Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
18 de marzo de 2026
 

 
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  1977
  Rafael Rodríguez
  La autonomía despierta, con sangre
  1977 es el año del estallido de la autonomía andaluza. En Málaga, la novedosa ansia autonomista se tiñe de sangre y luto en su primera y gran expresión pública. El 4 de diciembre, primer día de Andalucía, en un ambiente de fiesta familiar, más de 200.000 malagueños salen a la calle con miles de banderas blancas y verdes y el joven José Manuel García Caparrós muere por una bala disparada por un policía, en un suceso nunca esclarecido. Durante tres días, entre la indignación, la rabia y el pánico, la ciudad vive una situación jamás conocida desde la Guerra Civil. 1977 es también el año cero de la democracia española, con la celebración de las primeras elecciones generales del posfranquismo para cortes constituyentes. El PSOE gana en Málaga, donde obtiene más votos que en ninguna otra provincia andaluza.

Sueños y deseos entre la convulsión. Los malagueños, como el resto de españoles, inician 1977 con el anhelo vital de recuperar la democracia y las libertades perdidas y con deseos más domésticos como tener un piso digno (la promoción de viviendas más importante es la de Parque Mediterráneo), un televisor en color (en la provincia aún no se ve el UHF y los aparatos en color se ofertan a plazos de 44 meses) y un coche utilitario (el Seat 127 hace furor). El canciller alemán Helmud Schmidt recibe el nuevo año en Marbella (en Madrid se entrevista días después con el rey Juan Carlos y el presidente Adolfo Suárez), suben los precios de los periódicos locales (cuestan 15 pesetas a diario y 20 los domingos) y los de la gasolina (el litro de súper ya vale 30 pesetas), y el equipo de fútbol del Málaga es colista de Primera División por méritos propios. También se produce un hecho emotivo: Jorge Guillén, el autor de Cántico, reciente premio Miguel de Cervantes, deja Estados Unidos y se afinca en un piso del Paseo Marítimo, en La Malagueta, en el que residirá hasta su muerte. A su llegada asegura que es “demócrata liberal” y “más español que el Cid”. Meses más tarde, en su casa frente al mar, Guillén conoce que el sevillano/malagueño Vicente Aleixandre es premio Nobel de Literatura.

La vida nacional está convulsionada por las actuaciones de grupos extremistas de derecha e izquierda, empeñados en frenar el tránsito hacia la democracia real. Enero es un mes verdaderamente trágico. Los secuestros del presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol, y del presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, el teniente general Villaescusa; los asesinatos de dos estudiantes en Madrid; los atentados de ETA y GRAPO, que acaban con la vida de dos policías nacionales, un guardia civil y un guarda jurado; y, en especial, la matanza del despacho laboralista de Atocha, con la muerte de cinco abogados de CC OO, obra de ultraderechistas, generan un clima de grave tensión social. Este último acontecimiento provoca numerosas protestas en Málaga. Durante varios días hay manifestaciones de estudiantes y sindicalistas, que son reprimidas por las Fuerzas de Orden Público. Diez librerías y otros comercios cierran en señal de luto y el Colegio de Abogados celebra un funeral en la iglesia de Stella Maris. Pese a tan delicada situación, con los militares alterados, Adolfo Suárez negocia con los líderes de la oposición –casi todos aún en la ilegalidad– y sigue adelante con su proyecto de cambio. Periódicos de todo el país, entre ellos el Sol de España de Málaga, publican un editorial común titulado “Por la unidad de todos”. El Ayuntamiento de la capital, en un pleno extraordinario, aprueba una declaración en la que apuesta por la necesidad de “culminar el proceso democrático”.

En este primer mes, el ambiente laboral es también de alta conflictividad. Los trabajadores de la construcción, alentados por CC OO y la CSUT –papel destacado tienen sus dirigentes Antonio Morales y Francisco Luis Blanco- protagonizan una larga y dura huelga que, durante 17 días, paraliza 1.800 empresas del sector, con concentraciones y manifestaciones diarias. También hacen huelga los PNN de los institutos, los empleados del transporte escolar y buena parte de la flota pesquera. Hasta un centenar de enfermos mentales del Hospital Civil, para sorpresa de todos, se manifiestan ante la Diputación en contra de su traslado a un nuevo centro psiquiátrico en Alhaurín de la Torre. El desempleo en la provincia, según un estudio del profesor José Vallés Ferrer en Cuadernos Económicos Malagueños, alcanza al 23,17% de la población activa, una cifra muy superior a la que refleja la estadística oficial. Para mitigar esta coyuntura económica –similar en toda Andalucía– el ministro de Industria, Carlos Pérez de Bricio, se reúne en Málaga con los ocho gobernadores civiles y los ocho presidentes de las diputaciones andaluzas y concretan la puesta en marcha de la Sociedad para el Desarrollo Industrial de Andalucía (Sodian). La situación es ciertamente preocupante: según el Ministerio de Trabajo, nuestra provincia es la que tiene más parados de España.
   
Recuperar el tiempo perdido
. Los partidos de izquierda, casi todos a la espera de ser legalizados y con cierta tolerancia gubernativa –gobernador civil es Enrique Riverola Pelayo–, desarrollan una novedosa e intensa actividad, conscientes de que en breve habrá elecciones a Cortes constituyentes. El PSOE elige secretario provincial a Carlos Sanjuán, comandante jurídico de la Armada y miembro de la Unión Democrática Militar, quien sustituye a Antonio Nadal, profesor de Historia, que queda como secretario de organización hasta que, en abril, dimite enfrentado a la nueva dirección y excluido de las listas electorales. De Cataluña regresa Rafael Ballesteros, responsable federal de cultura; del exilio retornan dos veteranos: Antonio García Duarte, número dos de la ejecutiva nacional de la UGT, y Ramón Germinal Bernal Soto; y se incorpora Francisco Román Díaz, procedente del PSOE histórico. Los socialistas y la UGT se esfuerzan por abrir nuevas sedes y recuperar Casas del Pueblo.

El PCE, con Juan José Cañas como responsable provincial, se vuelca en sus primeras entregas de carnés en 40 años, pese a que por ello sus dirigentes son repetidamente detenidos –en especial, el abogado Leopoldo del Prado y el secretario de CC OO, Francisco Trujillo–. Sus militantes venden la prensa comunista en calles, fábricas y facultades (10 pesetas cuesta Venceremos, periódico provincial del PCE). La afiliación crece y el partido está ya organizado en 92 de los 99 municipios. A primeros de mayo, Campillos es el que tiene más militantes, 197; le siguen Arriate, 145; Humilladero, 135; Marbella, 120; Casabermeja, 116; Arenas, 105; Villanueva del Rosario, 80; Benalmádena-Arroyo de la Miel, 70; y Fuengirola, 65. En la capital, las agrupaciones más numerosas son la de la Universidad, con 170; El Palo, 150; el Centro, 130; y Nueva Málaga, 120. El censo de afiliados en la provincia es de 3.153, frente a los 2.000 de 1936. Además de PSOE y PCE, también los comprometidos dirigentes de otros grupos minoritarios (PA, PTE, MC, ORT, LCR, JGR, MSA…) despliegan una enorme actividad en barrios, centros universitarios y empresas y se multiplican para estar presentes en todas partes.

Frente a este aire nuevo de libertad, la extrema derecha se empeña en sembrar la calle de violencia y en mantener su lucha particular contra la democracia que viene. Integrantes del Frente Anticomunista Español (FAE) y Fuerza Nueva (FN) –falangistas, franquistas, requetés y tradicionalistas–, aunque están enfrentados entre sí, revientan actos y manifestaciones, asaltan sedes de partidos y sindicatos, facultades y librerías, y persiguen y agreden a militantes de izquierda. El mantenedor del FAE es Enrique del Pino López, un falangista y ex combatiente del bando nacional, de 65 años, que consigue reunir e instruir a un grupo de jóvenes violentos, portadores de armas, porras y cadenas, que se declaran dispuestos “a morir por defender a la patria”. Conocidos son José Antonio Manzano Navas, Francisco Javier Avilés Criado, Carlos Dávila y Antonio Carballo Quesada. También miembros de FE de las JONS (auténtica) protagonizan actos callejeros violentos. Su líder es José Antonio Assiego, quien es varias veces detenido. En la misma orilla están Antonio Elola-Olaso, José Luis Estrada Segalerva y Tomás García Rebull, quienes montan un efímero Frente Nacional Español, y Luis Peralta España, procurador por el tercio familiar y ex subsecretario de Gobernación con Franco, que publica en la prensa local una carta abierta a las familias malagueñas en la que justifica su sí a la reforma política en las Cortes. Una posición más moderada es la de los Círculos de José Antonio, encabezados por José Antonio Garzón e Ildefonso Arenas. La revista Interviú publica una lista con los nombres de 20 políticos y periodistas malagueños que han sido sentenciados a muerte por la extrema derecha, que asegura que está dispuesta a darles el “paseillo”.

Los ultraderechistas cuentan con la complicidad de buen número de mandos y números de la Policía –compañeros y asiduos de la sede y el bar de la Hermandad de Alfereces Provisionales, cuartel del FAE, en la calle Sancha de Lara–, lo que les permite actuar con total impunidad o ser liberados a los pocos minutos de entrar en comisaría. En cambio, militantes de sindicatos y partidos de izquierda son detenidos por el simple hecho de pegar carteles y muchos de sus actos públicos no son autorizados. Uno de los casos más sonados es el del cantautor Lluis Llach, a quien en marzo se le impide actuar en la ciudad. Su concierto en una facultad es prohibido, lo que provoca una manifestación de estudiantes que es asaltada por cachorros del FAE con porras y cadenas. Días después, el teniente coronel Antonio Tejero, futuro golpista, es nombrado jefe de la 251 Comandancia de la Guardia Civil en Málaga.

Ellas, pocas y entusiastas, y la fuerza vecinal. El movimiento feminista, aún muy incipiente, también da la cara. Son apenas 200 mujeres, agrupadas en tres formaciones: el Movimiento Democrático de Mujeres (MDM), la Asociación Democrática de la Mujer Mariana Pineda (ADM) y la Asociación Universitaria Para el Estudio de los Problemas de la Mujer (AUPEPM). Las tres están amparadas por partidos de izquierda que, no obstante, todavía mantienen una filosofía machista y que, salvo excepciones, relegan a las mujeres de los cargos orgánicos. En enero, las tres organizaciones convocan la primera manifestación feminista en la capital malagueña. Dos centenares de mujeres protestan por la discriminación que sufren las madres solteras y reclaman la igualdad de todos los hijos ante la Ley.

La más antigua es la MDM, creada en Málaga en 1973, con mayoría de afiliadas al PCE y al PSOE. Tras un fallido intento por controlar la Asociación de Amas de Casa, se mueve en centros universitarios y barrios. Entre sus dirigentes están Emma Castro Iglesias, Carmen Fernández Alarcón, Chiqui Gutiérrez del Álamo, Juana Müller Tejada, Carmen Calzado Chamorro, Alicia Riera González y Concha Pozas Torno. La AUPEPM, fundada a mediados de 1976, organiza en enero el I Festival feminista de la canción, en el que actúan Elisa Serna, Julia León y Mari Cruz y al que acude la actriz Lola Gaos. Sus responsables son estudiantes: Olga García Ruiz, Concha Cantos Oliva, Mariló Calvo Vargas, Dolores Martín Gil y Ana Cid Prolongo. La ADM es la más joven, pero se muestra muy dinámica. Su núcleo inicial lo forman María Teresa García Peralta, Rosario García Morilla, María José de Miguel Molina, María de los Ángeles Gallego Vega y Araceli Bilbao Guerrero.

También el movimiento ciudadano despierta en Málaga y, junto a los de Córdoba y Sevilla, se convierte en uno de los más activos de Andalucía. El ambiente del que parte está muy definido: decae la presencia de las asociaciones de amas de casa, la incidencia de las asociaciones de Cabezas de Familia es mínima y solo están las peñas (El Sombrero, El Cenachero, El Bastón, El Palustre, La Malaguista...), muy enraizadas y pujantes en barrios populares, que monopolizan los actos festivos y semiculturales. Sin embargo, los partidos todavía dan de lado a estos colectivos: la derecha, aunque en menor medida, por considerar que agrupan a una clase social chabacana impropia de su estatus, y la izquierda, porque no es gente de su elitismo culto y universitario ni tampoco de la concienciada en la lucha obrera.

En este marco social, los partidos de izquierda coinciden en que el mejor cauce para promover el movimiento ciudadano son las asociaciones de vecinos, por su carácter interclasista y anticapitalista y porque reivindican soluciones para problemas que afectan a todos por igual (vivienda, sanidad, educación, transporte, equipamientos...). Y apuestan firmemente por ellas. Los resultados son inmediatos: de la decena escasa y sin apenas reflejo público que tenían a finales de 1976, pasan a más de 40 a principios de este 1977. Casi la mitad están asentadas en pueblos, la mayoría se organiza y se crea una coordinadora provincial. Especialmente combativa es la de El Palo-Pedregalejo que, con asambleas, comisiones de trabajo y propuestas contra planes parciales urbanísticos, logra que el Ayuntamiento acepte algunas de sus alternativas para frenar la desenfrenada especulación del suelo. También la del barrio de la Trinidad, con una inesperada respuesta popular a lo hecho en la calle Jaboneros. Otra actuación significativa la protagoniza la de Pizarra, que consigue que casi todos los habitantes del municipio salgan a la calle en protesta por la falta de agua que padecen.

Al fin, primeras elecciones.
El 15 de abril, sólo seis días después de la legalización del PCE, Adolfo Suárez convoca para el 15 de junio, miércoles, las primeras elecciones generales democráticas en España tras la muerte de Franco. Así, con todos los partidos a la izquierda del PCE todavía ilegales y formando listas camufladas en bloques, frentes o agrupaciones de electores, se inicia una carrera hacia las urnas marcada por las ansias de cambio. Se trata de una cita totalmente novedosa para los nacidos después de la Guerra Civil. La provincia de Málaga, con una población de 906.453 habitantes y un censo de 527.575 electores, debe elegir ocho representantes para el Congreso y cuatro para el Senado. Se presentan 16 candidaturas. Sólo cinco partidos acuden en solitario (PSOE, PCE, RSE, MSA y FE de las JONS), el resto va en coaliciones.

La UCD, bajo el paraguas de Adolfo Suárez desde la presidencia del Gobierno, hace encaje de bolillos para encontrar hueco en su lista a dirigentes de la amalgama de partidos de centro y derecha que precipitadamente han constituido esta formación. Al final, el número uno es Francisco de la Torre Prados, el más joven presidente en la historia de la Diputación de Málaga, quien, en enero, abandona la presidencia provincial y la militancia en la Reforma Democrática de Manuel Fraga y recala en la UCD de la mano de la Causa Ciudadana y del Partido Andaluz Socialdemócrata del granadino Arturo Moya. Le sigue el abogado José Ignacio Huelin Vallejo, del Partido Social Liberal Andaluz de Manuel Clavero. Para el Senado los centristas presentan a Cayetano Utrera Ravassa, quien en abril renuncia a la Alcaldía de la capital para ser candidato –le sustituye Luis Merino Bayona–; a José Ignacio Fernández Berjillos, ex concejal; y al socialdemócrata Francisco Villodres, que va por su cuenta y con dinero propio.

La derecha malagueña de siempre, la del poder fáctico histórico, sigue el camino marcado por sus dirigentes nacionales –Silva Muñoz, López Rodó, Fernández de la Mora y Licinio de la Fuente– y se aglutina en la nueva Alianza Popular de Manuel Fraga. Encabezados por los hermanos Atencia García –Manuel lidera la lista al Congreso y José figura en la del Senado–, el máximo exponente electoral es el ex ministro del Movimiento José Utrera Molina, quien pretende perpetuar su carrera y busca un escaño en la Cámara Alta. La derecha más dura se incluye en FE de las JONS, en la que aparecen algunos extremistas populares por sus batallas callejeras contra militantes de izquierdas, caso de José Antonio Assiego Verdugo. Los ultras más violentos, los del FAE y FN, no presentan candidatura, porque dicen que están contra el sistema.

Desde la izquierda, las expectativas están en las posibilidades del PSOE que, con Felipe González de cartel, poco a poco ha recuperado en la provincia malagueña las estructuras que el partido y el sindicato UGT tuvieron antaño en la capital y en los pueblos y que ha unido a viejos y nuevos socialistas, circunstancia que reflejan en la candidatura de su debut electoral. La lista la abren Ballesteros y Sanjuán, seguidos por los veteranos Román Díaz y Bernal Soto. Para el Senado, PSOE, PCE y otros partidos a su izquierda pactan una candidatura unitaria (Senado Democrático), integrada por el histórico dirigente socialista y ugetista Antonio García Duarte, el independiente Braulio Muriel López –luchador por las libertades desde su comercio de regalos en la Plaza de Uncibay– y el pintor Enrique Brinkmann Parareda. El PCE, eufórico por su legalización, presenta a sus candidatos en un restaurante del Puerto de la Torre, en un acto al que asisten cerca de dos mil militantes en su primera fiesta de masas en libertad. El número uno es Tomás García García –despojado ya de su Juan Gómez de la clandestinidad–, quien simboliza la historia viva del PCE. Le acompañan profesionales como Rosario Peral, decana del Colegio de Doctores y Licenciados; Andrés Martínez Lorca, profesor y periodista, y José Luis García de Arboleya, médico, y dirigentes sindicales y jornaleros como Francisco Durán, Antonio Romero, Francisco Trujillo y Juan García.

A los andalucistas, aunque con implantación en la capital y en comarcas como Ronda y la Axarquía, los comicios les pillan sin la necesaria estructura para afrontarlos en solitario. El Partido Socialista de Andalucía (PSA), integrado en la Federación de Partidos Socialistas, decide comparecer en coalición con el Partido Socialista Popular (PSP) del profesor Tierno Galván y con la denominación de Unidad Socialista. Sus dos principales dirigentes provinciales, Miguel Ángel Arredonda y José Luis Espejo –miembros también de la dirección nacional– encabezan la lista. Le siguen dos destacados activistas del PSP: el alma mater del partido en Málaga y profesor universitario, Rafael Esparza, y el secretario provincial, José Porras Aguilera, un veterano socialista antifranquista que había penado campos de concentración durante la Guerra Civil, electricista en la empresa malagueña de tranvías hasta su desaparición, militante de CC OO y del movimiento vecinal. Y luego está el atípico Movimiento Socialista de Andalucía (MSA), con poco más de un año de vida, que se define marxista, cristiano y socialdemócrata, liderado por el controvertido abogado Primitivo de la Quintana. Lo más llamativo es que presenta en sus filas a la única mujer candidata al Senado por la provincia: Adela Ruiz Fernández.

Los partidos a la izquierda del PCE, que siguen en una clandestinidad tolerada, se agrupan como pueden. El Partido del Trabajo de España (PTE), junto al sindicato CSUT, concurre como Frente Democrático de Izquierda y con todos sus pesos pesados en la provincia: Fermín Escalona, Florián Calvo, Antonio Morales, María Teresa García Peralta, Manuel Gómez Castillo, Antonio Murcia y Francisco Vega. El Movimiento Comunista (MC), que se retira el último día, lo hace como Bloque Andaluz de Izquierda, con Rafael Martín Pérez, Francisco Moreno Cuevas y Godofredo Camacho Pérez. La Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) y la Organización de Izquierda Comunista (OIC) se reparten entre dos agrupaciones electorales: el Frente por la Unidad de los Trabajadores y la Agrupación de Trabajadores de Málaga, candidaturas que son rechazadas por la Junta Electoral Provincial.

Manuel Cantarero del Castillo, tras girar hacia postulados socialdemócratas, después de coqueteos fallidos con el PSOE y con lemas como “Ni franquismo ni antifranquismo: solidaridad esencial entre todos los españoles”, acude con su Reforma Social Española (RSE). La sorpresa está en la inclusión como número tres, y como claro gancho electoral, de María Teresa Campos (Mari Tere Campos), la popular locutora de Radio Juventud. El resto de miembros, en su mayoría, procede del Ayuntamiento de la capital y del sindicalismo vertical. Su mitin central es el cine La Fuente, con el atractivo reclamo de la actuación musical de una muy joven Isabel Pantoja. El Partido Socialista Democrático Español (PSDE) de Antonio García López concurre como Alianza Socialista Democrática y una lista cien por cien familiar en torno a los comerciantes Sánchez-Cabezuelo. También se presenta la Federación de la Democracia Cristiana, encabezada por el letrado Ángel Fernández Sepúlveda, secretario general del Partido Popular Democrático de Andalucía, y con ilustres abogados como Antonio Malavé Zambrana y Antonio López Portillo. Las ofertas electorales se completan con la del Centro Popular de José Ramón Alonso Nadales y con una más exótica: la de la Pequeña y Mediana Empresa, integrada por propietarios de bares, restaurantes y comercios del centro de la ciudad, como Rafael García Hidalgo, José Portalés Úbeda, Pedro García Bárcenas y Francisco Repiso Martos.

A las urnas. La campaña, con escasos recursos económicos en la izquierda, es a la vieja usanza: mucho boca a boca, reparto callejero de propaganda, empapelados de carteles, vehículos con altavoces recorriendo todos los rincones y actos en cualquier lugar válido para reunir a un puñado de personas. El peso recae, sobre todo, en los lideres y candidatos de casa, que se patean toda la provincia. Los dirigentes nacionales han pasado antes, en la intensa precampaña que se vive desde comienzos de año en un intento por constituir o impulsar nuevas y viejas organizaciones. La pasarela es amplia, en especial de responsables de la derecha y el centro: Pío Cabanillas (Partido Popular), con Luis Merino; Joaquín Garrigues (Partido Liberal), con Federico Birckman; Laureano López Rodó (Acción Regional), con Manuel Atencia; Federico Silva Muñoz (Acción Democrática Española), con José Atencia… Málaga es circunscripción cotizada en el contexto nacional y los partidos se vuelcan en ella. El PCE desplaza a Rafael Alberti y Santiago Carrillo, quien protagoniza un multitudinario y emotivo mitin en el campo de fútbol de San Ignacio de El Palo. El PSP trae a Enrique Tierno Galván, que aglutina a sus socialistas y a los andalucistas del PSA en la Plaza de José Antonio. Mientras tanto, en plena vorágine electoral, el terrorismo no cesa. El 4 de junio, un guardia civil malagueño, Antonio López Cazorla, natural de Alcaucín, junto a otro de Úbeda (Jaén), Rafael Carrasco Lamas, es asesinado en Barcelona. Dos días después, varias miles de personas asisten a su entierro en el cementerio de San Miguel. Tampoco cesa la ultraderecha malagueña, que se dedica a destruir carteles y vallas electorales y a reventar mítines.

Los periódicos malagueños también juegan su papel, y de qué manera. Sol de España, el más progre, sorprende y apuesta descaradamente por Alianza Popular y, en particular, por el ex ministro Utrera Molina, dada la devoción personal y política que le tiene el presidente del consejo de administración del diario, Claudio Gallardo, quien le dedica cada día de campaña varias páginas y, casi en exclusiva, la última. De paso, Sol de España, en lógica, logra uno de los más jugosos ingresos publicitarios de su historia por la mucha publicidad electoral que incluye, a no ser que sea aportación gratuita de su principal propietario. Casi toda es de Alianza Popular –de Utrera Molina, de quien más, y de los hermanos Atencia– y, en menor medida, de la UCD –destaca la de Villodres, que va por libre–; a distancia, de Reforma Social y, prácticamente marginal, del PSOE; del resto, apenas nada. En cambio, Sur, el periódico del Movimiento que dirige Francisco Sanz Cagigas, adopta una postura plana. La información la incluye en una sección titulada “Grupos políticos” en la que, a modo de cartelera de espectáculos, cuenta la actividad de cada partido. En la mayoría de los casos es una agenda de actos y reseñas mutiladas de las notas que las propias formaciones le envían sobre lo ocurrido y dicho en sus mítines. La publicidad que inserta es plural. Destaca la de PSOE y PCE, que se gastan aquí el dinero de que disponen, dada la mayor difusión de este diario y la postura de Sol de España a favor de AP que, paradójicamente, solo paga una propaganda testimonial en Sur. El día de la jornada electoral, Sur publica un editorial en primera página en el que hace fe de su neutralidad. Bajo el título de “El espíritu del 15 de junio”, afirma que “la cólera de los antagonismos debe dejar paso al espíritu de cooperación en una nueva etapa en la que todos tienen lugar...”, y que “... cualesquiera que sean las opciones concretas que resulten favorecidas, hoy, 15 de junio, es día de integración, no de fragmentación. El pluralismo es una fuente de riqueza política, social y cultural”.

Y, el 15 de junio, los malagueños acuden a las urnas, con inexperiencia y falta de rodaje democrático. Los mayores problemas y anécdotas se producen a la hora de constituir las mesas electorales. Al margen de que 40 enfermos del Hospital Carlos Haya son llevados a votar en ambulancias y pijama, la guinda la ponen dos monjas de las Hermanitas de Jesús que son detenidas por la Guardia Civil en la zona de La Palmilla por repartir propaganda electoral. La participación es alta –el 74,68% del censo–, pero es la más baja de las ocho provincias andaluzas, que alcanzan una media del 78,42%. Málaga vota mayoritariamente izquierdas. Gana el PSOE que, con 166.395 votos (el 39,91%), alcanza su mejor resultado en toda Andalucía y aventaja en más de 12 puntos a la UCD, que sólo logra 115.108 votos (27,61%), su peor registro en nuestra comunidad, junto al de Cádiz. Los socialistas basan su triunfo, sobre todo, en el gran éxito que cosechan en Málaga capital (83.258 votos, el 42,11%), donde los centristas pinchan estrepitosamente (42.611 votos, el 21,55%). El PSOE es el más votado en 41 de los 99 municipios, incluida la capital y pueblos como Antequera, Marbella y Estepona. La UCD obtiene mayoría en 48 localidades, entre ellas Ronda, Vélez-Málaga y Casares. El PCE se sitúa como la tercera fuerza política, con 51.951 votos (12,46%), victoria en ocho pueblos y un notable respaldo en la capital (14,18%). De los ocho diputados al Congreso, el PSOE consigue cuatro (Rafael Ballesteros, Carlos Sanjuán, Francisco Román y Ramón Germinal Bernal Soto); la UCD tres (Francisco de la Torre, Ignacio Javier Huelin Vallejo y José García Pérez) y uno el PCE (Tomás García). En la Cámara Alta, la candidatura unitaria Senado Democrático se hace con tres de los cuatro escaños. Brinkmann, el más votado, contabiliza 205.453 votos; García Duarte, 199.599; y Muriel, 194.783. El cuarto, a mucha distancia, es para el centrista Villodres, con 108.647 sufragios.

La derecha pura se queda fuera de las Cortes constituyentes. Alianza Popular sólo suma 35.033 votos (8,40%) y únicamente es el partido más votado en dos pequeños municipios, Benadalid y Benahavís. Sonado es el batacazo de Utrera Molina, cuyo pasado y recuerdo político se tornan en total olvido en las urnas. Tampoco logran representación en Madrid el PSP y el PSA, cuya Unidad Socialista se queda con 22.137 votos (5,31%). Sus mejores resultados los obtiene en Ronda, donde es segunda fuerza (18,95%). También descalabro de la Reforma Social de Cantarero quien, con 6.964 votos (1,67%), no es profeta en su tierra. El Frente Democrático de Izquierdas del PTE totaliza 5.649 votos (1,35%). El resto de candidaturas no llega al uno por ciento.

La UCD consigue mayoría absoluta en España y Adolfo Suárez es, de nuevo, investido presidente del Gobierno, esta vez con los votos del pueblo. Se constituyen las primeras Cortes tras la dictadura franquista y para la historia quedan dos imágenes que prueban que las cosas han cambiado: Dolores Ibarruri, La Pasionaria, y Rafael Alberti presiden la Mesa de edad del Congreso y Suárez y La Pasionaria, cogidos del brazo, caminan juntos hacia el hemiciclo. A partir de aquí, los acontecimientos políticos y sociales se suceden a un ritmo vertiginoso. Sobre la mesa de negociación se amontonan numerosos asuntos pendientes: reivindicaciones autonomistas, amnistía política, Europa, reforma fiscal, divorcio, elecciones sindicales y municipales, Pactos de la Moncloa...

El día a día. Mientras tanto, antes y después de las elecciones, la vida cotidiana de los malagueños continúa su ritmo con las contradicciones propias del momento. El Teatro Cervantes abre el año con el musical Goospell y un festival de flamenco, con Juanito Valderrama, Manuel Mairena, Naranjito de Triana, Chocolate y Fernanda de Utrera; y, en mayo, pone en escena Equus, con el primer desnudo en el teatro español.
 
En la cartelera cinematográfica de la capital los títulos preferidos son Rocky y La Guerra de las Galaxias, sin olvidar otras películas como Solos en la madrugada, La Lozana Andaluza, Portero de noche y Barry Lyndon. En la tele, Marco sustituye a Heidi; los pequeños siguen Un globo, dos globos, tres globos y el obligado Vamos a la cama; y los adultos, el Un, dos, tres, de Chicho Ibañez Serrador, que arrasa, y Esta noche Fiesta, de Íñigo, además de programas como Reina por un día y Aplauso o series como La casa de la pradera. En la radio, Radio Juventud se convierte en la radio de Málaga, El Parte de Radio Nacional deja de ser obligatorio y las cadenas pueden emitir ya informativos propios. En las discotecas suena Fiebre del sábado noche, de Travolta, y el disco número uno es Hotel California, de los Eagles.

En febrero, José María Smith Agreda, catedrático de Anatomía de la Facultad de Medicina, es elegido primer rector de la Universidad y se da luz verde a la construcción del Hospital Clínico. En marzo, llega al puerto el monumento en bronce a Picasso, obra de Ortiz de Berrocal, que pesa 5.400 kilos. En noviembre, días después de la visita a Málaga de Paloma Picasso, la escultura es colocada en los jardines que llevan el nombre del pintor, en los antiguos terrenos de la Aurora, en un acto en el que intervienen Rafael Alberti, Gabriel Celaya, José Luis Cano, Claudio Guillén, Alfonso Canales y Juvenal Soto. En mayo, vuelven a casa los 17 marineros malagueños del barco Cieisa IV, que han estado varios meses detenidos en Angola. En julio, se habla de la posible separación matrimonial de Amparo Muñoz y Patxi Andión y Richard Burton y su nueva esposa, Suzie, veranean en Marbella. En agosto, José Umbral, con Campo andaluz, gana, en Ceuta, el Festival de la Canción de Andalucía.

El turismo se mantiene como la gallina de los huevos de oro. El Palacio de Congresos de Torremolinos acoge la II Asamblea de la Organización Mundial del Turismo, el puerto de Málaga estrena un atracadero para grandes trasatlánticos y Estepona inaugura su puerto deportivo. Doscientos empresarios dan un paso organizativo y constituyen la Federación Empresarial Malagueña. Torremolinos recupera su reivindicación de municipio con entidad propia y cerca de mil vecinos se reúnen en el campo de fútbol de El Pozuelo y exigen su segregación de la capital. En lo deportivo, la situación del Málaga es desastrosa: dimiten el presidente, José Ibañez Narváez, y el entrenador, el yugoslavo Pavic, y el equipo desciende a Segunda, tras terminar colista. En Segunda tampoco levanta cabeza, es destituido su nuevo técnico –José Fuentes– y acaba el año como último clasificado. La alegría la proporciona Félix Gancedo, quien logra su octavo título de campeón de España de vela de la clase snipe.

Esta cotidianidad, no obstante, se ve alterada por la ultraderecha, que sigue actuando contra sedes de partidos y sindicatos y establecimientos públicos de militantes de izquierda. En junio, dos dirigentes del FAE, Enrique del Pino López y Carlos Dávila Gutiérrez, son detenidos e ingresan en prisión, acusados de disparar contra una persona, en el puente de El Carmen. Tras salir de la cárcel, en julio, del Pino y Dávila, junto a Antonio Carballo Quesada, son otra vez detenidos como presuntos autores de los atentados a dos librerías y al comercio del senador Braulio Muriel. Poco después son puestos en libertad, al no probarse su participación en los hechos y ser arrestados como presuntos responsables tres miembros de Fuerza Nueva. Paralelamente, otros nostálgicos, aún situados en puestos claves, se esfuerzan por mantener vivo el espíritu franquista. En septiembre, la Hermandad Provincial de Antiguos Caballeros Legionarios celebra el 57 aniversario de la fundación de la Legión. Presiden los actos el general Luis Carvajal y el presidente de la Diputación, Francisco Cabeza López. El alcalde, Luis Merino, recibe el título de legionario de honor con insignia de oro. La conmemoración termina con gritos de “Viva Franco”, coreados por los presentes. En octubre, el teniente coronel Antonio Tejero, máximo responsable de la Guardia Civil en Málaga y como prólogo de sus posteriores actuaciones golpistas, metralleta en mano sale a la calle con sus guardias civiles y aborta una manifestación autorizada de jóvenes que reclaman un estatuto para la juventud. En la Tribuna de los Pobres, a la entrada de calle Carretería, se viven grandes momentos de tensión, que afortunadamente no pasan a mayores. Tejero es arrestado y retirado del mando.

Mientras, el Ayuntamiento de Málaga, aún con una corporación del pasado y presionado por partidos y sindicatos, se encuentra sumido en una crítica situación económica. En octubre, el alcalde afirma que la institución está en bancarrota y amenaza con dejar la gestión municipal en manos del Gobierno si éste no atiende las peticiones de la ciudad. En noviembre, los concejales, reunidos en pleno, dan un ultimátum al Ejecutivo de la Nación: si no hay solución, el 31 de diciembre todos dimitirán de sus cargos. Al final, la salida en masa de los ediles no se produce porque, el día antes de fin de año, Adolfo Suárez les concede una reunión para el 11 de enero y porque, semanas antes, llegan dos créditos extraordinarios de más de 300 millones de pesetas.

Idéntica situación de extrema gravedad atraviesa el mundo laboral ante el imparable aumento del desempleo. En noviembre, los sindicatos protagonizan la hasta entonces mayor manifestación sindical de la historia de la ciudad: 40.000 personas recorren el Parque y la Alameda contra el paro y la carestía de la vida y en defensa de los puestos de trabajo. A la cabeza de la protesta marchan los empleados de Intelhorce, que temen por el cierre de la factoría; los de Portillo, que realizan una huelga de 22 días que deja sin autobuses de viajeros a la Costa del Sol –el Gobierno Civil pone policías para conducir los autocares–; y los de Aviación Civil, que también paran en los aeropuertos.

Los presos de Málaga, como los de otros centros penitenciarios del país, agrupados en torno a la COPEL, también estallan en demanda de mejores condiciones de vida entre rejas. En la segunda mitad del año se suceden las revueltas. La cárcel malagueña, con unos 430 internos, queda prácticamente arrasada por los motines de mediados de septiembre y octubre. Los reclusos queman y destrozan la mayor parte de los departamentos, la biblioteca, el economato y la capilla. Algunos resultan heridos en los enfrentamientos con la policía. Decenas de presos se autolesionan o tragan objetos y pinchos para ser trasladados al Hospital Civil, donde protagonizan varios intentos de fuga.

4 de diciembre, alegría y llanto. Junto a las elecciones de junio, el año está marcado, sobre todo, por la explosión autonomista del 4 de diciembre, primer Día de Andalucía, que comienza con una espectacular manifestación festivo-reivindicativa, con Málaga –para sorpresa de todos- convertida en una auténtica marea humana familiar tras la blanca y verde, con más de 200.000 participantes, y que termina con la muerte, por disparo de bala de un policía, de José Manuel García Caparrós, un joven de solo 19 años, afiliado a CC OO, empleado de la empresa Cervezas Victoria, y con unos incidentes jamás vividos desde la Guerra Civil, que se prolongan durante tres días entre la indignación, la rabia, el dolor, la tensión y el miedo.

La convocatoria ya se había calentado sobremanera en sus preparativos. El culpable es Francisco Cabezas (Pancho Cabezas), presidente de la Diputación, quien, además de negarle el apoyo económico a los organizadores, dos días antes decide que la bandera de Andalucía no ondee esa jornada en el balcón central de la institución y que sólo lo haga la nacional. Los miembros de la comisión de medios de comunicación de los partidos conocen la noticia mientras participan en la noche del viernes en un programa de Radio Juventud. Enrabietados, Manuel Ruiz (PCE), Francisco Sánchez (PSOE), Carlos Guirado (PCA) y Antonio Malavé (DCA) piden la dimisión de Cabezas, a quien acusan de ser un irresponsable provocador. Paralelamente, la ultraderecha planifica su lucha particular. En la madrugada del sábado al domingo, militantes de Fuerza Nueva, FAE y guerrilleros de Cristo Rey, con la complicidad de la policía que mira para otra parte, pintan banderas roja y gualda a lo largo del recorrido que debe hacer la manifestación y destrozan el bando del Ayuntamiento y los carteles partidarios que llaman a participar en la fiesta autonómica.
Este primer domingo de diciembre amanece pasado por agua. A primera hora llueve con intensidad, lo que hace temer por la asistencia. Sin embargo, los temores se disipan pronto. Desde las diez de la mañana, dos horas antes del inicio, auténticas riadas humanas se aproximan hacia la plaza del Hospital Noble, punto de arranque. Llegan autobuses de toda la provincia, grupos de todas las ideologías y miles de ciudadanos anónimos; familias enteras que no quieren perderse la cita. La lluvia decrece y, con 15 minutos de retraso, los manifestantes echan a andar muy lentamente. Es imposible caminar dada la cantidad de gente. El trayecto está abarrotado. También los alrededores de la Diputación, porque son muchos los que creen que allí puede suceder algo. Al menos, se piensa que habrá fuertes protestas ante el edificio. Radio Juventud, en un hecho sin precedentes en la radio de Málaga, transmite en directo la manifestación y quien escribe esta crónica elige como punto informativo fijo para la narración la azotea del inmueble pegado al de la corporación provincial, ante el convencimiento personal de que ahí estará la noticia. Abajo, en actitud provocativa, con una enorme pancarta con la enseña nacional, aguardan Enrique del Pino y algunos de sus muchachos del FAE.

Nada más pasar la cabeza, los manifestantes, al unísono, inevitablemente se giran hacia la Diputación y mezclan sus “Viva Andalucía” con improperios a Pancho Cabezas. En el balcón central sólo ondea la bandera nacional, la de Andalucía no está; como tampoco está en la sede de la Jefatura provincial del Movimiento, en la Alameda. Muchos participantes colocan banderas blancas y verdes en las ventanas inferiores. Poco a poco, el ambiente se va caldeando. Sobre la Diputación caen naranjas y piedras. Transitada la mitad de la manifestación, sobre la una y veinticinco minutos, un joven, J.M.T., con una tremenda osadía y con el apoyo y el aplauso entusiasta de todos, escala la desnuda fachada del edificio con una bandera andaluza. Alcanza el balcón central e intenta colocarla junto a la nacional. En ese momento, sin que nadie acierte a comprender cómo y de dónde, aparecen en la Plaza de la Marina policías y vehículos de la Fuerzas de Orden Público por todas partes. Muchos salen del interior de la Diputación, donde llevaban horas apostados; el resto de calles adyacentes, en las que permanecían ocultos. Sin ningún tipo de aviso, disparan a discreción cientos de botes de humo y pelotas de goma. A partir de ahí, estampida, histeria, gritos, carreras, caídas, golpes... Miles de personas de todas las edades corren despavoridas hacia el Puerto, el paseo del Parque, Cortina del Muelle, la Alameda, calle Larios... Buscan refugio. Los pocos bares que están abiertos son los lugares más socorridos. No se ve nada, todo es una espesa nube. La manifestación queda rota en dos. La cola aún está prácticamente en el punto de partida, mientras que las decenas de miles de personas que marchan por delante siguen su camino, ignorantes de lo que sucede por detrás. Llegan al puente de las Américas, el parlamentario socialista Rafael Ballesteros lee el comunicado conjunto final y se disuelven. La sorpresa es cuando retornan hacia el centro y al llegar al puente de Tetuán se encuentran con un panorama inimaginable. Diputados como Francisco de la Torre (UCD) y Francisco Román (PSOE), aún incrédulos, ven como un policía les apunta pistola en mano. Los grises reparten por todas partes y, ahora, también cargan contra quienes regresan.

Sobre las dos y diez, un número indeterminado de policías hacen uso de sus armas reglamentarias en la calle Comandante Benítez, junto al diario Sur. Allí cae muerto José Manuel García Caparrós y resulta herido de bala Manuel Jiménez Ruiz. La noticia de que hay un joven muerto corre como la pólvora. El pánico se apodera aún más de la masa. La gente sólo piensa en cómo salir de allí y volver a sus casas. La actuación policial no cesa en el centro de la ciudad y sus alrededores y grupos de manifestantes repelen como pueden la brutal e inexplicable agresión. En ese momento, el gobernador civil, Enrique Riverola Pelayo, preguntado por periodistas y parlamentarios que le telefonean o acuden a su despacho, confiesa que desconoce qué está pasando. Nadie le informa y se entera de lo que ocurre llamando personalmente a los hospitales. En el de Carlos Haya le confirman que hay un muerto y algún herido de bala. Riverola, según testigos, se queda de piedra. La bronca, por teléfono, se la lleva el comisario jefe de policía, Francisco Durán, quien, al parecer, nada le ha contado.

La calma no llega hasta las cuatro de la tarde. Espontáneamente circula la convocatoria de una manifestación de protesta para la seis. Los diputados concluyen una reunión con el gobernador y se marchan a la sede del PSOE. Parlamentarios y representantes de partidos y sindicatos hacen público un comunicado en el que manifiestan su indignación, condenan la actuación de las Fuerzas de Orden Público, expresan su dolor a la familia de García Caparrós, llaman a los ciudadanos a la calma y la serenidad, piden la dimisión del presidente de la Diputación, exigen una investigación oficial y convocan para el martes, día 6, una jornada de luto y de paralización de la actividad ciudadana.
Los ánimos están exaltados y, a partir de las seis, efectivamente, grupos de cientos de personas se concentran en distintos puntos del centro. Los incidentes vuelven de inmediato. Los manifestantes cortan el tráfico y montan barricadas en la rotonda del Marqués de Larios, Plaza de Queipo de Llano y en las calles Larios y Martínez. La policía se emplea con la misma contundencia de la mañana y carga contra todo lo que se mueve. Las órdenes –las conversaciones internas de la policía están grabadas– son pegar y pegar, incluso sacando a los ocupantes de los vehículos que luzcan crespones negros. La ciudad se convierte en una guerrilla urbana. Decenas de coches son atravesados en las calles y luminosos, farolas, lunas, jardineras, papeleras y señales de tráfico son arrancadas y utilizadas para barricadas. Los cristales de los bancos Santander, Banesto, Bilbao, Popular y Rural Mediterráneo son destrozados. También los de los establecimientos Woolworth, Álvarez Fonseca, Temboury, Segarra y El Martillo, que son asaltados y saqueados, dando lugar a numerosas acciones de pillaje y vandalismo. Los últimos enfrentamientos, ya muy entrada la noche, se producen en Carretería y Mármoles, con un cóctel molotov contra Almacenes Mérida. Esa misma noche Pancho Cabezas presenta su dimisión al gobernador civil, quien da a conocer un comunicado sobre los hechos que encrespa aún más los ánimos porque no refleja la realidad de lo sucedido.

5 de diciembre, adiós a Caparrós. Al día siguiente, con los colegios vacíos de niños, los trabajadores de la Diputación se declaran en huelga y colocan en el balcón central una enorme bandera de Andalucía, a la que ponen un gran crespón negro. Crespones similares portan miles de malagueños y cuelgan de edificios, autobuses públicos y coches particulares. El lugar donde cayó muerto García Caparrós, la esquina de la calle Comandante Benítez, se convierte en un santuario. El desfile de ciudadanos es continuo para depositar flores. En la tarde de este lunes, con unos 50.000 asistentes –entre ellos el secretario general de CCOO, Marcelino Camacho–, y sin presencia policial, José Manuel Caparrós es enterrado en el cementerio de San Miguel. No hay pancartas, sólo silencio y puños en alto. Terminado el sepelio, miles de personas se dirigen en manifestación hacia el centro. Algunos grupos organizados ocultan piedras y objetos contundentes. Los gritos de “Cabezas al paredón” son constantes. Poco después se repiten los incidentes del día anterior, con la misma virulencia y con una nueva actuación policial que hace de Málaga una ciudad tomada por las Fuerzas de Seguridad y en estado de sitio, con la activa intervención de brigadas especiales antidisturbios llegadas de otros lugares.

Esta vez, el pretexto para la contundencia de los antidisturbios es que, al parecer, los manifestantes pretenden tomar el cuartel de la Policía Armada de la Alameda de Colón, ante el que se concentran varias miles de personas que arrojan piedras e increpan a los agentes. A partir de aquí los enfrentamientos son continuos. Hay barricadas en la plaza de José Antonio, puente del Generalísimo, avenida Manuel Agustín Heredia, Hoyo Esparteros, plaza Arriola, Atarazanas y pasillo de Santa Isabel. La policía carga una y otra vez y se repiten los ataques a comercios y mobiliario callejero, y el pillaje. Los establecimientos Vivas Hermanos, zapatería San José, Confecciones Domínguez, Ferrobazar, Félix Sáenz, Espejos Hermanos, La Meca de los Pantalones, Droguería Iberia y La Costa Azul son asaltados. El Gobierno Civil hace una primera evaluación de daños, que en cada comercio oscila entre las 300.000 pesetas y los 4.300.000. Decenas de personas, entre ellas algunos policías, son atendidas por heridas y contusiones en los hospitales Carlos Haya, Civil y Noble. Uno es el cura obrero Laurentino Heras, quien es detenido y brutalmente golpeado en el cuartel de la Policía y en Comisaría. Por la tarde noche los altercados se extienden a otras zonas, como Héroes de Sostoa, carretera de Cádiz, Cuarteles, Salitre y El Perchel.

6 de diciembre, luto y paro. El martes, día 6, Málaga es una ciudad desierta, muerta. La jornada de luto tiene un seguimiento total. Todo está cerrado y parado. Nada funciona, solo las urgencias sanitarias. Los periódicos Sur y Sol de España no se publican y las emisoras de radio locales emiten música clásica y boletines informativos. Ni los más viejos del lugar recuerdan una huelga similar. Pese al llamamiento de partidos y sindicatos de que nadie salga a la calle, poco después de las diez y media vuelven los enfrentamientos. Primero en las cercanías de la calle Comandante Benítez y luego en la avenida del Generalísimo. Se da por seguro que entre los agitadores hay elementos incontrolados de la ultraderecha, interesados en alentar los incidentes, y gente de barrios marginados, presta al saqueo y el pillaje. Mediada la mañana, la represión policial es durísima. Imposible transitar por el centro. Más de dos personas no pueden caminar juntas. Coches y motos con crespones negros o banderas de Andalucía son interceptados y sus ocupantes sacados a la fuerza y brutalmente cacheados y golpeados, sea cual sea su sexo o edad. Graves incidentes se registran en Mármoles, Armengual de la Mota y Eugenio Gross.

Los miembros de la comisión de partidos y sindicatos permanecen en la sede de la UCD, en la calle Larios, de donde no pueden salir por la actuación policial. Los diputados están reunidos en el Gobierno Civil con su titular, Riverola Pelayo, a quien la situación le sobrepasa y no domina a las Fuerzas de Orden Público, que actúan descontroladas. Lo paradójico es que en el Gobierno Civil también están el subdirector general de Seguridad, José Sainz, y el general inspector de la Policía Armada, desplazados desde Madrid, y que reciben las denuncias de numerosos malagueños que, superando palizas policiales, consiguen llegar a este edificio oficial. Quien escribe, redactor entonces de Radio Juventud, también es agredido por un policía antidisturbios en el interior de la propia emisora. A las puertas del Gobierno Civil, otro policía propina varios puñetazos al diputado del PSOE Carlos Sanjuán, cuando intenta mediar para que dejen de golpear a varios ciudadanos. Policías y guardias civiles que presencian la agresión al parlamentario no ven nada, silban. El delegado local de Fuerza Nueva y somatén, Francisco Jiménez Caballero, es detenido con una pistola en la mano, pero su paso por Comisaría se limita a una amigable charla de colegas. Tras una breve pausa a la hora del almuerzo, por la tarde se repiten los sucesos. Los más graves se registran en El Palo, Carretera de Cádiz, Nuevo San Andrés, Trinidad, Armengual de la Mota y Mármoles. Llega la noche, los malagueños se encierran en sus casas y en las calles sólo quedan policías, cientos de policías.

Investigación vana. Sin olvidar, pero recuperada la normalidad de lo cotidiano, se trabaja en intentar averiguar los porqués de lo ocurrido. Más de doscientos malagueños declaran voluntariamente como testigos ante el subdirector general de Seguridad, que continua en Málaga. El día 8, jueves, el ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, se desplaza a la ciudad y, en una tensa rueda de prensa, admite que pudo ser un policía quien mató a García Caparrós. Tras los sucesos se abre una investigación judicial, cuyo sumario le corresponde al titular del juzgado de instrucción número tres, Mariano Fernández Ballesta, un juez que provoca enormes suspicacias y recelos. Sobre su mesa tiene, al menos, 25 casquillos de balas. La acusación particular, en nombre de la familia del joven fallecido, la ejerce el abogado Alfredo Martínez Robles.

En la vertiente política, el 23 de diciembre, la víspera de Nochebuena, y después de una polémica y dura sesión plenaria, el Congreso de los diputados, por 318 votos a favor, dos en contra y 17 abstenciones, aprueba la creación de una comisión de encuesta, que no de investigación. El pleno de la Cámara Baja registra un agrio enfrentamiento entre Santiago Carrillo y Manuel Fraga a cuenta del pasado de uno y otro. Martín Villa, en nombre del Gobierno, promete la colaboración necesaria. Mientras, la situación en la ciudad es tan crispada en estos últimos días del año que los partidos de fútbol, incluidos los del Málaga en Segunda División, se juegan sin la presencia de policías. Tan solo acuden a La Rosaleda algunos inspectores de paisano para cuidar de los árbitros.

Entre tanta crispación, el año se despide con el nombramiento de nuevo presidente de la Diputación: Joaquín Jiménez Hidalgo, hasta ahora vicepresidente de la corporación y alcalde de Antequera; y con un toque de la diosa fortuna: el segundo premio de la lotería de Navidad, el 9.788, es vendido en la administración de la calle Martínez y deja en la ciudad 400 millones de pesetas.

   
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