Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
18 de marzo de 2026
 

 
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  1976
  Juan José Téllez Rubio
  Los Reyes, en la capital del paro
  Incluso Antonio Morillo, flamante alcalde de Vejer, intentó evitarlo y firmó una carta en el Diario de Cádiz instándole a que no decidiera alegremente su voto negativo, por cuanto representaba a toda la provincia y no sólo a sí mismo. Resultó inútil. Jerónimo Almagro Montes de Oca, ex alcalde de Cádiz y procurador en Cortes fue uno de los 59 que votaba no al proyecto de reforma política que el presidente Adolfo Suárez presentó a las Cortes a 18 de noviembre de 1976. El texto garantizaba derechos democráticos sustanciales, desde el de reunión a la legalización de partidos  políticos, consagraba el sufragio universal y la representación proporcional en la Cámara Baja o Congreso, así como en la mayoría de los escaños del Senado, salvo un cupo inicial que quedaría bajo designación real. Al mes siguiente, el 79,9% de los votantes consagraba dicho proyecto y daba vía libre a una democracia sin ruptura.

Carlos Arias había iniciado un tímido proceso de reforma, que incluía la transformación de las Cortes, la ley de reunión, que llegó a salir adelante, o la modificación del Código Penal que permitiera la legalización de partidos, aunque excluyese expresamente a los que mantenían una disciplina internacional y se propusieran implantar un sistema totalitario, lo que, traducido, resultaban el Partido Comunista y afines. Con gran sorpresa incluso para el propio interesado, el jueves 1 de julio, Carlos Arias fue relevado como presidente del Gobierno, mediante la fórmula de dimisión después de una conversación de 25 con el Rey, en el Palacio de Oriente. Para sustituirle, la prensa barajó cinco nombres –Areilza, Fernández-Miranda, Fraga, Gutiérrez Mellado y Vega Rodríguez–, pero el Rey volvió a sacar un conejo de la chistera a nombrar para dicho cargo al ministro secretario general del Movimiento, Adolfo Suárez, con tan sólo 44 años de edad, todo un éxito en el país de la gerontocracia.

Pero aquel año ocurrió todo: murió el mago carnavalesco Paco Alba y los Reyes visitaron la provincia que empezaba a perfilarse como un enorme yacimiento de paro. Los conflictos laborales salpicaron todo el mapa, regresó la Duquesa Roja, pero Rafael Alberti siguió en el exilio. Y casi todo el tiempo, estuvo de moda un mes.

Todo el año fue febrero. Un grupo de comparsistas recorre las calles de Cádiz, el 29 de febrero de 1976, reclamando que el Carnaval vuelva a sus fechas originales y deje de ser Fiestas Típicas. Cádiz entero es un clamor. Hasta la fiesta reclama libertad, demostrándole a Manuel Fraga –ministro de Gobernación durante buena parte de aquel año– que la calle no era suya.

Claro que no sería hasta el mes de septiembre cuando el Ayuntamiento decide crear una comisión para estudiar el retorno de don Carnal, otro de los múltiples exiliados de un país que intentaba recobrar las libertades y la civilización. Una campaña tenaz y multitudinaria conseguiría que se recobrara el sentido común y el mes tradicional de los festejos, al decidirlo así el pleno municipal, durante una sesión celebrada el 11 de noviembre de aquel mismo año. Hasta las estructuras que quedaban del Movimiento votaron a favor.

Había habido una primera reunión en julio, a instancias de Agustín González. La Peña el Charpa, la Estrella y el Centro de Cultura Popular Andaluza movilizaron a autores, directores y activistas del carnaval local, que reivindicó febrero mediante un escrito remitido a  la comisión de Fiestas del Ayuntamiento: “El silencio fue la respuesta por parte del municipio", escribe Paco Perea. Varias agrupaciones se arriesgaban a salir en febrero del 77, a pesar de carecer de subvención. Desde septiembre, 13 chavales iniciaron los ensayos de una comparsa que habría de llamarse Bienvenido Febrero. También, Los Nuevos Demócratas están dispuestos a aceptar el envite. Varias agrupaciones se arriesgaban a salir con poco tiempo de por medio y sin subvención municipal que les respaldase. Incluso El Peña dejó atrás un suculento contrato en Madrid y se revitaliza el coro.

“Hoy no se canta al pueblo, sino al dinero”, denunciaba Joaquín Fernández Garaboa, Quini, al tiempo que enarbolaba su pancarta reivindicativa: “Que se vuelva al carnaval de verdad. Con sus máscaras, el raso, el brillo... Esa plaza de las Flores, los alrededores del mercado, el ambiente de los bares. Así, sí; sería el primero en apuntarme a febrero”. No era el único en apostar por ello: “Llamar a esto Carnaval es casi un sacrilegio”, opinaba Pedro Romero a propósito de las Fiestas Típicas.

El clima del momento lo describe Antonio Burgos, años más tarde: “Había muerto el Caudillo, don Francisco Franco Bahamonde, pero quedaba El Quini, don Joaquín Fernández Garaboa, que en el cuartel general de su coro Raíces se había proclamado Caudillo del Tango por la gracia de Cádiz. Ya había muerto Paco Alba. Antonio Martín y Pedro Romero eran ya veteranos que competían con don Ramón Fletilla, el viejo chirigotero. Languidecían las Fiestas Típicas Gaditanas como un producto del franquismo. Seguían celebrándose en mayo. Seguía habiendo cabalgatas, bailes en el Falla, proclamación de la reina de las fiestas, los grandes inventos de Vicente del Moral, que era a las Fiestas Típicas lo que el concejal Miguel Bermudo fue a la feria de Sevilla en el franquismo, el que acuñó una morfología que hasta nuestros días llega. Los grandes éxitos de las agrupaciones surgidas en las Fiestas Típicas ya habían recorrido todas las salas de fiesta de España: Los Beatles de Villegas, Los Beduinos de Paco Alba, hasta Los Cristobalitos de Rosales”.

“España, mientras tanto, estaba en otro cante y en otras agrupaciones. España se estaba quitando la careta de la dictadura y también quería salir a la calle con el tipo de la democracia. Los duros antiguos que queríamos cambiar eran el Libertad sin ira de Jarcha. Ya teníamos un Rey, un referéndum de la reforma política, una amnistía de los presos políticos, unos catalanes pidiendo Estatuto, un Suárez haciendo normal en las leyes lo que en las calles normal era. Aquel último Carnaval del franquismo con Franco ya muerto, mientras languidecían los coros a pesar del caudillaje del Quini, era como el entierro de la sardina de las Fiestas Típicas, cuyo epitafio había cantado en el estribillo de su cuplé Carnaval 76 la comparsa de Pedro Romero: ‘Fiestas Típicas Gaditanas / a mí no me dicen ná, / nosotros lo que queremos.../ ¿Cómo?/ ¡Carnaval, Carnaval, Carnaval!‘. Y como nosotros lo que queremos es Carnaval, Carnaval, Carnaval, ya hay un Ayuntamiento que está por la reforma política, y no ha prendido el intento de Carranza de hacer las Fiestas Típicas en el mes de mayo, y el dentista Marcos Zibelmann, como protesta, sigue yendo con su paraguas y con toda la calor a la peña de La Estrella, santuario de resistentes del verdadero Carnaval en la fiebre ferial que llena de casetas Canalejas”.

En 1976, por las calles de mayo, todavía desfilaba el batallón infantil María del Carmen Martínez Bordiu. Fue creado en 1963 cuando la duquesa de Cádiz fue reina infantil de las fiestas. En 1976, lo componían cien niños, divididos en sección motorizada, cuadro de gastadores, banda, plana mayor con su bandera y secciones correspondientes. La infancia seguía militarizada, aunque la política española comenzara a vestir de civil.

Cádiz, entre el inmovilismo, la ruptura y la reforma. Como se seguía celebrando la Fiesta de la Vendimia, en Jerez. Su comisario era Alberto Durán Tejera, que había mantenido una reunión con Mussolini en su despacho, a quien siempre recordó “con su cabeza aplastada y aquellos ojos desorbitados”.

La Pepa seguía presente en el Cádiz del postfranquismo como una bandera inexcusable. Así lo planteará públicamente Nicolás Pérez-Serrano Jáuregui, quien pronuncia una conferencia en mayo bajo el título de  Las Cortes de Cádiz ante la perspectiva de una reforma constitucional. La posibilidad de construir una carretera entre Cádiz y Huelva a través del coto de Doñana, que todavía no había sido declarado Parque Nacional, genera un gran debate. El 18 de enero, varios concejales de Sanlúcar dimiten de sus cargos porque no habían logrado autorización para una manifestación a favor de dicha alternativa, que sería posteriormente rechazada de plano por el movimiento ecologista mundial. Pero, entonces, apenas había movimiento ecologista mundial, salvo Greenpeace, Adena y el comandante Cousteau.

Claro que los concejales tuvieron que permanecer en sus puestos, por una retranca de la democracia orgánica: el gobernador civil les recordó que el cargo de concejal es irrenunciable y se acordó solicitar audición a los ministerios de Educación y Ciencia y Agricultura para llevarles las peticiones que en esta materia considerasen de urgente estudio y resolución.

Cobra fuerza, desde comienzos de año, la reclamación de que se nacionalice el Puente Carranza y que se establezcan bonificaciones sobre su peaje para los usuarios de la población de Cádiz. De hecho, a finales de enero, un amplio grupo de manifestantes de Puerto Real se planta ante el Gobierno Civil y exige un puente libre de peaje.

De los puntos valispar a las grandes superficies A finales de año, se inaugura Hipercádiz. Queda constituido el Consorcio Bahía de Cádiz para la gestión mancomunada de los residuos sólidos. Se proyecta una nueva prisión para El Puerto de Santa María, que también absorvería a la población reclusa de la cárcel gaditana. En pleno verano, numerosos vecinos de la playa Santa María del Mar en Cádiz organizan una sentada para protestar por la clausura de la escalinata de acceso a la misma: lo cierto es que las autoridades aseguraban que era peligrosa, aunque no confesaran las causas del peligro. La UGT recién salida de las sombras se solidariza con los trabajadores de la Residencia Zamacola en su propósito de que Cádiz sea considerada como ciudad sanitaria.

Se produce, ese año, el primer conato de asociacionismo empresarial. Se trata de una asociación gaditana cuyo conjunto de sociedades representa 3.220 puestos de trabajo y un capital de 2.000 millones de pesetas. Las razones venían dadas en el ejemplar del Diario de Cádiz correspondiente al 28 de septiembre: “que las cosas van a llegar pronto a un punto decisivo”. Esta asociación se define como independiente de organizaciones sindicales y partidos políticos.

En el 76, se demolió la plaza de toros de Cádiz, tras varios años de cierre y bajo peligro de hundimiento. José Bergamín, que aún era un rojo sospechoso para la jerarquía franquista, iba a escribir sobre Rafael de Paula una sentencia irreprochable: “Se torea como se es”. El torero gitano parecía presagiar su propio futuro cuando afrontaba la temporada de 1976: “Una de las mentiras más grandes es esa de decir ‘tienes más dinero que un torero’. No hay cosa más falsa. Basta comprobar que en todas las épocas pueden contarse con los dedos de las manos los toreros que sean millonarios. Ahora mismo, de los que toreamos o acaban de retirarse, ¿cuántos pueden serlo?”.

La temporada 1975-76 fue negativa para el Cádiz, hasta el punto de que tuvo que jugar la promoción de permanencia. Quino, el hijo del poeta Juan Sierra, quien como futbolista fue capaz de plantear una demanda en la Magistratura de Trabajo contra el Betis para que lo transfiriera al Valencia. Siempre denunció su desamparo, a merced de un reglamento caduco y sin más vía legal a la que acudir que a las autoridades deportivas. En el Cádiz, desembarcó en 1976, como un luchador porque la democracia llegara al deporte rey, desde la presidencia de la combativa asociación de futbolistas: “No creo que rebelde sea la palabra que mejor defina aquel paso que di. El jugador, en los momenos actuales, es más consciente de su situación real y hace las lógicas reivindicaciones. Pienso que la situación actual no es la más justa. Se debería ir a una legislación reglamentada y en la que interviniese el jugador. Hoy es la Federación la que legisla unilateralmente. Es increíble que el jugador sea una mercancía en manos de los clubes”.

El grupo de danzas de la Cátedra Adolfo de Castro, instruido por Paquita Briceño, constituía cuatro años antes el de la Sección Femenina. Ahora, viajaban desde Polonia y Hungría hasta por América Latina: “Normalmente, en los países del Este nos comprenden muy bien y entienden mucho porque están acostumbrados a todo el folklore... Cuando actuamos, viven España... Aquí no se pueden imaginar la patria que hemos hecho. La gente se vuelve loca cuando ve el traje de lunares. Ha habido veces en que las madres nos traían a los niños para que tocaran los volantes. En América, iban a vernos exiliados españoles todas las noches. Lloraban, se emocionaban, querían que les contáramos cosas. Preguntaban todos los días las mismas cosas y, ya cansadas, les decíamos que ya nos lo habían dicho y nos respondían: ‘Ya lo sabemos, pero es por escucharos hablar”.

En tanto se tramitaba su legalización como asociación, a finales de octubre, los vecinos del Cerro del Moro colocaron pancartas de tres metros de largo, situadas en lugares estratégicos del barrio, reivindicando algo más que la campaña de limpieza extraordinaria que había decidido la permanente municipal, pocos días antes: “Avenida o carril. Asfalto y semáforos ¿cuándo?”, “Queremos la plaza para zona verde, no para almacén de escombros”, “El Ayuntamiento debe limpiar el barrio y nosotros conservarlo”, rezaban. La Policía Municipal procedió a retirarlas. La asociación pasó a presidirla Hipólito García, aunque su núcleo fundacional había partido de la activa parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, donde velaban armas democráticas dos sacerdotes llamados Gregorio López y Jesús de Maeztu, así como Juan Cejudo, quien, a aquellas alturas, ya había enarbolado la defensa de que los sacerdotes pudieran contraer matrimonio.

La asociación de vecinos de Puntales surgió en 1970. La de Guillén Moreno, en 1974. La del Cerro del Moro y Loreto fueron legalizadas finalmente en 1976. Luis Pizarro, futuro dirigente del PSOE, presidía la asociación de Loreto, con 500 vecinos inscritos que peleaban por la pavimentación de las calles y buscaban pisos para organizar clases nocturnas de graudado escolar.

La fábrica Ford de Almusafes saca al mercado el Ford Fiesta, en 1976. Y El 29 de octubre, el Consejo de Ministros nombra zona de protección artesana a la comarca de Ubrique, una tradición que se remonta a comienzos del siglo XIX: “Esperamos mucho de esta declaración porque necesitamos que nos rebajen el impuesto de lujo si de verdad se quiere proteger a la artesanía”, declaraba el artesano Fernando Corrales Fortuny. Y tenía razón en mostrarse confiado.

En los idus de septiembre, el periodista gaditano Augusto Delkáder sustituirá a Emilio de la Cruz Hermosilla en la dirección del Diario de Cádiz, aunque al año siguiente se incorporará a un nuevo proyecto periodístico que, a escala estatal, aparece el 4 de mayo de 1976 bajo la cabecera de El País: el  primer número del nuevo diario no llegó a ser distribuido en la provincia gaditana. Diario 16, a partir de otoño, haría popular el título de su canción de lanzamiento: Libertad sin ira. Lo cantaba Jarcha y casi toda España.
Después del chusco proceso de censura estatal, Jesucristo Superstar termina representándose hasta en los colegios religiosos, como el San Vicente de Paúl. Algo cambia: la poetisa Pilar Paz, de Jerez y de Cádiz, fundadora del grupo Platero y musa de Juan Ramón Jiménez, imparte una conferencia en la Salle de San Fernando sobre La mujer y la poesía. Claro que, a aquellas alturas de la historia, Vejer recupera la discutible tradición del toro embolao y el doctor Chamorro todavía definía a la homosexualidad como una distorsión educativa o una “enfermedad” social. Ocurría durante una conferencia pronunciada en San Fernando a finales de marzo.
A grandes rasgos, así era el Cádiz de la época, repartido entre los partidarios del inmovilismo o quienes querían que la historia avanzara, bien fuera por la vía de la ruptura con el pasado o de la reforma, o lo que venía a ser la construcción de la democracia sobre lo que pudiera aprovecharse del franquismo. A finales de 1976, en las urnas, ganaron los últimos.

El destape llegó a Cádiz. El mismo año que Jerez premió al Beni de Cádiz, Antonio Mairena cantaba en El Puerto. Eran tiempos de profunda renovación en el flamenco, cuando la mariposa de Lole y Manuel sobrevolaba ya las emisoras de radio.

Parte de la banda sonora del Cádiz de esa época corría a cargo del piano de Felipe Campuzano: “Yo también he formado parte del tinglado –confesaba–. Tuve que pasar por el aro. No tenía otra opción. Sólo sé hacer música y había que vivir, que fabricar un éxito. Y, créeme, hoy estoy absolutamente arrepentido, avergonzado de hacer cosas como el Achilipú o Te estoy amando locamente. Quiero olvidarme de esa etapa. Estoy harto de tanto truco publicitario para lanzar a un artista (...) No quiero herir a nadie, pero si vamos a hablar claro, sea. El lanzamiento de Las Grecas fue una auténtica jugada del departamento de promoción de la compañía de discos. Lograron mantenerlas en candelero, pese a que, como artistas, no tenían nada que ofrecer. La prueba está en que en sus actuaciones en directo decepcionan”.

El dúo Raíces comenzaba a cantar en los pubs y 125 millones de pesetas hacían falta para restaurar la Catedral, que los gaditanos creían que podía caerse: “La postura de la Iglesia es también muy cómoda. No quiere saber nada de la restauración y casi está esperando que se caiga. Si no le importa la Catedral, que ceda su propiedad”, llegaba a reclamar el alcalde, Emilio Beltrami.

Mientras, los poemas de Claudio Rodríguez discurrían por los fotogramas de Los pájaros de Baden-Baden, la impecable película de Mario Camus que se estrenaba en el Teatro Andalucía aquel 16 de mayo.  Ese año, Alcances proyecta El honor perdido de Catherina Blum y, en el Cine Imperial, el 3 de junio, se estrena La naranja mecánica, meses más tarde de que ya se exhibiera en medio país.

En Jerez, se celebra una muestra de cine en 16 milímetros y un ciclo de homenaje a Chaplin, que permite la exhibición de El gran dictador: “El hecho de que en nuestro país, el régimen nacido tras la victoria militar de 1939 la haya mantenido prohibida durante 36 años, es un dato que no puede pasar desapercibido", escribe Federico Devis, en el Diario, ael 17 de octubre. María José Cantudo rodaba en Cádiz La violación. “Fuera de las películas, nadie me ha visto nunca un pecho!, afirmaba. Y casi al mismo tiempo, en octubre, se rodó en la ciudad Manuel de Falla, siete cantos de España, una serie de RTVE sobre la vida del compositor, que dirigía Jesús García de Dueñas, con María Massip, Carmen Lozano y Lucas Ruiz, como actores.

El destape, por aquellas fechas, venía a ser otro síntoma de la democratización inevitable. Una de sus protagonistas, la chipionera Rocío Jurado, contraría matrimonio con Pedro Carrasco el 23 de mayo de 1976. Acababa de rodar La querida. “¡Qué de problemas está creando esta película! Y todos injustos, porque el papel de la protagonista es privativo sólo de una situación, no el reflejo de lo que otros mal pensados han querido ver en él, ¿entiendes?”. “¿Seguirás con el destape, ya casada?”, le preguntaba el periodista Paco Perea minutos antes de la ceremonia. Y ella respondía: “Oye, hijo, que yo no me he destapado en La querida. Para los desnudos de espalda y tal que se ven, pedí una doble. Pero, ¿es que no se nota que es más bajita que yo?”.

Ajoblanco se presenta en el Colegio Universitario Gaditano pocos días después de que Carlos García Valdés, del consejo de redacción de Cuadernos para el Diálogo se pronuncie en Chaminade contra la pena de muerte. Ese mismo escenario será elegido por el grupo La Cuadra, de Sevilla, para representar Los palos, el montaje que sirve como confirmación de las expectativas abiertas por Quejío.

Pero el aire libre de la democracia también alcanzaba al teatro comercial, sobre cuyas tablas Alberto Closas sentenciaba en Cádiz: “La censura trata de impedir que el público piense”. Con declaraciones semejantes, el protagonista de La gran familia o La familia y uno más, parecía apartarse definitivamente del método Ogino. Todo lo contrario, por lo que parecía, de la familia portuense Troncoso Guisado, Francisco y Dolores, que recibía el premio nacional de natalidad por hijos vivos: 18. Y proclamaban: “Si Dios nos manda más hijos, no haremos nada por impedirlo”. En 1976, hubo 21.574 nacimientos en Cádiz capital. La provincia tenía el mayor coeficiente de natalidad de España. 7.523 bodas en toda la provincia, de las que 1.080 tuvieron lugar en la capital. 208 alumbramientos múltiples y 456 abortos declarados. Dos residencias y cinco hogares de pensionistas existían en la provincia por aquellos días.

Rafael Alberti: “El exilio ya es para mí una costumbre”. María Casares, después de su exilio, representa El Adefesio, de Alberti, con una actriz de origen isleño, Tina Sainz. Rafael Alberti, antes del estreno de dicha obra, declaraba por teléfono desde Roma: “Sí, me gustaría estar en Cádiz y sentarme en la Plaza Mina”. “Bueno, el exilio ya es para mí una costumbre. Una costumbre que no puedo dejar porque todavía hay muchos que no pueden, que no les permiten, volver. Y yo no quiero ser un privilegiado. Cuando llevaba todavía diez años fuera de España no quería comprar ni una silla pensando en que pronto volvería. Me resistía a tener que quedarme fuera de casa, pero pasó el tiempo y empecé a comprar cosas. Ahora ya tengo una casa muy grande, aquí en Roma”, transcribía Gaby Cañas en el suplemento dominical de Diario de Cádiz.

La última vez que estuvo en Cádiz, según rememoraba, fue en 1931, después de escribir El hombre deshabitado. Descansaban  en Rota, visitaron Jerez con Sánchez Mejías y les invitaron al Ateneo gaditano a leer sus poemas: “Me han dicho que hay ahora un puente precioso, pero que ya no se puede entrar en la ciudad en bicicleta. A mí siempre me ha gustado mucho montar en bici. Soy todo un ciclista”.

“Me han dicho también que El Puerto de Santa María se conserva muy bien, aunque ahora sea una gran ciudad de sesenta mil habitantes. A mi me gustaba mucho pescar coquinas en la barra. ¿Se puede pescar todavía?”. Alberti preguntaba si seguía en Cádiz el Castillo de San Sebastian: “Cuando estaba en los Jesuitas y estudiaba por las noches, en El Puerto la luz del faro iluminaba mi libro con sus fogonazos. Cádiz y El Puerto están muy cerca. Recuerdo que con un catalejo podíamos ver incluso a la gente por la calle”. “Yo no tengo la sangre por un lado y las venas por otro”, repuso cuando le preguntaron si se sentía político o poeta.

Pero la capital gaditana contaba con su propia farándula independiente. En 1976, estaba de enhorabuena el grupo Cámara, de Ángel de Dueñas, quien ya había conseguido con su versión de El príncipe constante los premios a la mejor dirección, al mejor actor y al mejor grupo en el X Certamen Nacional de Teatro de la Juventud celebrado en Cuenca, en 1973. Con Axas ganaron en Sevilla el premio al mejor montaje. Luego, se decantaron por el mimo, pero llegaron a abordar La prisión, de Kenneth Brown, “un estudio experimental del grupo para ver hasta dónde podemos resistir”. Miguel Ángel Butler y Jesús Morillo se escindieron de Cámara, para crear Carroussel, que se estrenó con Los justos, de Albert Camus, y tuvo un inicial montaje exitoso, el de Las criadas, de Jean Genet, con otro actor gaditano de prestigio, Ramón Rivero. En 1976, representaban La balada perdida, de Jesús Morillo: “El teatro independiente tiene la posibilidad de ofrecer textos que no ofrecería el teatro comercial”.

La siderúrgica de Rota. Andrés Sorel imparte una conferencia en la Caja de Ahorros de Cádiz sobre el tema Andalucía, mito y realidad cultural. El escritor se convertirá en uno de los playistas pioneros de Zahara de los Atunes, concebido como uno de los últimos refugios tardojipis, antes de que las grúas de las inmobiliarias se cebaran con el paraíso. En 1976, cerca de allí, Gibraltar seguía siendo una puerta cerrada. Al otro lado, a lo largo del año, se apreciarán movimientos de aviones y buques de guerra: se tratará de maniobras aeronavales británicas o de la OTAN, en el área del Estrecho, clave desde el punto de vista estratégico pero sobre la que España carece aún de mando alguno y sus recursos técnicos, en especial la inteligencia electrónica, están muy por debajo del despliegue de la Royal Air Force y de la Royal Navy en el Peñón, o del que mantiene en contacto a la Base de Rota con la de la VI Flota de la U.S. Navy, en Norfolk (Virginia). Felipe Benítez Ruiz-Mateos, recién elegido alcalde de la transición en Rota, hablaba de la Base: “Hizo que aumentara el nivel de vida. Digo que la Base es la siderúrgica de Rota y el problema vendrá cuando se vayan los americanos. Con los problemas que trae una base de esta magnitud ha permitido unos servicios más desarrollados y la inversión de la mano de obra empleada en ella. Si bien esto, Rota tiene que pensar en ser dueña de su propio destino y no tener que estar pendiente de acuerdos internacionales”. Los datos, por ejemplo, sobre la contaminación de la Base Naval de Rota se consideraban, por aquel entonces, como materia reservada y no se les transmitían a las autoridades civiles ni siquiera para adoptar medidas cautelares. Claro que tampoco es que se tratase de una de las prioridades de los ayuntamientos de la época, cuando Ramón Vargas, jefe provincial de Sanidad, calificaba como “indispensable” la regulación de los vertidos y el Diario de Cádiz denunciaba a toda plana: La Bahía, una cloaca, incidiendo en el mal estado del Guadalete y en el hecho de que “las aguas fecales de medio millón de personas vierten en la Bahía sin depuración alguna”.

Relevo para ayuntamientos en quiebra.
Antonio Barbadillo es reelegido como presidente de la Diputación no más comenzar 1976. Pero ésa no fue la principal noticia política del año. Les llamaron minielecciones de alcaldes. Se celebraron el 25 de enero y fueron designados por los concejales. Hubo poblaciones, como el caso de Jerez, en que se disputaron el puesto cinco candidatos –Ángel Jiménez, José Luis Lorente, Manuel Parodi, José Pérez-Luna y Jesús Mantaras, quien resultó elegido–.
Emilio Beltrami asume la alcaldía de Cádiz, a la que también aspiraba su predecesor, Jerónimo Almagro, quien parecía llamado a la reelección cuando le sorprendió un inesperado empate entre los concejales que debían dilucidar la controversia electoral, que quedará finalmente resuelta por 11 votos a 9.  El análisis de dicho proceso interno del consistorio conllevaría más de un dolor de cabeza. Meses más tarde, en mayo, se levanta acta de secuestro del número 113 de la revista Cádiz Gráfico, que dirigía Francisco Rodríguez Plaza, alias Curro Plaza, y que contenía un artículo que la alcaldía consideró injurioso. Pero como era una edición antigua, del 3 de febrero, no quedaba ni un solo ejemplar en los locales de dicha publicación, en la Plaza de San Antonio.

Se trataba del artículo Un judas para un voto que la alcaldía interpretó alusivo. La Asociación de la Prensa, que presidía entonces Emilio de la Cruz Hermosilla, respaldó al periodista con los medios jurídicos de la entidad, aunque el juez archivaría la denuncia un mes más tarde, al no encontrar motivos para la misma. Pero Beltrami tenía enfilado a Curro Plaza y, en otoño, logra que se le procese “por estimar que en el número 115 apareció un artículo en términos ofensivos para el alcalde de esta ciudad, al que se le achacaba conducta abusiva en el ejercicio de su cargo”. En la portada de aquel número podía leerse, en caracteres de imprenta más que expresivos: “A los 163 días, chequeo al alcalde de Cádiz: fatal. ¡Dimisión!”.

A pesar de sus roces con Curro Plaza, Emilio Beltrami se confesaba “liberal y demócrata” cuando cumplía 100 días de alcalde el 2 de mayo de 1976. Y parecía inquietarle el déficit de 250 millones de pesetas que el Ayuntamiento mantenía respecto al puente Carranza, cuyo peaje seguía siendo una losa para la ciudad.
“Sigo sin estar adscrito a ningún grupo, pero con toda claridad me defino: estoy con la reforma y no con la ruptura, ni con el inmovilismo y quisiera, porque lo creo absolutamente indispensable, que todos cuantos así pensamos, dejando aparte los matices, sin discusiones bizantinas y sin tener en cuenta la procedencia política y sin tanta vocación de protagonismo como se ha levantado, nos unamos en una auténtica fuerza política”.

Un punto campechano, la foto de Salva le presentó primeramente sobre un cajón donde podía leerse la palabra “frágil”, junto a una urna. Pero al año siguiente ya se dejó ver en la intimidad de su domicilio, afeitándose la barba y en pijama, en su propio cuarto de baño.

También a comienzos de año, el abogado José Ángel Cadelo asume la alcaldía de Algeciras, bajo el compromiso de promover la construcción de viviendas y ejecutar obras de infraestructura, que era el mismo horizonte que Jesús Mantara García-Figueras se fijaba al asumir la presidencia del Consistorio de Jerez: “Una ciudad con trabajo y viviendas para todos”. A pesar de la posibilidad de que pudieran presentarse más de un candidato, en numerosas poblaciones de la provincia sólo se presenta uno. Por ejemplo, Alcalá, donde resulta elegido Miguel de Puelles Montes, manteniendo el viejo reparto de la hegemonía local entre su familia y la de los Toscano. En Los Barrios, resulta elegido Emilio Chamizo, cuyo hijo José cursa estudios de Historia de la Iglesia en Roma, un par de años antes de ordenarse sacerdote. Francisco Pérez Sabrina, procurador en Cortes, titula la alcaldía de Olvera y Antonio Morillo Crespo asume la de Vejer. Francisco Esteban Bautista, futuro alcalde comunista de Algeciras, era presidente de la comisión de Fiestas de Algeciras, en 1976, bajo el mandato de Cadelo. En Rota, accede al cargo Felipe Benítez Ruiz-Mateos, que se eternizará luego en el mismo, desde las filas del Partido Popular, mientras su hijo, el escritor en ciernes que también lleva su nombre, inicia ese año estudios de Filología en el Colegio Universitario Gaditano. Prácticamente, todos los ayuntamientos de Cádiz estaban en quiebra. La nueva Ley de Régimen local no solucionaba el problema económico.

A algunos de los nuevos alcaldes, la ilusión del cargo les duró poco. Por ejemplo, al de La Línea, Juan Blasco: seis de sus quince concejales le pidieron en septiembre la dimisión por el escaso espíritu democrático que se había seguido en la designación de la reina de la Velada y por irregularidades en materia de licencias urbanísticas. Cientos de vecinos se manifestaron, el día 26 de aquel mes, para pedirle que se fuera. No lo hizo.

El grupo Drago. Por mucho que Reforma Social Española siguiera en sus trece, la batalla de las asociaciones políticas parecía definitivamente perdida. En Jerez, durante el mes de febrero, celebra asamblea provincial un autodenominado Partido Demócrata, cuyo líder, José Moreno Dávila, aludió a la necesidad de unas Cortes que sean elegidas por sufragio universal, refiriéndose después a la pluralidad de partidos con la aceptación de todos los que respeten la legalidad constitucional. José María Gil Robles, por su parte, establece primeros contactos en Cádiz para relanzar su proyecto democristiano: el día 19 imparte una conferencia en el centro cultural de la Caja de Ahorros, en torno a Las fuerzas políticas de la España de hoy,  en la que abogó por un régimen federalista, sindicatos libres y la ruptura democrática sin violencia: “El coloquio fue prácticamente monopolizado con preguntas radicalizadas por personas, la mayoría de ellas jóvenes, pertenecientes a la Joven Guardia Roja”, puede leerse en uno de los informes policiales que se conservan en la sección del Gobierno Civil del Archivo Histórico Provincial.

A la conferencia asistió un millar de personas, entre quienes figuraba el alcalde gaditano Emilio Beltrami, delegados de varios ministerios y el escritor José María Pemán. Tenía un explicación histórica la postura de rechazo de los izquierdistas identificados por la policía y entre quienes figuraban algunos de los que habían sido indultados tras la coronación de Juan Carlos, a finales de noviembre anterior: para un sector de la izquierda española, Gil Robles todavía era identificado con su antiguo partido, la CEDA, que guardó relación directa con el alzamiento de Franco 40 años atrás.

La conferencia de Gil Robles había sido promovida por el grupo Drago, que venía operando en Cádiz desde comienzos de año y que fue fundado, según refleja Antonio Castillo, “por conocidos miembros de la oposición moderada y de la democracia cristiana gaditana”. En su directiva, bajo la presidencia de José Ramón Pérez Díaz-Alersi, figuran Carlos Roca, Daniel Ruiz, Antonio Fernández Ruiz de Villegas, Santiago Grosso Burham, José María Ayerbe y Antonio Blázquez, según el acta fundacional de 6 de marzo de 1976. A pesar de su extracción política, Drago se abre a otras opciones: en primavera, y en el Colegio de Médicos, el grupo organizó una conferencia a cargo de Raúl Morodo, por aquel entonces secretario general del Partido Socialista Popular de Enrique Tierno Galván.  Como harían en mayo con el entonces socialdemócrata Rafael Arias Saldado, quien era consejero delegado de Cuadernos para el Diálogo y que, en la disyuntiva entre reforma o ruptura, insistió en la urgencia de cambios reales para que España pudiera incorporarse a la Europa democrática. No será hasta el 13 de marzo de 1976 cuando se legalice dicha asociación, que resulta fundamental a la hora de explicar la transición democrática en Cádiz, por cuanto alcanzaba a sectores de la burguesía local que permanecían, hasta entonces, ajenos a la rebelión de la izquierda contra lo que iba quedando de la estructura franquista.

En principio, el grupo Drago ya se había dado a conocer con un escrito en la prensa provincial y regional, que aparecía el 14 de enero, en el que cuestiona la elección de un nuevo alcalde por decisión explícita de 19 concejales y no del pueblo en general. 
El Diario de Cádiz tuvo inicialmente ciertas reservas a la hora de publicar este artículo, como consecuencia –según Castillo– de las dificultades que planteaba el hecho de que aún no se hubiera constituido oficialmente, “debido a su ideología y fines”. Pero justo una semana más tarde, el periódico local acoge entre sus páginas el texto La ciudad que queremos, firmado por ese mismo Grupo y en el que recomienda a la nueva Corporación que interese al ciudadano en la gestión local: “Que este acierte a expresarse; que promueva y se promueva su participación; que tengan audiencia sus asociaciones, las que son y las que deben surgir; y en fin, que el ciudadano se pronuncie ante y sobre todos los problemas locales”.

Uno de sus principales caballos de batalla fue su oposición a que se construyera, en la orilla del barrio de Santa María un ostentoso edificio cuya altura rompía la perspéctiva tradicional de las Puertas de Tierra de Cádiz, mediante unas obras vertiginosamente declaradas de urgencia: “Sólo faltaría que sobre su terraza ondeara un luminoso y visible letrero que proclamara: ‘esto se hizo a ciencia y paciencia de los gaditanos”, rezaba el artículo que el Diario de Cádiz publicó en primera página el 17 de marzo de aquel año.
Su historia no fue, en cualquier caso, la de un camino de rosas. En mayo, por ejemplo, el grupo Drago organizó una conferencia del constitucionalista Manuel Jiménez de Parga, en el que se pronunciaba a favor de que la democracia no sólo fuera política sino económica, aunque su análisis no apuntara hacia el libre mercado sino hacia fórmulas próximas al socialismo, criticando abiertamente al capitalismo, al papel de la Iglesia durante el franquismo, a los planes de desarrollo y al búnker. Jiménez de Parga firmó ejemplares de sus libros en la Librería Minerva, en donde se recibieron, por ello, amenazas de muerte.

Una de ellas fue rescatada por Antonio Castillo, de los archivos del grupo Drago: “Estás a la altura del sinvergüenza y vendido al oro sucio extranjero Ruiz Cortés (alias Ruiz Jiménez pues su apellido no es compuesto). ¡Fuera, fuera, fuera, farsante resentido y envenenador. Profesor incurso en delitos comunes y en ofensas a la Ley de Dios”. El anónimo concluía con la advocación “Caudillo Franco, ¡Presente!” y aparecía remitido por “Santiago de Brunete. C/. 18 de Julio de 1936. Jerez de la Frontera”.

Verde, blanca y verde.
A contracorriente, su actividad fue constante durante todo el año: en noviembre, por ejemplo, sus activistas lograron que Luis Gamir, futuro ministro, hablara en Cádiz sobre economía y socialdemocracia. Antes, el Grupo Drago promovió en verano unas jornadas sobre Regionalismo en las que el democristiano José Ramón Pérez Díaz-Alersi, proclamaba que “la democracia es un estado de conciencia, no una forma de gobierno”, poco antes de dar a conocer las líneas programáticas de la Federación de la Democracia Cristiana, cuyo liderazgo asume en la provincia de Cádiz.

“Lo que propongo no es separatismo, sino una federación integrada”, llegaba a plantear, justo cuando desde el poder y por esas mismas fechas se ensayaba un extraño conato de regionalización, a partir de la llamada Mancomunidad de Andalucía, en base a las diputaciones y cuyos estatutos quedaron redactados a comienzos de agosto, a fin de establecer sociedades de desarrollo regional. Al proyecto se opondrá tajantemente el Partido Socialista de Andalucía, por cuanto será mínimamente representativo y se trataría tan sólo de “perpetuar la antidemocrática situación de dependencia centralista”.

“El PSA –recuerda Antonio Castillo– tiene su origen más inmediato en el congreso de ASA, inaugurado en Málaga el 25 de julio de 1976, en el que se aprueba una propuesta de su comisión permanente de convertir la organización en partido político, de ámbito regional y articulado a nivel del Estado en la Federación de Partidos Socialistas (FPS), adoptando el nombre de Partido Socialista de Andalucía e invitando a integrarse en este congreso constituyente a todos los socialistas de Andalucía y, muy especialmente, a Reconstrucción Socialista de Andalucía, con quien mantenían un proceso de convergencia".

Andalucía empezaba a ser una preocupación señera en la sociedad gaditana de la época. El Grupo Drago, sin ir más lejos, traerá al profesor Manuel Clavero Arévalo, que había dejado ya el rectorado de la Universidad de Sevilla y presidía el Instituto de Desarrollo Regional de la misma, para incidir en “la necesidad de que el Estado Tome conciencia de promover en Andalcía una acción especial” y, sobre todo, “que los andaluces tomemos conciencia de que somos capaces de organizarnos y evitar un nuevo colonialismo, haciéndonos sucursalistas de los partidos políticos de Madrid”.

La alternativa izquierdista al Grupo Drago vendrá, aun sin pretenderlo, de la mano del Centro de Cultura Popular Andaluza, cuyo rostro habitual en los actos públicos  será el del escritor Jesús Fernández Palacios, ya disuelto el grupo Marejada. Fernández Palacios, como otros promotores del Centro, era compañero de viaje del Partido Comunista de España, pero no llegó a ocupar cargo de responsabilidad alguna en la directiva del Centro de la que formaron parte militantes de diversas formaciones izquierdistas, en un arco que iba desde el andalucismo al socialismo, pasando por los comunistas: “Hubo un reparto de la directiva, en función de la orientación política de cada uno. Yo, todavía, no era militante del PCE”, recuerda ahora Fernández Palacios. Entre otros,  Pedro Fernández, Juan Ramón Troncoso, María Isabel Solís y Armando Ruíz Riera ocuparon puestos directivos. Su presidente sería Juan José Gelos, un gaditano anteriormente identificado con el movimiento anarquista, apasionado por Fermín Salvochea, que durante un viaje al Instituto de Ciencias Sociales de Amsterdam descubrirá allí el legado de la CNT y que participará en la creación de Andalucía Libertaria. Entonces, Gelos estaba ya vinculado al PSA y en su conferencia Protagonismo Andaluz, abundaba en la doctrina que ya había expuesto Luis Uruñuela durante una charla pronunciada en Empresariales, bajo el título de Bases para un regionalismo andaluz.

La primera identidad pública del andalucismo en la provincia gaditana llevará los nombres de Antonio Ballesteros Gil, Armando Ruiz Riera y Pedro Pacheco Herrera, quienes a finales del 76 se confiesan “marxistas antidogmáticos” y apuestan por el socialismo para Andalucía: “El problema andaluz no es económico, sino político”, arguyen al considerar que el centralismo estatal resulta una de las principales causas de la postergación andaluza.
Carlos Cano –nacionalista andaluz sin demasiados apellidos partidistas– y Manuel Gerena– que entonces era compañero de viaje del PCE–, en agosto de 1976, actuaban ante 3.000 personas en El Puerto de Santa María. Era –así se le llamó– el Recital de la Nueva Andalucía. Del acontecimiento, queda una foto en la que Gerena se ve sentado sobre el ecenario, mientras Carlos Cano canta en una silla. Bajo la firma de Jose Ignacio Buhigas –imprescindible a la hora de relatar la transición gaditana– puede leerse la crónica del recital, en Diario de Cádiz el 22 de agosto de 1976.  Así, durante la actuación de Carlos Cano “apareció una enorme bandera andaluza que fue retirada por el propio servicio de orden con que contaba el recital. La fuerza de la Guardia Civil que se encontraba en la puerta del recinto no tuvo que intervenir en ningún momento. Al comenzar la segunda parte se hizo un silencio impresionante. Manolo Yélamo tuvo el acierto de escoger para presentar a Manuel Gerena los versos que Rafael Alberti le dedicó: ‘El cante, te salga como te salga, vale”.Durante la actuación de Manuel Gerena, “como en la de Carlos Cano, se corearon frases como ‘Amnistía y Libertad’, ‘Eso, eso, eso, Alberti va al Puerto’. Cuando Gerena iba a cantar en recuerdo de Víctor Jara los gritos fueron de ‘Asesino Pinochet’  y un espectador pidió un minuto de silencio por la muerte de Javier Verdejo. Hubo un momento de tensión que Gerena quiso salvar diciendo que Víctor Jara también estaba muerto y que de todas formas no se iba a resucitar. Cuando concluyó la canción se volvió a pedir el minuto de silencio y esta vez todo el mundo se puso de acuerdo y, de pie, el público tuvo un emotivo recuerdo y fueron encendidas cerillas y mecheros. Al concluir, volvieron los gritos de amnistía y libertad y se coreó ‘Javier, hermano. No te olvidamos’. Continuó Gerena su actuación a la que el público respondió puesto de pie y aparecieron pancartas y banderas. Al concluir, invitó a Carlos Cano que cantó un poema de Alberti sobre la base de Rota”.

Carlos Cano, a preguntas del periodista, descartó que Verde, blanca y verde la hubiese compuesto como himno del PSA: “A veces, la prensa interpreta mal las cosas y puede crear falsas ideas. Yo no he hecho ningún himno para ningún partido, lo que pasa es que personalmente participo de las ideas socialistas y mis canciones están bañadas de socialismo, pero esto no quiere decir que pertenezca a este u otro partido. Gozan de mis simpatías y de mi respeto porque también luchan por Andalucía. Yo hago una canción en la que trato de expresar mis aspiraciones. Si después es tomada como himno por algún partido es algo que yo no puedo evitar, y tampoco querría hacerlo”. Una de las primeras acciones del Centro de Cultura Popular Andaluza fue, precisamente, la de reclamar a la Diputación y al Ayuntamiento de Cádiz que ondeara sobre sus fachadas la bandera de Andalucía.

El Centro de Cultura Popular Andaluza.
Como en el caso del Grupo Drago, la vida del Centro de Cultura Popular Andaluza fue intensa pero breve. Apenas duró unos meses, desde su creación a comienzos del 76 –aunque su legalización fuera posterior– y su desaparición al año siguiente. El Centro sigue la estela de otras formaciones ya existentes en la provincia, como es el caso de la Agrupación de Cultura y Arte, creada en Algeciras a comienzos de los años sesenta. Y que, precisamente, también fue cuna de futuros militantes del Partido Comunista –los hermanos del Águila o Paco Acevedo–  y del Partido Socialista de Andalucía –los hermanos Jiménez y Jaime Orozco, entre otros–. Ambas entidades compaginaban las actividades culturales con intervenciones de alcance social.

De hecho, la entidad que presidió Gelos en la capital gaditana llega a organizar un multitudinario debate sobre el peaje del puente, en el que participan el abogado Fernando Martín Mora, el arquitecto Juan Jiménez Mata y el economista José Ramón Repeto, quienes vienen a concluir en la nacionalización de dicho servicio, revirtiéndolo al Ministerio de Obras Públicas que asumiría el mantenimiento del mismo.

Las actividades públicas del Centro también conocieron serias dificultades como cuando, en verano, pretendieron tributarle un homenaje al poeta cordobés Juan Rejano, recién fallecido en su exilio de México. A pesar de que el Gobierno Civil dio su autorización pertinente, la Delegación Provincial de Información y Turismo decidió prohibir dicho acto, al no haber presentado con 20 días de antelación los textos que iban a leerse en el recital. En principio, se había anunciado la presencia de José Ramón Ripoll, Jesús Fernández Palacios, Antonio Hernández y Carlos Edmundo de Ory, aunque Francisco Giner de los Ríos y Aurora de Albornoz se habían adherido emocionalmente y en la distancia a dicho tributo público. Lejos de arredrarse, las actividades del Centro Popular de Cultura Andaluza se extendían a otros lugares de la provincia y, a finales de julio, lograba celebrar un homenaje a García Lorca por el 40 aniversario de su muerte en el Colegio Nacional Nuestra Señora de la Paz, justo cuando las imprentas reproducían ya las versiones de Vila San Juan y de Ian Gibson sobre el asesinato del poeta. Incansable, el Centro de Cultura Popular Andaluza se apuntaba a un bombardeo. Y si en noviembre organiza un homenaje a la Institución Libre de Enseñanza, con la presencia de Francisco Gíner de los Ríos, un mes antes convoca una mesa redonda sobre el retorno de los carnavales a febrero, incluyendo una masiva recogida de firmas que se envían directamente al alcalde. Durante el otoño, se dan los primeros pasos para la creación de la asociación de autores carnavalescos y la peña La Estrella sirve como escenario para numerosos contactos relativos a las demandas que exigen los protagonistas de esta fiesta.

Merced a ese mismo Centro de Cultura, Luis Pastor también se dejará oír en Chaminade en primavera, con los accesos al Colegio Mayor tomados por los grises. Autobuses, lecheras y demás parafernalia de la Policía Armada, contrastaban con la presencia de unos 300 espectadores que tenían ganas de convertir el recital en una reivindicación libertaria como la que había rodeado al de Lluís Llach en el palacio de los Deportes de Barcelona, en enero de 1976. Pero como los organizadores del concierto de Pastor habían advertido, la fuerza pública habría de entrar en cuanto escuchase el más mínimo alboroto. Así que, en vez de gritos, durante todo el concierto y en perfecto orden y silencio el público jugó con globitos en donde podía leerse “Libertad y amnistía”. Pastor volvió a Cádiz en verano, durante la muestra de Alcances y presentó el repertorio de sus dos únicos discos en el mercado, Fidelidad y Vallecas, a punto de salir por aquel entonces. En Fidelidad, incluía los versos de un poeta de Jerez, Carlos Álvarez, recién salido de Carabanchel. Se titulaba Parábola del billar y uno de ellos decía: “La bola roja está roja de los golpes que le dan”.

¡Viva la Monarquía democrática!.
Representantes de ambos grupos habían asistido a una recepción ofrecida por los Reyes en los Reales Alcázares de Sevilla, en donde habían propuesto un grito unánimemente coreado: “¡Viva la Monarquía democrática!”.
Los Reyes inician su primer viaje oficial a la provincia el 1 de abril, con un apretado itinerario que les llevó primero, en helicóptero, desde Sevilla a Algeciras. A la una de la tarde, se desplazaron a Arcos, donde almorzaron con el alcalde, y sobre las seis llegaron a Cádiz, reservando su última escala en Jerez, tras una breve parada en El Puerto de Santa María.

En la capital gaditana, el alcalde, Emilio Beltrami, les recibió bajo los arcos de Puerta de Tierra, ante un inmenso gentío que portaba numerosas pancartas hasta San Juan de Dios: “4.000 parados, no; la carretera Cádiz-Huelva, sí”, “Lo último de España, Andalucía, lo último de Cádiz, Vejer, ¿por qué?”, rezaban sus letreros.

Desde luego, los nuevos monarcas no siempre escucharon parabienes: “Lo que pedimos los andaluces es trabajo”, clamaba el presidente del Consejo de los Trabajadores, quien le expuso los principales problemas de la zona, durante un acto restringido que se celebró en el interior de la Casa Consistorial. Entre los discursos oficiales y oficiosos, entre líneas, se descuelgan análisis parciales del lado oscuro de la realidad provincial. Así ocurrió con el que Antonio Cabrera pronunció en nombre de los estudiantes gaditanos durante la recepción real en la capital. El discurso, en cuya redacción había participado el periodista Emilio López Mompell, abundaban en la necesidad de una libertad y democracia real para la sociedad española.

El alcalde jerezano, Jesús Mantaras García-Figueras, también creía saber cual era la principal inquietud de sus conciudadanos: “En mi discurso a Sus Majestades exponía los problemas que considero de más rápida solución y, entre ellos, el paro”.

Marta Dorao, esposa de José Ramón Pérez Díaz-Alersi, quien era presidente del Grupo Drago, se sirvió del alcalde, Emilio Beltrami, para hacerle llegar a los Reyes una carta que aparecía publicada ese mismo día en Diario de Cádiz, en la que hacía votos por “un plan regionalista y completo para redimir a Andalucía de una vez por todas” y al mismo tiempo reclamaba medidas específicas para el relanzamiento económico y social de la provincia. No eran parches lo que necesitaban los andaluces, recalcaba el escrito, en el que se sugerían “análisis en profundidad y aportaciones inteligentes” para erradicar el paro, revitalizar la industria naval y proceder a una “transformación adecuada de nuestra agricultura latifundista”. También se hacía mención a “la mejora y búsqueda de nuevas posibilidades para la pesca, la industria vitivinícola” o la “mejora de nuestro nivel educacional y cultural (con la creación de la Universidad de Cádiz)”, entre un largo etcétera en el que se mencionaba la construcción de la polémica carretera entre Cádiz y Huelva. Pero el documento también incidía en otra cuestión espinosa, pronunciándose por la desaparición de la base nuclear de Rota, ante el riesgo que suponía.

La provincia gaditana contaba con un grupo de leales a la monarquía, que encabezaba José María Pemán, quien asumió la presidencia del consejo privado de don Juan de Borbón, en su exilio de Estoril, hasta el llamado Chato Huertas, en Algeciras: “A mi hermano y a mí nos une también el monarquismo, algo que hemos heredado de nuestro padre –rememoraba César Pemán, por aquellos días–. Siempre creímos que España no tenía más futuro que la monarquía. Don Juan demostró a José María su confianza nombrándole presidente de su consejo asesor. Fue mi hermano quien le acompañó para tratar con la reina Federica de Grecia la boda de don Juan Carlos y doña Sofía”.

Mientras los Reyes visitaban la provincia, al otro lado del Estrecho, el teniente general Gutiérrez Mellado era nombrado hijo adoptivo de Ceuta y proclamaba: “España seguirá su camino en la justicia y la prosperidad”. Los acontecimientos se precipitarán meses más tarde cuando, en el mes de julio, cesa Arias Navarro en la presidencia del Gobierno y el Rey nombra como sorprendente sucesor a Adolfo Suárez.


El regreso de la Duquesa Roja.
Lo cierto es que el Cádiz oficial cada día quedaba más lejos del Cádiz real. El 27 de enero, el Colegio de Abogados de Cádiz da un paso adelante y reclama amnistía para los delitos políticos y sociales. De momento, Alejandro Rojas Marcos, quien era por entonces líder de la Asamblea Socialista de Andalucía (ASA), se beneficia de un indulto y regresa de su destierro en Bruselas: mucho más tarde, sería candidato por Cádiz en las filas del Partido Socialista de Andalucía, pero en 1976, el Gobierno Civil no le autorizó a impartir en la capital la conferencia Aspectos diversos de la realidad andaluza, prevista en el cine Imperial y que ya había sido pronunciada en Algeciras sin que mediase problema alguno. El Tribunal de Orden Público se ceba en numerosos gaditanos, como varios miembros del comité provincial de la OMLE, de entre los que resulta absuelto, el 9 de marzo,  Manuel García Túnez.

Otro de los retornos más esperados se produjo también aquel año. Luisa Isabel Álvarez de Toledo, duquesa de Medina Sidonia, volvía a Sanlúcar desde el exilio. “Lo de Duquesa Roja es un invento publicitario. Considero rebelde al que sale con un palo por ahí sin saber por qué lo hace, pero aquí se llama rebelde a todo el que no se quiere encasillar, lo cual es absurdo. Sí, lo acepto si se entiende por rebelde a estar contra una situación injusta, pero ha sido mal empleado porque yo no soy iconoclasta y estoy esperando a algún partido que anteponga los intereses del pueblo a los del propio partido. No estoy adscrita a ninguno porque ninguno me ha convencido. Estoy esperando conocerlos a todos pero esto no lo podré hacer hasta que estén legalizados”.

Aquella aristócrata legendaria, severa, rebelde y contradictoria tuvo que salir de España al ser procesada por un Tribunal Especial de Delitos de Prensa por una serie de artículos sobre lo que vio en las cárceles de Alcalá de Henares y Ventas. Le siguieron otros dos procesos con cargo al TOP por cartas que envió a Carrero Blanco tras la muerte de manifestantes en Granada y en Madrid. También viajó a Palomares, tras el episodio de la bomba y el chusco baño de Manuel Fraga, cuando ejercía como ministro de Información y Turismo. Para ella, el búnker “es una postura romántica, de vivir en el paleolítico o para querer seguir ocultando negocios que no se han podido esclarecer por la censura de prensa”.
Por muy roja que la tildaran, por no admitir dictaduras no admitía ni la del proletariado: “Estoy por una democracia sin apellidos y sin exclusiones y no voto a ningún partido que tenga estructura dictatorial”.

Cádiz, por la amnistía.
En plena canícula, el 17 de Julio y en vísperas del cuadragésimo aniversario de la guerra civil, el colegio San Felipe Neri de Cádiz vivirá un multitudinario acto pro-amnistía, que fue suspendido por la autoridad gubernativa. Unas 1.500 personas, llegadas de toda la provincia, corearon los gritos de libertad y amnistía, mientras los oradores se iban turnando en una tribuna, desde la que se oyó el mensaje remitido desde Roma por Rafael Alberti, cuyo nombre fue repetido por la multitud.
Pancartas y banderas rojas colgaban por todas partes y, aunque todo transcurrió con normalidad, se registraron numerosas detenciones. Entre otras, la de representantes de la sociedad civil gaditana, como fueron el marianista Francisco Javier Ausó Bernal, subdirector de la residencia Chaminade; Juan José Gelos, presidente del Centro de Cultura Popular Andaluza, o José Ramón Pérez Díaz-Alersi, del Grupo Drago y del que Antonio Castillo asegura que “se le ofreció, por mediación del Colegio de Abogados, la oportunidad de abandonar las dependencias policiales, pero la rechazó en solidaridad con los que allí se quedaban”.  Entre los activistas políticos figuraban los socialistas Rafael Román, entonces profesor universitario, y Jaime Pérez Llorca, médico y aficionado a la astronomía, o Guillermo Alonso del Real, pero también Juan Jiménez Mata. Poco a poco fueron puestos en libertad. El Gobierno Civil justifica la redada por la cantidad de banderas rojas con la hoz y el martillo y otras de la CNT, PSOE, JGR y PTE, que se exhibieron. Además, alegan que los organizadores aseguraban que el acto iba a celebrarse en el interior del Colegio Mayor, cuyo subdirector siguió detenido por permitirlo, trasladándose en cambio al patio del colegio, con mucha mayor capacidad.

Hubo otro conato de movilización a favor de la amnistía pocos días más tarde. Se trataba de una manifestación que iba a ser convocada en Puerto Real y que la autoridad gubernativa denegó, en base a “que sobre la amnistía se ha pronunciado el Gobierno de la nación, en su declaración programática, esperándose en fecha inmediata la resolución de SM el Rey, y que, teniendo en cuenta, por otra parte, que tratándose de una manifestación masiva es difícil que no se puedan producir actos de violencia u otros ilegales".

Corría el 25 de julio cuando se dio tan pintoresca versión oficial, a la que no le faltaba sin embargo un ápice de razón. El Gobierno de Suárez había pedido ya, el viernes 16 de julio, una amnistía real para delitos políticos y de opinión, en el marco de un programa que incluía también la convocatoria de elecciones generales antes del 30 de junio de 1977. En media España, se disolvían manifestaciones a las bravas. A veces, con bajas entre miles de jóvenes como Yolanda González, quien reclamaban, simplemente, que la paz no fuera miedo como en la canción de Raimon. Se decía que los obreros y los estudiantes volaban porque, en los partes oficiales, tras cada muerte se aseguraba que las fuerzas de seguridad tan sólo se habían limitado a disparar al aire. Esa sensación de rabia y de tristeza llevó a los gaditanos a manifestarse en los alrededores de la Plaza de San Juan de Dios el 6 de marzo, pero la policía volvió a emplearse a fondo y más de cien personas corrieron a refugiarse en la parroquia de la Divina Pastora, uno de los templos que asumieron aquel año su condición de refugio más o menos a salvo de la represión postfranquista. Aquel día hubo un festival de contusiones y golpes bajos. Los agentes se escudaron en el hecho de que los manifestantes estaban insultando a las fuerzas de orden público porque llevaban pancartas en las que podía leerse: “Queremos libertad, pero vivos”, “Nuestros compañeros muertos ya son libres”.

Estudiantes y obreros se organizaron, buscaron la complicidad de los vecinos de La Pastora, que aportaron mantas y víveres: “Si no fuéramos tan viejos, estaríamos con vosotros”, les animaban ancianos en partiditos tan decrépitos como sus rostros. Al día siguiente, no obstante, finalizó el encierro tras la puesta en libertad de cinco detenidos.

Uno de aquellos mártires de la Transición se llamaba Francisco Javier Verdejo. Era militante de la Joven Guardia Roja en Almería y murió acribillado cuando realizaba una pintada en la que pedía “Pan, trabajo y...”. Libertad fue la palabra que no pudo estampar sobre el muro. Pocos días más tarde, en Puerto Real, un grupo de personas pretendió asistir a una misa en sufragio por su alma, en el templo prioral de San Sebastián. No pudo ser: las puertas del templo permanecieron cerradas y todo se limitó a una breve manifestación de repulsa por aquel nuevo crimen de Estado.

Llegan los reformistas.
En El Puerto de Santa María, ese verano, se constituye un grupo político de centro derecha, el Grupo de Acción Regional, lo que vendría a ser el conato de la Unión Regionalista Andaluza, en torno a la personalidad de Luis Jaúdenes, quien se muestra a favor de la reforma política y en contra de la ruptura: “Andalucía reclama una representación proporcionada a su peso específico”, anuncia.

También en dicha localidad, el Partido Demócrata Andaluz tributa un homenaje al profesor Carlos Ollero, pionero del reformismo. A la cita acudió un centenar de asistentes, entre quienes figuraba el presidente de dicha formación, Gabriel Navarro, junto a Soledad Becerril y Jesús Ramos, del secretariado de la Federación de Partidos Demócratas y Liberales. También, otras personalidades gaditanas del momento, como Miguel Domecq Solís o José Moreno Dávila. Poco después, a finales de agosto, Joaquín Garrigues Walker, presidente de la Federación de Partidos Demócratas y Liberales, visita Cádiz y firma ejemplares de su libro Una política para España en Mignon. Declara: “No excluiría que el actual gobierno iniciase el proceso constituyente”, arguía en torno a los propósitos reformistas del flamante presidente Adolfo Suárez.
Ignacio Camuñas, presidente del Partido Demócrata Popular, también bajará a Cádiz para pronunciar una conferencia sobre el “liberalismo social”: “Los hijos de los vencedores no estamos con el régimen del Movimiento”, sorprendió, al tiempo que aseguraba que “en Alianza Popular se agrupan todos los que no quieren la democracia en España”.

Fruto de numerosos contactos, generalmente discretos, a finales de octubre, cristaliza finalmente en Cádiz el proyecto de Democracia Cristiana, a partir de una reunión a la que asistieron militantes de la Federación Popular Democrática, Partido Popular y Partido Popular Demócrata Cristiano: “Los democristianos queremos para Andalucía un auténtico partido popular”, reclama su líder José Ramón Pérez Díaz-Alersi, quien presidía el mentado Grupo Drago.

Una de sus primeras actividades públicas, bajo dichas siglas, sería la organización de un mitin protagonizado por el histórico José María Gil Robles, en el Gran Teatro Falla, y que contó con la presencia de numeroso público, afín o simplemente curioso, aunque también hubiera adversarios explícitos al veterano político, como un activista de la CNT, que se hizo popular en Cádiz durante los años de la transición y al que se conocía con el sobrenombre de El Manchado. En pleno mitin, se levantó de su asiento para afearle el papel seguido por él mismo y su formación durante los días previos a la guerra civil española.

No sólo seguían abiertas las cicatrices de aquel conflicto. La estructura del Movimiento se mantenía intacta. Antes de que acabe septiembre, los consejos locales de dicho organismo político franquista celebrarán reuniones informativas en torno al proyecto de reforma política que auspicia el nuevo Ejecutivo y que se traducirá en un referéndum, a finales de ese mismo año. Pero el nuevo Gobierno de Adolfo Suárez permite un mayor clima de transparencia, por lo que los días 11 y 12 de octubre Cádiz acoge la celebración de la llamada Asamblea Socialista de Andalucía, que pretendía sobre el papel “elaborar una respuesta seria respecto a las competencias autonómicas que el pueblo andaluz necesita”.  En realidad, se trataba de la primera puesta de largo del PSOE, que reunió a su militancia gaditana, entre la que ya figuraban Ignacio Moreno o Juan José Ruiz, con líderes socialistas de Sevilla como José Rodríguez de la Borbolla y Ana María Ruiz Tagle. Alrededor de 150 delegados llegados de toda Andalucía participaron en dicho encuentro, que tuvo como escenario la sede del Colegio de Médicos. “Una filosofía romántico burguesa ha perpetuado la situación de injusticia en Andalucía”, proclama Alfonso Guerra durante la clausura de este encuentro.
 
Pero la policía no debía estar demasiado al corriente de los nuevos aires reformistas, cuando a finales de ese mismo mes de octubre detenga a Jesús García Vidal, quien era profesor de EGB y militante del Partido del Trabajo de España: “La existencia de las actuales leyes represivas imposibilitan cualquier sincero intento de actuación democrática”, lamenta dicha organización política, todavía clandestina, que contó con el respaldo explícito de Coordinación Democrática.

Los pupitres de la democracia.
Pedro Valdecantos, que aquel año publica su libro de poemas Tan mi voz, se suma inicialmente a la rueda del asociacionismo político, creando y presidiendo Programa Gaditano: “Cuando le conocí, me sorprendió aquel joven que desde su juventud aspiraba a ser gobernador civil”, comentaría por aquellas fechas su esposa, Isabel Demá. Valdecantos conseguiría su propósito, en Toledo, durante la etapa de gobierno socialista.
Mientras, en Jerez se reúnen 50 profesores de EGB y suscriben un escrito reivindicativo que equiparase la situación salarial de todos los enseñantes y que se rehahibilite a sus colegas que habían sido represaliados por formular reclamaciones laborales.  Aquel año, la conflictividad educativa habría de ser nuevamente protagonizada por los profesores no numerarios en demanda de contrato laboral, democratización de los centros, levantamiento de sanciones a profesores y alumnos sancionados por motivos extraacadémicos.
En febrero, la Asamblea del Magisterio del Campo de Gibraltar se celebra en una iglesia, por carecer de autorización oficial para dicha convocatoria. Entre otros puntos, se acordó la desaparición del Sindicato Español de Magisterio y decidieron elegir a sus propios representantes, por cada centro, para las siguientes asambleas. El 28 de febrero, penúltimo día de un mes bisiesto, se producirá en Cádiz una sentada y manifestación inmediata de los alumnos de la Escuela Universitaria del Profesorado de EGB en solidaridad con las reivindicaciones de los maestros. Además, los alumnos intentaron desarrollar actividades culturales que el centro no permitió. Hasta marzo no se suspenderán las sanciones a los profesores de EGB sancionados por obtener sobresaliente en la asignatura real de la democracia. En mayo, volverá a haber paro en la Escuela del Profesorado de EGB, esta vez por un problema de categorías profesionales, entre catedráticos, numerarios y profesores agregados.

Los sindicatos empiezan a dar la cara abiertamente. En Chaminade, a finales de marzo, se convocan unas Jornadas de la Federación de Trabajadores de la Enseñanza, adscrita a la UGT, sindicato afín al PSOE. A la cita acuden representantes de Bélgica, Francia y Portugal. En la mesa presidencial figuraron Manuel Chaves, Francisco Bustelo y Alfonso Guerra, pero entre los participantes figuraba Carmen Romero, quien era profesora de Enseñanza Media y esposa de Felipe González, quien llevaba año y medio en la secretaría del PSOE renovado y que también visitó la ciudad con motivo de ese encuentro.

A todos, más o menos, se les toleraba, pero, no obstante, se les vigilaba de cerca. A mediados de agosto, la coordinadora provincial de Comisiones Obreras difundió un comunicado en el que denunciaba la distribución por correo de bonos falsos con el membrete del sindicato, reclamando un giro postal dirigido a personalidades sindicales que no tenían conocimiento alguno de tales bonos. CC OO, en efecto, había iniciado una campaña de distribución de bonos para la financiación de determinadas campañas, pero siempre lo hacía mano a mano. Además, tanto el color como la numeración asignada eran distintas entre los bonos auténticos y los falsos. Los sindicalistas creían que no se trataba de un timo, sino de una treta para conocer la vinculación de determinados trabajadores a dicho sindicato: “Está claro que se intenta confundir a la opinión pública y poner dificultades a las tareas por la libertad y la unidad sindical en las que estamos empeñados los grupos sindicales democráticos”, declaraban sus responsables, aún semiclandestinos.

Sobre la mesa, quedaba abierto el debate de los vínculos existentes entre los sindicatos y los partidos políticos más o menos afines. ¿Debían ser las centrales sindicales una correa de transmisión de determinadas siglas como ocurriese en el pasado? En octubre, Diario de Cádiz se hace eco de la expulsión de dos miembros de Comisiones Obreras por acusar al Partido Comunista de maniobrar en su provecho en el seno del sindicato. Se llamaban Juan Doncel y Juan Ardila, trabajaban en Astilleros y en Standard, respectivamente, y su expulsión tuvo lugar durante la permanente gaditana del Metal. Públicamente, ellos se manifiestan en contra de que el secretariado nacional de CC OO sea copado por militantes del PCE (20 sobre 27, según sus cifras): ·Hasta la fecha –aseguraban–, Comisiones era de todos los trabajadores, pero este espíritu quiere destruirlo ahora una determinada tendencia”.

Los estudiantes vuelven a las andadas, desde El Puerto de Santa María –donde 125 alumnos del colegio María Auxiliadora se encierran en la Prioral– hasta la capital, donde los universitarios, a comienzos del curso siguiente, el 21 de septiembre, deciden negociar con el Rectorado el importe de las tasas académicas, que consideran demasiado elevadas. El gobernador civil, sin embargo, les niega el derecho a manifestarse por esa misma reclamación.

En noviembre, eso sí, se reúne el vicerrector de la universidad de Sevilla en Cádiz, Felipe Garrido García, con los decanos y directores de centros universitarios, para pedir formalmente la creación de la Universidad en Cádiz. La Facultad de Medicina aspiraba a un hospital universitario en condiciones. El colegio universitario de Derecho de Jerez se creó en 1972 y el número de estudiantes osciló de 120 a 280 en 1976, cuando empezó a impartirse el segundo ciclo. El Colegio Universitario Gaditano se fundó en el curso 69-70 y en 1976 contaba ya con 32 profesores. La Facultad de Ciencias, en espera de las obras del río San Pedro, también utilizaba de prestado el Colegio Universitario de Filosofía y Letras. Las obras para la escuela de ingeniería técnica de Algeciras estaban ya en marcha, al igual que la Escuela de Comercio, en Jerez. Sin embargo, muchos gaditanos estudiaban en Sevilla o en Madrid, mientras que 1.500 alumnos hacían rebosar el edificio de la Escuela Universitaria del Profesorado de EGB, abierto desde 1971. Comercio y Náutica eran ya titulaciones históricas en dicho distrito pero tras el cierre de Chaminade como colegio mayor, sólo quedaría uno, el de Beato Diego. En la UNED de Cádiz estudiaban en aquel curso 2.064 alumnos.

Los coletazos de la dictadura recorrían la espina dorsal de la provincia. Hasta los clubes parroquiales tenían problemas con la censura. Por ejemplo, el de Santo Domingo, cuyo grupo de teatro juvenil sólo pudo representar en una sola sesión y a puerta cerrada, en el colegio de Las Carmelitas, la obra La metamorfosis del borrego, bajo la dirección de Andrés Alcántara. En uno de sus sketches se parodiaba al Tribunal de Orden Público, trabucándole en Tribunal de Orden Puritano ante el que comparecía el mismísimo Don Juan Tenorio, que parafraseaba al original de Zorrilla:

"Llamé al búnker y no me oyó
y pues sus puertas me cierra,
de los paros y las huelgas,
responda Fraga y no yo".

Paños calientes contra el paro.
José Francisco Pedrejón era estudiante de COU cuando, con un compañero que iba para periodista, emprendió la pesquisa de localizar a los portavoces de los partidos y sindicatos en la clandestinidad. Se trataba de recabar su opinión para un reportaje sobre un fenómeno insólito y que empieza a atribular a los gaditanos, el del paro. Era fruto de la crisis del 73 y de las nuevas ordenanzas laborales que eran mucho más permisivas con el despido, pero que la población gaditana desconocía, con tal intensidad, desde finales de la década de los cincuenta. Todos dieron la cara, desde Horacio Lara, quien entonces era un cura obrero de Comisiones y al que tuvieron que dejarle aviso bajo la puerta, a José Manuel Troncoso, que aún no ejercía como alcalde de un pueblo del Aljarafe sevillano, sino como ugetista pionero, pasando por Jesús García Vidal, del Partido del Trabajo de España y viejo conocido del Tribunal de Orden Público, sin descuidar a Rafael Fenoy, de la CNT. Fuera caretas, en aquel reportaje que publicó la revista Cádiz Gráfico y en el que todos venían a coincidir en el mismo horizonte, que no se trataba de un problema coyuntural, que el desempleo iba a dar muchos dolores de cabeza.

En Jerez, a comienzos de enero, se produce precisamente una manifestación pacífica de obreros en paro, bajo pancartas bien explícitas: “Queremos trabajo” y “Queremos libertad sindical”. De inmediato, se encierran en la iglesia de San Marcos, después de una breve reunión con el alcalde. Una comisión se entrevistó también con el obispo de Jerez, monseñor Belllido Caro, que se comprometió a mediar para la solución de sus problemas.
Un día más tarde, la Delegación de Trabajo recuerda “una vez más a las empresas y trabajadores de la provincia que, de conformidad con las disposiciones vigentes, no pueden realizarse horas extraordinarias sin la previa y preceptiva autorización de la Delegación de Trabajo, en vista de la situación de desempleo”.
Cuando todavía no había llegado el ecuador de enero, un millar de campesinos se manifestaba en Arcos pidiendo simplemente trabajo. Y el 14 de enero, los viticultores de Sanlúcar protagonizaban un paro en solidaridad con sus compañeros sin empleo, pero el pulso entre el sindicato de la vid y los empresarios no se aliviará hasta el mes de marzo. Días después de aquel paro, la fuerza pública disolverá contundentemente una manifestación que pretendían emprender en Jerez trabajadores de otros sectores, en solidaridad con quienes se veían obligados a estar cruzados de brazos.

El Campo de Gibraltar estalla, el personal de Acerinox pretende que se declare una huelga general, que finalmente se plantea tanto en dicho complejo como en el de Cepsa. Y el conflicto se extiende a la factoría de Migsa, que fabrica las cafeteras Magefesa, y cuyos obreros se encierran en la iglesia de Periáñez. Acerinox termina protagonizando la primera huelga legal de Andalucía, el 23 de enero de aquel año, aunque termina tres días más tarde al llegarse a un acuerdo con la empresa.

El recalentamiento del sector naval.
En el tajo, no sólo se habla de problemas laborales. La Unión Provincial de Trabajadores del Metal reclama amnistía y derecho a huelga. Los empleados de Telefónica, en septiembre, reclamarán la de sus propios compañeros, represaliados por reclamar mejoras.

Los paros se extienden en las principales factorías navales de la Bahía de Cádiz, especialmente en Matagorda, cuyo centro de reparaciones amenazaría cierre en septiembre. Los operarios incluyen la amnistía general y libertades democráticas en una plataforma inicialmente salarial. Unos 2.000 trabajadores pertenecientes a las contratas de Astilleros se manifiestan el 4 de febrero, tan pacíficamente que, al disolverse, los congregados dieron vivas al Rey, a España y aplaudieron a la policía.

En este y en otros sectores empiezan a producirse expedientes de regulación de empleo y los conatos de huelga se extienden al transporte, mientras se mantiene el pulso del sector naval, con encierros en La Pastora y una manifestación ante el Ayuntamiento, el 7 de marzo, que termina con la Guardia Civil dando leña y practicando varias detenciones. Tras una larga racha de encierros, paros y movilizaciones, a finales de agosto, unos 10.000 manifestantes recorren sin incidentes las calles de Cádiz, en respaldo de lo que entonces se llamaba “monocultivo industrial de la Bahía”. Dos horas de reivindicaciones y pancartas, que no sirvieron de mucho.

Por si fuera poco, en marzo subió el precio del pan, de ocho pesetas por 800 gramos, ¡a 38 pesetas por kilo!. El sector pesquero también entra en crisis, desde la lonja de Barbate al amarre de la flota que, a falta de un acuerdo pesquero definitivo con Marruecos, sufre apresamientos continuos en aguas de dicho país y arrastran serias dificultades para faenar en Mauritania y Angola. Para colmo, el combustible también subía.

En vísperas del 1 de mayo, Jerez se llena de pasquines sobre dicha conmemoración  y José María Zufiaur, líder de la Unión Sindical Obrera, presenta en Chaminade el libro que ha coordinado, Presente y futuro del sindicalismo, en el que incluye un artículo de Esteban Caamaño. Mientras Construcciones Aeronáuticas, SA, solicita la derogación del Decreto 67/76 por el que inesperadamente se militariza al personal, la construcción entra en conflicto colectivo a partir del 11 de mayo, en demanda de aumentos salariales. Hay detenciones y despidos por el simple motivo de secundar la huelga, como también ocurriría en el sector del Transporte. Más de 3.000 albañiles se manifiestan el 23 de julio.
Mientras el Tiburón de Steven Spielberg abría sus fauces en el Falla, se anunciaba un verano caliente: los ATS denuncian discriminación sexual a la hora de colegiarse, los basureros  de Sanlúcar reclamaban la paga del 18 de julio y también hace crisis el transporte urbano de El Puerto de Santa María. Los trabajadores de Acero Internacional, en San Roque, temen su desmantelamiento y se declaran en huelga. En verano, el número de parados en la provincia alcanzaba ya la cota de 45.000 y la comisión que intentaba agruparles lograba congregar a un millar de manifestantes desde el Falla al Mora.

En Sanlúcar, cerca de 3.500 personas salen a la calle por la falta de fondos del empleo comunitario y llegan a plantarse en Cádiz, ante el edificio de los sindicatos. En septiembre, junto a la desembocadura del Guadalquivir, se distribuye un panfleto que apuesta por un sindicato único para el campo andaluz, lo que vendría a ser el embrión del futuro Sindicato de Obreros del Campo. Entre sus firmas, la de Francisco Casero, quien pronto protagonizará una huelga de hambre en Bornos, Miguel Manaute y el cura Diamantino García, junto con los gaditanos Gonzalo Sánchez, del Marco de Jerez, y Juan Jiménez, de Villamartín.
Con la vendimia, no sólo caen las cepas sino la cabeza política del presidente del sindicato vertical de la vid, que cesa, supuestamente, por motivos laborales pero que constituía una de las reivindicaciones de los trabajadores, a fin de sentarse a negociar el convenio.

El doctor No se fue a vivir al Gobierno Civil de Cádiz. Desde allí, lo mismo se suspende la asamblea provincial de profesores de EGB, que iba a celebrarse en Arcos, que una manifestación de la Coordinadora de Organizaciones Sindicales (COS), prevista para el 12 de noviembre, y que iba a coincidir con la convocatoria de una jornada de lucha democrática, prevista para ese mismo día a escala estatal. Numerosos dirigentes sindicales y políticos de toda la provincia pasan por comisaría para ser avisados sobre lo que podría ocurrirles de seguir adelante con dicha convocatoria. Según los medios de comunicación convencionales, la movilización no prosperó, salvo en las grandes empresas de la provincia, pero Antonio Castillo, en su historia de la transición gaditana, opina que “Cádiz fue una de las provincias más conflictivas” y la COS la calificó como todo un éxito, con una participación aproximada a 40.000 huelguistas. Los incidentes más graves se registraron en Algeciras, donde las fuerzas de Orden Público evitaron a la brava que los trabajadores pudieran manifestarse.

La inflación y el paro, galopantes. Hasta los farmacéuticos amagaban con la huelga y los funcionarios de prisiones la llevan a cabo. Los empresarios del vino barajaban la posibilidad del cierre patronal ante los paros obreros, en bodegas y lagares,  borrachos de condiciones leoninas y salarios pésimos.

Los trabajadores de San Carlos, por su parte, también querían manifestarse e integrarse en Astilleros y que se equiparase su sueldo a los de otras factorías próximas. Las discrepancias de los trabajadores se manifiestan contra el consejo de dirección de la factoría, pero no contra la dirección de la misma que, según sus representantes, “estaba realizando todas las gestiones para satisfacer las justas aspiraciones de los trabajadores”. Los efectos inmediatos de la crisis naval estaban a la vuelta de la esquina. A finales de septiembre, ya se hablaba del cierre del centro de reparaciones de Matagorda. Los representantes de la industria auxiliar se negaban a ello, pero todo parecía más perdido que el barco del arroz.


La pesca empieza a hundirse.
Por si fuera poco, subía el precio del pan. Por decreto de la Presidencia del Gobierno número 542/76 de 5 de marzo. La subida llegó a ser brutal. De ocho pesetas por 800 gramos a 38 pesetas, por kilo.

La provincia entera hacía aguas y, en Barbate, las tensiones de primavera llegan a la lonja del pescado donde los exportadores no acuden a las ventas en protesta por el aumento de las tarifas de los manipuladores. En septiembre, los representantes del sector pesquero viajan a Madrid para intentar cerrar las negociaciones del convenio hispano-marroquí que regulará los caladeros del país vecino, el punto de destino de la mayor parte de la flota pesquera andaluza y de numerosos barcos gallegos o levantinos que tenían como base a puertos tan emblemáticos como el de Algeciras, Tarifa o El Puerto de Santa María. Entre las aguas que ahora administra Marruecos, se encuentran las situadas en los bancos saharauis, que tan sólo meses antes pasaban por ser los de una provincia española. Pero el acuerdo final entre Madrid y Rabat tardaría en muñirse. Mientras en Cádiz se presenta en noviembre la primera Asociación de Amigos del Sáhara, a partir de una mesa redonda en la que participan Rafael Garófano, Nieves Martos, Manuel Calero y Vicente Delgado, los pescadores sufren apresamientos continuos en aguas marroquíes y serias dificultades para faenar en las aguas de Mauritania y de Angola. El amarre de la flota no tarda en producirse.

“La industria pesquera puede desaparecer, si no se toman medidas urgentes”, alertaba Arturo Castaño, presidente de la Cooperativa de Armadores de Cádiz. Su análisis coincidía con el de otros representantes del sector: “El principal problema que padecemos es el de las aguas jurisdiccionales. Hay que tener en cuenta que toda la flota gaditana, sobre todo la de pesca en fresco, que es la inmensa mayoría, opera en las costas de Marruecos, Sáhara, Mauritania, Senegal, Gambia e incluso Guinea Bisau. De todos estos países, en el único que tenemos pesca libre hasta ahora y no hay ampliación de aguas jurisdiccionales es el Sáhara español. Los demás, desde las 40 millas de Mauritania hasta las 200 de Senegal y Gambia, han ido ampliando en los últimos tiempos”.

En marzo de 1974, habían aumentado los precios del combustible, “con una subida tan exagerada que a los pocos días el mismo Gobierno se vio forzado a reconocerlo así”. Y los caladeros saharuis, posteriormente marroquíes, no eran adecuados para la flota de la capital gaditana, que buscaba la pescadilla, una especie ya a extinguir por aquel entonces.

Liberar a un pesquero había llegado a costar, en ciertos casos, hasta cuatro millones y medio de pesetas: “Tiran un fuera borda y detienen al patrón de costa y se llevan el rol del barco [la documentación]. A nosotros, nos dejaron a un soldado armado con una ametralladora para que siguiéramos a la lancha. A mi me dio un culatazo y me hicieron esto [señala una herida en la barbilla] por no querer darle un paquete de tabaco", declararon al activo reportero.

El camino de la reforma
. La reforma política se votó en diciembre, en un referéndum cuya precampaña fue breve. En noviembre, empieza el goteo de personalidades de la vida pública gaditana que se van pronunciando a favor de dicho proyecto, empezando por Antonio de León Manjón, presidente de la Federación Municipal de Cooperativas y de la UTECO.

En torno al proceso abierto para la reforma, Cádiz podría oír las voces de Amparo Rubiales, entonces militante del Partido Comunista de España y que fue invitada por el Centro de Cultura Popular Andaluza, o de Manuel Fraga, que ya no era ministro sino propagandista de Alianza Popular, o Afananza Pandillar, como le llamara Forges: entre aplausos y abucheos, coronó una de sus maratonianas visitas a la provincia, pasando por San Roque, Vejer, Jerez y Cádiz, donde protagonizó una charla-mitin en el colegio Salesianos armado con sus célebres tirantes rojigualdas. También Enrique Tierno Galván protagoniza un memorable mitin en el Gran Teatro Falla, poco antes de que cristalice la primera formación gaditana de su Partido Socialista Popular, con José Manuel Duarte a la cabeza, y cuyo acto fundacional, a comienzos de diciembre, tuvo que celebrarse en privado ante la prohibición gubernamental de una conferencia que se titulaba Reforma Agraria y socialización del suelo, temas prioritarios.

Javier Pérez Royo, también del PCE, se pronunciaba abiertamente a favor de la abstención en el referéndum, en tanto que Jesús Fernández Palacios, quien le había presentado la conferencia que pronunció en el Colegio de Arquitectos, aludió a los serios obstáculos que todavía encontraba la democracia en su camino. Su postura contrastaba con la de otros líderes políticos del momento, como Rafael Leña, del Partido Popular de Andalucía, quien pedía el voto favorable para dicha convocatoria a urnas.

Pero el sentir generalizado de la oposición era que la reforma iba a quedarse corta, que el referéndum era precipitado y sin garantías. Al menos, de boca para afuera: “En el fondo, todos estábamos deseando que saliera favorable”, aseguraba tiempo después el dominico Antonio Pozanco, quien entonces respaldaba a la democracia cristiana pero que luego militó en el PSOE. Antonio Dorado Soto, junto con otros obispos andaluces, ya había firmado un documento sobre la responsabilidad política de los cristianos del Sur, “frente a toda opresión, injusticia y corrupción en el país”. Ahora, la reforma que se empezaba a vislumbrar suponía “un primer paso hacia una sociedad democrática”.

Algo estaba cambiando, tal vez imperceptiblemente, cuando hasta el mismísimo Fernando Terry Galarza, ex alcalde de El Puerto de Santa María, terminaba en el banquillo de los acusados, junto con el secretario del Ayuntamiento y el jefe de la Policía Municipal, imputados por  supuestos delitos de usurpación de atribuciones, coacciones y amenazas, prevaricación, detención ilegal y exacción ilegal de impuestos. Las imputaciones no cuajaron pero la identidad de los procesados convirtieron a aquel juicio en todo un suceso, cargado de matices y de resonancias. El PSOE celebraba su vigésimoséptimo congreso abiertamente en Madrid, con el rostro de Pablo Iglesias presidiendo la portada de Cambio 16, otra de las heroicas publicaciones de aquellos días. En Cádiz, militantes de dicho partido reparten a diario ejemplares de El Socialista, con los contenidos de aquella reunión histórica que suponía la nueva puesta de largo del socialismo español. Varios delegados gaditanos asisten a las sesiones congresuales, que suponen el triunfo de la línea renovadora de Felipe González. Curiosamente, un representante del Frente Polisario acudió a la clausura del encuentro, en el que hizo su aparición una enorme bandera republicana.

La oposición al referéndum de reforma política era uno de las bazas de Coordinación Democrática, fruto de la llamada Platajunta, que había nacido de la fusión en 1976 de la Junta Democrática y de la Plataforma Democrática, con presencia de PCE, PSP, PSOE, PTE e Izquierda Democrática, que multiplicaron su actividad pública para oponerse a la reforma que era objeto de consulta. Durante un acto previsto en el instituto Columela, a donde acudieron comunistas de toda la provincia –desde el algecireño Luis Soler al portuense Carmelo Ciria–, la policía detuvo a varios de ellos, identificándoles posteriormente en comisaría.

En vísperas de dicha convocatoria, el Grupo Drago denunciaba que se había coaccionado a ciertos sectores para que votasen a favor en dicha convocatoria. Para dicha asociación, el hecho de que numerosos partidos sigan siendo ilegales, restaba garantías a la fiabilidad del escrutinio, aunque reconocen que el proyecto de ley  “es un avance cuya valía depende mucho de las medidas reales sobre libertades públicas, de partidos, etc...”.

En Cádiz, la jornada electoral fue de calma chicha. A media tarde se había superado el 75% del censo, Zahara de la Sierra polarizó la abstención y Ubrique registró el mayor porcentaje de votantes. El 81% de los gaditanos votó a favor y la abstención se situó en el 19%, por debajo de la media del país. Los votos favorables (95,6%) aplastaron a los del búnker, que apenas cosecharon un 1,7% de los sufragios. La reforma salió adelante en todo el país y la democracia avanzaba como los caracoles. En palabras de Adolfo Suárez, sin prisa pero sin pausa.

Por aquel entonces, se tramitaba la legalización de la primera asociación feminista de la provincia, la Asociación Gaditana de la Mujer. “Adulterio, no; divorcio, sí”, era el grito que empezaba a oírse en las calles españolas, en una Europa donde sólo España e Irlanda carecían de una ley que regularizara las separaciones conyugales: “No soy partidario del divorcio, sencillamente porque soy católico, apostólico y romano y no puedo aceptar la transgresión de una ley que fue dada por Dios. Conceptúo el matrimonio como un sacramento y no como un contrato y, por tanto, lo considero indisoluble”, afirmaba el pertinaz Jerónimo Almagro, a la sazón ex alcalde, abogado y procurador en Cortes. Le tocaba parar a Renfe, los profesores de EGB celebraban asamblea provincial en Algeciras y se organizaba el Sindicato Libre de la Marina Mercante.

José Manual Duarte Cendán, del PSP, se pregunta en Arcos qué es el socialismo, y Patricio Gutiérrez Cano, del PSOE, intenta responder, en Chiclana, a la pregunta del millón: ¿qué es democracia? Fuera lo que fuera, estaba en peligro. ETA V Asamblea había reivindicado en octubre el asesinato de Juan María de Araluce, presidente de la Diputación guipuzcoana, y cuatro de sus acompañantes. Pero desmentía rotundamente que hubiera secuestrado, el 11 de diciembre, a Antonio María de Oriol y Urquijo, presidente del Consejo de Estado, quien estaba realmente en poder de los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO), en señal de “repulsa ante la farsa del referéndum fascista”. Para liberarle, exigía la puesta en libertad de algunos presos del FRAP, como Eva Forest, de ETA, como Mario Onaindía o Iñaki Múgica, de los propios GRAPO, como Fernando Viqueira, o del gaditano José María Sánchez Casas –detenido meses antes e inicialmente liberado de prisión en febrero de 1978–, Juan Carlos Delgado Decodex y José Balmón, a quienes se identificaba como militantes del PCE (Reconstituido). Era la llamada Operación Cromo, en la que también secuestraron al teniente general Emilio Villasausa Quillis, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar. Otros dos gaditanos, Antonio Quintero Sánchez y Rosa María Díaz, iban a verse relacionados, según el parte oficial facilitado a los medios de comunicación, con la preparación de ambos secuestros. Pero no fue así: ocurrió en febrero del año siguiente y, después de haber visto pregonados sus nombres, fueron liberados. Se sospechaba de ellos como militantes del Partido Comunista de España y fueron recibidos en la estación de Cádiz por unas 200 personas que portaban pancartas y cantaban Libertad sin ira.

“Comunistas de mierda” es la pintada que podía leerse en la Librería Alberti de El Puerto de Santa María, poco antes de que la policía detuviera a cuatro militantes del PCE cuando repartían octavillas junto a la fábrica de botellas de Jerez.  Antonio Palacios de Vera, Juan Pérez Pérez, José María Sanz Zambrano y Antonio Fernández Ferral reclamaban con tales panfletos la amnistía total,  libertades democráticas para todos y, en especial, la libertad de Santiago Carrillo, quien había llegado por fin a España disfrazado con una peluca, protagonizado una rueda de prensa y detenido en Madrid, el 22 de diciembre, junto con Julio Aristizábal, Victoriano Díaz-Cardiel, Jaime Ballesteros, Juan Manuel Azcárate, Pilar Bravo, Simón Sánchez Montero y Santiago Álvarez, todos ellos dirigentes del partido.

En la Plaza Esteve, de Jerez, ante el Gobierno Civil de Cádiz, y en el Campo de Gibraltar se suceden concentraciones cívicas, de mayor o menor importancia, que reclaman la liberación del veterano periodista que se convirtió en una de los demonios rojos del franquismo y cuya figura seguía despertando una profunda controversia en España. El líder comunista pasó la Nochevieja en casa, justo cuando el PCE, todavía clandestino, se ufanaba de haber cumplimentado 2.000 carnés en la provincia de Cádiz. Tan sólo unos meses más tarde, el partido iba a ser legalizado y se sabría si todo aquello iba a traducirse en votos. O en decepciones.
   
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