Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
18 de marzo de 2026
 

 
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  1975
  Vicente Quiroga
  El final de un régimen
  En Huelva 1975 se inicia como un año cualquiera, pero en el ámbito nacional, y en la medida en que las noticias llegan a la provincia onubense, tan limitada siempre en materia informativa, el ocaso del régimen es evidente. Con esta impresión crece cierto estado de incertidumbre sobre el futuro político del país, lo cual no influye sensiblemente en el ánimo moderado, por lo general alegre y confiado, de los onubenses. Sobre ese incierto porvenir se formulan, como es lógico, todo tipo de preguntas, sospechas e insinuaciones. Muchas veces son más producto de la imaginación o de las intenciones o buenos deseos de algunos, que de la verdadera realidad, insondable por lo general en la política del régimen. La mayoría de los onubenses están materialmente persuadidos de que las previsiones del Jefe del Estado, el general Franco, de que todo quedaba “atado y bien atado”, no tienen ninguna garantía si él desaparece, y para algunos es una pura entelequia política. El cambio, en general, se aventura como algo irreversible.

Incertidumbres.
Buena parte de la oposición al régimen se manifiesta abiertamente republicana y espera o desea el establecimiento más o menos inmediato de un proceso constituyente capaz de definir la forma de Estado que más convenía a España. Para otros de tendencia más moderada o conservadora, o más prudente, dadas las circunstancias, la presencia del príncipe Juan Carlos de Borbón, como sucesor, parece garantizar un cambio menos traumático, aunque en todos domina el recelo de que la herencia por parte del futuro monarca de los poderes del anterior Jefe del Estado parece invalidar la ruptura con el pasado, que la gran mayoría preconiza, aunque no lo confiesa abiertamente. Un proceso de cambio controlado o moderado era algo que también muchos esperaban o anhelaban. Las cosas no estaban para grandes convulsiones. Todo ello suscitaba un estado de incuestionable incertidumbre a comienzos de 1975. El peso de una clase media emergente cada día más próspera y poderosa, auténtica columna vertebral del país, pesa de manera muy considerable, y eso, aunque muchos no lo ven positivamente, representa una fuerza muy consistente que frena los posibles cambios bruscos que en ciertos círculos algunos preconizan.

De todas formas cuando avanza 1975 los onubenses, sobre los que gravitan, como en el resto de los españoles, casi cuarenta años de un régimen dictatorial, se preguntan si no será éste el año que marcará la ruptura definitiva de esta situación. La salud del longevo general, su evidente decaimiento físico, su patético desgaste político, son motivo de comentarios y rumores frecuentes en distintos mentideros ciudadanos, en conversaciones y tertulias de café o de trabajo, en un tono que parece superar los tímidos susurros, soterrados, clandestinos y temerosos de otros tiempos.

Campanadas sin televisión.
Con alegría y estruendo en sus calles y plazas recibe Huelva 1975 y así lo refleja la única referencia escrita que tenemos entonces, el diario Odiel, que manifiesta con su mejor deseo y optimismo “ojalá que esta alegría sea el símbolo de 1975 en todo momento y para todos”, a modo de jubiloso y esperanzado editorial. Curiosamente se incluye un comentario titulado ‘Libertad y respeto a la comunidad’, que hemos de considerar muy significativo sobre las interpretaciones que el término y su concepto merece a los editorialistas. Se escribe: “El Movimiento Nacional asumió entre otras grandes responsabilidades la de garantizar a ultranza la libertad individual como alta expresión de la dignidad del hombre, es decir, como ser civilizado miembro de una comunidad donde su más alta libertad radica en respetar el orden moral y el orden social en que se inscriben los derechos de los demás y el suyo propio”.

El periódico cuenta que había fallado, como tantas otras veces en aquellos años, el repetidor de televisión y el redactor se pregunta: “¿Falló el repetidor del Conquero? ¿Falló el reloj que lo pone en marcha?” Muchos onubenses se quedan sin  ver el programa de Fin de Año de la primera cadena, la única de aquella época. ¡Buena forma de iniciar 1975! ¿Sería en algún caso premonitorio? ¿Sería un anuncio de oscuros y enigmáticos presagios? El periódico en aquellas fechas se ocupa más extensamente de lo habitual sobre los acontecimientos políticos en Portugal y especialmente de los movimientos de las fuerzas armadas y actitudes de los hombres más directamente implicados en la revolución del ya emblemático 25 de abril. Los onubenses, por la proximidad del país y evidentes vinculaciones con el Algarve sobre todo, eran particularmente sensibles ante aquellos sucesos, que algunos seguían con indisimulada expectación e ilusionadas esperanzas.

Por lo demás, en aquellas fechas iniciales de 1975 nada había cambiado en el talante editorial del periódico, donde abundan los comentarios elogiosos hacia las ventajas y privilegios del Régimen, todavía bajo la arcaica denominación de Movimiento Nacional, incluyendo en ello la política del presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, a cuyo ditirambo siguen dedicándose extensos comentarios. Nada cambia por el momento. Se habla de mayor incorporación de la juventud pero sin opciones atrayentes. Se destaca la preocupación por la calidad de vida y las garantías de salvaguardar las medidas contra el fraude, el afán de lucro y la falta de rigor a la hora de respetar los derechos de los consumidores y se habla de detener el crecimiento del paro. Sobre las perspectivas del nuevo año en la vida local se establece una especie de confianza y buenas perspectivas sobre la nueva Ley de Bases del Estatuto del Régimen Local. Se asegura que la vida municipal “contemplada como ámbito donde concurren las preocupaciones e intereses de los ciudadanos éstos esperan el impulso de la nueva ley”, que, por cierto, el ministro de Gobernación, José García Hernández, califica como “trascendente y decisiva para el futuro de la vida local”.

Se dice que numerosos grupos ciudadanos confían en la agilización de determinadas estructuras y en su adecuación a los tiempos actuales. Nada más contrario a la realidad. Hay una gran preocupación por la situación del campo onubense que el presidente de la Cámara Sindical Agraria califica de “catastrófica”. Por su parte, el Ayuntamiento anuncia su apertura al ciudadano, proclama la posibilidad de que se acabe el chabolismo y el alcalde, Carmelo Romero, promete una abierta línea de información a través de los medios de comunicación “con el objeto de lograr una total y más trascendental identificación entre la población y las inquietudes municipales, para lograr una mejor cooperación de los onubenses en la tarea común”. Parece la única apertura que se le brinda a los ciudadanos de Huelva en el nuevo año.

La comunicación con Cádiz.
El primer pleno municipal del Ayuntamiento de Huelva decide aceptar la propuesta del alcalde de Cádiz para hermanar a las dos ciudades y el concejal Gregorio Iglesias Portero solicita la celebración de un pleno conjunto de Huelva con Sanlúcar de Barrameda, para reivindicar la carretera de la Costa y la unión directa de ambas provincias. El concejal Manuel Bermejo da a conocer un dramático informe sobre la carretera Sevilla-Huelva, con 10.000 vehículos diarios y altamente peligrosos por los camiones cargados con materias del Polo Industrial. Por ello también se pide la construcción de circunvalaciones de los pueblos por los que estos vehículos se ven obligados a cruzar con el consiguiente riesgo para sus habitantes. En el mismo acto se rechaza la instalación de la central nuclear proyectada en la costa de Huelva.

En los primeros meses del año se desarrolla una intensa actividad oficial en Huelva con frecuentes visitas ministeriales. Una de ellas la inicia el día primero de febrero Joaquín Gutiérrez Cano, ministro de Planificación y Desarrollo, que recorre cuatro factorías del Polo Industrial: Fosfórico Español, Río Tinto Patiño, Refinería de Petróleos de Río Gulf y Aragonesas. Se reúne con el Consejo Económico Social, donde se exponen al ministro todas las carencias que en materia de infraestructuras, en sanidad, educación, comunicaciones –puente del Guadiana y carreteras a Sevilla, Ayamonte-Portugal, Cádiz y una vía natural con el norte de España–, además de viviendas, industrias para el Condado, cárnicas de la Sierra y otras. El ministro promete estudiar estas reivindicaciones y arbitrar las ayudas más pertinentes, además de haber comprobado personalmente las deficiencias de las comunicaciones por carretera. Pocos días después, el 11 de febrero, visita Huelva el ministro de Obras Públicas, Antonio Valdés y González Roldán, acompañado de los directores generales de Puertos y Carreteras y Obras Hidráulicas. En una reunión en el Gobierno Civil de la provincia, el gobernador, Matías Valdecantos, expone los deseos de mejora de la carretera de Sevilla, San Juan del Puerto-Cáceres y la comunicación con la playa de Matalascañas. Se habla también de abastecimiento de aguas y de que la anhelada carretera con Cádiz no perturbaría la situación medioambiental de Doñana.

El ministro anuncia que de inmediato se invertirán, “sólo en carreteras, 2.050 millones de pesetas” y que está dispuesto a abordar la construcción de la autopista con Sevilla, además de sacar a subasta la presa del Chanza, entre otras obras a emprender en la provincia, anunciando una inversión superior a los 5.000 millones pesetas. Al día siguiente el ministro inaugura el cargadero mecánico de mineral del Puerto Autónomo, en el que se habían invertido 546 millones de pesetas, con una capacidad de tráfico de dos millones de toneladas al año, que esperan alcanzarse en este mismo 1975.

Todo sigue igual. Aunque algo está cambiando, todo sigue igual a nivel oficial a medida que va transcurriendo este incierto 1975. Si uno consulta el periódico un día sí y otro también puede leer algo así como que “el Movimiento era caudal de convivencia”. Los carnavales de Isla Cristina, que con sus limitaciones siguen celebrándose, no pueden llamarse así sino “Fiestas Típicas de Isla Cristina”. La palabra carnaval sigue estando proscrita. Es la única población de Huelva que a trancas y barrancas había mantenido con la falta de libertad consiguiente estas manifestaciones festivas de muy antiguo arraigo. En la más pura realidad los isleños en particular y los onubenses en general siguen hablando de “carnavales de Isla Cristina”.

Ante el encierro en una mina de Navarra, se proclama con el habitual talante que “el Gobierno está dispuesto a mantener con severidad y firmeza el principio de autoridad frente a todo intento de carácter extralaboral si se perturbara el orden y la paz social”. Estas manifestaciones contrarias a la situación laboral o política reciben siempre tan dura y severa respuesta, aparte de las sanciones correspondientes. Evidentemente, el lenguaje les resulta muy familiar a los onubenses y en particular a los trabajadores de la comarca minera. En general, ciertos conflictos laborales y estudiantiles, que en unos y otros lugares habían comenzado a aflorar, llegan a Huelva con la sordina de la lejanía y las restricciones de la censura informativa que todavía impera con la misma contundencia de antes, por lo menos en ciertos medios de comunicación, por lo que encuentran un eco muy poco significativo en el seno de la sociedad onubense. Sólo la tremenda pesadilla del terrorismo etarra, que a menudo impone una sombra temerosa en la tranquilidad expectante de la mayoría, empieza a unificar sentimientos firmes y convincentes. Por lo demás, frente al pluralismo emergente se levantan las ominosas limitaciones de aceptación de nuevas organizaciones o asociaciones políticas obligadas a suscribir los llamados “Principios del Movimiento” y esto, lógicamente, frena radicalmente cualquier entusiasta ambición que desea un régimen mucho más aperturista. Los onubenses siguen acogiendo todas estas situaciones con manifiesto escepticismo, cuando no con el acerado y ocurrente gracejo irónico de su habitual desenfado.

Diversos acontecimientos de la vida nacional, ciertamente contradictorios, vienen a sembrar amplias dudas en la opinión pública de Huelva y la oleada de declaraciones, manifestaciones verbales y medias palabras o intervenciones con doble o sesgada intención, no contribuyen a aclarar tan confusa situación. Para muchos la cacareada “apertura” no significa gran cosa o al menos no se traduce en algo medianamente evaluable. Sobre todo porque tanta parafernalia vacía de contenido y de auténtica transformación de la realidad no supone un auténtico cambio político. Eso, mediado el año 1975 parece un objetivo demasiado lejano. El llamado búnker, símbolo poderoso del inmovilismo que preconizan y practican muchos, especialmente los más fieles o beneficiados por el régimen, se levanta como un muro insalvable, difícil, muy difícil de derribar por el momento. Los sucesos terroristas que afectan muy sensiblemente a los onubenses no hacen más que coartar aún más las pocas y exiguas libertades que puedan irse conquistando. Mientras, se contemplan con estupor, desagrado y enojo las suspensiones y sanciones a que son sometidos algunos medios informativos y periodistas. Los acontecimientos no hacen más que confirmar la inmovilidad de un régimen que no propende al cambio y actúa con su acostumbrada contundencia. Todo sigue igual.

Una carretera peligrosa. En la vida de Huelva los acontecimientos más destacados, entre otros, son la negativa del Ayuntamiento de Huelva a la instalación de una central nuclear ya en el primer pleno de 1975. Al entonces ministro de Planificación y Desarrollo, que visita la provincia, se le exponen las más inquietantes carencias, entre las que destacan la contaminación, que ya empieza a preocupar a los onubenses, los problemas de comunicación y la falta de carreteras, el alarmante déficit de viviendas y la atención a las zonas deprimidas. Se celebra el Congreso Internacional de Literatura en cuya clausura están presentes más de un centenar de escritores de habla hispana. Este año Huelva cuenta con su primer ordenador al servicio de empresas de determinado volumen. Se monta en la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Gobernación, como un servicio de este organismo a las entidades públicas y privadas de la provincia.

El Ayuntamiento de Huelva acuerda aceptar la propuesta del alcalde de Cádiz para el hermanamiento de las dos ciudades y con este motivo se pone de manifiesto la pretensión de ambas provincias de unirse a través de una carretera por la costa, y se reitera un informe realmente dramático sobre la intensidad del tráfico en la carretera Sevilla-Huelva. La capital alcanza la cifra de 114.239 habitantes. Se confirma oficialmente la denominación de origen para el jamón de Jabugo, para todos los jamones de cerdo ibérico curados en la correspondiente zona de crianza, que integran los municipios de Jabugo, Cumbres Mayores y Cortegana en la serranía onubense.

El Real Club Recreativo de Huelva, decano del fútbol español, recibe la Medalla de Oro al Mérito Deportivo concedida por la Secretaría General del Movimiento a propuesta de la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes. Había sido elegido presidente del club el que fuera gran jugador, José Martínez Oliva, quien sería el primero en llevar al equipo a Primera División, en una fecha histórica para el fútbol onubense.

El día 14 de agosto se celebra una importante sesión en la sede de la Universidad Hispanoamericana de La Rábida, en beneficio de la investigación en España. El Ayuntamiento de Hinojos, según acuerdo de su corporación, hace entrega al Consejo Superior de Investigaciones Científicas de 8.000 hectáreas para unir las dos partes del terreno que ocupa la Estación Biológica de Doñana. El ministro de Educación y Ciencia, Cruz Martínez Esteruelas, y el alcalde de la localidad, Manuel Rodríguez Cano, firman la cesión de estos terrenos, lo que luego será Parque Nacional. También en la Universidad de La Rábida el ministro de Industria, Alfonso Álvarez de Miranda, clausura el Seminario Luis Vives, con la conferencia ‘El problema de la energía en España’, donde hace una breve historia de las centrales nucleares en España y se refiere a sus ventajas e inconvenientes, si bien las considera necesarias para sustituir las fuentes de energía habituales del carbón y del petróleo.

Fallece un veterano y entrañable periodista onubense, Francisco Montero Escalera, que dejaría abundantes páginas de memoria y recuerdos de la antigua Huelva. También muere este año el abogado Manuel Fal Conde, nacido en Higuera de la Sierra, hombre destacado en su actividad profesional y política, infatigable activista en actos de propaganda católica y colaboraciones de Prensa, fundador del Requeté en Andalucía y perseguido por las autoridades republicanas. Tras el Alzamiento desempeña importantes misiones y funda el diario El Alcázar. Sus disensiones con la Falange oficial habían motivado su alejamiento de la actividad política. Otro fallecimiento sentido a nivel popular es el del cantaor y uno de los grandes intérpretes del fandango de Huelva, Francisco Maestre Varela, conocido vulgarmente como Paco Maestre.

Otra muerte muy sentida en Huelva es la del prestigioso odontólogo Santiago Cumbreño, que tiene su consulta en una bella casa de la Plaza de las Monjas, ya desaparecida. Su entierro en la tarde del domingo 23 de noviembre, con misa en la iglesia de la Milagrosa y conducción del cadáver al cementerio de Huelva, constituyen una extraordinaria muestra de condolencia.

Se crea el Museo Diocesano de Arte Sacro en el monasterio de Santa Clara en Moguer, trabajo que se debe al investigador Manuel Jesús Carrasco Terriza, con un amplio historial en su preparación artística, secundando la idea del obispo de la Diócesis, Rafael González Moralejo. Los embajadores, agregados militares, navales y aeronáuticos de Argentina, Colombia, Nicaragua, Chile, Uruguay y Perú, ofrendan en Palos de la Frontera un monolito en el viejo embarcadero de La Calzadilla en memoria de la epopeya descubridora del Nuevo Mundo el 15 de octubre. Preside los actos el capitán general de la Zona Marítima del Estrecho, almirante Pita da Veiga, que después sería ministro de Marina. Pilar Pulgar Fraile se convierte el 26 de noviembre en la primera mujer alcaldesa de esta histórica localidad de Palos de la Frontera. Comienza así una brillante carrera política que sigue después con el advenimiento de la democracia. Continúan los lanzamientos desde la base del Instituto de Técnica Aeroespacial (INTA), en El Arenosillo en las proximidades de Mazagón, prosiguiendo su valiosa y fructífera labor de investigación en la atmósfera.

Proceso en Burgos.
Como de costumbre, tras las vacaciones veraniegas y el retorno a la actividad política se abren nuevas expectativas con respecto a ciertas alternativas que pueden presentarse en el Gobierno de la nación. Ya en los últimos días de agosto la aprobación de un Decreto Ley sobe el terrorismo y la subversión y la entrada en vigor de la misma, el homenaje rendido en Galicia al Jefe del Estado y lo manifestado por éste a miembros representantes de los tres ejércitos: “Tenemos unas leyes básicas abiertas al camino de la continuidad… Los tiempos que corremos exigen a todos unidad. No bajar la guardia”, dejaban pocas esperanzas a cualquier especulación aunque se alentaran vivamente en algunos círculos. Nuevas noticias agravan la situación: en los primeros días de septiembre son detenidos en Madrid activistas pertenecientes a grupos subversivos, fundamentalmente miembros del FRAP, acusados de atentados y actos terroristas.

Unos días después la celebración en juicios sumarísimos, consejos de guerra, en el llamado proceso de Burgos, contra 11 imputados, que destaca en grandes titulares la prensa local, en el que se juzga a miembros de ETA y del FRAP, acusados de asesinatos de agentes policiales y que levanta, junto a la lógica expectación, la certidumbre y el conocimiento de que no se había avanzado nada en absoluto en la pretendida conquista de derechos y libertades. Se confirma cuando se certifican seis conmutaciones de pena de muerte por otras de 30 años de reclusión, y cinco condenas a muerte para otros tantos.

Por su parte, la Conferencia Episcopal hace público en un comunicado que “el Estado debe y puede arbitrar normas legales extraordinarias para defender a la sociedad”. Por otro lado el Gobierno reafirma, con términos muy contundentes, su propósito de combatir el terrorismo con todos los medios a su alcance. El cumplimiento de la sentencia, que se confirma con un tremendo escalofrío para muchos, despierta contradictorios sentimientos que condenan las acciones terroristas pero anhelan la abolición de la pena de muerte. La inapelable decisión conmociona a todos. Vuelven a incidir en una inseguridad manifiesta sobre las auténticas intenciones liberadoras, lo que para algunos supone una vuelta atrás, un temor de amenazas irreversibles que tiñen de negros nubarrones el horizonte político más esperanzador. Una casi general condena al terrorismo es evidente, pero volver a la pena capital parece un punto de no retorno, que también muchos repudian. No tardan en producirse ataques y protestas del exterior que el Gobierno rechaza “con serena y total energía”, según su presidente.

Este tipo de manifestaciones se van repitiendo en diversos países y la concentración de un millón de personas para expresar la adhesión al Gobierno ante los actos condenatorios del exterior tiene su consecuencia en Huelva el 3 de octubre, donde, siempre según la prensa, un impresionante número de ciudadanos –se hablaba de unas 25.000 personas– se congregan en la Plaza del Ayuntamiento para mostrar de forma patriótica sus sentimientos “no sólo como repulsa total contra los actos de terrorismo que viene padeciendo la nación, sino también contra la injerencia, la intromisión extranjera en los asuntos internos españoles”. La manifestación termina con gritos entusiásticos a favor del régimen y se canta el ‘Cara al Sol’. Luego la multitud recorre diversas calles de la capital para mostrar su apoyo a la Policía Armada, Guardia Civil y Comisaría de Policía ante sus respectivos acuartelamientos. De todo ello se da amplia información con profusión de fotografías en el diario Odiel al día siguiente con un gran titular: “Vibró la provincia”.

Pero en Huelva sigue la preocupación por la contaminación que es objeto de la máxima atención de la Comisión Permanente Municipal celebrada días después de estos acontecimientos. También despierta la atención la publicación en la prensa de las cien firmas que componen el Grupo Promotor Unión del Pueblo Español de Huelva, entre ellos conocidas personas del ámbito profesional, laboral, empresarial, funcionarial y político onubense. Nada se dice de su ideología política.

Alarma en el Polo.
El primer día de septiembre a las doce de la mañana se produce lo que bien pudo ser una catástrofe, que, afortunadamente, no provoca desgracias personales pero sí graves pérdidas para las empresas afectadas. Al saltar por una explosión el motor de un molino triturador de Azufres Alicante en terrenos del Polo de Promoción Industrial de Huelva, rompe la separación de uralita con un depósito de azufre, que prende en llamas y desprende una impresionante columna de humo. La alarma cunde en el lugar porque cerca del siniestro se hallan unos tanques de gasóil, un depósito de azufre molido y un transformador.

Los tanques pueden retirarse, aislando las llamas y se corta el acceso de corriente al transformador. Pero el viento impulsa el intenso humo hacia la zona baja de la ciudad que se ve pronto cubierta por la humareda, no llega a producir más que un olor desagradable, si bien se piensa en desalojar el barrio del Matadero si aumentan las proporciones del suceso. Otras fábricas contiguas se ven afectadas y la policía municipal tiene que distribuir botellas de leche que sirven de antídoto a los operarios. Los medios empleados en la extinción del incendio resultan rápidamente eficaces si bien no se puede evitar que las instalaciones de la empresa queden arrasadas. Al día siguiente el diario Odiel, como corolario de la información, publicaba “el siniestro, sin más graves consecuencias que las pérdidas materiales, puede servir de aviso”.

La ‘marcha verde’.
El 17 de ese mismo mes de octubre se acoge con preocupación, pero también con estupor e inquietud, el anuncio de la invasión “pacífica” del Sáhara por parte del Gobierno de Marruecos. Pero el inesperado sobresalto llegaría unas fechas más tarde cuando se comunica oficialmente una nota sobre la salud del Caudillo, que así destaca Odiel en primera página: “Franco supera una crisis cardíaca reaccionando favorablemente”. La noticia coincide con la del comienzo de la marcha marroquí sobre el Sáhara, que aumenta las inquietudes de un gran número de onubenses. Las informaciones seguirían dramatizando la situación cuando se continúa dando cuenta del agravamiento con la aparición de nuevos signos de insuficiencia cardiaca y un continuo empeoramiento del proceso hasta confirmar la extrema gravedad del enfermo.

Es ésta la máxima preocupación de los onubenses, como en general lo era de todos los españoles de distintos idearios y tendencias, aunque con signos bien diferenciados, pero hay otras noticias que suscitan la atención general, como ésta: “Frente Institucional propugna una monarquía tradicional, limitada, católica, integradora, social, representativa, popular y juvenil”, un galimatías que deja absortos a muchos en Huelva, mientras se anuncia que Unión del Pueblo Español y Unión Popular Democrática se fusionan. La perplejidad es evidente aunque el 29 de octubre se conmemora con los actos de rigor y el ceremonial acostumbrado la fundación de Falange Española con “lección política a cargo del delegado provincial de Sindicatos, Miguel Ángel del Río”. Justo 13 días después de conocerse la enfermedad de Franco se abre la frontera con Portugal, tan importante para Huelva, cerrada durante dos semanas por las manifestaciones antiespañolas que se habían producido en Vila Real de San Antonio, tan unida a Ayamonte y tan visitada por los onubenses, ante las garantías de seguridad ofrecidas por el gobernador de la provincia de Faro.

La incertidumbre se acentúa cuando el príncipe de España, Juan Carlos de Borbón, asume la Jefatura del Estado, ante la extrema gravedad de Franco. Paradójicamente, y como consecuencia de los tiempos, se anuncia en el Cine Fantasio el estreno de Las protegidas como “luz verde al destape nacional”. Es la única apertura posible en una Huelva bastante apesadumbrada por la preocupante situación que está viviendo. Hay que reconocer que no todos viven con la misma inquietud estas circunstancias. Por ejemplo los organizadores del que va a ser el I Festival de Cine Iberoamericano se preguntan, mientras ultiman sus preparativos para la celebración, si los graves acontecimientos les permitirían llevar a cabo un proyecto alimentado desde hace tiempo y que tanto había costado poner en marcha. Esos mismos días una conferencia del delegado provincial de Trabajo, Emilio Calero, analiza cómo vivía Huelva las vicisitudes de una economía sensiblemente afectada por la elevación de los precios del petróleo.

Por si fuera poca la situación de incertidumbre y zozobra continua que viven los onubenses aquellos días de noviembre, un nuevo sobresalto aumenta sus inquietudes. Surge el temor ante un peligro de guerra por la crisis del Sáhara y el chantaje diplomático de Hassan II, que denuncia a España ante las Naciones Unidas, mientras la gravedad de Franco se extrema. Muchos aventuran cercana la conquista de la libertad aunque sienten cierto estremecimiento pensando en lo que podría costar conseguirla. En Huelva se celebra una misa en la iglesia de San Sebastián por la salud del Jefe del Estado, organizada por la Hermandad del Cristo de la Victoria y Nuestra Señora de la Paz, popularmente conocida como la de “Los mutilados”.

Toda esta angustiosa espera ante lo que todos consideran definitivo no hace más que aumentar la ya de por sí alarmante incertidumbre, según recuerda un conocido político onubense: “Todos sabíamos que el fin de Franco tenía que llegar, pero esta penosa espera no hacía más que agobiar nuestra preocupación por el inmediato destino de España”. La ausencia de una información política cercana y convincente deja a los onubenses a merced de los noticiarios oficiales que el único periódico, Odiel, y las tres emisoras existentes en la capital se limitan a publicar y transmitir la estricta información proveniente de lo que para el pueblo llano siguen siendo “los partes oficiales”. La única emisora privada en Huelva, Radio Popular (COPE), tiene vedada toda información que no proceda de esos cauces oficiales, porque, incluso en la información local, está limitada y prácticamente reducida a la discreta crítica municipal y poco más. Radio Popular, la más avanzada en sus opiniones, siente a menudo sobre sus juicios la espada de Damocles que ejerce la Delegación Provincial de Información y Turismo, cuya censura se ensaña en muchas ocasiones contra sus puntos de vista y comentarios.

La dificultad de informar. Es difícil establecer la realidad en la que se mueven los periodistas de la provincia, que juzgan la actualidad con rigurosa objetividad, fieles a su independencia y obligados, como cualquier ciudadano, a una razonable moderación. Sobre todo en un vaivén imprevisible de los cambiantes y a veces contradictorios movimientos de una realidad cargada de tensión y de crecientes incertidumbres. Sobre todo para quienes trabajan en una provincia como Huelva, siempre al socaire de los vientos que soplan desde muy lejos, dominados por un centralismo más férreo y evidente que nunca. Cada uno hace lo que puede, en muchas ocasiones con evidente riesgo, en esa aventura de búsqueda de la libertad. A nuestra manera, algunos ya llevamos algún tiempo luchando por ello con la limitación de nuestros medios y la osadía de los pocos años. Lo hacemos con la temeraria audacia que merecía un reto necesario y con el hartazgo de tantas limitaciones, de tanta falta de libertad de expresión, de tanta opresión y tanta injusticia.

Hay que insistir en que el lápiz rojo del censor pesa sobre los hombres de la comunicación de una manera amenazante y onerosa. Archivos hay donde, por ejemplo en Radio Popular (COPE), se podrá comprobar la huella oprobiosa de aquella censura en temas y asuntos que ahora harían reír a muchos y en otros se apreciaría el grado de riesgo en la opinión, crítica o la simple denuncia de vergonzosas evidencias. Es el noble ejercicio de comunicadores que mantienen su objetividad, su talante abierto y sin fisuras a la libertad y como tal a la sacrosanta independencia de expresión. En muchos casos se analizan los hechos con criterios ponderados y justos, aunque no puede excluirse la posibilidad de error de apreciación o de cualquier otra interpretación en un ámbito ciertamente contradictorio y aleatorio de los acontecimientos políticos.

Tenso compás de espera. En el aspecto económico y social, si bien muchos sectores de su economía sufren fluctuaciones a veces poco favorables, huella inequívoca de los vaivenes económicos nacionales e incluso internacionales, la nueva industria petroquímica que va desarrollándose en Huelva de una manera muy prometedoramente expansiva ha contribuido al aumento de las llamadas clases medias y a un considerable éxodo rural que trae a la capital a mucha gente de la provincia, y que moviliza a muchos habitantes de los pueblos cercanos al vulgarmente conocido como Polo Industrial. Se registra así un aumento del número de trabajadores en el sector industrial y en empresas instaladoras, todo lo cual contribuye a contemplar con moderación, prudencia y relativa tranquilidad los inquietantes momentos que vive el país ante lo que se barrunta como el final del régimen.

Por aquellos días llama la atención una nota de la Jefatura de Policía de Madrid sobre “una proyectada campaña de agitación en la capital”. En Huelva sigue la polémica respecto a la carretera con Cádiz. Los partes médicos sobre la enfermedad del Jefe del Estado empiezan a distanciarse y el consejero Nacional del Movimiento y ex ministro Girón de Velasco declaraba: “El timón no está solo; unas manos firmes y jóvenes lo sostienen”. La afirmación un tanto premonitoria y la alusión al príncipe Juan Carlos, que ha asumido definitivamente la Jefatura del Estado, entonces no resulta muy tranquilizadora ni a unos ni a otros. Se dice en destacados titulares que la salud del ilustre enfermo “está en las manos de Dios”. El estado es crítico. En Huelva, con el ritual de costumbre ante la Cruz de los Caídos, se anuncian –como todos los años– los actos conmemorativos del 39 aniversario de la muerte de José Antonio Primo de Rivera.

El desenlace. Algunos jóvenes de Huelva se disponen a acudir a los tradicionales actos convocados en la madrugada del 20 de noviembre por la Jefatura Provincial del Movimiento con motivo del XXIX aniversario de la muerte del fundador de Falange Española y de los Caídos, ante el monumento levantado en el Conquero, cuando se enteran de la muerte de Franco. La noticia, no por esperada deja de constituir un motivo de duelo especialmente en sectores tan adheridos al régimen como los citados. Todos, como el resto de los ciudadanos, están a partir de esas primeras horas de la mañana singularmente atentos a las pantallas de la televisión y a las noticias de la radio. Esa madrugada Franco muere. Después de dos meses y ocho días de enfermedad, su corazón deja de latir. Un número especial del diario onubense Odiel lo anuncia así: “Llora el país la muerte del Caudillo Francisco Franco. ¡Presente! A las 4,40 de la madrugada dejó de existir”. A ello sigue una crónica del fatal desenlace y una amplia biografía. Hay una curiosa coincidencia, que cito sin ninguna intención: ese día se publicaba una crítica cinematográfica mía sobre la película titulada Risa en la oscuridad. Se anuncia que la I Semana de Cine Iberoamericano ultima sus preparativos. Sus organizadores, me consta, respiran aliviados: se hace realidad una vieja ilusión en la fecha prevista. Esa misma madrugada viaja a Madrid su director y fundador, José Luis Ruiz Díaz, quien gestiona la importación de películas para el festival en el Ministerio de Industria. Terminado este trámite a primera hora de la mañana, el Ministerio interrumpe su actividad. Tiene suerte. Ni que decir tiene que José Luis regresa de inmediato a Huelva abandonando un Madrid desolado e incierto.

Los onubenses siguen con diversos sentimientos, aunque con un general sobrecogimiento, el mensaje de la muerte de Franco del ministro de Información y Turismo. Odiel duplica su tirada y la abre con una gran foto del Jefe del Estado y un artículo del delegado nacional de Prensa y Radio del Movimiento, Emilio Romero Gómez. En el Gobierno Civil se colocan pliegos de firmas y bandejas para tarjetas de condolencia. Es mucha la afluencia de ciudadanos que manifiestan su pésame. El Ayuntamiento convoca un pleno extraordinario presidido por el alcalde en funciones, Juan Mora Ortega, primer teniente de alcalde, quien sustituye al titular de la Corporación, Carmelo Romero, que asiste en Madrid al pleno de las Cortes Españolas. Se redacta un telegrama donde el Consistorio expresa su profundo pesar por el fallecimiento.

El día 21 de noviembre el periódico local publica una amplia información, con profusa ilustración fotográfica, en la que se incluyen resúmenes de las visitas de Franco a Huelva en los años 1943, 1948, 1961 y 1967, con un destacado titular: “El Polo de Desarrollo, su gran ofrenda al futuro onubense”. Al día siguiente los titulares anuncian la proclamación del nuevo Rey y amplia información de la “Impresionante asistencia de público a la misa por el alma del Caudillo”. Numerosas personas asisten al funeral y abarrotan la parroquia mayor de San Pedro. La homilía está a cargo del obispo de la diócesis, Rafael González Moralejo, que había presidido las honras fúnebres. En la calle, ambiente de recogimiento y tristeza, crespones negros en balcones y ventanas, lazos negros en los taxis y poca, muy poca gente por las calles. Los onubenses contemplan en la televisión, un tanto asombrados y contritos, el continuo desfile de personas de distinta condición social ante el féretro que contiene los restos mortales del dictador en el Palacio Real. El día 23 Odiel titula: “Juan Carlos Rey de todos los españoles”, sigue el mensaje Real y las biografías del monarca y su esposa. El día 25 se da cuenta de que Huelva había seguido con gran respeto, a través de la televisión, el entierro de Franco.
Quienes estamos en la información en la lejanía de una provincia como Huelva tenemos una evidente sensación de cambio, todavía no se habla de transición. Es una situación irreversible y nada puede ser igual que antes. En el primer discurso del Rey Juan Carlos se aprecia un rasgo de valentía y una lectura entrelíneas bastante evidente. Unas premoniciones que con la perspectiva de los años pueden parecer lógicas pero entonces no lo son. Esa misma visión posterior permite apreciar que tras innumerables esfuerzos e incertidumbres y no pocas desilusiones paulatina y gozosamente se van cumpliendo. Es evidente que se abre una nueva etapa y el acontecimiento conmueve de igual modo a todos los onubenses de unas y otras tendencias. El día 28 el diario Odiel ofrece un antetítulo: “En la proclamación de S. M. el Rey”, y luego el titular: “Solemne Te Deum en San Pedro”, más abajo un subtítulo: “Brillante recepción en el Gobierno y parada militar”. En el solemne acto religioso del que ofrece amplia información añade que en el acto religioso había actuado la Capilla Musical y que el obispo en su alocución había destacado: “Él (el Señor) deparó a nuestra nación, más allá del dolor por la muerte del Caudillo, la satisfacción de un Rey que ha de regir ahora los destinos de España. Oremos llenos de fe y esperanza”.

Tras el Te Deum se celebra en el Gobierno Civil una recepción, que se considera la más numerosa de las que han tenido lugar en esta sede gubernativa, asistiendo la totalidad de las autoridades y delegados ministeriales, cuerpo consular, representaciones de organismos, entidades, corporaciones, asociaciones políticas y alcaldes de la provincia. En la Gran Vía rinde honores militares una compañía del Regimiento Granada 34, de guarnición en Huelva con bandera y banda de cornetas y tambores, que desfila ante las autoridades y numerosos onubenses que llenan esta principal arteria ciudadana. En tanto se va recobrando la normalidad en aquellos días se anuncia un indulto general. Huelva, sin abandonar la preocupación por la nueva situación, no deja de seguir con atención los acontecimientos que vive el país vecino, Portugal, tan cercano y sin embargo tan desconocido entonces, donde ha sido detenido el general Otelo Saraiva de Carvalho, figura destacada de la llamada “revolución de los claveles”, acusado de inspirar la revuelta de los paracaidistas. Lo peor es que se habla de guerra civil. En esas mismas fechas, reunida la Comisión Permanente del Ayuntamiento, ésta expresa su sentimiento por la muerte del Caudillo y su adhesión al Rey, con el ofrecimiento de colaboración y el deseo de los mejores logros en su reinado en nombre del pueblo de Huelva.

El director general de Cinematografía, el alcalde, Carmelo Romero, y el director del Certamen, José Luis Ruiz, hacen público el programa de la I Semana de Cine Iberoamericano, con un presupuesto de dos millones de pesetas y el estreno de La Raulito en la sesión inaugural. Comienzan a llegar los primeros invitados y crece la expectación ante la inauguración del Festival, ante cuya celebración se anima el ambiente. En los primeros días del último mes del año se celebraba la I Semana de Cine Iberoamericano de Huelva, que dos años después pasará a denominarse Festival, convirtiéndose desde el primer momento en uno de los acontecimientos con mayor poder de convocatoria en la vida cultural onubense y que a lo largo de los años será una cita obligada en el calendario internacional de los festivales de cine en todo el mundo. La primera película ganadora fue la producción chilena Ya no basta con rezar, de Aldo Francia. Con la celebración de este primer certamen se cumple una antigua ilusión alentada entre los miembros del Cine Club Huelva de arraigada implantación entre los cinéfilos onubenses. Éstos ven un tanto asombrados en la pantalla, por lo inédito de ello en la cinematografía al uso, imágenes y expresiones de ciertas tendencias y compromisos políticos aquí por el momento inviables.

Un indulto. 25 reclusos logran su libertad en Huelva favorecidos por el indulto. Serán en total 65 los beneficiados por la amnistía. Causa sensación el nombramiento de Torcuato Fernández Miranda como presidente de las Cortes. Se despiertan con ello grandes expectativas. A Huelva llegan noticias del ingreso del arzobispo monseñor Pedro Cantero Cuadrado en La Paz. Su estado se agrava, el obispo de Huelva, Rafael González Moralejo, le visita y la Hermandad de la Cinta y numerosos onubenses se interesan por el estado del que había sido primer prelado de la Diócesis.

1975 que, como muchos habían augurado, es un año crucial, se acerca a su final y los onubenses, como el resto de los españoles, se encuentran confusos, debatiéndose entre un sin fin de incógnitas y la ilusión de un futuro mejor. La economía, tan decisiva para las familias, es preocupante en aquellos meses porque la inflación –la segunda más alta de Europa– siembra de inquietudes el panorama socioeconómico del país. Las subidas de precios son frecuentes y en algunos casos espectaculares. Es otra zozobra más en aquellos días próximos a la Navidad que por tantas razones no sería como las precedentes. Hay una lógica expectación ante el nuevo Gobierno de Carlos Arias Navarro, que la prensa local destaca extraordinariamente en primera página. Vuelven las reivindicaciones por la carretera Huelva-Matalascañas y su prolongación hasta Cádiz, que también se interesa por ella, en espera de que Obras Públicas se decida por el proyecto. Llaman la atención unas declaraciones de Manuel Fraga: “Vamos resueltamente a la democracia”, afirmaciones que devalúa el aparente inmovilismo del Gobierno.

Ni que decir tiene que el primer mensaje del Rey en la Navidad de 1975 se espera con manifiesta expectativa. Odiel destaca en titulares una frase: “Necesitamos paz –material y espiritual– para organizar la convivencia”. La opinión sobre aquellas palabras del Rey, constatadas hoy por onubenses que ocupan puestos destacados en la Administración y algunos de los que luego asumirían responsabilidades políticas, como las del primer discurso de la Corona, aseguran que llevan inmersas un alto contenido tranquilizador y de ilusiones futuras. El periódico local señala que la Navidad onubense se había celebrado dentro de un ambiente absolutamente hogareño con muy escasa animación en las calles. En aquellas jornadas se inician ciertas expresiones que vienen a auspiciar las tendencias renovadoras y reivindicativas de muchos. El ministro del Interior, Fraga Iribarne, vuelve a la carga resaltando “la trascendencia de las próximas elecciones en las Corporaciones Locales como paso a la democratización de nuestras instituciones”. Pocos días después Fernández Miranda asegura: “El pueblo español quiere vivir su propio destino con serenidad y autodeterminación”. 

El alcalde de Huelva, Carmelo Romero, en su mensaje de fin de año a los onubenses habla de un año decisivo tras la muerte de “nuestro Caudillo” y la influencia que en el futuro habría de tener “la aprobación por las Cortes Españolas del Estatuto de Bases para la Ley de Régimen Local”, que, con sus nuevas directrices de autonomía, independencia y democratización, “lograrán unas comunidades de convivencia del pueblo español más justas, más humanas, más agradables, con más contenido cultural si en ello nos empeñamos y comprometemos todos”.

UGT con fuerza. A principios de la década de los setenta, la UGT empieza, de la mano del PSOE, a tomar fuerza. Carlos Navarrete, en el 1972, pone en marcha el sindicato, contando con  la colaboración de González Vila, Manuel Jesús Pastor, Manuel Vera, Jaime Montaner, Miguel Ornedo, Tomás Seisdedos, Luis Ramos, Amalia Perianes, Aurelio Barreda, Jesús Vázquez Pavón. Tanto sindicato como partido comparten local, en la calle Berdigón, objeto de furibundos ataques de la ultraderecha, hasta con un incendio. En aquellos años se publicaba Opinión Obrera, que ejerció un papel informativo importante.

Sería en la Empresa Nacional de Celulosas donde la UGT tomó mucha fuerza, con Tomas Seisdedos, trabajador de la misma, como en las zonas mineras, como Tharsis, La Zarza, Herrerías, Valdelamusa; no así en la cuenca de Riotinto, donde se utilizó la memoria histórica de Ramón González Peña, histórico republicano, y de Curro López Real, histórico dirigente del PSOE y del sindicato. A finales de la década la UGT se había consolidado en Huelva, ganando las elecciones provinciales en el 78. La UGT sería un importante granero para las listas electorales socialistas.
   
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