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1976 |
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Antonio Ramos Espejo |
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El año de Federico |
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La oposición se atrinchera, antes y después, en torno a El Cinco a las Cinco en el último año de la dictadura. Federico vive en Fuente Vaqueros. “Lens amigo...” gritan estudiantes y obreros en el Hospital Real, convertido en cuartel de clandestinidad. Camelamos naquerar representa la liberación del pueblo gitano, en el Cerro del Sombrero son cazados como conejos 54 trabajadores en otra redada de represión, nace el Club Larra, un espacio liberado para demócratas, Adolfo Suárez prepara la Reforma Política y José Martín Recuerda ensaya su proclama de ¡Amnistía y Libertad!
José Martín Recuerda, que este año ha recibido el premio nacional de Teatro “Lope de Vega”, está a punto de estallar. Escribe con el corazón a borbotones, con el lenguaje de la pescadería, que el hijo de El Ronco aprendió de niño, ya sin miedo, que hace muchos años que también le dieron con las armas de la censura, de la mordaza, de la calumnia, de las intransigencias: El Cristo, La Llanura, Las salvajes en Puente de San Gil... y se prepara para salir del silencio.
Además de tener a los ingleses en el Peñón de Gibraltar, a los americanos en Rota, al duque de Wellington criando perdices en sus haciendas granadinas, los capitostes dentro y fuera de Andalucía trapicheando con sus hombres y riquezas, ahora resulta que se nos ha colocado una especie de base en forma de cisma y negocio espiritual, la de la beatería internacional, que tiene ya a Clemente Domínguez, de obispo en El Palmar de Troya, ordenado por el obispo vietnamita Ngo Dinh Tuhc. No quedaría ahí su ascenso a los cielos, porque dos años más tarde, será proclamado Papa, con sede en Sevilla y con el nombre de Gregorio XVII. Y aquí nos encontramos que, unida a la imagen real de una Andalucía exportadora de mano de obra, esta otra, también productora del subdesarrollo de santos, mártires, videntes estigmatizados y curanderos, que forman la Europa tradicionalista, cristoguerrillera, lefevriana y clementina. En 1968, lejos de París, en la Sevilla de María Santísima, Clemente hace su revolución con nuevos pastorcillos, que renuevan el milagro de la aparición de la Virgen sobre un lentisco. Y no es sólo la Inmaculada Concepción la que llama entonces a la puerta del sacristán, hoy obispo, mañana papa, sino que es directamente Dios, quien le transmite mensajes para que Franco restablezca la fe en España y funde la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz.
Antes de que Clemente organizara su grey, el madrileño don Saturnino Molpeceres, párroco de Cónchar, localidad granadina entre Cozvíjar y Albuñuelas, había montado su espectáculo con Margarita de Jesús, beata, santa, iluminada, que responde a la identidad civil de Dolores Ortega: “Si no fuera por el Señor, a Margarita y a mí nos hubierais quemado en la plaza”, decía apocalípticamente don Saturnino a sus feligreses. El caso de Cónchar nació antes que el tinglado de El Palmar. Al principio ambos gozaban de la misma clientela, pero el chiringuito de Clemente inició el despegue y dejó a Cónchar sin arte ni parte en este negocio. A la altura de este 1975, don Saturnino, que tiene a su beata durmiendo, dice, en una cama con púas y se le aparece el Sagrado Corazón de Jesús, monta un escándalo en “Hora 25” para denunciar el fraude de Clemente y llamar la atención. Pero no le da resultado. Agustín Cañete, en Granada Semanal, le había desmontado ya los trucos. Pero todavía sigue allí, con la población amedrentada y su beata vestida con el hábito de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro con otras quince mujeres, casadas y solteras, que forman la corte del ultramontano cura madrileño en un rincón olvidado de Andalucía. En estos lugares recónditos es donde florecen más los pillos y santones, con respeto, si acaso, a algún caso de la cofradía de los segundos. Ya Federico García Lorca se inspiró en el Cristo de Moclín para su romería de los cornudos de Yerma; tradición que recogió Martín Recuerda en el mismo escenario, con su Cristo, inspirado en el cura que rasgó el cuadro con la imagen que, a su juicio, se profanaba en una romería de bacanal. Los curanderos que proliferan por los límites montañosos de Granada y Jaén se heredan la gracia, que les transmite el Cristo de las Yermas: al Santo Custodio, al Santo Manuel, al Santo del Molinillo.... Pero ni Granada, ni Andalucía, ni España, están para milagros; aunque Fray Leopoldo de Alpandeire ya ha hecho el suyo y va camino de subir a los altares, que bien se lo tenía ya merecido. Lo sabe Martín Recuerda. Que una dictadura no se borra así como así y menos con un gobernador como Menéndez Manjón, que no deja de prohibir, multar y encarcelar. Antonio Morales Souvirón es el nuevo alcalde de Granada y su predecesor, José Luis Pérez Serrabona, preside la Diputación; y ambos, además, son nombrados procuradores a Cortes. El pintor Maldonado recibe el encargo de hacer el retrato del Rey, que sustituirá al de Franco en el salón de plenos. Con el frío de enero le llega a Isidoro Moreno, antropólogo de la Universidad de Sevilla, dirigente del PTE de Andalucía, una multa de 500.000 pesetas por desafiar el orden establecido y pronunciar la conferencia, anunciada en el ciclo programado en Ciencias, en el que están también prohibidos Alfonso Carlos Comín, Ramón Tamames y Luis Uruñuela. Peor aún lo pasan Concepción Jiménez Játiva y María Antonia Marín Murga, de la joven Guardia Roja, procesadas y encarceladas por la jurisdicción militar por repartir pro-paganda de la Unión Democrática de Soldados. (Concepción, que fue la última presa política en salir en libertad, tenía 18 años y había aprobado en prisión el primer curso de psicología). Al fin, José Aumente puede hablar en el aula magna de Medicina sobre regionalismo andaluz, y José Saborido, casi recién salido de la cárcel por la amnistía del Rey, hace lo propio en el Hospital Real: “No queremos más leyes sindicales, queremos libertad sindical”.
La Facultad de Letras, en el Hospital Real, se convierte en un cuartel de clandestinidad, en un espacio sagrado para la oposición bajo la responsabilidad de un hombre singular: el decano Jesús Lens. En aquellos largos y espacioso pasillos en los que se montan espectáculos musicales, con la participación de Carlos Cano, o el dúo Justo Navarro y Carlos Rosales, o Manuel Gerena, o Menese, o la presentación del libro Jondos seis con el albañil y trovero Miguel Burgos Única, Francisco Javier Egea, J. G.Ladrón de Guevara, Rafael Guillén, José Heredia Maya y Juan de Loxa; se representa Los palos, del grupo La Cuadra, de Salvador Távora, o una exposición de Juan Vida, se muestran las nuevas tendencias de diseño de Mariano Maresca o Julio Juste, los primeros poemas de Luis García Montero, se ve desfilar a estudiantes y obreros, que corean el nombre del decano “¡Lens, amigo, estamos contigo...!”. Lens, castellano, catedrático de Latín, es uno de los personajes, que se suma a la causa con un entusiasmo y un valor extraordinarios. Cuando he querido recordar su historia –hacía unos años que lo había visto en una playa de Carchuna con su familia y rememoramos aquella etapa– me he tropezado con una noticia desagradable: hacía unos meses que había muerto, de forma repentina, en aquellas aulas en las que dejó escrito con nombre propio una página de esta crónica. Pasado el torbellino de la clandestinidad, Lens se retira discretamente al bando de los héroes anónimos. Camelamos naquerar. El flamenco se asoma a la injusticia histórica del pueblo gitano. El 20 de febrero se estrena en la Facultad de Ciencias Camelamos naquerar. La rebelión gitana se asocia a la oposición franquista y lo hace con la garra primaria del instinto de libertad, que siempre le fue denegado, sobre un escenario para aportar un espectáculo diferente, la obra que mejor representan la humillación de un pueblo. Con guión y texto de José Heredia Maya, el gitano poeta, el gitano profesor, el gitano creador de una obra vanguardista; con la dirección e interpretación estelar de Mario Maya, al que acompañan en el escenario Concha Vargas, Gómez de Jerez, Antonio Cuevas El Piki, Paco Cortés y Pedro Escalona. José María Ojeda es el productor y el estreno está patrocinado por Extensión Universitaria de la Universidad de Granada, que dirige el profesor José María Valverde. Ésta es otra zambra, “una propuesta de arcángeles morenos”, la ruptura entre la complacencia o la sumisión y la denuncia de un pueblo milenario, sometido a persecuciones igualmente milenarias. Un espectáculo de ritmo y escalofríos, que marca Mario Maya, en la obra de su vida, de su vida más auténtica y se ponen los pelos de punta por los escenarios por donde pasa, desde allí por España y el extranjero sin librarse de las amenazas del loco Partido Racista Democrático, cuando aquel Sacromonte en vivo, que representa a todos los gitanos del mundo, oyen en un desplante histórico, de revulsivo artístico y revolucionario, las pragmáticas criminales que se dictaban contra su pueblo: “Los egipciacos y calderos extranjeros, durante los 70 días siguientes al pregón, tomen asiento en los lugares y sirvan a señores que les den lo que hubieren menester y no vaguen juntos por los reinos: o que al cabo de sesenta días salgan de España, so pena de azotes y destierro la primera vez y que les corten las orejas y los tornen a desterrar la segunda vez que fueren hallados”.... (De los Reyes Católicos), y sin cesar, que los “cerquen, prendan o maten” (Felipe IV, 1633); que se ordena “cazar a los gitanos por el hierro y por el fuego” (Felipe V, 1745); y hasta nuestros días, desde 1942, “se vigilará escrupulosamente a los gitanos, cuidando mucho de reconocer los documentos que tengan, confrontar sus señas particulares, observar sus trajes, averiguar su modo de vivir y cuanto conduzca a formar una idea exacta de sus movimientos y ocupaciones, indagando el punto a que se dirigen en sus viajes y el objeto de ellos”. Cada gitano que se revolvía en su butaca pensaba en la historia de su propia familia en Granada, en una provincia, en la que se recuerda a aquel cabo Bedia, con largos bigotes, y a otros guardias civiles por el estilo que sembraron el terror entre los padres y los abuelos de los que estallan ahora con los versos de Heredia Maya: Pero ya no aguanto que no aguanto más porque hasta las fieras del monte luchan por su libertad.
En esta Granada sorprendente, y a raíz de esta obra que se ofrecía en teatros y en cines (con el documental de Miguel Alcobendas), llegan las fiestas del Corpus y un letrista oficial, con la más fina intransigencia del lugar, escribe una gracia racista de caroca: Obra nueva hemos tenido Camelamos naquerar Como el caló no es sabido No queremos trabajar La gente lo ha traducido.
Autor, director e intérprete de la obra, trabajadores gitanos, respaldados por numerosos ciudadanos, reaccionan con un escrito hasta conseguir que el alcalde Morales Souvirón retirara la caroca después de recibir a una comisión, encabezada por Antonio Lozano Heredia, que había experimentado directamente la marca del desprecio racista en los años de la posguerra. Camelamos naquerar tuvo años después un epílogo dramático. Antonio Cuevas, El Piki, que grabó un disco de homenaje a Blas Infante, Tonás de la blanca y verde, -”Yo tengo la obligación de lanzarme por la defensa de nuestro pueblo”-, producido por Fernando Miranda con letras de Heredia Maya, apareció muerto en una cuneta oscura de las afueras de Madrid. En su memoria, el periodista Rafael Villegas le brindó un homenaje con un entrañable libro colectivo, Pikiriki Pikiriki (Aljibe), porque así cantan los gallos cuando no quieren que caiga el telón: Pikiriki Pikiriki Pikiriki.
Redada en el Cerro del Sombrero. El 5 de marzo, Fraga, que ya es ministro de Gobernación, y no deja de repetir aquello de “la calle es mía”, se apunta en su historial tres muertos y un centenar de heridos al disolver la policía una manifestación en Vitoria. La oposición toma la calle, va a por todas. Así lo observa el filósofo francés Louis Althusser (nacido en 1918, en Argelia), que llega a Granada invitado por su discípulo Juan Carlos Rodríguez, a dar una lección sobre la “Transformación de la filosofía”, con un auditorio repleto de trabajadores, de la construcción y el metal que son los más activos, que acuden a escucharlo a las aulas del Hospital Real, porque hay que caldear el ambiente, porque es una personalidad, aunque no se comprenda bien lo que dice desde esa dimensión intelectual. Por la noche, en una cena clandestina, el gran Althusser comenta al grupo de comensales: “Durante mi estancia en Granada he tenido la oportunidad de darme cuenta de la existencia de unas fuerzas populares, conscientes y organizadas. He quedado muy impresionado del éxito que se está obteniendo en la lucha por la unión democrática. En Francia nos ha sorprendido la potencia y audacia con que se han desarrollado las huelgas obreras, que se han hecho en España a pesar de la represión, a pesar de los muertos de Vitoria. Es en torno a la clase obrera como se puede hacer la unión popular”. (Cuando años más tarde, supimos de la muerte trágica de la señora Althusser se nos encogió el alma. La llevaba en el recuerdo desde que la conocí en el Alhambra Palace y me dijo que los españoles éramos anchos de espaldas y fuertes como Picasso. No acabaría ahí la tristeza de esta memoria: también acabó el gran filósofo con su vida).
Un año después del encierro en la Curia, seis años de los sucesos de 1970, Granada sigue dando la campanada. Como si de los forajidos de Heny Fonda se tratara, el 24 de abril de 1976 la policía hace una de esas operaciones que tanto gusta practicar a la escuela represora de los gobernadores de Granada, con la detención de 54 trabajadores, que se encuentran reunidos en el Cerro del Sombrero para preparar las acciones del primero de mayo. Allí son cazados, in fraganti, nada menos que algunas de las presas más valiosas, de las que habían estado en la manifestación de la construcción y en el encierro de la Curia. Esta vez las multas no son tan abultadas, oscilan de las 15.000 a las 150.000. El juzgado número uno decreta prisión provisional para once de los 54: Emilio Cervilla, José Cid de la Rosa, Manuel Vega, Francisco Rute, Enrique Palma, José Jiménez, Juan Espinosa, Sergio Hernández, Francisco Álvarez, Antonio Moreno y Rafael Rodríguez. Las detenciones siguen con Luis López García y Antonio Ávila González, además de siete mujeres, esposas de los trabajadores del Cerro del Sombrero, acusadas de formar piquetes para organizar una huelga en el sector de la construcción y de pertenecer a la Asamblea de Mujeres que un año antes se había constituido en el Hospital Real.
Al salir de la cárcel, José Cid de la Rosa, líder de CC OO. relata el momento de la detención: “De pronto nos vimos rodeados. Nadie se movió. La gente estaba tranquila, excepto algunos que empezaron a inquietarse. Pero nadie corrió. De haberlo hecho, no sabemos qué hubiera ocurrido. Igual te aplican la ley de fugas. Algunos recibimos malos tratos allí mismo. Un puñetazo en la cara, alguna que otra patada, traqueones... A mí me pegaron, delante de 17 compañeros, a los que les decían que yo era un vago”
El Cinco a las Cinco. Antes de llegar a aquella cita histórica de Fuente Vaqueros, el homenaje a Federico García Lorca tiene una larga gestación. Se viene preparando desde que decide organizarlo, en octubre de 1975, la Peña El Realejo. Su presidente, Juan Antonio Rivas López, junto a Antonio Rodelas, el alma de aquel invento, y Luis Martín Altozano, un joven estudiante de Derecho, extienden la convocatoria a sectores más amplios de la ciudad: primero acuden a la cita José García Ladrón de Guevara, Rafael Fernández Píñar y Afán de Rivera (joven estudiante de Derecho que había sido ya captado para el PCE junto a José Luis Inchausti) y el autor de esta crónica. De la siguiente convocatoria surge la Comisión de los 33: Cayetano Aníbal (escultor); Juan Manuel Bra-zam (pintor); Eduardo Castro (periodista); José Cazorla Pérez (catedrático de Derecho Político); Antonio Checa (periodista); Rafael Fernández-Píñar (estudiante de Derecho); Rafael Guillén (poeta); José Heredia Maya (poeta); Antonio Jiménez Blanco (abogado); Antonio Jiménez Millán (profesor de Literatura); José García Ladrón de Guevara (escritor); Juan Jesús León (poeta); Nicolas M. López Calera (catedrático de Filosofía del Derecho); Juan de Loxa (poeta); Mariano Maresca (profesor de Filosofía del Derecho); Luis Martín Altozano (estudiante de Derecho); Francisco Martín Morales (humorista); Ricardo Martín Morales (periodista); Enrique Morón (poeta); Justo Navarro (poeta); José María Ojeda (promotor de actividades culturales); Jerónimo Páez (abogado); Buenaventura Porcel (industrial de hostelería); Antonio Ramos Espejo (periodista); Juan A. Rivas López (catedrático de Lengua Inglesa); Antonio Rodelas (poeta); Antonina Rodrigo (escritora); Juan Carlos Rodríguez (profesor de Literatura); José Carlos Rosales (poeta); Juan José Ruiz Rico (profesor de Derecho Político); José Salobreña (pintor de Fuente Vaqueros); Andrés Soria Olmedo (profesor de Literatura); José Luis Valverde (catedrático de Ciencias).
Después de muchas reuniones clandestinas en el Realejo, la comisión decide hacer público el manifiesto firmado por los 33 promotores del anunciado homenaje, que había decidido elegir la fecha del nacimiento del poeta, en lugar del día de su asesinato, para pasar la censura sin complicaciones añadidas. Texto de la Comisión organizadora (Marzo de 1976): “En los primeros días de la Guerra Civil, Federico García Lorca caía ejecutado en el barranco de Víznar. Se ha dicho que para dar muerte a un poeta, muerte verdadera, hay que matarle dos veces: una con la muerte, y otra con el olvido. Por ello, y porque creemos llegado el momento de reivindicar su memoria y la de cuantos cayeron entonces en iguales circunstancias, os convocamos ahora, como amantes de la justicia y de la libertad, para rendirles público homenaje en el mismo lugar e idéntica fecha en que Federico naciera hace 78 años: la plaza de Fuente Vaqueros, el próximo día 5 de junio, a las cinco en punto de la tarde. Es nuestra intención romper allí, y para siempre, un silencio forzado hasta hoy. Y proclamar, con la fuerza de la solidaridad, el manifiesto de la reconciliación, que nos permita construir la Es-paña de todos y para todos los españoles. Para lo que os pedimos vuestra adhesión y vuestra presencia”.
Llegan las adhesiones: Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Luis Buñuel, Dámaso Alonso, Manuel Ángeles Ortiz, Antonio Gala, Gerald Brenan... hasta seis mil más. El 1 de mayo muere Francisco García Lorca en Madrid. Su muerte significa una pérdida irreparable para su viuda, Laura de los Ríos, para sus hijas, y para toda la familia. Antonio Gallego Morell, que dos meses después se convertirá en el nuevo rector de la Universidad de Granada, recuerda su figura como profesor de Literatura “En la muerte de Francisco García Lorca” e igualmente lo hace Manuel Orozco: “...Paco era la serena mesura del desmesuramiento de su hermano, y como la inteligencia junto al genio” en Añoranza de Francisco García Lorca (Ideal, 9 de mayo de 1976). Queda Isabel. Concha, la otra hermana, viuda del alcalde socialista Fernández Montesinos, había muerto en accidente automovilístico el 20 de abril de 1965.
El 4 de mayo aparece un nuevo periódico en Madrid: El País, dirigido por Juan Luis Cebrián, que ayuda a dar a conocer el homenaje a través de su corresponsal en Granada, Antonio Checa Godoy. El nueve de mayo, se produce la matanza en Montejurra: un joven asesinado y 20 heridos de bala por los extremistas partidarios de don Sixto. El ambiente está muy enrarecido.
El 12 de mayo se presenta en el Gobierno Civil el escrito solicitando el permiso para el homenaje. El ministro de Gobernación, Manuel Fraga Iribarne, concede el permiso con la condición de la limitación de media hora y con un guión previo del acto. Le da tiempo a la derecha granadina de sacudirse la mala conciencia, si es que la tenía así, para organizar una petardada de homenaje en Fuente Vaqueros, en el que interviene de estrella invitada el ex ministro Julio Rodríguez que recita un poema de su propia cosecha con corceles negros sobre la Vega de Granada; y se coloca una placa en la calle Trinidad, donde había nacido el poeta, a la que se le pone su nombre. En las fechas previas, Granada se llena de Lorca: exposición de La Barraca en el Hospital Real, con los supervivientes del grupo: Carmen García Lazgoyti, Carmen Galán, José Caballero, que trae además unas palabras grabadas de Rafael Alberti...; circula también “81 viñetas para Federico García Lorca”, del Equipo Andaluz de Tebeos (Pepe Titos, Rubén Garrido, Fernando Guijarro...), con actos literarios (Lola Gaos, Giner de los Ríos, José Luis Cano...) y políticos.
Amanece el día soñado. Media hora de libertad vigilada. Todos los caminos que llegan a Fuente Vaqueros están controlados por policías y guardias civiles, apostados incluso sobre los tejados. Aquello no es un homenaje; aquello parece una guerra. Hasta que surge ese momento de liberación y entusiasmo con la voz de Pepe Guevara: “¡Federico García Lorca está vivo! ¡Vive Federico¡”, con la respuesta de diez mil gargantas: “¡Está vivo!, ¡Está vivo! ¡Está vivo!”. Un policía, al pie del escenario, controla cada minuto que pasa de los treinta concedidos. Habla también Juan A. Rivas, aunque no estaba en el guión, que lee un escrito de Coordinación Democrática, y se anuncia que se va a oír el mensaje grabado de Rafael Alberti, con La balada del que nunca fue a Granada, y el público corea su nombre y grita “¡Amnistía, libertad!”. Recitan con emoción dos actrices, cuyas voces se quedan registrada en la histórica plaza: Aurora Bautista, Arbolé arbolé; y Nuria Espert, A las cinco de la tarde... Manuel Fernández Montesinos habla en nombre de la familia del poeta, de sus tías Isabel y Laura, que no pueden resistir esta emoción y siguen el acto desde la Huerta de San Vicente: “Amigos, reclamar justicia es una de las finalidades de este acto. La justicia para con Federico García Lorca”. Se extiende Manolo, pasa el tiempo, se le advierte de que el policía está a punto de cortar y cuando acaba, en lugar de Blas de Otero, el poeta catalán José Agustín Goytisolo, que tampoco estaba en el guión, da un salto, se planta ante el micrófono y recita el poema La libertad es más que una palabra, que dedica a la memoria de Oriol Soler Subráñez (fundador del Movimiento Ibérico de Liberación, que fue tiroteado en 1974 pocos metros antes de cruzar la frontera francesa): Muerto a muy pocos metros de la libertad . Y por fin, la voz esperada. “¿Dónde está Blas de Otero?”. “Con el estudiante y con el obrero”. El poeta, que venía de Orihuela de asistir al homenaje a Miguel Hernández, con la voz casi apagada por la enfermedad, se crece bajo el intenso sol de la tarde y recuerda que fue en Bilbao donde conoció a Federico: y a todos los que aquí estamos intentando borrar la sangre y escribir con tu sonrisa escandalosa rodeada de banderas blancas verdaderamente blancas verdaderamente rojas verdaderamente verdaderas
Entre gritos, aplausos, banderas, y globos el policía controlador apaga el cronómetro. El ambiente de guerra se transforma en un mensaje de paz, en una fiesta popular. Por la noche, se da rienda suelta en el Hospital Real al desahogo político con el primer mitin de Granada, probablemente el más importante de la transición española hasta ese momento, con la representación de todos los partidos políticos de la oposición y un colofón de canciones de Elisa Serna y Ricardo Cantalapiedra sobre las banderas verdaderamente verdaderas, que Blas de Otero había dejado sembradas para siempre en la plaza de Fuente Vaqueros. Pero el Gobierno Civil no pasa por alto el éxito político del homenaje. La represión aparece de nuevo con multas de 200.000 pesetas a José Agustín Goytisolo y Juan A. Rivas por haber intervenido en el homenaje sin permiso gubernativo y otra de 10.000 pesetas a Juan de Loxa, por la conferencia “García Lorca y viva España: poema de grana y oro: 1936-1976”.
¿Dónde dejaste a Javier, nuestro hermano? Un mes después del homenaje a Lorca, Adolfo Suárez accede al poder y al poco tiempo se produce el relevo, al fin, en el Gobierno Civil: se va Menéndez-Manjón, ascendido al mismo puesto en Guipúzcoa, de donde pocos meses después, creyendo que estaba aún en Granada, tuvo que salir por pies. En los 28 meses que estuvo el inolvidable gobernador en la casa de la Gran Vía impuso más de quince millones de pesetas en multas y mandó a la cárcel a decenas de personas. En la comida que le ofrece la Granada oficial, el ex alcalde y presidente de la Diputación, Pérez Serrabona y Sanz, le dice a Menéndez-Manjón: “Tú has sido el paladín de la libertad”.
La madrugada del 13 de agosto, Francisco Javier Verdejo Lucas y tres compañeros más son sorprendidos por la Guardia Civil cuando realizan una pintada en el barrio almeriense de El Zapillo, en las afueras de la ciudad, en dirección al Cabo de Gata. Javier está escribiendo la pintada “Pan T...” y no puede completarla (Trabajo y Libertad), porque le alcanza la bala de un guardia civil que dispara sobre un cuerpo de 19 años. La víctima estaba estudiando en Granada y militaba en la Joven Guardia Roja. Un asesinato que, como los de los albañiles de Granada en 1970, queda impune. Desde Granada, y desde la solidaridad y la militancia, el poeta Antonio Carvajal escribe: Di, noche, amiga de los oprimidos; Di, noche, hermana de los proletarios, ¿dónde dejaste a Javier, nuestro amigo? ¿dónde dejaste a Javier, nuestro hermano? Verde lo dejó, junto al mar tranquilo. Joven le dejó, junto al mar callado.
El nuevo gobernador civil de Granada del Ejecutivo de Suárez, José María Fernández y Fernández del Río, arquitecto valenciano, llega a la ciudad justo la tarde que se celebra el funeral en San Ildefonso y una manifestación de protesta por la muerte de Javier Verdejo. La manifestación es disuelta con la contundencia acostumbrada. Entre los damnificados que reciben leña y son retenidos durante unas horas figuran los periodistas y escritores Pepe Guevara, Eduardo Castro, Inmaculada de la Cruz y Fernando Guijarro. Pero no hay derecho. Habían matado a un joven estudiante de Granada. No hay derecho, sonará insistentemente en nuestras conciencias la canción que Aguaviva canta con la letra de rabia y atrevimiento de Juan de Loxa: Pan y trabajo, siempre se escapa el tiro pa los de abajo. Qué mala pata, no les saliera el tiro por la culata.
El ritmo político sigue su curso. ASA se convierte en Partido Socialista de Andalucía, Manuel Clavero lanza el Partido Socialista Liberal Andaluz (PSLA) y aparece también otra tendencia andalucista con el Movimiento Socialista de Andalucía, de Primitivo de la Quintana, que tiene de líder en Granada a Adolfo León, un hombre entusiasta, que le pone corazón y lágrima a la causa de Blas Infante y que acabará en el partido de Rojas Marcos. Recalan en Granada los siete magníficos de Alianza Popular al frente de Manuel Fraga y ya es suficiente que de todos aquellos ex ministros y prohombres del régimen, don Manuel es el más moderado y el que pone tierra de por medio entre su proyecto político y los exaltados y violentos de la Fuerza Nueva de Blas Piñar.
Jiménez y Páez en el Club Larra. Es el momento de reaccionar ante el tablero del ajedrez político. Los medios de comunicación juegan tímidamente sus cartas. Patria y La Voz de Granada siguen los dictados del régimen, aunque muchos de sus profesionales estén molestos con la situación. Ideal abre un abanico más amplio de posibilidades, como tímidamente lo hace Radio Popular, de la Iglesia, y Radio Granada, de la familia Machado.
La izquierda, en una franja amplísima de partidos y sindicatos, aunque todavía clandestinos, está más definida, aunque les falta hacer fichajes aún más sólidos de los que tienen, que entre sabia nueva con nombres sonoros, como José Vida Soria, catedrático de Derecho del Trabajo, que retorna a Granada y tiene ya un pie prácticamente en el PSOE, como un fichaje estrella: de hecho se le quiere hacer inmediatamente lo mismo secretario general del PSOE que de UGT, porque había encontrado lo que era más difícil de cazar en Granada, nada menos que a un catedrático. Y había que tener la cabeza muy en su sitio y los pies muy fríos para dar ese paso de militancia, de la que los socialistas, y particularmente los obreros, presumieran de catedrático. El tanto del fichaje se lo apunta el veterano Juan Tapia, que también atrae a sus filas al magistrado José Sánchez Faba, que pronto se daría cuenta de que estaba allí como un santo con dos pistolas y emprendería el vuelo hacia un lugar más en consonancia con su filosofía política. Entregar el carné de militancia a un catedrático es como fichar a una estrella del fútbol. Había otros catedráticos libres, aunque no tan dispuestos, por diversas circunstancias, a romper su sagrada independencia: Jo-quín Bosque Maurell, Cazorla Pérez, López Calera, Javier Lasarte...
A todos esos partidos se han incorporado familias enteras, todos bajo una misma sigla o repartidos: ahí están los Alcaraz Masats, los Fernández-Nieto, los Guijarro Arcas, los Pedrajas, los López-Rejón... La extrema derecha de Fuerza Nueva prosigue en su línea de cadenas, pistolas y camisa azul oscuro, infundiendo terror, actuando impunemente. El desconcierto está en el centro o en lo que se puede definir como el centro o la nueva derecha: socialdemócratas, liberales, democristianos, republicanos, independientes, profesionales que andan por libre y tienen ganas de meter cabeza... Más los falangistas reconvertidos que quieren también, como Adolfo Suá-rez, tocar bola democrática. Facultades, colegios mayores, entre los que el del Albayzín, del Opus Dei, es el que tiene más marcados sus objetivos, con su enlace público, José Ruiz Palomino, emprendedor empresario, padre de familia numerosa, con buenas relaciones personales, que cumple discretamente con su deber y sus creencias, y el supernumerario sevillano y profesor de Filosofía del Derecho, Andrés Ollero, ya perfectamente situado.
El Club Larra juega ese papel de nuevo motor, que necesita la oposición en Granada para darse a conocer. Hasta ahora los santuarios de la oposición habían estado sólo en los colegios mayores, las facultades, en las iglesias o en las asociaciones de vecinos. Además de los despachos de los abogados laboralistas –los de Fernández-Aceytuno y Fernando Sena, González Palencia, José Cardona Martín; los de UGT, con Francisco Castellano, Rafael Ji--ménez Jaraba...– destacan otros de distintas tendencias en los que se empiezan a cocer pucheros políticos: estaba el gran despacho de Luis Angulo Montes (que optaría por la vía del asociacionismo de Alfonso Osorio), con sus hijos Luis y Miguel, con su yerno José Moreno-Dávila; y de ese árbol saldrían también hacia otros despachos y por la izquierda, los sobrinos José María Rosales de Angulo, Nicasio Angulo...; además de Felipe López Calera, Enrique Ceres Ruiz, Joaquín García Romanillos, en busca ya de alistamiento político, como lo está Andrés Villalta, que había salido de otro de los despachos clave para entender este proceso: el de Antonio Jiménez Blanco. Jerónimo Páez hereda el despacho de su padre al instalarse en Granada como especialista en temas financieros. Están también los arquitectos, pendientes siempre de las evoluciones políticas: Luis Felipe Aparicio, Pedro Salmerón, Marcelino Martín, José Luis Palomino, Eduardo Ortiz... El proyecto del Club Larra es una estrategia que sale de un dúo de abogados, sin los que es difícil interpretar muchos de los trasfondos, que se agrupan en tono a esta plataforma: Antonio Jiménez Blanco y Jerónimo Páez, a los que acompañan en la primera junta directiva Luis Felipe Aparicio, José María Rosales... Con el Club Larra, la oposición al régimen encuentra una dimensión nueva, es como pasar a una embajada, sin olvidar que estamos aún en una dictadura, sin el dictador, pero con toda la estructura de represión que se mantiene intacta en Granada y probablemente aquí más que en otros sitios. No es de extrañar que se infiltraran elementos, que la policía siguiera controlando e informando de todos los movimientos que se hacen en aquel recinto judeomasónico de nuevo cuño, que tanto juego habría de dar. Sus dos artífices se reparten los papeles. Antonio Jiménez Blanco es un abogado de prestigio, consolidado, de tendencia liberal, animal político, antifranquista de la escuela sevillana de Manuel Jiménez Fernández y Alfonso de Cossío, tiene sus ambiciones políticas; convertido ya en prohombre de centro, aunque le hace guiños a la izquierda, sabe guardar las equidistancias. Personajes como Antonio escasean entonces en Granada y se necesita provocar su salida pública o reciclar a los que desearan participar desde esa línea. Y Jerónimo Páez, más joven, formado en el extranjero, destaca ya como abogado y como un gurú de la izquierda, como lo son Juan Carlos Rodríguez en la Facultad de Letras o Juan José Ruiz Rico en la Facultad de Derecho. Jerónimo extiende sus simpatías hacia los comunistas, que quieren captar su militancia, como los socialistas, aunque éstos tiraran antes la toalla. Jerónimo es un buen partido y lo seguiría siendo.
El Club Larra es la obra política de una pareja bien avenida. Jerónimo respeta a Antonio y éste sabe que su compañero de viaje es el brazo ejecutor del proyecto, en el que ambos se dejarán la piel y los cuartos. Jerónimo y Antonio son al mismo tiempo la izquierda y el centro; la derecha ni mentarla, que ya se encarga Suárez de conectar con Sebastían Pérez Linares (sacrificado en esa operación) para que le organice el circo desde esa orilla, aunque después confluyeran casi todos en el centro, con un hombre bueno que los aglutina: el ingeniero de Montes Antonio Iglesias Casado, director del Instituto para la Conservación de la Naturaleza. Dice entonces Antonio Jiménez Blanco, convertido en una especie de padrino de la jungla clandestina, con habilidad para conectar con instancias mayores, que la democracia cristiana había llegado tarde y maltrecha a España (estaban la de Ruiz Jiménez, la heredera de la CEDA de Gil Robles, la del ex ministro Silva Muñoz...) y lamentaba que no se contara con ese modelo italiano para evitar que los políticos más jóvenes, aquellos de familias de la derecha, pasaran directamente a engrosar las filas de la izquierda. Pero para eso está el Club Larra, donde tienen la oportunidad de convivir todas las familias políticas.
Solidaridad con María Izquierdo. Habían dejado la propaganda de las vietnamitas, las octavillas panfletarias, y se disponen a cumplir con la consigna de colocar los carteles, que le han llegado de Madrid de apoyo a las jornadas de huelga general, convocada para el 12 de noviembre, por la Coordinadora de Organizaciones Sin-dicales (UGT, CC OO., USO). María es, además de socialista y ugetista, líder del sector de la enseñanza de los profesores no numerarios de la Universidad (penenes). Es la primera vez que envían de UGT carteles hechos en imprenta. María Izquierdo carga su Dyane 6 rojo de propaganda; le acompañan cuatro jóvenes estudiantes: Miguel Santaella Ruiz, Isabel Martín Salinas, Manuel Martínez Plaza y Miguel Ángel Martín Valdivia. Ha anochecido y cuando están colocando los primeros carteles sobre un muro del Zaidín se les caen violentamente los papeles de las manos: “Oímos como un sonido atronador. Nos encañonaron con metralletas contra la pared... Lo pasamos muy mal y aún peor cuando nos llevaron a comisaría, en la calle Duquesa. Nos metieron a cada uno, incomunicados, en una pequeña celda, con un espacio, que no era más grande que un retrate... horroroso; y de madrugada nos iban sacando para hacernos los trámites de la ficha, como si fuéramos vulgares delincuentes. En los interrogatorios, nosotros, en este caso yo concretamente, les decía que no habíamos cometido ningún delito, que ejercíamos nuestro derecho, que creíamos en las libertades y que estábamos informando sobre una jornada de huelga. A la mañana siguiente, me llegó un paquete del exterior, pero incompleto. Y no permitieron que me entraran el tratamiento, que yo estaba tomando por una lesión de riñón”.
“La situación, en estos casos, estaba ya más suave que cuando le dieron las palizas a Paco Portillo, o a Joaquín Bosque; pero aún así... Como no nos ponían en libertad, se produjo el encierro en la Facultad, en la calle Puentezuelas”. También caen por las mismas fechas Javier Torres Vela y, una vez más, Joaquín Bosque Maurel. En Fuente Vaqueros se constituye la agrupación socialista en un secadero de tabaco, con militantes antiguos: Juan Martín Jiménez y Francisco García Martín, El Niño de la Carbonera, que habían asumido la responsabilidad de asistir antes en Granada a las primeras reuniones para que no le pasara nada a sus hijos, por ejemplo, a Francisco Martín García, emigrante en Barcelona y Francia, que se convertirá en una pieza clave del socialismo de la Vega.
El día 11 de diciembre, el GRAPO secuestra al presidente del Consejo de Estado, Antonio Oriol y Urquijo... Cuatro días después, se aprueba en Referéndum la Ley de Reforma Política. En la campaña previa, habían sido detenidas entre Granada y Motril más de treinta personas. El día 22 detienen en Madrid a un señor con peluca: Santiago Carrillo. Es una provocación al régimen para acelerar la legalización del PCE con una intensa campaña de presión en la calle, que en Granada se celebra en un nuevo lugar de encuentro, que se llama La Garnacha. El cantaor alhameño Paco Moyano lleva ya dos semanas en prisión por haber colaborado en un recital para Socorro Rojo. Gracias a las firmas que presentan sus paisanos al magistrado José Cano, el cantaor sale en libertad el mismo día de Nochebuena: Mañanita fría del mes de diciembre varios presidiarios pasean por un patio cubierto de nieve. Hace tanta frío del alma..., que sale el vaho de la garganta de Ángel Luis Luque (recordamos la temprana despedida de este lojeño de bien) cuando canta Osú qué frío los andaluces, del poema de José Hierro, el amigo de Andalucía. Entonces sí que era necesario reaccionar y participar en los conatos de rebeldía. Carmelo Sánchez Muros recuerda en la revista Despeñaperro Andaluz que nosotros somos los más probes, los que resistieron a la emigración, los que no siguieron a los que viven ya en San Cugat del Vallés, a los que Juan de Loxa recuerda que “es preciso armarla”, con una ingeniosa chapa de hierro imantada sobre la que montar las letras desunidas de Andalucía en una rebelión de símbolos.
Las arrecogías se van a Madrid. Llega a Granada el itinerante I Congreso de Historia de Andalucía, que ha impulsado en Córdoba el profesor José Manuel Cuenca Toribio. Manuel Tuñon de Lara, que ha lanzado desde la Universidad de Pau una escuela de nuevos investigadores, dice en Ideal sobre la represión histórica que han sufrido los trabajadores andaluces y sobre el futuro que se avecina: “La línea de represión coactiva, que se ha empleado, ha sido de un grado tan alto, que ha hecho retroceder la línea del movimiento que fue muy fuerte entre 1931 y 1936” (...) “Pero, que todo esto no venga como algo que se da o se otorga, sino por el gran protagonismo de los pueblos, que cuando se pone en marcha da lugar a las épocas más fecundas de la historia”.
De ese ambiente desgarrador y al mismo tiempo ilusionante, con los muros llenos de pintadas “¡Amnistía, libertad!”, y ¡Abajo la pena de muerte!”, el granadino José Martín Recuerda se apresura a retocar su obra Las arrecogías del Beaterio de San María Egipciaca. Reflexiona sobre la pena de muerte, sobre estos momentos finales antes de que Concha Velasco, dirigida por Adolfo Marsillach, anime la escena madrileña con sus gritos revolucionarios de la nueva Mariana Pineda del pueblo español. Me confiesa entonces el escritor su estado de ánimo: “El dolor recibido de tanto tiempo, me ha hecho tomar una postura estoica ante la vida. Me han apaleado tanto... No. No es que Granada sea específicamente distinta en esto de la represión y demás. Granada es una tierra de Andalucía, y como en toda la región, dominan los grandes rebeldes y los grandes apasionados. Cuando estrené “La llanura” en 1954, totalmente desvirtuada por la censura, me dijeron: “Si hay un levantamiento huye de Granada porque te han denunciado en el Gobierno Civil”. Y el Gobierno Civil había patrocinado el estreno. Esta gran paradoja no se da sólo en Granada, sino en toda España. Cuando me denunciaron por una lectura de “Las salvajes”, denuncia que llegó hasta el Tribunal Supremo, sé que pidieron para mí hasta las tapias del cementerio o el destierro o que no pudiera ejercer mi carrera para que me muriera de hambre. Pero pude salvarme a fuerza de trabajo. No creo que este fenómeno ocurra sólo en Granada. Esto pasa en cualquier parte del mundo”.
“Cuesta trabajo reconocer a las vocaciones auténticas. Lo que sé decirte es que de mi padre he heredado un gran equilibrio para sobreponerme a todas las derrotas o triunfos. Yo sigo siendo el mismo. Jamás he tomado postura ante las cosas que me han hecho. Yo no creo ser nada. Tan sólo he luchado por lo que es mi vocación. (...) Durante todos estos años me tragaba mi dolor y compartía el dolor de la familia de cada uno de esos hombres del pueblo que han muerto por el solo hecho de ser defensores de una causa (...) Yo trabajo con un tremendo amor hacia mi pueblo. Porque se acaben todas las represiones. Porque cambien todas las instituciones viciadas. Porque tengamos la libertad para expresar con claridad nuestras vivencias, sin guerrillas individualistas, sin rencores. Mientras no se den esas condiciones de libertad a todos los niveles seguiremos siendo uno de los pueblos más atrasados de Europa, a pesar de ser también uno de los pueblos más cultos”.
Jose Martín Recuerda, el hijo de El Ronco, de la Pescadería, se dispone a llevar a Madrid el grito granadino de sus arrecogías. La amnistía está más cerca; la libertad, también. En el camino se han dejado la piel, la vida y los sueños tantos héroes del silencio...
Me acordaré de aquellos tres albañiles muertos, y muertos para siempre para sus familias, que los llevan en su corazón, Antonio Huertas Remigio, Cristóbal Ibáñez Encinas y Manuel Sánchez Mesa. Y de aquel joven de la manifestación del 70, Juan Gálvez, pura fibra en la pelea contra el franquismo, que puDo librarse de la muerte canalla de la represión, y encontró más tarde el final silencioso en el Polígono de Cartuja, donde los héroes tienen siempre la misma muerte anónima. Y me acordaré de aquellos muros de Granada, llenos de pintadas. Porque lo había metido en la cárcel un juez que le había oído decir en una mesa redonda en la Universidad “¡Abajo los cuerpos represivos!”, y aquel magistrado se vengó por donde más dolía, por lo militar. “¡Libertad, Roberto Mayoral”. Pintadas que borró el tiempo, como se arrojaron al frío del olvido algunos de los protagonistas cuando ya parecía avergonzarnos esta película de la libertad.
Angelina había dejado también el balcón abierto de Federico, desde aquel día que lo vio por última vez, ya muerto de frío, todavía en Granada, sin rendirse a la esperanza. |
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