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02 de noviembre de 2011 |
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Antonio Torres Flores |
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Pedro García Molina: Una deuda con el Partido Comunista |
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El profesor y político Pedro Molina García (Albox, 1945) es por su militancia en el PCE uno de los símbolos de la Transición almeriense, por su compromiso en la defensa de los valores solidarios, en el diálogo permanente y en definitiva por sus rasgos humanos y cercanos. Lo anunciamos desde el principio, era nuestra gran esperanza, de los almerienses víctimas de la persecución, de la miseria en toda su extensión, de la incultura, en los años setenta, reducido todo a los rojos y azules, sin más matices. Hijo de maestro de escuela y músico de vocación, y de una madre ama de casa que se entregó a sus siete hijos, formó parte de las primeras listas electorales. Tiene un especial recuerdo de los mítines en los que intervino junto a Santiago Carrillo y sus experiencias al conocer personalmente a La Pasionaria, referente del antifranquísmo.
Primeros pasos. Pedro Molina estudió en el Seminario de Almería y se licenció y doctoró, en 1967, en Filosofía por la Universidad de Valencia. En la actualidad es vicerrector de Profesorado, Calidad e Innovación Docente en la Universidad de Almería. Es autor de varios libros y reconocido militante socialista.
Llegó al Seminario por tradición familiar. Confiesa que conserva un recuerdo cariñoso de esa etapa porque adquirió hábito de trabajo, disciplina y un cierto ascetismo en la vida privada. Tiene palabras de reconocimiento para el padre Ángel Haro, de una humanidad desbordante, que le inculcó el amor a la honradez personal y a la solidaridad. La vivencia de mi experiencia religiosa me hizo comprender la necesidad de ser tolerante, dice este profesor que ha dejado el tabaco.
Inicia los estudios universitarios en Granada, donde es elegido, en primero de carrera, delegado de curso, participando activamente en los movimientos estudiantiles y en la creación del Sindicato Democrático de Estudiantes. Es cofundador en la capital granadina de la revista El Sombrero, que se gestó en la casa de García Lorca, en la Huerta de San Vicente. Participó en la creación de la revista junto a los actuales profesores de la Universidad de Almería, López Céspedes y Francisco Campos y el actual catedrático de literatura de Granada, Juan Carlos Rodríguez. Surge para todos ellos el compromiso por la democracia en una España que seguía anclada en el certificado de buena conducta, que firmaba el cabo de la guardia civil o el listillo del pueblo. Una beca del PIO le lleva a Pamplona y de aquí a Valencia, donde obtiene la licenciatura. Regresa a Granada e imparte clases en la Universidad, donde tiene como alumnos a sus inseparables en Almería durante los últimos 35 años, los profesores José Guerrero, el actual catedrático de derecho romano Pedro Resina y a Cayetano Aranda. Se incorpora al instituto de El Ejido, y conoce la labor del cura de Balerma, Domingo Villegas, que impulsa una comuna en el que trabajadores de la tierra, jornaleros, mujeres y personas solteras o con hijos aportan su salario. Todo un reto en el que Molina se empapa de ese trabajo novedoso, revolucionario y solidario en Balerma. No se le escapa la oportunidad para formar parte de los debates ideológicos, contribuyendo a la formación de los componentes de esta comunidad.
Listas negras. El Colegio Universitario de Almería (CUA) es una realidad en 1973 con las clases en las caballerizas del Cortijo del Gobernador, lugar que en la actualidad alberga el Centro de Profesores. La agonía del franquismo la vive con gran esperanza en el seno clandestino del PCE con las figuras de Antonio Muñoz Zamora, Antonio Fernández Sáez y el grupo de CCOO, liderados por Pedro Baldó, los hermanos González Marín y el núcleo de Pescadería, Plaza Roja y Plaza de Pavía. Aquí las reuniones las inspira la peluquería del Tito Pedro, hijo de Pedro, el último secretario de UGT durante la República. Escucha por la radio la muerte del general Franco y los amigos le aconsejan que desaparezca. Una revista de ámbito nacional publica las listas negras confeccionadas por la extrema derecha y en ella figura el nombre de Pedro Molina en primer lugar. Pasó por los calabozos del Gobierno Civil y por la cárcel, una semana antes de la muerte de Franco. La primera vez cuando la policía buscaba, sin resultado alguno, propaganda y armas de fuego en su casa ante el estupor de sus padres. Una tarde, una noche y una mañana en los calabozos y en la cárcel por defender a los estudiantes Miguel Moya de Almería y Francisco Aznar de Cuevas del Almanzora, detenidos ilegalmente por la policía en el CUA. El interrogatorio de la policía fue el habitual: ¿Eres comunista? Yo soy demócrata. Tu eres un comunista cabrón.
La primera sede del PCE. Molina alquiló con otros compañeros la primera sede de CC OO en la Plaza Bendicho, y animó a Pedro Antonio de Torres Rollón para que colaborara como abogado del sindicato. Después alquiló la primera sede del PCE, que abrió sus puertas como academia particular frente a Piquer Hermanos, en la calle Granada de Almería. La clave que utilizaba frente a los propietarios de los inmuebles consistía en explicarles que el destino final de los locales eran academias de formación. Y razonablemente así ocurrió. Quiero subrayar también, dice Molina, el papel que desempeñó en los primeros años de la Transición el Colegio de Doctores y Licenciados como dinamizador cultural y político. Y recuerda igualmente el apoyo logístico e intelectual para la difusión de los movimientos sindicales, culturales y de la izquierda del periodista de Ideal Manuel Gómez Cardeña, tan denostado y perseguido.
La muerte del estudiante Javier Verdejo, asesinado por disparos de la Guardia Civil, provoca un terremoto en la izquierda. Nos reunimos en la casa de Pepe Tesoro y desde allí diseñamos acciones de protesta. Hay una foto del entierro, realizada por el fotógrafo Mullor de Ideal, en la que aparece portando el féretro el empresario cinematográfico Juan Asensio. Te daré un dato que revelo por vez primera, Asensio como propietario de los cines me los alquilaba para los mítines del Partido Comunista. Jamás cobró al partido un céntimo, aunque pactó conmigo que dijera lo contrario. Lo digo ahora porque ha muerto y es un dato interesante sobre la figura del empresario en aquellos momentos.
Inolvidable Pasionaria. La legalización del PCE y las primeras elecciones democráticas traen una verbena de colores, carteles y palabras. De todos los mítines en los que participé, los más concurridos fueron con más de 20.000 personas en las naves de Saltua, los celebrados con Santiago Carrillo y con La Pasionaria. Aún me emociona el recuerdo vivido de esta gran mujer. Tenía un gran atractivo humano, una mirada penetrante y profunda, una energía vital e intelectual extraordinaria, una gran amabilidad en el trato para escuchar a la gente, afirma con nostalgia. Una frase que no olvida de la líder comunista: Vamos, que a las masas no se les puede hacer esperar y no se les puede engañar ni decepcionar, decía La Pasionaria antes de desplazarse de su casa de Aguadulce hacia el mitin. Pedro Molina dijo aquel día, mirando emocionado a La Pasionaria: Ojalá nunca se borre de la memoria histórica de los que luchan por la democracia la actualidad de tus palabras, más vale morir de pié que vivir arrodillados. Nunca olvidaré el aplauso de miles de personas enardecidas en aquel importante mitin.
Las urnas del 15-J dieron la hegemonía de la izquierda a un PSOE poco implantando durante el franquismo pero que tenía en su banquillo la solidez de Felipe González, preparado para gobernar España. Las primeras elecciones democráticas llevaron a José Guerrero, compañero y amigo personal de Molina, al Ayuntamiento de Almería. Vino Rafael Alberti en varias ocasiones a Almería para iniciar el camino de Andalucía, el Estatuto de Autonomía, y superar la contaminación localista de algunos dirigentes de UCD. Y en el seno del PCE se siguió discutiendo: Tras superarse el trauma de la Guerra Civil, el PCE propugna un pacto de reconciliación nacional que tuvo una gran importancia para el consenso de la Constitución. Uno de los ejes esenciales del PCE se centraba en que la democracia tenía que ser un instrumento para mejorar las condiciones de vida de todos los ciudadanos, sobre todo los más desfavorecidos. Tras este proceso, la realidad de la nueva clase obrera produce cambios en el movimiento socialista y en las maneras de expresar sus aspiraciones políticas y sociales. Entra en crisis el modelo revolucionario tradicional de la clase obrera. El movimiento obrero revolucionario de tradición marxista entra en contradicción con sus propios presupuestos ideológicos, tras la transformación de su papel en la nueva sociedad industrializada occidental. Se Inicia así una vía socialdemócrata reformista que propugnaba una nueva democracia política y social participativa.
El desencanto ante muchas esperanzas frustradas, reflexiona el profesor, trajo un proceso de discusión interna y transformación que desembocó en el fraccionamiento progresivo del PCE. Uno de estos núcleos se organizó en la Fundación Europa que, posteriormente, por acuerdo interno, se incorporó al PSOE como tal. Ahí estábamos entre otros los profesores Antonio Sánchez Cañadas, José Guerrero, la actual Secretaria de Estado de Inmigración, Consuelo Rumí, y yo mismo
Molina quiere dejar claro un concepto a modo de conclusión: La democracia de este país tiene una gran deuda histórica con todas las fuerzas sociales, políticas y la ciudadanía en general, pero en honor a la verdad tendrá siempre que reconocer la gran deuda contraída con el Partido Comunista de España. |
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