad urgente de mejorar esa situación, eso hoy parece muy lejano, pero costó mucho trabajo. Yo recuerdo los esfuerzos de un concejal del PCE, Antonio Escobar, que hizo un magnífico trabajo y preparó unas ordenanzas de Medio Ambiente y mantuvo una posición de equilibrio siendo consciente de que aquello era un problema tremendo y de que un Ayuntamiento –entonces con menos competencias– sin una Administración autonómica y sin una conciencia medioambiental en la ciudad, que entonces se empezaba a crear, tenía que trabajar para buscar soluciones. Hoy vemos que a la Ría ya no se tira prácticamente nada, pero entonces estaban los tubos, unos tubos enormes que flotaban en la ría del Odiel, y de ahí hemos pasado a no tirar prácticamente nada al agua. Eso es un trabajo que no ha sido nada fácil.

Recuerdo aquellos años en los que teníamos que obligar a los propietarios de las industrias a arreglar aquello y algunos nos decían que la Administración central, el Gobierno, les había autorizado a estar allí y no se les podía decir que no valían las nuevas condiciones, aunque el río fuese una cloaca. Recuerdo también que yo les decía que aquí no sobraba nadie, ni la ciudad ni la industria, pero que había que arreglar la situación. No obstante, se empezó con un primer plan que yo firmé en Madrid con tres ministros; el Plan de Medidas Urgentes, que fue un primer paso cuando había ya una cierta inversión económica porque el plan así la contemplaba y, en fin, se inició un proceso que no era en absoluto fácil. Es cierto que también el Plan General de Ordenación Urbana del año 1979 también ayuda en todo este proceso porque toda la zona industrial se declara urbana. Era una forma de decirles que no se renunciaba a esos terrenos aunque no se podía hacer exactamente. Por eso los empresarios se sentaban también con nosotros...

Se acordó que no se otorgarían licencias de renovación de instalaciones a las industrias asentadas en la avenida Francisco Montenegro. Ahí sólo se daban licencias cuando se entendía que disminuían la contaminación y no aumentaban la producción más de un porcentaje. Lo decía el PGOU aprobado en 1979 por mi antecesor, el alcalde Carmelo Romero, y era muy avanzado. Yo moderé las mesas redondas que hubo sobre el plan porque era abogado del Colegio de Arquitectos, y fueron unos debates muy intensos, con un tratamiento democrático y un documento municipal como no ha habido otros.

Nosotros llegamos después de que el Ayuntamiento lo aprobase inicialmente y luego nos tocó hacer todos los trámites para la aprobación definitiva. Recuerdo que entonces la Junta de Andalucía –como preautonomía– no tenía nada que decir porque no tenía competencias y éste fue, creo recordar, el último Plan de capital de provincia que aprueba el MOPU. Lo fui a defender a la Comisión Central de Urbanismo, que era el órgano que correspondía, y era una cosa tremenda con representantes de toda España y de varios Ministerios.


El 23-F y Huelva. No se me olvidará nunca aquel 23 de febrero. Yo iba a salir a eso de las seis de la tarde hacia el Ayuntamiento. Había llegado aquel día muy tarde a casa para almorzar y después de descansar un poco me iba para el Ayuntamiento cuando mi mujer me dijo que estaba oyendo la radio y que algo estaba ocurriendo en el Congreso. La verdad es que me preocupé bastante y cuando me dijeron lo que ocurría y comprobé inmediatamente que el Congreso estaba ocupado y había marchas militares en la radio pensé que esto se había terminado.

Digamos que las dos primeras horas estuve pensando en aquellos términos; después tomé contacto con el partido como miembro de su dirección que era, empezamos a adoptar algunas decisiones en relación con la sede y otras cuestiones (con el Ayuntamiento también) y para mí la cosa cambia radicalmente cuando aparece el Rey y lo vemos en la televisión. Ahí siento que aquello no va a continuar... Bueno estuve en contacto con el gobernador civil, Jesús Posada. Lo hice a última hora porque a primera no parecía razonable y preferí esperar a ver qué pasaba, aunque me consta que ellos, el propio gobernador y algunas personas de la UCD, me estuvieron buscando para tranquilizarme y ver si me podían prestar alguna ayuda y para expresarme su solidaridad, cosa que yo he agradecido mucho.

En Huelva hubo una relación muy estrecha del Ayuntamiento con el Regimiento de Infantería Granada 34, que se convirtió en una relación cordial con actos militares que se celebraron incluso dentro del Ayuntamiento un Día de las Fuerzas Armadas –cosa que era impensable entonces y se hizo en Huelva–. También hicimos un homenaje a la bandera, que fue muy emotivo, en la puerta del Ayuntamiento, al que vino el capitán general Saavedra Palmeiro y estuvo en el Ayuntamiento conmigo y a la plaza del Ayuntamiento la nombramos entonces Plaza de la Constitución.

Aquella noche yo hablé fundamentalmente con la gente del partido (el PSOE), con el Gobierno Civil y naturalmente con los concejales y miembros del gobierno municipal, que tuvimos una reunión aquella misma noche. Pero, en fin, aquellos fueron momentos muy malos, muy malos, que nos llevaron a pensar que aquello no se había acabado y que la democracia no estaba consolidada.

Recuerdo también que el secretario del Organización del partido, Tomás Seisdedos, me preparó un plan para que yo pudiera escapar si pasaba algo y, cuando lo conocí dije: “Bueno es mejor que yo vaya y me entregue”, porque consistía en que yo me tenía que ir al barrio de Isla Chica y darle vueltas a un buzón de correos. ¡Imagínate! El alcalde de la ciudad, de noche, en la Isla Chica, dando vueltas por un buzón esperando que lo recogiera un compañero que me tendría que llevar a uno de los tres o cuatro pisos franco que Tomás Seisdedos tenía alquilados; pero yo no quise eso, aunque él se enfadó mucho conmigo porque no le hice caso y estaba en los planes.

En el año 1981 inauguró el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva la ministra de Cultura, Soledad Becerril. El Festival de Cine lo apoyó el Ayuntamiento, pero el protagonismo lo tenía aquel grupo que montó José Luis Ruiz.


El polígono de San Sebastián.
Con las viviendas del Polígono de San Sebastián –cuyas llaves se entregaron ese año– tuvimos muchísimos problemas porque fue una obra del MOPU aunque la gente miraba al Ayuntamiento como autor de ella. Eran 800 viviendas, casi un pueblo con cuatro o cinco mil habitantes, y sí es verdad que presionamos mucho al Ministerio para la urbanización de lo que luego sería el Polígono de San Sebastián y la avenida de Andalucía, que se retrasó porque se retrasaron las transferencias de urbanismo del Gobierno a la Junta de Andalucía. Cuando yo ya tenía negociada la entrega con el MOPU y estaba a punto de firmarse, se produjo la transferencia y nos obligó a negociarlo con la Junta. Afortunadamente, con la persona que tuvimos que negociar fue con Jaime Montaner, un político que estuvo detrás de la mayor parte de las cosas importantes que se hicieron en la provincia de Huelva. Hay que reconocerle las cosas y muchas de las obras importantes que se hicieron en la ciudad y en la provincia tuvieron que ver con su presencia en la Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía, que las apoyó de forma decisiva.
Eran unos años que estaban marcados por el espíritu del que hemos estado hablando aquí. En el año 1981 yo era diputado provincial y portavoz del PSOE en la Diputación y Emiliano Sanz Escalera era portavoz del Grupo de UCD en el Ayuntamiento y presidente de la Diputación. Eso estaba bien pensado porque era una forma de llevar las cosas por el terreno pacífico para trabajar bien, teniendo yo en la Diputación la misma posición constructiva que él iba a tener en el Ayuntamiento y eso de que el presidente de la Diputación fuese portavoz en el Ayuntamiento y el alcalde, portavoz en la Diputación, ayudó, fue una buena idea.

Con Emiliano me llevaba muy bien y con frecuencia colaborábamos en la solución de problemas que incluso salían del ámbito de lo político, como por ejemplo, la negociación de un convenio colectivo. Lo hacíamos dentro de una línea en la que cada uno tenía y respetaba sus márgenes.
   
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