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1975 |
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Juan de Dios Mellado |
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Noche de champán |
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Sonó la campanilla del teletipo de la agencia EFE. El redactor de Guardia de Sol de España grita: Franco ha muerto. Y se pone en marcha la maquinaria para la edición especial. Franco enterrado, se abría el futuro. Una losa de 1.500 kilos de granito sella la tumba del dictador. El futuro de la libertad y la democracia estaba por escribirse en España. De madrugada, dirigentes comunistas reciben una llamada del Comité Central. Nada de algaradas y menos, manifestaciones. A esperar. La extrema derecha, sin embargo, reunida en un local de Sancha de Lara velaba sus armas, a la espera de órdenes. En la corte franquista de la Costa del Sol se confiaba en la permanencia del régimen porque Franco lo había dejado todo atado y bien atado. No es así. La transición nos da la libertad, la democracia y la Constitución.
La agonía. Franco muere el 20 de noviembre, a las 4:40 de la mañana, después de una agonía interminable. España y el mundo entero asisten, sorprendidos, al curso de una enfermedad que parece interminable. Una agonía horrible porque en los cuarteles políticos del franquismo se pretende alargar la vida de Franco para perpetuar el régimen mediante el control de las decisiones más importantes del Rey. Alejandro Rodríguez Valcárcel es el llamado para ejecutar esta operación que cuenta con el apoyo de los halcones del franquismo, y de ellos José Antonio Girón de Velasco, que meses atrás había protagonizado el llamado Gironazo. El León de Fuengirola, como es conocido entre sus camaradas, vela armas en su casa, al pie del castillo de Sohail.
El centro de Málaga amanece con banderas de España en los balcones y crespones negros; algunos alegres ciudadanos se dan cita en Churros Aranda para despejar el frío con una copa de machaquito y taza de chocolate. Cayetano Utrera Ravassa, el alcalde de la ciudad está en Chile y un joven político, Luis Merino, hace de alcalde y desde primeras horas de la mañana está en su despacho oficial y Pancho Cabeza, en la Diputación, espera órdenes.
El obispo de Málaga, Ramón Buxarrais, oficia el funeral en la catedral de Málaga, llena a reventar. En primera fila, reconocidos franquistas como Pancho Cabeza, José González de la Puerta, Luis Peralta España, el procurador en Cortes, Rafael Miranda y cientos de militares con lazos negros; algunos falangistas habían desempolvado la camisa azul, que olía a alcanfor, y no pocos curiosos, entre ellos quienes son acusados de ser la quinta columna, en argot falangista.
Había sinceras expresiones de dolor en algunos rostros y Luis Peralta España confesaba: Sus incondicionales jamás podremos acostumbrarnos a su desaparición [la de Franco]. Son momentos de profundo dolor. Y José González de la Puerta, con cara muy seria, abría su corazón: Siento dentro de mi un vacío; como si algo muy familiar, algo muy entrañable hubiera muerto. Y Francisco de la Torre, acostumbrado a meterse en todos los charcos, sentenciaba: Franco no ha muerto sin testar, sino que nos ha dejado un sucesor [Juan Carlos], un gobierno firme y coherente [Arias Navarro], un aparato institucional vivo y evolutivo y lo que es más importante, un ejemplo de entrega y responsabilidad a todos los españoles.
La esperanza. En Málaga, como en el resto de España, se abre la puerta del futuro y la esperanza. Desde hacía meses, muchos políticos, algunos llegados del exilio, sindicalistas, obreros y profesionales se preparan para copar las instituciones. Vientos de libertad empiezan a recorrer la espina dorsal de España, pese a la fuerza y la intolerancia del franquismo que se niega a ser desalojado del poder. En Málaga, por ejemplo, la extrema derecha liderada por el alférez provisional Enrique del Pino y José Antonio Assiego, ya se habían constituido en un frente operativo y en las mismas instituciones se enquistan quienes habían hecho del franquismo y el falangismo su propia esencia de vida, caso de Pancho Cabeza en la Diputación de Málaga y José González de la Puerta, en el Gobierno Civil, desde donde impartía lecciones de intolerancia. Hacen todo lo posible para que perviviera el espíritu de Franco y, como mal menor, la engañifa de las asociaciones que se saca de la manga Carlos Arias Navarro y contra la que había tronado, desde su cueva en Fuengirola, José Antonio Girón de Velasco.
Hay, sin embargo, quien ya ventea los cambios y uno de ellos es el alcalde de Málaga, Cayetano Utrera Ravassa, más liberal que azul, como a él le gusta recordar aquellos años de la agonía del franquismo. Su propio delfín, el abogado Luis Merino Bayona, que le sustituiría en la alcaldía, se mueve ya en las venturosas aguas que anuncian la recuperación de la democracia. Y como Merino, Francisco de la Torre que, en muy pocos meses, se convierte en el banderín de enganche del centrismo, después de pasar por los lavaderos de una derecha que nadaba entre dos aguas y a la que le viene demasiado grande el traje de la democracia, como le sucede a algunos grupúsculos extraños, nacidos en el mismo vientre del franquismo y que tenían nombres tan exóticos como Unión del Pueblo Español.
Santiago Carrillo le había dicho a Tomás García, todavía en el exilio: Tomás, en Málaga está tu tarea. Saca el partido adelante. Y Tomás se vino, contando con el apoyo de Lagunero y de los viejos militantes comunistas que habían conservado la esencia del comunismo como lapas, en silencio y pegados al terreno. Tomás García deja de llamarse Juan Gómez y desde el Colegio Universitario de Málaga, con Rosario Peral y Andrés Martínez Lorca; en los sindicatos verticales, con el caballo de Troya de las CC OO, en el campo y en la enseñanza empiezan a aflorar muchos jóvenes que, en pocos años, tendrían un papel importante en el Partido Comunista de España (PCE) en Málaga, como Juan Cañas, Antonio Romero Ruiz, Lolo Gutiérrez, Manuel Ruiz, José Luis García Arboleya, José Aguilar, Francisco Durán Lagos, Leopoldo del Prado, Francisco Pimentel, Antonio Caamaño, Juan García García. El profesor Martínez Lorca es el designado por el PCE como su representante en la Junta Democrática de Málaga, en cuyo seno el andalucista, Miguel Ángel Arredonda, en tiempos de efervescencia, pone suficientes gramos de sensatez.
Los socialistas se ponen las pilas también. Rafael Ballesteros había llegado de Barcelona para dar clases en el Instituto Cánovas y con Carlos Sanjuán, desde el despacho de abogado laboralista, el antequerano Antonio García Duarte, el maestro Ildefonso Mateos, desde Torrox, Ramón Germinal Bernal Soto y el histórico Paco Román empiezan a dar vida a un partido que prácticamente es inexistente.
Otros socialistas, por éstos signados con la a de Andalucía, después de su congreso en la Facultad de Económicas en 1974, se organizan gracias al trabajo de Miguel Ángel Arredonda, uno de los fundadores de la Junta Democrática, al que pronto se suman Salvador Pérez Bueno, José Luis Espejo Saavedra y en la serranía de Ronda, Juan Harillo. Fue el año, además, en el que empiezan a despertar los durmientes en los sindicatos verticales, tanto de quienes más tarde darían vida, de forma reglada, a CC OO, con Francisco Trujillo como líder indiscutible, Gloria Fernández, en la hostelería, Ropero, Lolo Gutiérrez y un joven Antonio Romero, en las Comisiones del Campo, como quienes pronto estarían en la más estricta militancia socialista, como los letrados Enrique Linde Cirujano, Francisco Oliva y Fernando Valverde.
Guerra subversiva. Lo cierto es que el año de la muerte de Franco es especialmente duro en Málaga. Días antes de ser enterrado en el Valle de los Caídos, la policía política de Franco, el 11 de noviembre, desarticula por enésima vez a grupos de extrema izquierda y los avinagrados, ulcerosos y resentidos jueces del Tribunal de Orden Público (TOP), que comulgan todas las mañanas la hostia de la desesperación porque ya ven que se les escapa el poder entre los dedos, dan sus últimos y más peligrosos coletazos, cuando aún están calientes los cuerpos de los tres miembros del Frente Revolucionario Antifacista Popular (FRAP) y dos de ETA, fusilados el 27 de septiembre, y se asiste al esperpento de las condenas a los sindicalistas en el proceso 2.001.
En una noche de tinieblas, con un frío que cala los huesos, Florián Calvo, que fuera líder del Partido Trabajo de España (PTE), y otros dirigentes de izquierdas recuerdan que la policía no deja comunista en paz, sino todo lo contrario, conforme se acortan los días de Franco. Viven con el miedo pegado al cuerpo, escondiéndose. En la noche del 11 de noviembre, la policía política franquista, moviéndose como lebreles en celo, desarticulan la Joven Guardia Roja (JGR), rama juvenil del PTE, antes Partido Comunista Internacional (PCI). No consiguen dar con Pina López Gay, una de sus más duras y aguerridas militantes, que meses después le planta cara a un joven capitán de la Guardia Civil, Antonio Tejero, en la calle Carretería, cerca de la Tribuna de los Pobres. Pina López Gay había llegado de Sevilla para preparar la muerte de Franco. Florián Calvo y Francisco Vega, santo y seña de la izquierda radical, una vez más, sienten el aliento de la policía en el cogote, como le sucede a otro irreductible del comunismo fundamentalista, Godofredo Camacho, que lidera el Movimiento Comunista de España (MCE), y a quienes desde el sindicato unitario de trabajadores (CSUT) traen en jaque a la policía social, como son Antonio Moreles Barroso, Paco Luis Blanco Martìn, González Montes, Antonio Calderón y la activista feminista Ana Delgado Carrasco.
Pero la policía se frota las manos porque, según nota oficial, desarticulan en aquella noche las células comunistas del textil (Intelhorce), del metal (Siemens, Citesa y Vers) y caen 18 jóvenes más de Bandera Roja. Y como trofeos de guerra, la policía muestra dos vietnamitas, multicopistas manuales de rodillo, dos pasamontañas, disfraces varios (hasta uno de transformista), y herramientas (policía dixit) para preparar explosivos (cócteles molotov), y todo ello en la vieja, húmeda y tenebrosa Comisaría Central, situada en los bajos del Palacio de la Aduana (¡cómo cambian las cosas, hoy Museo de Bellas Artes!).
Como el curso empieza y pese a la escasa presencia de la Universidad en la sociedad malagueña, sólo funcionan tres facultades y en precario, los profesores no numerarios (penenes, en el argot estudiantil de entonces) llevan a cabo encierros y generales protestas que si bien tienen un origen académico, estan gestadas y organizadas desde los partidos de izquierdas, especialmente el Partido Comunista de España, para tensionar la vida pública cuando ya se ventea la muerte de Franco. Algo que le quita el sueño a un joven y bigotudo capitán de la Guardia Civil, nacido en Málaga, Antonio Tejero, que en el cuartel de Martiricos asiste rabiosamente a la escalada de comunistas y masones.
Obreros en lucha. No es fácil el año 1975 para los trabajadores. La crisis en la construcción, la pesca, el incierto futuro de Intelhorce y los problemas en la hostelería y el metal, con desmantelamiento de fábricas o despidos masivos, son el caldo apropiado para pasar a la lucha activa. Hay motivos suficientes para tomar la calle o encerrarse en las iglesias. En febrero, los obreros de la construcción se movilizan y toman las calles de Málaga ante la situación de miseria y paro. Los datos oficiales hablan de 10.000 huelgistas, con encierros en la Catedral y una manifestación en la Alameda de Colón y aledaños de El Corte Inglés que deja heridos, contusionados y mobiliario urbano destrozado.
La policía, sin el permiso del obispo Buxarrais, desaloja a los encerrados en la Catedral, lo que obliga al obispo a escribir una carta pastoral denunciando el atropello. El gobernador civil, José González de la Puerta, intolerante y ortodoxo del más duro franquismo, no se anda con chiquitas, no dudando en incumplir los acuerdos con la Santa Sede. Palo y tente tieso y por eso da orden a la policía de entrar en el recinto sagrado. No puede impedir, sin embargo, que su conciencia cristiana le hiciera una mala pasada cuando declara aquello de dejar el cargo porque había sido causa de división entre la Iglesia y el Estado.
Es CC OO (la UGT se está reorganizando) la que moviliza a los obreros y los convoca a una jornada de lucha para el 5 de marzo, a la que se suma la Universidad y es alentada por organizaciones juveniles como Bandera Roja, Joven Guardia Roja y unas incipientes Juventudes Socialistas que no poco después, de la mano y el pensamiento de un lúcido Paco González, tienen fuerte presencia en la sociedad malagueña. Pese a que Málaga es tomada por la Policía Armada y la Guardia Civil, la jornada de lucha es un éxito, con paros en la construcción y la hostelería; masivamente en la Universidad y en los talleres de El Viso, si bien hay factorías donde no es posible por la represión, caso de Citesa. La persecución es muy dura y caen líderes políticos y sindicales, como Fuencisla García, Juan Botella, Serafín Lara, Leopoldo del Prado, Antonio Caamaño y otros.
También el campo se levanta en lucha por unos jornales justos, en especial en la comarca de Antequera, teniendo como núcleo fuerte el pueblo de Humilladero, con Lolo, que más tarde es alcalde, y el joven militante de Comisiones, Antonio Romero, con la misión de organizar las CC OO del Campo. Pero es en Villanueva de Algaidas, recién terminadas las Navidades, cuando un grupo de jornaleros se reúnen en la iglesia para pedir mejoras salariales. La huelga se convoca para el 26 de enero y se prolonga varios días, extendiéndose por toda la comarca, con más de 1.000 hombres y mujeres en la lucha. Al final consiguen jornales de 500 y 400 pesetas y un aumento considerable en el precio del destajo.
Sin embargo, lo más importante es el desmoronamiento, desde dentro, del sindicato vertical, con elecciones en las que militantes de las CC OO consiguen hacerse con el control del mismo y desde ahí dirigir toda la lucha obrera y sumarse, además, a las fuerzas de la oposición que ya se organizan en la Junta Democrática y en la Plataforma Democrática, para desembocar en la Plataforma de Convergencia Democrática.
Curas rebeldes. Muy ligado a la lucha obrera y campesina está una parte de la Iglesia de base, con curas obreros que no cejan de dar problemas a la autoridad civil y eclesiástica, aunque en Málaga tienen los apoyos del obispo Buxarrais. Los curas rojos, como son llamados por el régimen, perseguidos por la policía adscrita a Orden Público, por la Guardia Civil y con los jueces del Tribunal de Orden Público (TOP) como perros dogos persiguiéndoles, abren sus puertas a las organizaciones cristianas, sindicatos y partidos políticos. En Málaga, posiblemente no tienen la fuerza que en otras provincias andaluzas, como Granada o Cádiz, pero en Alcaucín nace José Antonio Casasola, el franciscano montado en vespa que es capaz de traer de cabeza a la policía y la Guardia Civil por su movilidad. Hasta la policía piensa que tenía un hermano gemelo. Casasola, que colecciona en su cuerpo las marcas de las palizas y las torturas, es como una mosca 'cojonera', con capacidad endiablada para aparecer y desaparecer en un santiamén. Es cura en Lebrija, uno de los pueblos que con mayor fuerza se levanta contra la opresión, la dictadura y el caciquismo. Cuenta Antonio Ramos Espejo que la policía teme al cura Casasola más que a una vara verde, siendo detenido nueve veces entre 1975 y 1976; una parte de su vida entre rejas, sometido al dolor de los golpes, a los temblores de la huelga de hambre.
Casasola, Quitián, Diamantino, José Godoy, El Pope, Aguayo, el cura de Intelhorce son nombres que jalonan la Transición y aunque en Málaga las Hermandades Obreras de Acción Católica (HOAC) no tienen la misma fuerza que en otras provincias andaluzas, la presencia de curas rebeldes y a favor de la clase obrera se personifican en el canónigo José María González Ruiz, azote implacable con sus escritos, su actitud y homilías con los ejercientes de una Iglesia que acostumbra llevar bajo palio al franquismo. González Ruiz no duda en encerrarse en la Catedral con los obreros de la construcción o con los textiles de Intelhorce o, recordando a Cristo Cautivo, con los obreros que se encadenan en la verja de hierro de la entrada del templo.
La Iglesia tradicional, anclada en el pasado, tiene su defensor en Málaga en el también canónigo Luis Vera, que lidera la Hermandad Sacerdotal, incapaz de aceptar los cambios que se producen en la sociedad de forma vertiginosa. Luis Vera, con sus homilías, sale en más de una ocasión a hombros de sus incondicionales. No lo tiene fácil el obispo Buxarrais, más dado a apoyar la tímida apertura, al clero joven, renovador y más cercano a los problemas de los obreros, y que tiene que sufrir mentiras, aislamiento e incluso que se le tildara de mentiroso cuando, después de garantizar a los encerrados en la Catedral que no autorizaría la entrada de la policía, ésta lo hace a su espalda, como tiene que escribir en una carta pastoral.
Uno de sus peores tragos es cuando tiene que defender al cura de Casabermeja, Andrés Alfambra Torcelló, multado con un millón de pesetas por denunciar y criticar en un escrito la sentencia del TOP que condena a tres miembros del FRAP y dos de ETA a ser fusilados, sin que obtengan el perdón de Franco. Buxarrais, en carta pastoral leída en las parroquias, defiende al cura Alfambra, como lo hace en numerosas ocasiones con González Ruiz, también con una multa de 500.000 pesetas. Muerto Franco, un indulto del Rey anula las multas y le llega la amnistía a ambos curas. Ironías del destino.
Marcha verde. Dada la presencia masiva de ministros y ex ministros del régimen de Franco en la Costa del Sol, entre otros José Solís, que tiene especial protagonismo en las conversaciones sobe el futuro español del Sáhara con el rey de Marruecos, Hassan II, se sigue con enorme interés la marcha verde.
Casi todo el mundo, según sus intereses, está pendiente de la casi inminente muerte del dictador, cuando Hassan II se saca de la manga una de sus habituales maniobras contra España. El Príncipe de España tiene que hacer una escapada política al Sáhara, y recibe el aplauso mundial de los medios informativos, la misma prensa que profetiza que con el futuro rey Juan Carlos se garantiza la continuidad del régimen franquista. No es la primera ni la última vez que se equivocan y, en la Costa del Sol, donde está enquistado el franquismo y los franquistas, con el León de Fuengirola, José Antonio Girón de Velasco, velando los amaneceres y las esencias, rezando a los luceros, siguen la enfermedad del dictador con el corazón en un puño. Girón, en una partida de mus en el restaurante Frutos, adonde suele ir a comer con su íntimo amigo y confesor, el director del diario Sur, Francisco Sanz Cagigas, comenta que España saltaría hecha añicos a la muerte de Franco y con su eterno vozarrón, cual jefe de centuria, grita que había que volver a la trincheras. Lo que salta por los aires es la urbanización Ciudad Condotte, promovida por su mujer, Josefina Larucea de Girón. Las deficiencias de su construcción aconsejan su demolición controlada. Premonición de lo que sucedería con el franquismo.
La Costa del Sol, marca inventada por Sanz Cagigas, alcanza en los finales años del franquismo un ganado prestigio en el concierto turístico mundial y se convierte en terreno abonado para que algunas familias del régimen se enriquecieran. Destacados miembros del entorno de Franco descubren que, además de pasarlo bien y darse la vidorra padre, los ladrillos y la especulación son excelentes fórmulas para ganar dinero fácil y rápido.
La ciudad de Marbella, donde los franquistas sientan sus reales gracias al alcalde Francisco Cantos y al topoderoso monseñor Rodrigo Bocanegra, confesor de doña Carmen Polo de Franco, se convierte en un poderoso imán para la jet mundial, aún más cuando, en este año, se inaugura el lujoso hotel Puente Romano, casi hermano del Marbella Club, el otro emblemático hotel marbellí, en el que deja su sello peculiar Alfonso de Hohenlohe. Jaime de Mora y Aragón, cansado de vagabundear por el mundo, da también con sus costillas en las soleadas playas de Marbella, llenando las noches con su poderosa personalidad delante de un piano. Como haría otro gran hombre de la noche, Pepe Moreno, y el fiel Pepito Carleston.
Y en Torremolinos, que recupera la vitalidad de la noche, después de las razzias que hiciera años atrás el gobernador civil, Víctor Arroyo, más conocido como Topogigio en los ambientes nocturnos del Pasaje Begoña, se inaugura la discoteca Joy, santo y seña de la nueva modalidad: la presencia de espectaculares go-go girls. Son ya tiempos de relajación, con la Bibiana travestida de Manolo y Mara, de oficio carnicero, a quien en uno de los bailes se le escapa lo que lleva en la entrepierna ante la carcajada de los subidos espectadores. Llega el tiempo en el que Manuel Ruiz, pionero en tantas y tantas cosas en la Costa del Sol, le diera a la discoteca Cleopatra, también en Torremolinos, el blasón del primer desnudo integral, y que otro activista de la noche, el tarifeño José Luis Silva, hiciera una entrada de rey en la discoteca Madson montando un burro. De todos modos, el verano del 75 es muy distinto. Hay en la atmósfera de la Costa del Sol como una pesada neblina que impide la alegría. La corte franquista integrada por los altos prebostes que suelen veranear en esta zona turística, de la que hacen, en realidad, su finca particular, con banqueros (los Coca, los Fierro) y militares (Iniesta Cano, Cavanillas, etc.) de obligados y silenciosos partenaires, ventean ya el fin del franquismo y se aprestan a cerrar operaciones inmobiliarias que les permiten vivir sin resuello y miedos, con la riñonera bien henchida. Así, Girón de Velasco es denunciado en la revista Posible de un pelotazo urbanístico y tanto la revista como su autor, Miguel Ángel Aguilar, lo pagan caro. Girón no se anda en chiquitas y aún manda un tirón. Tiempo de consolidación de las operaciones de Cristóbal Martínez Bordiú con la clínica Incosol, que inaugura Franco, y de operaciones inmobiliarias en Los Monteros, Nueva Andalucía y Puerto Banús.
Rebelión de artistas. Es un verano también muy movido en el mundo artístico. Se suceden galas de tronío en hoteles emblemáticos de Marbella y Torremolinos. El Meliá Don Pepe llena las noches con Raphael, el amigo de la mujer de Franco, y Montserrat Caballé paraliza la noche en el entonces Casino de Puerto Banús, con María Callas, Onassis y Alfonso Hohenlohe y la incipiente presencia de jeques que manejan los dólares como si fueran pesetas rubias.
Pero el mundo del espectáculo también se levanta en lucha y reivindicaciones laborales y trae de cabeza al ministro de Relaciones Sindicales, Fernández Sordo. La detención, el 9 de febrero, de los actores Tina Sainz, Rocío Dúrcal, Enriqueta Carballeira, Jesús Carlos Plaza, Daniel Dicenta, Pedro Mari Sánchez, Flora Alvarado, Yolanda y Antonio Malonda, es una herida que tarda en cerrarse y la protesta recorre España, con especial incidencia en la Costa del Sol, donde muchos de estos artistas y cantantes veranean o actúan. Se le unen en la protesta otros como Juan Diego, Concha Velasco, José María Rodero, Irene Gutiérrez Caba y hasta la ínclita Lola Flores, que salta como una espoleta clamando que cómo iban a acusar a su comadre Rocío Dúrcal de ser roja y revolucionaria. Hasta Manolo Escobar se suma a la protesta parando el espectáculo, lo que le hace perder 250.000 pesetas diarias, y Sara Montiel, sacando sus ancestros socialistas, le monta un considerable pollo al régimen.
Pero hay motivos para pensar que algo está cambiando y que España empieza a estar en el mundo. Casi un millar de skalegas de todo el mundo, asociación que aúna la flor y nata de los profesionales del turismo, celebran su congreso mundial en la Costa del Sol y un empresario malagueño, que años más tarde sería el primer presidente de los empresarios andaluces, Manuel Martín Almendro, inaugura el primer hipermercado de Andalucía. Un nuevo concepto de comercio nace en Málaga y se hace habitual la frase ir al híper. Y como en Málaga todo es posible, es expulsado de La Rosaleda el carismático jugador del Barça Johan Cruyff. Corren ríos de tinta deportiva.
Salir de las madrigueras. Es en el verano del 75 cuando conozco a Luis Yáñez. Más tarde, con todos los sigilos del mundo, a Felipe González, Isidoro, y Alfonso Guerra en Sevilla. A Yáñez, en el periódico donde ejercía de redactor jefe. Se me presentó como médico y recuerdo aún su cabeza, con pelo ensortijado, entrando en Sol de España, para explicarme el papel que tendrían los socialistas en nuestra tierra y darme las piezas claves de quienes en Málaga están recomponiendo el partido, como Rafael Ballesteros, que había estado en Suresnes, Carlos Sanjuán y Antonio Nadal. Otros históricos del PSOE se suman muy pronto, como los que provienen del exilio o la emigración, García Duarte y Ramón Bernal, Paco Román, Chiqui Gutiérrez del Alamo que en este año milita en el Movimiento Democrático de Mujeres, José Sanchez Bueno y Curro Flores, entre otros. La entrevista a Yáñez sale publicada gracias a la decisión de quienes dirigen el periódico, Nicolás de Laurentis y el subdirector Rafael de Loma, dos profesionales del periodismo que se la juegan en más de una ocasión en defensa de la libertad y la democracia. No había llegado, todavía, el momento de sacar a la luz ni a Rafael Ballesteros ni a Carlos Sanjuán, que no da abasto para atender en su despacho laboralista a los obreros empapelados por el régimen o simplemente despedidos por pertenecer a las cada vez más fuertes CC OO.
Málaga, con Cádiz, sufre el paro con especial virulencia, con el récord nacional, 22.731 desempleados, el 7,31% de su población activa. A ello se le añade la pertinaz sequía, en lograda frase de los regidores del régimen, que provoca graves problemas en la agricultura, en especial en los cítricos del Valle del Guadalhorce. La esperanza se pone en el turismo, pero el boicot a España se deja sentir con dureza, como reconoce el ministro de Turismo e Información, el jiennense León Herrera Esteban, en su visita al diario Sur o recoge el periódico Sol de España en declaraciones ofrecidas por el ministro Solís Ruiz desde su refugio en Estepona, a orillas del mar.
Tomarse una cerveza cuesta 13 pesetas, un kilo de arroz 22 y una gaseosa 6,50. El salario mínimo es de 280 pesetas. Y el centro de fermentación del tabaco, en Huelin, se convierte en fábrica de puros dando trabajo a 1.000 personas. En marzo, Aparicio Arce deja el Gobierno Civil y es nombrado un malagueño, cosa insólita, como nuevo gobernador, José González de la Puerta, hombre muy vinculado al régimen y al falangismo más ortodoxo, intolerante y duro como el pedernal. El gobernador González de la Puerta se las tiene una y otra vez con el obispo Buxarraís.
Se sigue con inusitado interés el juicio contra Sofico, cuyo exponente máximo en la última etapa es Eugenio Peydró, como presidente y el general Cavanillas, como vicepresidente e hilo conductor con el Gobierno de Franco. Sofico, con sus operaciones inmobiliarias, se come los ahorros de más de 20.000 personas, dentro y fuera España, y deja en la calle a casi 2.000 trabajadores que son los que reclaman sus derechos. La empresa es condenada. La Costa del Sol tarda muchos años en recuperarse de este palo en el que muchos extranjeros y españoles pierden sus ahorros.
El granadino Antonio Gallego Morell dimite como presidente de la gestora de la Universidad de Málaga que, poco a poco, empieza a levantar el vuelo y los empresarios turísticos, liderados por Alfonso de Hohenlohe, se oponen a la construcción de la autopista de la Costa del Sol por la franja costera, lo que genera una de las batallas mediáticas de mayor calado que se recuerdan en Málaga. Alfonso de Hohenlohe le expone al todavía Príncipe de España los problemas de la Costa del Sol, y, pese a la oposición, la autopista sale a información pública, tramo Torremolinos-Estepona, con un presupuesto de 11.000 millones de pesetas. Como algo recurrente se escribe haberse encontrado petróleo en aguas marinas próximas a la costa malagueña y de Fuengirola (bulo permanente), indicios sulfurosos en Ojén y de fosfatos en Almayate (bulo, doble).
Se inaugura en mayo el monumento a Cánovas del Castillo. Y lo hace con una tremenda polémica que está a punto de costarle la alcaldía al notario Cayetano Utrera, quien se la juega autorizando el acto. Los estudiantes de Letras piden leer un escrito solicitando la reapertura de la Facultad y la libertad de ocho compañeros detenidos.
Apoyo a Franco. Es verano de declaraciones pomposas como las de Arias Navarro, que sale al paso del cerco de que es objeto España y declara que ni España, ni el régimen están en almoneda. José Solís Ruiz, en Estepona: Lo que haya que cambiar lo haremos desde aquí y nosotros. Y remata: Las asociaciones politicas van muy bien. Fernández Sordo proclama un sindicalismo de amplia participación. Todo ello, en un verano en el que los partidos políticos empiezan a preparar estrategias, como hace Miguel Ángel Arredonda, por el Partido Socialista de Andalucía (PSA), que se reúne en Fuengirola, casi a la sombra del León de Fuengirola, con Alejandro Rojas Marcos y Salvador Pérez Bueno para trazar estrategias en la Junta Democrática.
Los comunistas y los socialistas aprovechan el verano para para preparar el día después de la muerte de Franco. Los comunistas porque preparaban la II Conferencia Nacional del Partido Comunista de España, con papel importante para Tomás García y donde se aprueba el Manifiesto del partido, que había sido reelaborado por Alfonso Carlos Comín, politico que siempre está muy ligado a Málaga y Andalucía.
Es tiempo de nuevos militantes, como el albañil Juan José Cañas, que llega del exilio francés, el economista Ignacio Trillo; el carpintero Manuel Rodríguez del barrio de la Trinidad; Manuel Ruiz Benítez administrativo y miembro de la Mesa Democrática; Rosario Peral; Bernardo Claros; Leopoldo del Prado, laboralista; José Doblas; Gloria Fernández; sindicalistas de la hostelería y el grupo de albañiles y jornaleros, que tienen la responsabilidad de extender el partido en la provincia malagueña, como Miguel López, en la la costa; Francisco Gutiérrez Vilches, alias El Lolo, en la comarca de Antequera; Rafael Durán, en la de Ronda; Laureano García Ruiz, en la Axarquía, y Jesús Guillén Plaza, en el Guadalhorce.
Y socialistas de la rama del profesor Tierno Galván, como el canario y profesor Rafael Esparza, y quienes desde la izquierda radical empiezan a mover la calle, como Florián Calvo y Paco Vega (PTE), Godofredo Camacho (MCE) y otros, sin olvidar la intensa labor que realizan los movimientos cristianos de base con Antonio Burgos Guerrero, González Palencia, Rodríguez Palomo y carlistas que, de forma sorprendente, tienen fuerza y presencia en la sociedad malagueña, gracias al trabajo de Carlos Guirado, Fortuny y Caffarena.
En la corrida goyesca de Ronda, son sancionados con 400.000 pesetas cada uno de los hermanos Domecq, Alfonso y Gonzalo, por falta de consideración al público y agresión al inspector de policía durante la goyesca. Triunfo, sin embargo, apoteósico de Antonio Ordóñez. Una empresa malagueña, Autesel, lanza al mercado el encendido para coches de nombre Ignitrenk-07, y en el mes de septiembre, en la carretera que va de Madrid a Colmenar Viejo, es encontrado el cadáver del empresario y abogado malagueño José María Rosado, promotor de la urbanización Calaceite, en la zona costera de Torrox y Nerja. Su hermano, meses después, aparece ahogado en la bañera de su casa en Málaga. Nunca se supo quién o quiénes asesinan a Rosado, cuyo cadáver, en parte, había sido rociado con cal viva.
Es sorprendente, pero la construcción cae por los suelos en la Costa del Sol (se dice que como consecuencia del boicot internacional), lo que acarrea la paralización de las grúas, y que los ladrillos y las tejas prácticamente se regalen. Hay que consolarse, sin embargo, porque media España observa como se le arreglan los relojes cuando el israelí Uri Geller, desde el programa de Íñigo Directísimo, gracias a sus poderes, pone a funcionar relojes que llevan tiempo parados.
Boicot internacional. El régimen franquista sufre el más duro boicot internacional. Los fusilamientos de los tres militantes del FRAP y los dos pertenecientes a ETA, el 27 de septiembre, es la razón. El franquismo escribe una de las páginas más negras de su historia, después de que el dictador desoyera las peticiones de clemencia que le llegan de todas partes, incluido El Vaticano.
La reacción contra España es casi unánime, mientras que el franquismo agoniza. Es el mayor asedio sufrido por el régimen desde los años cincuenta. Pero el búnker franquista no se deja amilanar y echa a miles de ciudadanos a las calles, llenando plazas en apoyo a un Franco agonizante. En Málaga, posiblemente y salvo la manifestación del 4 de diciembre de 1977, es la más grande. La convocatoria se hace bajo el lema Por la dignidad de España y así el 5 de octubre, desde primeras horas de la mañana, empiezan a llegar autocares de toda la provincia que vomitan miles de manifestantes, con pancartas de adhesión a Franco. La cabecera de la manifestación la forman falangistas de fervoroso y acendrado espíritu franquista, como el diputado Rafael Miranda y toda la cúpula orgánica del Movimiento en Málaga, con Luis Peralta España de abanderado y el alcalde de la ciudad, Cayetano Utrera Ravassa, en el centro de la cabecera.
La conspiración judeo-masónica-izquierdista es acusada de todo y se reparten consignas de esta guisa: No queremos apertura, sólo mano dura. Junto a las viejas glorias del régimen, que copan los balcones del Gobierno Civil desde donde se arenga a los manifestantes, asisten numerosos jóvenes con camisa azul, con emblemas de Fuerza Nueva, con otros símbolos nazis, banderas falangistas y españolas. Inasequibles al desaliento se entona una y otra vez el Cara al Sol.
El boicot se deja sentir con dureza en la Costa del Sol, porque muchos turistas cancelan sus reservas y otros ni siquiera se lo plantean. La campaña internacional contra Franco es tan fuerte que incluso la canción de Manolo Escobar Y viva España cambia de letra en inglés para acomodarse al boicot internacional. La estrofa Viva la España soleada, qué lugar tan maravilloso para unas vacaciones se cambia por abajo España, no voy a la soleada España.
En plena efervescencia franquista, en Puerto Banús, el marqués de Villaverde protagoniza una pelea por la que tiene que ser hospitalizado. Cristóbal Martínez Bordiú, por defender España según manifiesta, se lía a mamporros con un holandés y recibe un puñetazo que le pone un ojo a la funerala y le parte la nariz. Otra versión circula: el marqués se rompe la nariz al golpearse con la puerta del restaurante. Muere Antonio Bienvenida el 18 de octubre y Franco, ya a las puertas de su primera operación de estómago, recibe en El Pardo a la directiva del Skal Club de la Costa del Sol.
Y Franco muere en La Paz. Arias Navarro, llorando, se lo comunicó a los españoles. Se llena la atmósfera de música clásica y los vientos levantan tormentas de libertad y esperanza. Franco yace bajo el peso de la historia y de tonelada y media de granito en el Valle de los Caídos. El topo mijeño levanta una copa
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