| |
|
|
|
INICIO > PROVINCIAS > > CRÓNICAS |
| |
1977 |
| |
Francisco Solano Márquez |
| |
El estreno de la democracia |
| |
Comenzó la democracia, titula en primera el diario Córdoba del 16 de junio, periódico que pocas semanas antes, el 22 de abril, había suprimido al fin de la cabecera el yugo y las flechas que lo identificaban como prensa del Movimiento. Las históricas elecciones generales del 15-J abren un período constituyente que permitirá construir desde el consenso las bases de la futura convivencia en libertad.
Sorpresa y desilusión. Los artefactos explosivos de gomados que elementos subversivos no identificados hacen estallar sobre las seis de la mañana en el edificio de Servicios Múltiples y en la Audiencia Provincial despiertan bruscamente a los cordobeses aquella histórica jornada electoral, pero no atemorizan a los electores, dispuestos a construir la concordia en libertad. Un total de 364.730 cordobeses depositan el voto para elegir a sus representantes en el Congreso de los Diputados, lo que supone una participación del 81,87%.
En la provincia de Córdoba gana las elecciones el Partido Socialista Obrero Español, con 122.361 votos, seguido de cerca por la Unión de Centro Democrático, con 117.482, mientras que en tercera posición se sitúa el Partido Comunista de España, con 59.668. Los socialistas se frotan las manos ante una cifra de votos que no esperaban, mientras a los comunistas, por el contrario, les desilusiona un resultado que intuían mejor, fruto de su buena organización en la clandestinidad.
Estos resultados sientan en el Congreso de los Diputados a los socialistas Guillermo Galeote, Rafael Vallejo y Emilio Fernández; a los centristas José Javier Rodríguez Alcaide, Carmelo Casaño y Antonio José Delgado de Jesús; y al comunista Ignacio Gallego, veterano dirigente jiennense que encabeza la lista en Córdoba para asegurarse plaza, a costa del sacrificio de Ernesto Caballero.
El resto de los votos válidos se los distribuyen la Federación Alianza Popular, con 33.616; Unidad Socialista (PSP y PSA), 13.195; Frente Democrático de Izquierdas, 4.056; Federación de la Democracia Cristiana, 2.984; Alianza Nacional 18 de Julio, 1.718; Candidatura Independiente (centristas), 1.684; Frente por la Unidad de los Trabajadores, 1.462; Reforma Social Española, 1.413; Alianza Socialista Democrática, 923; y Falange Española de las JONS (sector auténtico), 693. Los votos nulos suman 3.647, y las papeletas en blanco 405. En el conjunto de España triunfa por mayoría absoluta la UCD, amalgama de ideologías centristas aglutinada desde el poder por Adolfo Suárez, que logra 165 escaños, seguido del PSOE con 119 y, ya a considerable distancia, del PCE, con 20, y de AP, con 17. Los cuatro escaños del Senado los adjudican los cordobeses a Matías Camacho Llóriz (PSOE), con 127.681 votos; Joaquín Martínez Bjorkman (PSOE), con 126.166; Manuel Gracia Navarro (PSOE), con 122.161; y Cecilio Valverde Mazuelas (UCD), con 104.073. (Los resultados provisionales habían adjudicado esta plaza al también centrista Miguel Manzanares López).
Con el alma en vilo. Pero llegar al 15-J no ha sido fácil en un país cuya apuesta por el cambio resulta un camino lleno de obstáculos interpuestos por oscuros elementos reaccionarios, como Juan Antonio Bardem plasma en su película Siete días de enero. La escalada se inicia con el sangriento atentado perpetrado por elementos ultraderechistas contra el despacho laboralista de Atocha, en Madrid, que se salda con cinco muertos, cuyo multitudinario entierro supone la comparecencia pública de un PCE con rostro conciliador, aún condenado a la clandestinidad; prosigue con las muertes violentas en el curso de manifestaciones de los estudiantes Arturo García y María Luz Nájera.
El 15 de abril convoca Adolfo Suárez las primeras elecciones generales, y pocos días antes, aprovechando el sosiego de la Semana Santa, echa un pulso a los poderes fácticos con la legalización el Sábado Santo del Partido Comunista, sin cuya participación electoral el proceso democratizador hubiese carecido de credibilidad. En Córdoba, y tras superar la sorpresa, un grupo de comunistas lo celebra con vino y cava en La Primera del Naranjo, bar del militante Pedro Miño. Casualmente aciertan a pasar por allí los grises, y por primera vez en muchos años los comunistas cantan La Internacional ante los agentes sin ser detenidos; no se lo pueden creer. En otros barrios y pueblos grupos de militantes se echan a la calle en coches enarbolando banderas rojas y tocando jubilosamente los claxons.
Pasarela de líderes. En los meses previos a las elecciones los medios de comunicación se llenan, e incluso se saturan, de bienintencionadas declaraciones políticas realizadas por los líderes de la derecha, el centro y la izquierda, que pasan repetidamente por Córdoba para presentar su partido, su programa electoral y sus candidatos, antes de rematar la campaña con concurridos mítines, pues la novedad de unas primeras elecciones libres atrae tanto a militantes como a curiosos. En muchos pueblos la presencia en los actos de la Guardia Civil, como garantía de orden, despierta recelos y retrae a algunas asistentes.
En precampaña Manuel Fraga visita Córdoba con aire triunfalista; José Luis Álvarez presenta su Partido Popular antes de la precipitada invención de UCD; Alejandro Rojas Marcos reivindica la autonomía cuando aún la palabra infunde tufillo separatista; Licinio de la Fuente baja a vender su Democracia Social; un descamisado Felipe González inaugura la Casa del Pueblo en la calle Juan de Mena, escoltado por Alfonso Guerra y Manuel Chaves; Manuel Clavero Arévalo funda el Partido Social Liberal Andaluz, que será la base principal en el sur de la inmediata UCD; José María Gil Robles junior presenta su Equipo Democracia Cristiana; Blas Piñar mete miedo con un acto de afirmación nacional, a cuyo término ultras incontrolados se apoderan de la bandera blanquiverde que ondea en la Diputación; Federico Silva Muñoz y Gonzalo Fernández de la Mora tratan de sobreponerse en AP al ocaso de las ideologías; y Santiago Carrillo, ya sin peluca, reúne el 11 de mayo en la plaza de toros a 20.000 personas, el mitin más multitudinario.
Ante la ensalada de siglas que la fiebre electoral desata, un colectivo de profesores entre ellos el rector Alberto Losada, José Manuel Cuenca Toribio, Juan Ignacio González Merino, Francisco Martín López, Eduardo Sevilla Guzmán y Antonio Rodero Franganillo publican en el Córdoba una Carta a la oposición democrática, en la que reclaman a los partidos de oposición la creación de un bloque democrático unitario para poder así contar con una representación parlamentaria de cierta consistencia numérica e ideológica que permita una participación efectiva en la elaboración de la futura Constitución, ante el riesgo de que elementos falsamente democráticos capitalizaran los frutos de este momento esperanzado cuya consecución tanto ha costado al pueblo español. Pero la llamada cae en saco roto.
Ya en campaña electoral los líderes bajan a Córdoba a pedir el voto, salvo Adolfo Suárez, que envía a dos notables, Joaquín Garrigues y Manuel Clavero. Por Unidad Socialista vienen Tierno Galván y Rojas Marcos; por Democracia Cristiana, Joaquín Ruiz-Giménez en cuyo mitin participa el ex presidente italiano Aldo Moro, que poco tiempo después moriría en atentado terrorista; por Reforma Social Española, Cantarero del Castillo; y por el PSOE, Felipe González. Las buenas formas presiden la campaña, hasta el punto que el gobernador Ansuátegui felicita a los candidatos por su ejemplo de concordia.
En esta campaña se da a conocer como excelente orador un maestro llamado Julio Anguita González, quinto en la candidatura del PCE al Congreso, que transmite en sus cartesianos discursos gran poder de convicción. Ojo a este joven político, dice quien le escucha. La Iglesia diocesana hace oír su voz y el obispo invita a participar en las elecciones, aunque advierte que ningún partido encarna totalmente las exigencias socio-políticas del Evangelio y admite que son posibles posturas políticas muy diferentes desde la fe cristiana.
Los albores de la autonomía. Las primeras elecciones democráticas suponen también el despertar del sentimiento autonomista, espoleado por el PSA, que ya reclama un estatuto no otorgado. El PSOE propugna la autoconvocatoria de una asamblea de parlamentarios andaluces en la que abordar la creación de un gobierno regional con poderes legislativo y ejecutivo. UCD nada entre dos aguas, y sin rechazar la asamblea regional de parlamentarios propone mantener la predemocrática Mancomunidad de Diputaciones como órgano gestor de las obras y servicios transferidos. A finales de agosto se celebra en Torremolinos la asamblea de parlamentarios, de la que sale una coordinadora entre cuyos miembros figura el futuro presidente andaluz Rafael Escuredo cuya primera reunión tiene lugar un mes después en la Diputación de Córdoba.
La coordinadora crea una más operativa permanente de la Asamblea de Parlamentarios, que tres semanas después se vuelve a reunir en Córdoba para crear la ponencia encargada de redactar el proyecto de estatuto de autonomía. También se declara el 4 de diciembre como Día de Andalucía, y se acuerda celebrar manifestaciones que apoyen en la calle el proceso autonomista, mandato que los partidos democráticos secundan con general entusiasmo y unanimidad.
En Córdoba, AP, UCD, PSOE, PSA, PSP, PCE, PTE, OIC y ORT convocan unitariamente la manifestación, sólo ensombrecida por la amenaza ultraderechista de irrumpir en ella con la bandera española. El 4-D amanece lluvioso, lo que no desanima a los cordobeses de la capital y la provincia, que en gran número 60.000/70.000 según el diario local y 150.000 según los organizadores se manifiestan desde el hotel Meliá hasta Las Tendillas, donde un manifiesto común exige la rápida institucionalización de los órganos de representación y gobierno autónomo.
Pequeños incidentes motivados por guerras de banderas enturbian la jornada, calificada como éxito histórico por el dirigente andalucista José Aumente. Así, los dirigentes de AP abandonan la manifestación en el último tramo cuando algunos participantes protestan por la presencia de banderas nacionales en algunos balcones, y, ya en Las Tendillas, el servicio de orden impide que un exaltado grupúsculo de extrema derecha irrumpa en la concentración con la bandera española. Una vez terminado el acto otra minoría extremista despliega una bandera republicana con las siglas del grupo terrorista FRAP, provocación a la que desde la sede de AP, recayente a la plaza, se responde con ondear de banderas nacionales. Pese e ello, el balance de la jornada es positivo, pues surge casi desde la nada el fervor popular por la autonomía, hasta ahora sólo reivindicada por el minoritario PSA.
Las contradicciones municipales. En medio del generalizado clima de cambio al Ayuntamiento franquista de Córdoba se le para el reloj y mantiene su propósito de erigir un monumento a Franco, extemporáneo proyecto que encuentra escasa respuesta popular en la suscripción abierta a propósito. Sólo la Caja Provincial de Ahorros, presidida a la sazón por Manuel Santolalla, acuerda en marzo aportar un millón de pesetas. La contestación política el grito de Alarcón dimisión es un estribillo habitual en las concentraciones de la izquierda y las dificultades económicas atenazan la iniciativa del Ayuntamiento, que implanta el nuevo Impuesto de Radicación y sube el agua un 61% para poder sufragar la segunda conducción del Guadalmellato. (Por cierto, la portada del primer número de Tendillas 7 modesto semanario cordobés de bolsillo creado por redactores del Córdoba disgusta al alcalde, cuya cabeza aparece agarrada, en un montaje fotográfico, por el puño del PSOE, que viene pidiendo su dimisión).
Pero la ilusión de iniciar las obras de la nueva estación parece compensar las penurias municipales. A finales de abril la Red Arterial Ferroviaria es dictaminada favorablemente por el Consejo de Estado, y dos semanas después el Consejo de Ministros aprueba el plan especial de los terrenos. Desde primeros de julio se espera que Renfe licite las obras, ilusión que se desvanece a medida que transcurren los meses. El proyecto comprende la actuación sobre 496.000 metros cuadrados de terrenos, de los que 105.000 serían enajenados en pública subasta para financiar el costo de las obras, cifrado en 3.182 millones. El propio dirigente y diputado socialista Rafael Vallejo, en discrepancia con su compañero de partido Martínez Bjorkman, califica el proyecto de paso positivo.
El año 77 también se caracteriza por el movimiento de gobernadores civiles. A finales de febrero, y tras diez meses de mandato, Isidro Pérez Beneyto, que conjuga autoridad y flexibilidad, es sustituido por Eugenio Antonio de Herrera, que apenas calienta el sillón, pues sólo permanece en el cargo cinco meses. Le releva a primeros de agosto Francisco Javier Ansuátegui y Gárate, el gobernador de la Transición en Córdoba, que suele revestir de distendida y sutil ironía un talante autoritario necesario para tutelar el cambio político en una provincia atenazada por el paro y la crisis económica. Entre los relevos de delegados provinciales la oposición recibe con júbilo el cese del de la Vivienda, el alférez provisional J. J. Rueda Serrano, que exhibe en su despacho el testamento político de Franco.
Zancadillas de la crisis económica. La normalización democrática coincide con una etapa de crisis económica que añade graves dificultades al proceso, pero el presidente Suárez trata de contener sus efectos negativos mediante la firma, el 27 de octubre, de los llamados Pactos de la Moncloa, ejemplo de consenso con partidos y sindicatos que permite superar no pocas dificultades a costa de mutuos sacrificios aceptados con resignación. La tasa de desempleo alcanza ya en Córdoba 18.000 personas, la sexta parte de la población activa, pertenecientes principalmente al campo y la construcción. Muchos de estos parados, alentados por partidos de la izquierda extraparlamentaria, constituyen la Asamblea de Parados, con cierto poder de convocatoria para movilizaciones, que suelen tener como epílogo enfrentamientos con la policía, pues el gobernador no tolera desórdenes callejeros. Una de estas manifestaciones se celebra a primeros de agosto, desafiando la prohibición gubernativa, y degenera en enfrentamientos saldados con tres detenciones, que caldean aún más el clima. La mayor manifestación de parados reúne el 9 de septiembre a 5.000 participantes con el apoyo de los partidos de izquierda y la autorización gubernativa; pero a su término grupos incontrolados hostigan a la policía y despliegan una bandera republicana con las siglas del FRAP. Trabajo sí, paro no es la consigna más coreada. Para no descolgarse de estas movilizaciones Comisiones Obreras convoca en octubre concentraciones contra el paro, tanto en pueblos como en la capital, llegando a reunir a 5.000 personas en la plaza del Mediodía. Los millones que el Gobierno destina a combatir el desempleo nunca parecen suficientes. Aquí la izquierda incurre en la contradicción de reclamar soluciones contra el paro y rechazar el proyecto de nueva estación, que hubiese generado muchos jornales.
Aparte de las movilizaciones de parados, jalonan el año laboral huelgas reivindicativas para defender el poder adquisitivo de unos salarios erosionados por la inflación, que protagonizan mineros, penenes de institutos, Aucorsa, transporte de mercancías y recogida de basuras. Coincidiendo con la campaña electoral llevan su protesta a los mítines los trabajadores de Invirsa, fábrica de hilaturas que despide, y más tarde readmite, a 550 empleados. A últimos de septiembre despunta la larga crisis de Westinghouse, empresa que, arguyendo disminución de pedidos, anuncia la reducción de la jornada laboral, ante la lógica negativa de los trabajadores, que se manifiestan ante la Delegación de Trabajo.
Entre el asociacionismo y la crisis. La muerte del verticalismo anima a los empresarios a crear asociaciones propias, iniciativas caracterizadas por la falta de unidad inicial, pues Manuel Rodríguez de Tembleque, industrial aceitero, impulsa la Asociación General de Empresarios, mientras que Enrique Lovera Porras, vinculado a la industria harinera y a la cría caballar, encabeza la Confederación Provincial de Empresarios, pero enseguida se unificarán en la Confederación de Empresarios de Córdoba (CECO).
La apertura en noviembre de Hiper luego Pryca y después Carrefour coincide con la agrupación de los comerciantes en Apepmeco (vaya nombrecito) y marca el comienzo de su estrategia asociativa frente a las grandes superficies, cuyos innovadores sistemas de venta provocarán un continuo goteo de cierres de pequeños comercios. También se agrupan los grandes propietarios agrícolas, constituyendo la Asociación de Agricultores y Ganaderos, promovida por el terrateniente Fernando Castro González de Canales, su primer presidente, que cambia más tarde el nombre por el de Asociación Cordobesa de Empresarios Agropecuarios (ACEA), mientras pequeños y medianos agricultores afines a la izquierda comunista constituyen la Unión de Agricultores y Ganaderos (UAGA). Tampoco es buen año para el campo, pues la crisis generalizada se agrava con heladas en abril y caída de precios del aceite y el algodón. La Unión del Olivar saca en septiembre 1.600 tractores a las carreteras para llamar la atención, y los algodoneros siguen su ejemplo.
Desde el Gobierno se intenta impulsar la industrialización, que contribuya a crear riqueza y empleo, mediante la creación del Gran Área de Expansión Industrial de Andalucía y la Sociedad para el Desarrollo Industrial de Andalucía (Sodian). Al amparo de ambas se pone en marcha el matadero de Industrias Cárnicas Cordobesas (Iccosa), con una inversión de 400 millones, que da empleo a 300 personas y dispone de 400 explotaciones a su servicio. Como reverso de la moneda, en Fuente Obejuna estalla el caso del matadero de la Cooperativa Agrícola, cuya oscura gestión arroja un déficit superior a los 100 millones, que la Hacienda pública intenta recuperar mediante la pública subasta de las propiedades de los modestos socios.
La democracia llega a la Universidad. Con la elección como rector de Alberto Losada Villasante cabeza de la Candidatura Democrática frente al continuismo de Castejón Calderón y la tercera vía de Medina Blanco llegan por fin aires nuevos a la Universidad de Córdoba, que es como un enfermo que se muere tras una larga agonía, aquejado por la escasez de medios, la mala selección del personal y la falta de conciencia crítica, según el diagnóstico del nuevo rector, quien se propone conseguir una universidad democrática y al mismo tiempo crítica con las estructuras socio-políticas. Sale la primera promoción de Biológicas y el profesor Cuenca Toribio pone en marcha el Instituto de Historia de Andalucía, fruto del Congreso celebrado el año anterior. Mientras tanto, en el hospital Reina Sofía un tal doctor Concha inicia operaciones a corazón abierto.
Con el restablecimiento de la democracia el prestigioso Círculo Cultural Juan XXIII pierde sentido como tribuna de una oposición política clandestina y tolerada, así que su presidente, Rafael Sarazá, recupera la función cultural, etapa que se abre con una conferencia de Enrique Tierno Galván sobre La revolución cultural. Por el contrario, otro Círculo de muy distinto signo, el de la Amistad, niega su salón Liceo al grupo teatral TEI para el estreno en Córdoba de Preludios para una fuga, cuyo tufillo comunista no es del agrado de sus conservadores dirigentes, lo que provoca la dimisión del secretario y responsable de la comisión de Cultura de la entidad, el abogado Rafael Mir. La obra se estrena al fin, con calurosa acogida de la progresía, en el Palacio del Cine. La supresión de la censura cinematográfica permite ver al fin Viridiana, de Buñuel, aunque las películas más taquilleras son Asignatura pendiente y La guerra de las galaxias.
El Lute en Córdoba. La legalización del juego levanta la fiebre del bingo: un total de 19 salas se solicitan en el conjunto de la provincia, nueve de ellas en la capital, mientras que las maquinitas tragaperras comienzan a invadir los bares como una molesta plaga de langosta, así que de la prohibición se pasa a tener juego hasta en la sopa. En vísperas de las elecciones la Feria de Mayo despide aroma de desenfadada politización. Y aunque el Ayuntamiento no autoriza casetas de partidos políticos, los de izquierda se camuflan en algunas de las existentes; así, la del Parque Cruz Conde da cobijo al PC, aprovechando la coincidencia de siglas, y oferta entre sus bebidas anís-tía. La crónica sociológica registra también la inauguración por Icona del Parque Forestal Los Villares, que garantiza la celebración de los clásicos peroles, en peligro de extinción por causa de las alambradas que van cercando las fincas privadas.
A principios del verano Eleuterio Sánchez El Lute es trasladado a la prisión de Córdoba, y unos meses más tarde le visitan los senadores Camilo José Cela y Joaquín Martínez Bjorkman con un magnetófono de bolsillo camuflado, en el que le graban una conversación que aparece publicada en El País Semanal. El director de la cárcel, José Manuel Lorenzo, se enfada muchísimo, y en unas declaraciones periodísticas acusa a los senadores de mentirosos, al sentirse engañado por el asunto del magnetófono, pues no habían pedido permiso para ello ni, en consecuencia, lo había autorizado. A los pocos días es cesado.
A lo largo del año diversos atropellos mortales en travesías desencadenan movilizaciones de protesta. El primero se produce en la carretera de Palma a la altura de Las Palmeras, donde se concentran vecinos de la zona, a raíz de lo cual el dirigente Leonardo Rodríguez es multado por el gobernador con 50.000 pesetas. Pero el mes negro de los atropellos es abril, con tres víctimas mortales en la travesía de la carretera de Madrid a la altura del barrio de la Fuensanta, que desencadenan nuevas movilizaciones vecinales de protesta con cortes de tráfico que originan enfrentamientos con la policía. Incidentes similares se reproducen, con más virulencia aún, por el mes de agosto en el Sector Sur, a raíz de otro atropello, donde jóvenes de partidos extremistas hostigan a la policía, conducta que el periódico local afea en un editorial titulado La libertad no es un juego.
Pero el suceso más alarmante del año se produce el 19 de abril en la fábrica Carburos Metálicos, enclavada junto a Valdeolleros, donde fuertes explosiones hacen saltar por los aires entre estelas de fuego cascotes de bombonas que siembran el pánico en el barrio. Aunque no se registran desgracias personales, las viviendas inmediatas sufren graves daños y 30 familias han de ser alojadas en colegios mayores. El barrio exige de inmediato el desmantelamiento de la fábrica, construida en 1929 en lo que entonces era una zona de tolerancia industrial y hoy un núcleo habitado.
|
| |
|
|
|
|