Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
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  08 de noviembre de 2011
  Juan de Dios Mellado
  Luis Merino Bayona: Málaga era una olla a presiónhttp://www.transicionandaluza.es/admin/FCKeditor/editor/skins/default/toolbar/bold.gif
  Tenía 35 años recién cumplidos, algo de experiencia en asuntos municipales, no en vano había sido primer teniente alcalde con Cayetano Utrera y llevaba en la sangre el ejercicio de la política como servicio a la sociedad. Luis Merino Bayona, abogado, fue alcalde de Málaga de 1977 a 1979, parlamentario por UCD y en el año 82, en un nuevo acto de voluntarismo, candidato centrista a la Junta de Andalucía. Consiguió el acta de parlamentario andaluz por Málaga y senador por su partido, la UCD. Tiene grabado a fuego muchos recuerdos, algunos de ellos le marcaron.

“Fue una mañana muy dura, muy tensa; yo había ordenado que en el balcón principal del Ayuntamiento ondeara la bandera de Andalucía y desconocía que Pancho Cabeza se había negado a que se colgara en la Diputación; fue un gran error que pagamos muy caro, primero por la muerte de Caparrós y, más tarde, con los días de tensión, miedos, y destrozos en la ciudad que hicieron de Málaga parecer un campo de batalla”.
Se amontonan los recuerdos del 4 de diciembre de 1977. “La manifestación del Día de Andalucía la convoqué mediante un bando, con la petición de que fuera un día de alegría y en que la participaran todos los ciudadanos, con sus familiares. Y di ejemplo porque yo iba con los míos. Me emocioné cuando la cabecera de los manifestantes, al pasar delante del Ayuntamiento, dieron gritos de libertad y alegría mientras sonaba la flauta de Pepe Suero sintiendo a Andalucía muy dentro. Luego sucedió lo que nadie hubiera querido, al menos los que nos sentíamos profundamente demócratas”.

Casa de todos.
Cuando los incidentes, en aquella mañana dramática, se extienden por toda la ciudad, “el Ayuntamiento, recuerda Luis Merino, se convierte en la casa de todos. Se abren las puertas y se refugian quienes huyen de la policía, entre ellos mi padre que sufre una pequeña herida en una pierna por un pelotazo. Los días posteriores, la única referencia de autoridad democrática que hubo fue el Ayuntamiento”.

Vive con tanta intensidad los acontecimientos que se ofrece en varias ocasiones para mediar y buscar la paz. Pero la policía y algunos pequeños grupos radicales de la izquierda  no están por la labor. Luis Merino recuerda que había mucha tensión y hasta odio en los ojos. “Creo que aquellos hechos nos superaron a casi todos. El gobernador Enrique Riverola resultó desbordado por los acontecimientos y se le fue de las manos el mando que pudiera tener sobre la policía”.
Democristiano hasta la médula, en sus años mozos tuvo coqueteos con el grupo “Tácito” y el Partido Demócrata Popular y vive la desaparición del franquismo con la serenidad de saber que terminaba una época en España. Llega a la alcaldía con el voto de sus compañeros de corporación y aunque en su vida política la rebeldía no es lo más usual, le dice al ministro de Gobernación que él ha sido elegido por sus compañeros y no designado a dedo. Martín Villa aguantó como pudo.

“Que fuera la casa de todos, recuerda Luis Merino, no era pura palabrería o entelequia, sino una verdad como un puño. Se abrieron las espitas para que todos los ciudadanos reclamaran cosas al Ayuntamiento. Nos paraban en la calle y todo el mundo pedía algo a cambio de nada. Y había que entenderlo después de tantos años de no poder hacerlo. La democracia se palpaba en cada momento, aunque algunos se pasaban. El Ayuntamiento, la ciudad tenían muchos problemas. No había dineros y poquísimos ingresos y encima algunos políticos nos miraban como si fuéramos una rémora del franquismo”.
La figura del alcalde cambia de forma rotunda y de ser intocables entran en la batalla política que se había abierto en carnes en la sociedad. “Yo estaba en el debate político y, por tanto, sujeto a todas las críticas; se había perdido la bula y el Ayuntamiento, como la institución más cerca del ciudadano entró en la lucha partidaria que se oteaba en el horizonte”.
“Ser alcalde durante la Transición fue muy duro. El debate de ideas agotaba porque se entraba con frecuencia en lo estéril. Había una izquierda muy dogmática con la que era casi imposible negociar algo, además de que Málaga vivía uno de los momentos más críticos por la crisis industrial, el paro, la caída del turismo y las calles en permanente ebullición porque todo el mundo quería manifestarse para protestar por algo”.
 Deja en 1979 la alcaldía entra en la Unión de Centro Democrático (UCD) donde desarrolla una labor interna. En 1982, la UCD de Leopoldo Calvo Sotelo lo designa candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía y es senador desde el año 1982 a 1986. “Yo la Transición la viví muy directamente en las entrañas de un partido al que todavía no se le ha hecho justicia por el papel que tuvo y sobre todo a Adolfo Suárez. Es extraño que con el paso de los años siguen apareciendo nombres que no aportaron nada a la Transición en Andalucía y Málaga cuando ya es hora de que se reivindique a otros que sí tuvieron, quizás en silencio, actitudes determinantes para que llegara la democracia”.

Cargar con el muerto. Le tocó lidiar con uno de los momentos más duros y que pocos políticos profesionales están dispuestos a aceptar: saber que lo llevan al desolladero; o peor, que le tocaba hacerse el harakiri. Y así fue cuando la UCD y su presidente Leopoldo Calvo Sotelo le pide aceptar ser candidato centrista a la presidencia de la Junta. “El partido me elige candidato y lo asumí porque sabía que era una obligación”,

Sin medios, sin equipo; con coches prestados y la ilusión de unos cuantos amigos recorre Andalucía. “Se palpaba que era un partido que se desintegraba, sobre todo cuando Suárez anuncia que deja la UCD. No había nada que hacer y además en Andalucía el peso de los socialistas era tremendo. Tampoco tenía organización, con un gabinete muy voluntarista donde incluso había quien no cobraba un duro. Yo, por ejemplo, tuve que utilizar mi coche en el primer mes y en otras el del fotógrafo. Era mucha la desorganización. Pongo un ejemplo que nos volvió locos: por la mañana mitin en Almería, visita rápida a Jerez y luego Sevilla, para terminar por la noche en Almería. Y con aquellas carreteras”.

Era consciente de que perderían, pero como político curtido en muchas batallas dio la cara en todo momento. “No había nada que hacer. Pedí las encuestas internas del partido y los resultados que anunciaban se cumplieron al milímetro. Obtuvimos quince diputados que comparados con el desplome que luego tuvo la UCD en las generales pudieron considerarse como un éxito. Con el tiempo, los hechos han dado la razón a los que estuvimos en la UCD. Hicimos la Transición que el país necesitaba”.

   
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