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1976 |
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Francisco Solano Márquez |
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Reforma o ruptura, vaya dilema |
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La muerte de Franco abre inexorablemente el camino del cambio, que el régimen pretende instrumentar desde dentro con el paripé de las asociaciones políticas, sucedáneos de los partidos históricos, mientras éstos piden desde la clandestinidad ruptura y elecciones en libertad.
Un pulso al rojo vivo. El pulso al poder establecido lo viene planteando la Junta Democrática, dominada por el Partido Comunista, promotora de huelgas y manifestaciones. En junio de 1975 el PSOE promueve la Plataforma de Convergencia Democrática, que se abre a formaciones más moderadas como Unión Social-Demócrata Española de Dionisio Ridruejo o Izquierda Demócrata Cristiana de Ruiz-Giménez, y se muestra más partidaria del diálogo con los reformistas. Pero la represión policial radicaliza a la Plataforma y provoca su confluencia con la Junta, hasta el punto de que acabarán unificándose en la denominada Platajunta.
El 23 de enero la Junta convoca una concentración en la Plaza de Cañero para pedir elecciones municipales democráticas, que las fuerzas de orden público abortan, obligando al medio millar de participantes a saltar a la plaza del Corazón de María, donde la policía intenta acallar con pelotas de goma los gritos de amnistía y libertad.
La dinámica acción-represión se repite de forma imparable, y la oposición pierde poco a poco el miedo a dar la cara. Así, para el 9 de marzo la Junta y la Plataforma convocan una jornada de luto para protestar contra la brutal represión ejercida en Vitoria por el ministro del Interior, a la sazón Manuel Fraga. En Córdoba menudean las movilizaciones, que mantienen en jaque a las FOP: trabajadores de Secem y Westinghouse celebran sendas marchas, la policía impide una concentración ante la sede del sindicato vertical, trescientos estudiantes suben en manifestación al centro de la ciudad desde la facultad de Filosofía, y otra marcha similar se inicia en Ciudad Jardín, que es abortada por los antidisturbios. La ciudad hierve, pese a que el aún diario regional del Movimiento se obstine en negarlo y titule al día siguiente que tuvo escaso eco la jornada de luto.
Y sin embargo se mueve. En las alturas del poder el presidente Arias Navarro dimite el 1 de julio desbordado tanto por la situación del país como por la propia voluntad del Rey, decidido a impulsar el cambio sin ruptura, que dos días más tarde designa a Adolfo Suárez nuevo presidente del Gobierno. La decepción y el escepticismo cunden tras el nombramiento, pero la voluntad política del converso acaba por desmentir el vaticinio error, inmenso error del historiador Ricardo de la Cierva. El cambio de Gobierno supone la salida del cordobés José Solís, la sonrisa del régimen. Antes de dos semanas, el 14 de julio, las Cortes orgánicas aprueban con bastante resistencia (245 síes frente a 175 noes y 57 abstenciones) la reforma del Código Penal, que legaliza los partidos políticos, primer paso para la normalización democrática.
En verano la Alianza Socialista Andaluza de Alejandro Rojas Marcos se transforma en Partido Socialista Andaluz, lo que provoca la airada reacción del PSOE cordobés, por considerar que dicha iniciativa presta un mal servicio a la unidad de los trabajadores que luchan por el socialismo. La réplica del PSA no se hace esperar; lamenta la desafortunada nota de un partido hermano (...) cuando son tantos los intereses comunes que nos unen y es tan grande la tarea política que tenemos por delante, y reivindica para Andalucía un partido socialista propio, que diseñe su táctica y estrategia de acuerdo con las necesidades reales de la región.
A finales de julio, el PSOE, aún en una ilegalidad tolerada, hace su presentación oficial en Córdoba. Vamos a la instauración de un socialismo de carácter humano, tipo europeo y totalmente democrático, afirma en rueda de prensa el presidente del Comité Provincial, Matías Camacho, quien anuncia la elaboración de programas para participar en futuras elecciones. Por su parte, el secretario provincial del partido, Rafael Vallejo, asegura que en lo que va de año la militancia se ha multiplicado por siete. A los pocos días los socialistas cordobeses celebran una cena en la taberna de la Sociedad de Plateros de la calle María Auxiliadora, a la que asiste el secretario general del sector renovado, un tal Felipe González.
La zancadilla del terrorismo. A finales de verano se decreta amnistía para delitos de intencionalidad política y de opinión, y Adolfo Suárez entabla diálogo con la oposición. El terrorismo, sin embargo, no da tregua, y a primeros de octubre sacude al país un quíntuple asesinato en el País Vasco, en memoria de cuyas víctimas se oficia un funeral en la iglesia de la Merced.
Otro pulso entre el poder y la oposición se vuelve a producir el 12 de noviembre, en que la Coordinadora de Organizaciones Sindicales apoyada por PCE, PSOE, PTE, JJCC y JGR convoca una huelga, cuyo resultado el diario local vuelve a minimizar, al titular Rotundo fracaso de la convocatoria de huelga, pese a ser secundada por numerosos albañiles así como en la empresa Andaluza de Cerámicas.
La publicación de la lista de los trece delegados del PSOE cordobés que asistirán al Congreso Federal del partido que se celebra en Madrid por diciembre, saca a la luz la identidad de socialistas, algunos de los cuales tendrán un creciente protagonismo en la vida política cordobesa del futuro inmediato: José Miguel Salinas, Joaquín Martínez Bjorkman, Rafael Vallejo, Matías Camacho, Rafael de la Peña, Vicente Giménez, Gregorio Monge, Ángeles Aparici, Patricio de Blas, Germán Toledo, Cristóbal Mesa, Eduardo Rejón y Manuel Monge.
Mientras los partidos históricos de izquierda van emergiendo de las catacumbas para tomar posiciones ante las convocatorias electorales que se avecinan, algunas de las asociaciones creadas al amparo del fenecido espíritu del 12 de febrero sacan pecho dispuestas a competir. Reforma Social Española (RSE) apuesta por el socialismo democrático y elige responsable provincial a Críspulo Toledano; y la Unión del Pueblo Español (UDPE), el partido promovido por Adolfo Suárez, pretende nada menos que integrar a la derecha, al centro y a la izquierda, en palabras de su presidente provincial, Francisco J. Castejón, a la sazón rector de la Universidad. Pero el proyecto con más posibilidades de aquella hornada será el Partido Social Liberal Andaluz (PSLA), que presentan en el hotel Meliá a finales de octubre José Muñiz, José Javier Rodríguez Alcaide y Cecilio Valverde.
La oposición pasa de Referéndum. Dos días antes del primer aniversario de la muerte de Franco las Cortes orgánicas aprueban la ley de Reforma Política 425 síes, 59 noes y 13 abstenciones, apuesta personal de Suárez para desmontar el viejo régimen desde dentro, que será sometida a referéndum el 15 de diciembre. La ruptura soñada por la izquierda más utópica quedará así desmontada. En la madrugada de aquella misma fecha dos desconocidos vinculados con la extrema derecha incendian el quiosco de prensa del dirigente socialista Matías Camacho, situado en Las Tendillas, una clara provocación. Los socialistas se reúnen a comer en torno a su presidente provincial para expresarle su solidaridad.
La oposición política, que no se resigna a entrar dócilmente en el juego de una reforma desde dentro, propugna la abstención activa en el referéndum, actitud que afea el gobernador civil, Isidro Pérez Beneyto, al declarar que la abstención es una cobardía. En el más genuino estilo de las campañas electorales norteamericanas las vallas invitan a participar: La democracia la hacemos entre todos. Votando. Y un pegadizo estribillo machaca los oídos a todas horas desde la radio y la televisión: Habla pueblo, habla, / este es el momento, / no escuches a quien diga / que guardes silencio. / Habla pueblo, habla, / habla pueblo, sí, / no dejes que nadie / decida por ti.
El referéndum obtiene en Córdoba una respuesta muy positiva, pues de los 438.411 electores censados acuden a las urnas 363.769 (83%), de los que el 95,8% da el sí, el 1,97 vota no, y el 1,90 deposita la papeleta en blanco. Habló el pueblo: sí, titula a toda plana el diario Córdoba, que va asimilando sin traumas la nueva realidad. Un lluvioso 2 de abril los Reyes de España bajan a Córdoba para conocer sus problemas socio-económicos. Puente Genil, Montilla, Pozoblanco y la capital figuran en el itinerario de la primera visita real, que el periódico oficial resume con una grandilocuencia de sabor franquista: Desbordante testimonio de adhesión popular en la Plaza de Las Tendillas. Pese a no ser aquél un viaje triunfal los monarcas de detienen a inaugurar la Ciudad Sanitaria Reina Sofía.
Acorde con los tiempos de cambio que se avecinan el Colegio de Médicos elige en febrero una directiva progresista que se mantendrá cinco años, encabezada por Luis Armenta y en la que figuran Balbino Povedano, Manuel Gala, Gonzalo Miño, José Aumente, Leandro Jimena y Juan Luna. El regionalismo comienza a despertar. Cuando la bandera andaluza se confunde aquí con las del Córdoba C.F. o el Betis, y la ASA reclama poder andaluz en sus pintadas subversivas, la Diputación presidida por Manuel Santolalla abandera un tímido movimiento de reivindicación regionalista desde dentro, a raíz de la conferencia Una Administración especial para la región andaluza, que a finales de febrero pronuncia en el Palacio de la Merced Manuel Clavero Arévalo, a la sazón presidente del Instituto de Desarrollo Regional.
El mensaje prende en las preocupaciones regionalistas de la Diputación cordobesa, que aglutina a todas las andaluzas para reclamar del Estado un trato económico que compense la frustración originada en Andalucía por el non nato IV Plan de Desarrollo. Fruto de ello es la creación de un Ente Regional Andaluz, con sede en Córdoba, que arranca del Ministerio de la Vivienda el Plan Director Territorial de Coordinación para Andalucía, sobre usos y actividades del suelo.
Alarcón sigue. Mientras la oposición pide elecciones municipales libres, el Gobierno convoca unos comicios restringidos de alcaldes que se celebran el 26 de enero, en los que sólo pueden participar los concejales. Se plantean como un pulso entre el contestado alcalde titular, Antonio Alarcón, y el ex alcalde Antonio Cruz Conde, al que una mayoría de concejales anima a participar; sin embargo, la traición de tres ediles mantiene en el sillón a Alarcón, por 12 votos a 9. A la hora de servir a Córdoba he preferido el fracaso a la inhibición, pero creo que en la casa de todos no se ha interpretado el sentir colectivo de la ciudad, confiesa Cruz Conde sin amargura.
¿Qué le hace al alcalde Alarcón aferrarse al sillón? El panorama al que se enfrenta no es de lo más atrayente. Los barrios obreros piden su dimisión y reclaman soluciones a problemas que, con 919 millones de presupuesto ordinario gran parte del cual se dedica a personal el Ayuntamiento no puede afrontar. Lo que le ilusiona es la posibilidad de pasar a la historia de Córdoba con la inauguración de la nueva estación de ferrocarril, que, tras superar los primeros obstáculos económico-administrativos con la eficaz ayuda del ministro montillano Rafael Cabello de Alba, los optimistas vislumbran al alcance de la mano.
En efecto, el 12 de enero, días antes de las elecciones restringidas de alcalde, Renfe presenta en Córdoba el proyecto de la nueva estación y el plan especial de reforma interior de los terrenos afectados, cuya ejecución se cuantifica en 2.300 millones de pesetas. Se asegura incluso que las obras pueden comenzar a finales de 1976 y terminar tres años después. Los aspectos más llamativos del proyecto son el soterramiento de las vías a su paso por la ciudad, el desplazamiento a Cercadilla de la estación de viajeros y el traslado de la de mercancías a El Higuerón. La financiación de las obras se llevará a cabo con la venta parcial de los 500.000 metros cuadrados de terrenos liberados, destinados a construcción de viviendas, un centro comercial, zonas verdes y viales. A lo largo del año se van resolviendo los sucesivos trámites administrativos, que dejan el proyecto en manos del Consejo de Estado para su preceptivo dictamen.
Pero la oposición política parece sentir celos de que un Ayuntamiento franquista se apunte la llamada obra del siglo, así que se opone a que las obras se financien mediante la venta de terrenos y reclama al Estado que las pague totalmente. Una utopía. Coincidiendo con el primer aniversario de la muerte de Franco, al concejal Juan Millán Álvarez que más tarde militaría sucesivamente en AP, FN y las huestes del golpista Tejero se le ocurre erigir un monumento al Caudillo, propuesta que el Ayuntamiento hace suya, abriendo para ello una suscripción popular.
El movimiento ciudadano uno de los refugios de la oposición de izquierda en época de clandestinidad va perdiendo fuerza a medida que sus líderes se van dedicando a la política a la luz del día, como es el caso de Leonardo Rodríguez, Manuel Arenas o Rafael Muñoz Peinado. Pero antes de iniciar el ocaso, a principios de aquel 1976 las asociaciones de vecinos más comprometidas con la transformación de la ciudad constituyen una Coordinadora de Barriadas, en la que los sectores más reaccionarios ven un Ayuntamiento paralelo.
Mientras la oposición política se desgañita pidiendo amnistía y libertad, la Administración periférica se aplica en la ejecución de los últimos proyectos del franquismo. Así, en junio el ministro de Hacienda, Villar Mir, inaugura la colmena administrativa oficialmente denominada edificio de Servicios Múltiples. También se fragua la puesta en marcha del polígono Guadalquivir, con capacidad para 3.750 viviendas. Pero la obra más larga y contestada de la Administración es el desdoblamiento de la Ribera, cuyo destrozo llora Antonio Gala en Sábado Gráfico: A la orilla del río que más amo en el mundo, encontré el sumo horror, y llama a los responsables ciudadanos sin amor, que han roto la belleza para convertirla en fealdad.
Antes de su salida del Gobierno el ministro Solís promete a los alcaldes de Los Pedroches una residencia sanitaria en Pozoblanco, y su influencia hace posible que la correspondiente a la zona sur de la provincia se construya en su querido pueblo, Cabra, y no en Lucena, aunque sea a costa de manipular el mapa de carreteras.
El Polo de Desarrollo se transforma en Polo de Promoción, que, según los tecnócratas, eleva las subvenciones estatales, y más tarde se crea el Gran Área de Expansión Industrial de Andalucía, que extiende los beneficios a numerosos municipios cordobeses, aunque a otros, como Priego, les subleva la exclusión. En abril se registra relevo en el Gobierno Civil, y a Mariano Nicolás le sucede Isidro Pérez Beneyto, un hombre bueno y prudente, adecuado para capear el temporal de la reforma política.
La rebelión de los trabajadores. El clima de reivindicaciones políticas, propias de la paulatina apertura, se calienta con la conflictividad laboral, casi constante a lo largo del año, motivada por la reivindicación de mejoras económicas ante la fuerte erosión que la inflación registrada en 1975 un 14% produce en el poder adquisitivo de los asalariados. Los sindicatos reclaman subidas de 17 puntos, que las empresas no siempre están en condiciones de atender, y mucho menos a raíz del disgusto que les produce la nueva Ley de Relaciones Laborales, que impide el despido libre.
Nada más comenzar el año, enero registra huelgas en Aucorsa, la facultad de Filosofía y Letras, Telefónica, banca, artes gráficas y construcción, el sector más conflictivo, al ser el más castigado por el paro, que alcanza el 41%. La fuerza pública impide a los albañiles que se reúnan en la sede del Sindicato Vertical, así que celebran sus asambleas en iglesias próximas, como San Nicolás de la Villa y Capuchinos, en las que concretan sus reivindicaciones: 6.000 pesetas a la semana, jornada semanal de 40 horas y supresión de horas extras y destajos. Diez días dura el conflicto, salpicado de manifestaciones, cargas policiales y despidos. La paz del sector se vuelve a alterar en julio, a raíz de la negociación del convenio, que se somete a la votación de 2.500 albañiles en el estadio de El Arcángel.
Los primeros meses del año también conocen paros de trabajadores agrícolas en Aguilar, penenes de institutos y de Magisterio y Atesur. Los transportistas, agobiados por los impuestos, concentran sus vehículos en la explanada del Arcángel durante cuatro días, lo que llega a producir cierto desabastecimiento. En el campo la conflictividad se recrudece en agosto, especialmente en Palma, Posadas y Baena, con frecuentes concentraciones e incitaciones a la huelga en solidaridad con los jornaleros en paro, movilizaciones que el diario Córdoba atribuye a una campaña orquestada para tratar de perjudicar las cosechas, especialmente la de remolacha.
El metal también se caldea, y los trabajadores de Secem emprenden movilizaciones en apoyo de una plataforma reivindicativa para hacer frente a la carestía de la vida. A finales del verano la sede del Sindicato Vertical es desalojada parcialmente por ruina del edificio, que requiere su apuntalamiento; todo un símbolo.
El otoño caliente se abre con una manifestación de apoyo a trabajadores expedientados de Finanzauto, que termina con las detenciones de los dirigentes sindicales Manuel Rubia y José Manuel Fuentes, lo que desencadena paros en Westinghouse, Secem y Seat, así como una jornada de lucha que el diario Córdoba despacha con el titular ya habitual, Rotundo fracaso... Huelgas de carteros, basureros y profesores de la EGB estatal, en demanda de calidad docente, completan el conflictivo año laboral.
Las adversas circunstancias que sufre la economía en 1976 no contribuyen a facilitar el proceso democratizador emprendido por el presidente Suárez. Para empezar el año el ministro de Hacienda invita a los españoles a apretarse el cinturón para frenar la fuerte inflación. Pero como las desgracias nunca vienen solas, la sequía se prolonga por quinto año consecutivo, lo que diezma los embalses e impone restricciones.
El campo sufre un mal año, especialmente el olivar, por la paralización del mercado aceitero. También la incertidumbre cunde entre las 40.000 familias que en diecisiete pueblos de la zona Montilla-Moriles viven de las viñas, pues consideran insuficiente el precio fijado para la uva, entre 8 y 8,50 pesetas. A punto está de suspenderse la Fiesta de la Vendimia, pues la uva no está para celebraciones.
Un reportaje de R.C. (Rafael Campiñés, seudónimo de Sebastián Cuevas) en el semanario Sábado Gráfico bajo el título «Córdoba, cementerio atómico», siembra la inquietud en la zona de Hornachuelos, donde la Junta de Energía Nuclear (JEN) viene empleando la abandonada mina Beta de El Cabril para almacenar bidones con material radiactivo. La JEN trata de tranquilizar a la opinión pública y el prudente gobernador Pérez Beneyto, en un gesto que recuerda el baño de Fraga en Palomares cuando cayó la bomba americana, sube a El Cabril con periodistas y se fotografía junto a los bidones, como diciendo aquí no pasa nada. Pero la inquietud está sembrada y los partidos de izquierda reivindicarán durante años el desmantelamiento de las instalaciones, que, por el contrario, se potencian, aunque con mayores medidas se seguridad.
El 8 de abril la oposición tolerada celebra en Córdoba la primera manifestación autorizada por un gobernador civil, promovida por las asociaciones de vecinos frecuente tapadera de los aún ilegales partidos de izquierda, para protestar por la contaminación del Guadalquivir y, de paso, pedir la dimisión del alcalde. El problema del río lo solucionan las lluvias de otoño; pero el relevo de Alarcón tardará aún tres años.
Los estudiantes se mueven. Los estudiantes universitarios empiezan a jugar un activo papel como motor del cambio, especialmente en Filosofía y Letras, donde tienen más presencia los partidos de izquierda, y el 21 de enero celebran una asamblea, cifrada en 1.500 asistentes, en la que acuerdan exigir libertades democráticas, amnistía general, participación en el gobierno de la Universidad, mejora de la calidad docente y dimisión del rector, consigna que gritan ¡Castejón-dimisión! en la manifestación que se dirige al Rectorado.
Pero la verdadera necesidad de tan precaria Universidad es el equipamiento inmobiliario. Los estudiantes de Medicina llevan cuatro años sepultados en los sótanos del Hospital General por falta de facultad propia, así que hartos de soportar tan deficientes condiciones inician el 16 de febrero un paro indefinido al que no tardan en sumarse los estudiantes de Ciencias, que soportan una situación similar. Las autoridades reaccionan pronto y bien, y una semana más tarde están en el despacho del ministro planteándole las necesidades: construcción de la facultad de Medicina, terrenos y proyecto para la de Ciencias y creación de la facultad de Derecho. Pocos días después baja a Córdoba el subsecretario del Ministerio a la sazón, Manuel Olivencia para conocer in situ las necesidades.
El gerente de la Universidad cifra en 1.800 millones su equipamiento, y el Ministerio no los tiene. El decano de Filosofía y Letras, José Manuel Cuenca Toribio, pone el dedo en la llaga: Creo que la creación de la Universidad de Córdoba ha respondido a un planteamiento político, no a un planteamiento real de necesidades educativas (...) Fue creada un tanto artificialmente, y por ello padece una serie de defectos de muy difícil solución (...). Es una especie de premio de consolación en una época en que el Ministerio repartía generosamente universidades por toda la geografía española. Más claro, agua.
Pese a todo, algo se consigue: se consolida la sección de Derecho del colegio universitario; se subastan las obras de Medicina; se logra la cesión de terrenos para la de Ciencias; y se inauguran los colegios mayores de las Cajas, un equipamiento de nivel europeo.
El acontecimiento cultural del año es el I Congreso de Historia de Andalucía, promovido y dirigido por el profesor Cuenca Toribio, que tiene por objeto la revisión histórica de nuestra tierra ante el despertar del sentimiento regionalista, y cuya celebración coincide con el referéndum de la reforma política. Los artistas trabajan. Antonio Povedano lleva al Ateneo de Madrid sus retratos imaginarios; Pedro Bueno obtiene el prestigiado trofeo Zahira de Oro; Ángel López-Obrero celebra sus bodas de oro con la pintura plasmando la desolación de las casas abandonadas, pues estamos asistiendo a la muerte de una Córdoba entrañable, lamenta; y el escultor Aurelio Teno pone una pica en Washington, donde los Reyes de España inauguran su monumento a Don Quijote.
Entre los libros de autores cordobeses el año alumbra La Mezquita de Córdoba y el Icomos, de Manuel Nieto Cumplido; la Poesía Completa, de Pablo García Baena; Los proscritos, de Sebastián Cuevas; y Pueblos cordobeses de la A a la Z y Guía secreta de Córdoba, del periodista Francisco Solano Márquez.
La piqueta amenaza al Gran Teatro. 1976 es también el año en que se salva de la piqueta el Gran Teatro, inaugurado en 1873, cuya demolición habían solicitado sus propietarios. Sería una puñalada para la cultura, se alarma José Tamayo, a su paso por Córdoba. El Ayuntamiento carece de argumento legal para denegar el derribo, pero el concejal de Cultura y director de la Escuela de Arte Dramático, Miguel Salcedo Hierro, propone al pleno la apertura de un expediente de expropiación forzosa como edificio de utilidad pública, suficiente para denegar el derribo.
El paulatino clima de libertad también alcanza a la carne, que en teatro y en cine se va liberando de la represión impuesta por la censura del nacionalcatolicismo. Los actores de Hair enseñan el culo, con perdón, Victoria Vera muestra sus pechos en ¿Por qué corres, Ulises?, de Antonio Gala, y el cine prosigue su destape físico y mental; clásicos prohibidos como El gran dictador, de Chaplin, conviven en la cartelera con los subproductos eróticos para alimento de reprimidos.
Pero el escándalo cinematográfico del año lo protagoniza La querida, mediocre película de Fernán Gómez interpretada por Rocío Jurado. La publicidad de su estreno publicada en el Córdoba incluye unas frases extraídas del film En Andalucía somos mujeres a los 11 años... A las tontas les hacen un niño. A los 15, quien no ha estado con uno es porque es un marimacho o una burra que provocan la airada reacción de la Asociación de Padres de Familia Numerosa y una denuncia por presuntos delitos de calumnia o injuria a las jóvenes andaluzas. El fiscal sienta en el banquillo al director, al guionista, al exhibidor e incluso al director del Córdoba, Federico Miraz, procesamientos que meses más tarde el juez dejará sin efecto. |
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