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25 de octubre de 2011 |
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Rafael J. Terán |
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Carlos Navarrete Merino: "Nos sentíamos como la única fuerza capaz de vertebrar España" |
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La historia del PSOE de Huelva difícilmente se puede entender sin Carlos Navarrete Merino. A este jurista malagueño, que colaboró con el despacho de abogados de Felipe González y Rafael Escuredo y estuvo muy vinculado a UGT, le correspondió sacar al partido de la clandestinidad. Es uno de los diputados que más tiempo ha conservado su escaño en el Congreso. Secretario provincial del PSOE, ha mantenido durante muchos años a Huelva como la provincia que mayor porcentaje de votos ha dado al PSOE en muchos de los procesos electorales de la democracia.
Huelva, una ciudad más transparente. A finales del franquismo teníamos un grupo de gente explica que había regresado de la emigración, que había tenido un cierta formación democrática; luego estaba el grupo de los que se habían subido en el tren del partido porque tenían antecedentes personales o familiares y pedían la entrada como una continuidad de su labor o de la labor de sus padres, y un grupo más reducido por las características de Huelva era el de algunos que habían venido de América.
La dimensión de Huelva, donde nunca ha existido una clase capitalista opulenta con presencia real en la provincia, se ha movido siempre en el espectro de la clase social más necesitada y de la clase media acomodada y eso creaba una fluidez social en Huelva. Al mismo tiempo, el onubense es una persona de buenos sentimientos y la diferencia que yo notaba, por ejemplo, entre Madrid y Huelva (ciudades entre las que he estado compartiendo mi vida desde 1976 en que fui elegido para la Ejecutiva Federal de UGT) estaba claro lo difícil que era salir del anonimato en Madrid y lo fácil que era destacar en Huelva por cualquier habilidad que tuviera cualquier persona. Madrid ha funcionado siempre a base de camarillas, imprescindibles para darse a conocer, pero Huelva no.
Aquí si una persona ha sido habilidosa como profesional o por su buen trato o buena relación, enseguida destacaba y creo yo que el PSOE era, a la vista de los ciudadanos, un partido que tenía credibilidad porque, desde antes de darse a conocer como tal, muchos de los individuos que lo componían eran personas que ya tenían reconocido un cierto liderazgo en la vida de la ciudad de Huelva.
El pasado. En el año 1980 se celebró el 20 de noviembre el Día de los Caídos con una misa en la iglesia de las Agustinas, de Huelva. Cuando publicó el diario Odiel la información del acto a mí me causó cierto sentimiento de ver la fragilidad de la vida política onubense cuando contaba que una serie de individuos terminan el acto con los gritos rituales del Régimen, exclamando Viva Franco, Arriba España, Por el Imperio hacia Dios, Caídos por Dios y por España.... Aquello tenía, en el contexto de la situación emocional que se veía en el país, todos los caracteres de una provocación. Lo más preocupante era el aspecto que tenía de reto, de desafío a las instituciones, y por eso es por lo que yo recorté el periódico y me lo llevé a Madrid al Congreso donde me puse en contacto con Enrique Múgica, que era, además de amigo y compañero, la persona que llevaba las relaciones con Defensa. Le conté lo que había sucedido, él lo valoró también de una manera alarmante y se puso en contacto con el ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún. Pues bien, poco después me comunican que me espera en el Congreso, en el Salón de los Pasos Perdidos, donde le cuento lo que había pasado y cuando me echo mano al bolsillo para tratar de entregarle el recorte del periódico Odiel me dice: No. No me lo des ahora que nos están mirando, así que se lo hice llegar y no sé que efectos tendría... Lo cierto y verdad es que aunque ellos tuvieran una cierta preocupación, creo que como la mayoría de las personas del país no tenían la sensación de peligro inminente.
La verdad es que las relaciones entre los partidos políticos eran fluidas y la sensación común de peligro también nos conducía a una cierta colaboración. Por supuesto, había mucho más en común con el PCE que con la UCD; con la UCD sentíamos que estábamos en el otro lado, pero ciertas cosas eran comunes. Creo que la Constitución fue un gran invento por cuanto se sentían sus valores como algo que teníamos que defender entre todos. Ese terreno común de actuación no se daba hasta que llegó la Constitución. Antes se daba más bien por intuición. Era la colaboración para conseguir una Constitución.
Había ramas en la UCD, que nunca llegó a ser algo uniforme ni homogéneo, y entonces había dentro de la UCD gente progresista, que con el paso del tiempo parece como si fuera toda la UCD, pero no, no era verdad, la mayoría de las personas que componían la UCD eran personas que habían estado muy comprometidas con el franquismo y que abdicaron del franquismo como una necesidad de supervivencia política para ellos mismos, pero no porque en el fondo de su alma tuvieran un sentimiento de reprobación del franquismo; luego había otros que con una trayectoria parecida, sin embargo, estaban convencidos de que el único horizonte posible para España era un horizonte democrático, y todo eso, cuando empiezan ciertas amenazas externas a la UCD por parte de estos gestores franquistas o neofranquistas, debilita a la UCD; debilidad que se agrava por la propia composición tan heterogénea de este partido en sus aspectos ideológicos. Esto le daba una fuerza al PSOE.
El año 1981 fue clave en la consolidación del proceso democrático que se inició pocos años antes. A primeros de aquel año había una relativa incertidumbre sobre la estabilidad democrática del país que llevaba seis años viviendo en democracia, pero así como al principio había habido una situación de perplejidad por parte de los sectores más nostálgicos del franquismo, ya en 1981 la perplejidad había sido sustituido por un afán reivindicativo y de restauración de algo parecido al franquismo que había existido. No quiero exagerar la importancia de este grupo, pero efectivamente tenía un peso en la vida nacional y provincial. Los comienzos de 1981 iban por esa incertidumbre agravada por la propia situación del Gobierno y del partido que apoyaba al Gobierno, aunque yo creo que también estaba penetrado en gran medida por la melancolía de la extrema derecha.
Los socialistas nos sentíamos como la única fuerza capaz de vertebrar a España y que tenía una distribución territorial y una expectativa y un patrimonio de votos que se había puesto de manifiesto en las convocatorias electorales que se habían producido para entonces. Entonces, esa implantación territorial del partido, esas expectativas, un sentimiento muy extendido en la opinión pública de que el PSOE a lo mejor no era elegido como opción primaria por muchos votantes que, sin embargo, no tenían inconveniente en votar al PSOE, es decir, era un partido primordial para unos y de repuesto para otros y no provocaba antipatías viscerales nada más que en el sector ultra de la política española.
Aquel 23-F. Ninguno teníamos la sensación de que pudieran llegar a organizar algo tan fuerte como lo que intentaron montar, cuya fuerza aún se desconoce porque tengo la sensación de que muchos de los acontecimientos que rodean al 23-F, y dan la verdadera magnitud del acontecimiento, se consideró que no era oportuno que fueran conocidos pero, claro, que a nivel de ciudadanos no se tuviera un conocimiento muy verídico de lo que estaba sucediendo tenía su importancia, sobre todo cuando los que tendrían que evitar que aquello se produjera tenían casi el mismo desconocimiento que los ciudadanos, que sabían que había ruido de sables y ellos también, pero a mí me bastó ver el 23-F las caras de sorpresa de los miembros del Gobierno para decir: Bueno, los acontecimientos les han cogido tan de sorpresa como a mí y esto, para un Gobierno, es imperdonable porque un Gobierno tiene que tener sus servicios de información porque forma parte de sus obligaciones y responsabilidades y yo estoy seguro, por las caras de sorpresa, que ellos no se imaginaban que fuera tanto. Da la sensación de que se tenían conocimientos fragmentarios y que quizá, por inseguridad en la lealtad de la jerarquía, a lo mejor no se transmitía hacia arriba toda la información, o el servicio de información militar estaba penetrado también por los ultras; de hecho hay personajes como Cortina, que nunca se ha sabido determinar a favor de quien estaba. En el propio 23-F se organizaron algunos cortafuegos que más bien parecían espontáneos que organizados desde arriba.
Por azar del destino, Carlos Navarrete forma parte del anecdotario de aquel día, ya que antes de la entrada de los guardias civiles en el hemiciclo es el último en depositar su voto para la investidura del presidente Calvo Sotelo, ya que quien le seguía en la relación de diputados por orden alfabético, Manuel Núñez Encabo, no tiene tiempo de emitir su voto porque el acto fue interrumpido: Sí es verdad recuerda, los hechos ocurrieron así, pero de Huelva yo no tuve una información inmediata de lo que estaba sucediendo porque estaba secuestrado con los demás diputados en el Congreso. Tenía una gran preocupación por lo que podía estar pasando y por las repercusiones que podría tener cualquier acontecimiento en el resto del país, que llevara a más la situación límite que estábamos viviendo en el Congreso. Por ejemplo, yo tenía la sensación de que si en un determinado momento había una serie de disparos y muertos aquello iba a ser el fulminante que hiciera explotar la bomba en toda España; entonces me preocupaba no sólo por la suerte que pudiéramos correr los que estábamos allí.
Pero información de Huelva no llegaba. Lo que pasó en Huelva yo lo pude recomponer posteriormente y hubo comportamientos muy valiosos, gente que se dedicó a ocultar la documentación del partido y gente que se fue a pasar la noche en la sede del partido, aunque también hubo quien cogió el coche y se perdió por los montes. Desde que se ocupó el Congreso y nos secuestraron había unas repercusiones evidentes que yo no comencé a conocer hasta las cinco o las seis de la mañana en que empezaron a llegar las informaciones; nos llegaba muy poca y alguna defectuosa y sesgada.
Por ejemplo, pasó un hecho trágico-cómico cuando por orden de la autoridad militar sube a la tribuna un persona, que parecía ser un sargento o un brigada, a leer una serie de telex que supuestamente habían llegado desde las distintas Capitanías Generales, pero eran falsos; a lo mejor mejor dicho, a lo peor eran los que se esperaban que llegaran, pero el resumen de aquello es que todas las Capitanías Generales menos dos se habían unido al movimiento militar, pero todos los telex eran sospechosamente coincidentes en el texto. Parecían los decretos famosos de la Guerra Civil española, y en medio del dramatismo de fondo de la situación, aquel individuo que apenas sabía leer pisaba los telex que le iban colgando como los flecos de una verbena y era una cosa cómica.
Después del 23-F surgió como una especie de nostalgia de la época de la clandestinidad y todas aquellas medidas de seguridad, que formaban parte de la liturgia que acompañaba a la entrada en un partido político clandestino se empezaron a rememorar como algo que era útil para la nueva situación, y entonces los partidos políticos empezaron a alquilar pisos francos y se establecieron procedimientos de actuación en el caso de que se produjera una nueva emergencia... Total, que aquello era tan complicado que José Antonio Marín dijo que no se fiaba nada de esas medidas de seguridad y que si llegaba una nueva emergencia se quedaba en su casa o se entregaba en el cuartel de la Guardia Civil.
Lo cierto es que el intento de compatibilizar una situación de extrema ferocidad como un golpe militar, el intento de retornar a la situación del 18 de julio de 1936 y pretender al mismo tiempo que estuvieran funcionando los partidos políticos y las instituciones era imposible, así que llega un momento en el que o te sumerges totalmente en la clandestinidad y renuncias a obrar legalmente, o te integras en la nueva legalidad; lo que no es posible es simultanear como en la época de tolerancia se pudo hacer, aunque se corrieran riesgos.
Los militares. Ese 1981 fue en parte un año perdido porque gran parte de la energía se dedicó a aminorar el impacto del Golpe y hacer análisis de cómo evolucionaba la situación porque el 23-F fue la parte visible, pero ahí quedaron muchas cosas y yo creo que es un mérito que no se ha reconocido suficientemente a los socialistas, y es que se hizo una gran labor de política militar, y desde luego mucho más inteligente que la que hizo la UCD.
La política militar del PSOE consistió en convencer a los militares de que tenían un compromiso personal con la democracia, de que retiraran la fotografía de Franco que estaba en los despachos de la inmensa mayoría de los oficiales del Ejército español y, claro, cuando tienes que ejercer desde un punto de vista numérico de inferioridad con un aplastante número que están en contra, lo que no puedes es contar cuántos sois. Yo creo que el tema de la reserva activa fue una manera de que todas las personas que no estaban conformes con la nueva situación democrática del país y creían que tenían un compromiso ideológico que les tenía a disgusto en aquella situación, les permitía irse del Ejército, trabajar en lo que quisieran y seguir ascendiendo como si estuvieran en el Ejército y cobrando como si estuvieran en él, y claro, hubo un buen número de personas para las que su compromiso ideológico les llevó a marcharse del Ejército...
Todo este proceso no fue fácil, ni a nivel nacional, ni en Huelva, como tampoco lo fue mantener tranquilos a los militantes, impedir la desbandada, sobre todo durante unos cuantos meses porque la vuelta atrás era muy difícil de entender; la libertad había entrado en todos los ámbitos de la vida; ya no era concebible que, por ejemplo, alguien le dijera a uno que no podía separarse de su compañera; y las relaciones madre-hijo habían cambiado, como las relaciones en el trabajo también eran distintas, y con la Policía o los funcionarios también eran diferentes.
Esa experiencia se acumuló en muy poco tiempo, pero hubo un momento crítico en el que eso no estaba aún suficientemente interiorizado en la vida de los españoles ni de los onubenses, y ése fue el momento en el que los partidos políticos verdaderamente fuimos el sostén de la democracia.
Yo creo que en el éxito del PSOE en la provincia de Huelva explica Navarrete influyeron varias cosas. Algunas no eran sólo privativas de Huelva. El PSOE era un partido joven, que había sido autodepurado porque entonces el más antiguo era yo y había ingresado en el año 1972. Habíamos entrado en tiempos en que de un partido político sólo se podía esperar la satisfacción moral de estar luchando por la construcción de la idea que uno tenía del país; incluso el PSOE no había sido muy importante cuando habíamos entrado nosotros, había sido históricamente muy importante y quedaba una memoria histórica que, a veces, cuando nos lo contaban era como si nos estuvieran hablando de la riqueza de algún antecesor nuestro muy antiguo que fue rico, pero la verdad es que la memoria histórica funcionó y en aquellos años el partido tenía el atractivo de la juventud, la pureza de la gente que entraba no buscando una recompensa, porque no estaba al alcance (lo que estaba al alcance es que te pudieran expedientar y echar de tu trabajo, que te pudieran meter en la cárcel) y había que tener unos ideales muy fuertes para poder entrar en un partido político.
Idealismo político. Los partidos, sobre todo los perseguidos, tenían esa fortaleza que con el paso del tiempo se ha ido perdiendo. Ya hoy aquella situación no existe y el planteamiento no es el mismo. Hoy la gente puede entrar en un partido político buscando la realización de sus ideales o buscando una manera que les gusta de vivir y que les puede proporcionar la posibilidad de vivir económicamente e incluso con una cierta respetabilidad social; la verdad es que el mundo de la política es como el de los cantantes o el de los toreros. No llegan todos, pero los que llegan lo hacen muy bien.
Lo que había en aquella época es que solamente se podía entrar por el motivo de la realización de un ideal personal y colectivo. Esas virtudes estaban en el PSOE y pienso que también estaban en muchos militantes del PSA y del PCE y de personas que no estaban en ningún partido político pero que estaban muy politizados, en CC OO o en la UGT, en el PTE, en la ORT... y luego en la UCD. Claro había eso y lo contrario.
Al PSOE le ayudaba el que había gente que lo que defendía desde el punto de vista político lo había defendido antes desde el punto de vista profesional. Algunos eran líderes en sus centros de trabajo o profesionales progresistas y la verdad es que el PSOE también tenía una gran representatividad de lo que era lo mejor del espectro social de Huelva.
Huelva era como un pequeño laboratorio interesantísimo en el que se hacía todo y tú podías seguir la pista a cualquier fenómeno de toma de conciencia que en aquellos momentos se producía. Creo que en esto la provincia no fue muy diferente al resto de Andalucía. En la aprobación del Estatuto de Autonomía, enfrentado al Gobierno de la UCD, lo que se produce es el peor escenario que se hubiera podido imaginar la UCD, porque todo el sentimiento históricamente acumulado que tenían los andaluces para poder realizar colectivamente un destino común y lavar, tal vez, esa cosa que siempre nos habían dicho de que bailábamos solos o como mucho en pareja, mientras que los catalanes y los vascos lo hacían colectivamente. De pronto, el pueblo andaluz dice éste es mi reto y creo que estoy en condiciones de actuar colectivamente para decir que somos una comunidad. Ahí no funcionó una memoria histórica, como podría funcionar en Galicia, en el País Vasco, en Cataluña...
Nosotros también teníamos como ellos una lengua diferenciada, que nos echaban en cara como una incapacidad de hablar correctamente el castellano y que entonces se valoraba desdeñosamente. Ése fue el escenario que se le planteó a la UCD. Andalucía, y Huelva en ella, reaccionó afirmando históricamente, quizá por primera vez, su identidad. Eso fue lo que se jugaron los andaluces y la prueba de ello es que, una vez conseguida la autonomía por la vía que se consideraba más digna, la del 151, los andaluces están satisfechos de su autonomía, pero no forma parte de sus preocupaciones ni de sus problemas futuros porque no se cuestiona la autonomía una vez conseguida: He afirmado mi identidad como pueblo, tengo el régimen constitucional más rico que confiere la Constitución y ya está.
Sardinas y autonomía. A Carlos Navarrete se le atribuye una particular teoría que relaciona las sardinas con la autonomía: sí, ésa es una anécdota que se produjo durante una reunión de convergencia para la aprobación del Estatuto que hubo en Sevilla después del intento de Golpe. El ambiente estaba muy cargado y me dijeron en el partido que hiciera una intervención que distendiera un poco el ambiente. Cada partido iba exponiendo su concepción de la autonomía y cuando me tocó intervenir a mí dije que yo tenía una concepción que no era la del nacionalismo, porque era malagueño y no consideraba que los reyes de la creación pudieran ser los chanquetes, que mis simpatías estaban más bien a favor de las sardinas, que estaban en todos los caladeros y no tenían un hábitat único y, por consiguiente, tenían una visión de lo local de carácter internacionalista. Por eso, yo definía la autonomía como una sardina. Aquello fue acogido con una carcajada y bastante cachondeo. En la carrera política de Carlos Navarrete hay pocas contradicciones. Quizá la única haya sido en haber hecho campaña a favor del ingreso de España en la OTAN aunque en principio era un fervoroso defensor del no: Sí, pero lo hice con pleno convencimiento aduce y explico los motivos. Al día siguiente de salir del Congreso de los Diputados le envié una carta a Felipe González y Alfonso Guerra diciéndoles que la democracia española tenía demasiados enemigos y que creía que no podía tener más todavía y que, con relación al estamento militar, había que seguir una determinada política. Entre otras cosas, en el clero castrense no podía entrar cualquiera, tenía que ser persona que tuviera el mismo fervor democrático que habían demostrado diversos sectores de la Iglesia española; también había que hacer que los militares españoles acudieran a la mayor cantidad posible de países europeos y americanos para que vieran como funcionaba el Ejército en un sistema democrático. Éstas eran reflexiones que me habían ido haciendo algunos pocos amigos que yo tenía en el Ejército.
Desde un punto de vista político hay que intentar sustentar cualquier cosa que quieras conseguir, con razones, a ser posible positivas. Mi proceso de conversión al atlantismo fue como un sistema de fortalecer la democracia española en aquellos instantes, porque yo intuí que el Golpe fue, entre otras cosas, una medida de presión bastante brutal para que España no entrara de la OTAN, y a mí me pareció que la democracia española (hay veces que puedes resistir una presión y otras no puedes resistirla) era todavía muy epidérmica para muchas personas porque, en unas circunstancias normales aceptaban incluso con agrado vivir en democracia, pero había muchos españoles que no se iban a sumar a una defensa activa de la democracia.
El abogado laboralista. En Astilleros he hecho de todo, hasta de funambulista. Empecé a tener contacto con ellos a través de mi despacho de abogado porque era un sector que, por su propia dinámica, generaba mucho conflicto. Eran personas que pertenecían a la plantilla de una empresa pero que trabajaban para otra, que al mismo tiempo estaban moviéndose de una empresa a otra, eran muy buenos profesionales en sus respectivas especialidades y, generalmente, la rebeldía acompañada por una situación económica más o menos privilegiada dentro del círculo en que uno se mueve... Muchos de ellos habían sido clientes de Felipe González que, cuando venían trasladados a Huelva, acudían a mí para que les llevara los temas. También había un grupo de UGT y militantes del PSOE en Astilleros, por lo que en las campañas sindicales yo iba a la empresa. Recuerdo que una vez llegué y me encontré que me habían preparado una especie de horca, un patíbulo allí, cosa que tenía a una serie de personas absolutamente cabreadas con el gesto... Tenía un matiz de cierto humor la pelea sindical y política en Astilleros.
Recuerdo que los compañeros de UGT me dijeron en una campaña electoral: Esta vez vamos a estar muy bien porque te vamos a colocar en un sitio bonísimo que te hemos preparado y resultó que habían puesto una plancha inmensa de acero levantada cinco o seis metros sobre el suelo subida sobre los travesaños del techo. También, una de las veces en que hubo un conflicto enorme en Astilleros, me llamaron el gobernador de UCD y el director de la empresa porque tenían un serio problema y como los trabajadores confiaban en mí, querían ver si yo podía arreglar aquello. Cuando llegué estaban los antidisturbios con cascos, escopetas de pelotas de goma y botes de humo, listos para entrar en acción. Entonces, un policía me dijo: Carlos, por favor, a ver si arreglas todo esto porque un hermano mío está ahí dentro. Cuando entré, los anarquistas habían emprendido una acción a la que se había sumado mucha gente, y que consistía en que se habían apoderado de un barco que estaba casi terminado y decían que iban a cortar amarras y se lo llevarían río abajo, lo que iba a tener unas consecuencias imprevisibles con un barco navegando a lo loco, a riesgo de ser arrastrado por la marea a cualquier parte; entonces, me fui para el buque, les pedí que me tiraran una estacha y, como pude, me agarré a ella, subí al barco y les convencí de que se bajasen... Así que allí me pasó de todo, pero en general agradable.
Los gobernadores civiles. Desde época inmemorial, el Gobierno Civil de Huelva fue visto como lugar de tránsito, como banco de pruebas. El Gobierno Civil de Huelva no era un fin en sí mismo, era un medio para ulteriores destinos más gloriosos, y Huelva como provincia no avanzaba. Eso le reprocho a los gobernadores civiles de Huelva (y creo que cambió con el socialismo), que el desarrollo económico de la provincia en esa época no constituía generalmente una preocupación primaria. Los partidos políticos tenían como preocupación primaria el desarrollo del país, pero el de cada una de las áreas concretas del país no lo era.
Teníamos el Polo Químico, que había surgido en los años sesenta, no por una preocupación por el desarrollo de Huelva, sino porque dentro de la estrategia para el desarrollo económico del país se considera la conveniencia de crearlo y simultanear en un mismo punto geográfico los tres modos más clásicos del transporte (marítimo, ferroviario y terrestre), y por eso se cuenta con la Punta del Sebo, que podría haber sido un elemento para el desarrollo económico de Huelva, pero entendido de otra manera. Sin embargo, el desarrollo que se hizo fue la industria química con un enorme poder de contaminación y destrozando para muchos años un paisaje espléndido, favorecido por una circunstancia extraña en una ciudad fluvial-marítima como Huelva, que es la única ciudad que ha vivido de espaldas al mar, a pesar de su situación.
Los socialistas, desde la fundación del partido en el año 1972, teníamos una enorme preocupación por el desarrollo de la provincia de Huelva y cuando los gobernadores fueron de nuestro signo intentamos transmitirles esta preocupación.
Relaciones con los empresarios. Con el presidente de la Federación Onubense de Empresarios, Constantino Menéndez, mantuve unas relaciones bastante malas porque era un personaje que veía la FOE como una especie de prolongación de su vida profesional en MRT. Pensaba que era más importante en MRT porque era presidente de la FOE y, además, era una persona entonces viperinamente de derechas. Aunque nunca tuvimos grandes discusiones, tuve la sensación con él de que no le preocupase algo distinto de su propia situación personal, ni siquiera cuando tomaba iniciativas como convocar una huelga contra los socialistas por el tema universitario. Creo que tampoco adoptó la decisión porque tuviera una gran preocupación por el futuro universitario de los jóvenes onubenses, que sí que la teníamos bastantes onubenses.
A los gobernantes socialistas de entonces les dolió aquella huelga, porque fue bastante estúpida ya que la Universidad se iba a crear. Lo que pasó es que se organizó una oposición con un modelo definido sobre el número de facultades que debía tener la Universidad de Huelva y mientras la oposición estaba fraguando su concepción de la Universidad, el PSOE se había quedado en la situación, por la lentitud en la Consejería de Educación de la Junta, de que queríamos comprar un coche, pero no sabíamos de qué marca. Ésa fue toda la cuestión, no había otra; en cuanto a que se creara una Universidad en Huelva no había ninguna discusión y esa situación fue aprovechada por Constantino Menéndez para hacer algo inédito en la vida empresarial española, que la patronal convocara una huelga general.
Costó mucho trabajo convencer a los empresarios para que se comenzara a hablar de hacer compatible el medio ambiente con la actividad de las industrias. Fueron sesiones y sesiones. Fue la Mesa para la Descontaminación con sesiones larguísimas y muy enojosas. Yo creo que a la mayoría de los que participamos en aquellas mesas nos debieron dar una medalla. Se la dieron a la Mesa, pero debieron darnos una por la constancia y el sufrimiento, porque la verdad es que el PCE tuvo un juego bastante sucio en la Mesa, que era lo del chiste: En política opino lo contrario que mi cuñado y mi cuñado éramos nosotros. Esperaban a ver cuál era la posición que tomaba el PSOE para tomar ellos la posición contraria, generalmente con el guiño a los empresarios, porque claro, si adoptaban una posición más exigente, más radical, más demagógica que la del PSOE, la Consejería del Medio Ambiente, los empresarios, provocaban una situación que puede ser de crisis económica en las empresas del Polo... Era mucha radicalidad, mucha demagogia, pero la verdad es que al final se hizo una inversión muy notable.
En la prensa entonces estaban el Odiel y El Correo de Andalucía, que tenía varias páginas dedicadas a Huelva y otras a los temas laborales. El Correo entonces era la Ilustración; el Odiel era un desastre. Hubo toda una batalla durante la Transición, yo hablaba frecuentemente con el director del Odiel y le decía que entendía que el partido más importante que había en Huelva era la UCD, pero que no olvidase que el segundo era el PSOE y merecía un espacio, un protagonismo que le correspondía, porque no nos daba ni eso. Durante años siguió enquistado y no digo que practicara una censura, pero no era selectivo, no intentaba elevar el nivel del medio... Los medios de comunicación radiofónicos estaban por encima de la prensa escrita |
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