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1978 |
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Eduardo Castro |
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Por la autonomía constitucional |
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Mientras el Congreso de los Diputados elaboraba en Madrid la futura Constitución democrática de España, Plácido Fernández Viagas promovía en Andalucía el llamado Pacto de Antequera para impulsar el proceso hacia la autonomía plena de nuestra Comunidad. Un proceso que tendría que vencer todavía distintas fases de indecisiones, debido sobre todo al recelo y la resistencia de la UCD, el partido que acababa de ganar las primeras elecciones generales del posfranquismo. Fue un año marcado por conflictos sociales, como el de La Azulejera, y de una intensa actividad cultural, marcada por la inauguración del Auditorio Manuel de Falla.
Las movilizaciones populares del 4 de diciembre crearon en la opinión pública un ambiente plenamente favorable al sentimiento autonómico, haciendo posible la puesta en marcha de la Junta de Andalucía. No obstante, la lucha por la hegemonía entre UCD y PSOE a nivel nacional se trasladaría también a Andalucía, frenando o entorpeciendo el proceso de avance hacia la autonomía. O dicho de otra manera, los distintos avatares y dificultades que durante este año atraviesa el proceso hacia la autonomía andaluza reflejaban a su vez la falta de consenso a nivel nacional. Los conservadores ven la autonomía como un elemento desestabilizador, mucho más después de que las multitudinarias manifestaciones del 4 de diciembre tuvieran como efecto, con su luctuoso desenlace de Málaga, la radicalización de la izquierda. El partido de Adolfo Suárez desconfiaba del papel predominante que socialistas y comunistas pudieran tener en un futuro político exclusivamente andaluz.
Así las cosas, el sábado 7 de enero, la Asamblea de Parlamenta-rios Andaluces aprobó el texto base de un decreto-ley para el establecimiento del régimen preautonómico. Pero, desde ese momento hasta la aprobación definitiva de la preautonomía, el 19 de abril, los problemas políticos no paran de sucederse: mientras la mayoría de UCD, con el fin de equilibrar su debilidad minoritaria en una asamblea parlamentaria dominada por la izquierda, intenta por un lado incluir en el proyecto autonómico a las diputaciones, donde mantenía el poder heredado del anterior régimen, el propio Adolfo Suárez trata, por otro lado, de ralentizar el proceso todo lo que puede, ayudado incluso por la llamada “murcianización” que un sector del partido trata de poner en marcha desde Granada y Almería, con la consiguiente desestabilización de todo el proceso no sólo en cuanto al proyecto autonómico en sí, sino incluso de su misma organización política. Manuel Clavero jugaría en este punto un papel determinante al defender y luchar por la autonomía plena desde el propio Gobierno centrista, convenciendo finalmente a Suárez y obteniendo el visto bueno del Ejecutivo a su proyecto generalizador de las autonomías, que sería recogido en el título VIII de la Constitución.
Nace la Junta. Tras aprobarse la preautonomía para Galicia, Aragón, Canarias y Valencia –Cataluña y el País Vasco gozaban ya de ella con anterioridad–, el Gobierno accede también a un acuerdo para Andalucía, al que finalmente se llegaría a últimos de marzo. Fue entonces cuando, tras una enconada lucha entre centristas y socialistas, se estableció la creación de la Junta de Andalucía y la elección de su presidente. Aunque el nombre aceptado en principio por el Gobierno era el de Consejo Regional Andaluz, Clavero Arévalo consiguió cambiarlo por el de Junta de Andalucía antes de que su posible oficialidad probara la reacción en contra de toda la oposición. La celebración del Congreso de Cultura Andaluza en Córdoba (con Antonio Gala en la Mezquita al grito de “¡Viva Andalucía viva!”) daría paso a la elección del primer presidente andaluz, cargo que –tras ser vetada por los guerristas la propuesta de Rafael Escuredo impulsada por otro sector socialista– terminaría recayendo en Plácido Fernández Viagas. Fue el 27 de mayo cuando, en la cuna constitucional de Cádiz, se procedió por fin a la formalización de la Junta preautonómica con la consiguiente elección de Fernández Viagas, con el apoyo de comunistas e independientes. Un apoyo que a ambas organizaciones les valdría a cambio la adjudicación de sendas carteras en el primer gobierno andaluz de la historia: para el diputado de Málaga Tomás García, del PCE, la de Industria, y para el granadino Juan López Martos, independiente, la de Medio Ambiente. Los socialistas Carlos Sanjuán (Interior), Francisco de la Torre (Economía), Eugenio Alés (Educación), Antonio Delgado de Jesús (Sanidad), Rafael Escuredo (Obras Públicas), Félix Pérez Miyares (Agricultura) y Carlos Navarrete (Trabajo), completaban el ejecutivo preautonómico, aunque todavía con escasas funciones. Aunque en el tiempo que duraría su mandato nunca dejara de ser criticado por unos y por otros, Plácido Fernández Viagas conseguiría finalmente pasar a la historia por su destacado talante humano y un extraordinario sentido ético. El 21 de mayo de 1978 concedía una entrevista a Antonio Ramos, en la que decía:
“Nosotros sí nos dimos cuenta enseguida que se estaba perdiendo la mitad de la cultura española. La primera cosa que a mí personalmente me traumatizó fue pensar que la gente se había marchado, que los personajes estaban en América, que habían huido. Nos pasábamos a García Lorca en cuartillas mecanografiadas. Y García Lorca era pecado. Es cierto que se terminaba la carrera de Derecho sin leer a Marx. ¿Cómo se puede terminar una carrera de derecho sin leer a Marx? Y a Marx hay que leerlo. Para criticarlo el que quiera criticarlo o para entenderlo. Y claro que sabíamos que estos hombres... Yo, por ejemplo, sí sabía que Rafael Alberti había existido sencillamente porque a mí la guerra del 36 me coge con doce años estudiando ya tercero de bachillerato. Cuando nos examinaba el profesor de Literatura [usaba su antología], la abría y te leía el párrafo que te había tocado. Y a mí me abrió la antología por los ángeles de Alberti” (...) “Para mí Blas Infante es una de las pocas personas a las que admiro en la historia. Me produce verdadera emoción. Quizás es que yo sea un romántico, un idealista, pero me interesa mucho el hombre como tal, la persona humana. Entonces, a mí me emociona hasta las lágrimas y, por lo tanto, todo lo que te diga es bajo ese enorme respeto a la figura de Blas Infante. Hacen falta muchos Blas Infante en cada momento. Blas Infante fue, además, vilmente, no asesinado, sino tachado. Es lo que hizo el sistema con tantas cosas, tacharlas. Blas Infante fue desnaturalizado. Pero lo mismo que digo esto también digo que Blas Infante no profundizó mucho en el tema. Y no lo digo en sentido despectivo. Yo soy uno de los que piensan que los hombres no deben morir de viejos, sino de niños. Entonces, creo que hay bastante puerilidad en los planteamientos de Blas Infante” (Ideal, 21 de mayo de 1978).
El hecho es que en el PSOE no terminaban de ponerse de acuerdo sobre el ritmo que debía seguir el proceso autonómico. Fernández Viagas, Manuel del Pino y Rodríguez de la Borbolla formaban parte de la comisión redactora del Estatuto que se inició en Ronda y continuó con reuniones en Carmona, Córdoba y Granada. En esta comisión participaron también personajes como Soledad Becerril, Antonio Jara, Rafael Illescas, Ángel López, Juan Calero...
La primera propuesta del Pacto de Antequera, según la cual se solicitaba la petición de la autonomía por parte de dos tercios de los municipios andaluces, amparada en el texto constitucional, estuvo sometida a numerosas presiones. Por un lado, estaba el PSA y su propuesta de pacto de los parlamentarios andaluces en Congreso y Senado; y por el otro, se hallaba la UCD junto al resto los conservadores, con la pretensión de reducir el acuerdo a la Junta de Andalucía y excluir al mismo tiempo a todos los partidos sin representación parlamentaria. Las negociaciones para sellar el acuerdo llevaron dos meses de batalla política que pasaron su factura en el ánimo de Plácido Fernández Viagas, blanco sobre el que recaían las presiones de José Rodríguez de la Borbolla y Rafael Escuredo. A pesar de todo, el acuerdo terminaría firmándose el 4 de diciembre. El Pacto de Antequera supone el punto de partida en el proceso de iniciativa autonómica en los Ayuntamientos, con la certificación escrita de intentar alcanzar una “autonomía eficaz” en el “menor tiempo posible”. Y fue precisamente este sentido amplio de dicha declaración de propósitos lo que determinó que fuese firmado por todas las fuerzas políticas. Sin embargo, no se evitó la lucha consiguiente sobre la elección de la vía constitucional del 151 frente a la del 143. Pero la sangre no llegaría todavía al río: la cercanía temporal del referéndum de la Constitución del 6 de diciembre obligaría este año a los partidarios de una y otra vía a desradicalizar la conmemoración del aniversario del 4 de diciembre, acordándose por consenso sustituir las movilizaciones previstas en un principio por la institucionalización oficial del Día de Andalucía y la consecución en la histórica fecha del “Pacto de Antequera”. En la crónica política también se produce un cambio de interés: Federico Mayor Zaragoza es nombrado director general de la UNESCO –es la primera vez que un español accede a un puesto tan relevante– y, en consecuencia, deja su acta de diputado. También hay que destacar la integración del PSP en el PSOE. Mientras que Enrique Tierno Galván se convierte en presidente de honor de los socialistas españoles, su brazo derecho, Raúl Morodo, se retira discretamente, y en Granada, los seguidores del viejo profesor, como José García Ladrón de Guevara y Jesús Quero, rompen con sus aliados andalucistas para hacer su primer rodaje de convivencia con su nueva familia socialista.
“Proceso ejemplar”. Granada, en este 1978, se convierte igualmente en vagón activo del tren de la transición. Una transición que el ilustre hispanista británico Gerald Brenan no dudaría en calificar como “proceso ejemplar” en una entrevista que me concedió para El País Semanal. Con sus 84 años ya cumplidos en el momento de nuestra conversación, mantenida en su malagueña casa de la Cañada de las Palomas, en Alhaurín el Grande, merece la pena reproducir ahora algunas de las interesantes reflexiones que este observador imparcial de la historia contemporánea española me hacía entonces sobre el momento político de nuestro país:
EC. Como observador imparcial que ha sido de ambos procesos políticos en España, ¿podría darnos su opinión sobre el desarrollo de las las elecciones del pasado 15 de junio y comparar la actual situación con la de los años treinta, que usted vivió igualmente en nuestro país?
GB. Desde mi punto de vista, el 15 de junio del pasado año salió todo muy bien en España, enormemente mejor que en cualquiera de las otras elecciones que conocí durante los años de la República. Y es lógico que así haya sido, porque en realidad la situación psicológica de ahora es completamente diferente a la de los años treinta. Entonces el obrero español era un pobre hombre que sólo ganaba diez reales al día, o en el mejor de los casos, tres pesetas, y con eso no había prácticamente ni para que la familia hiciera las dos comidas. Hoy, sin embargo, creo que la mayoría de los obreros en España (me refiero, naturalemente, a los que tienen trabajo fijo) comen y se visten decentemente, tienen televisión y moto, o incluso coche, etcétera. Es una cosa completamente distinta a los años de la República, porque ya pueden ser considerados en su mayoría como proletarios y muchos de ellos se han convertido o están camino de convertirse en clase media, mientras que antes todos en general formaban parte de un enorme lumpen-proletariado, sin posibilidades reales de mejorar su estatus. Quizá por eso hoy no hay tanto odio como había entonces. Ahora, por regla general, los españoles están más cerca unos de otros, y esto me hace ser bastante optimista respecto al futuro.
EC. No pocas veces, sin embargo, se ha dicho y escrito que el pueblo español es uno de los más difíciles de gobernar que hay en el mundo, que los españoles nunca estamos satisfechos en materia política y que, cualquiera que sea el sistema que disfrutemos o padezcamos, siempre terminamos encontrando alguna excusa para la rebelión y el desorden. ¿Cree usted que ha podido cambiar esa idea a raíz de las pasadas elecciones?
GB. Efectivamente, se trataba de una imagen falsa por completo, aunque yo mismo caí en ella nada más llegar aquí, en el año 19. Sin duda, el desarrollo de las elecciones y de todo el proceso actual, que para muchos observadores neutrales ha podido ser considerado como ejemplar y modélico, ha servido para demostrar definitivamente que todo eso era mentira.
EC. ¿Esperaba usted un cambio político como el que estamos viviendo?
GB. Desde luego que no; todo está resultando mucho mejor de lo que yo esperaba. Claro que, cuando los ingleses y otros extranjeros me preguntaban qué pasaría en España después de que Franco muriera, y no eran pocos los que temían otra guerra civil, yo siempre dije que no creía en esta posibilidad. Pero es verdad que se puede decir que el paso a la democracia en España se está produciendo de manera completamente modélica. Algunos piensan, quizá, que se están produciendo demasiadas muertes durante el periodo de transición. Yo creo, sin embargo, que esas muertes no son achacables a la situación de cambio en sí misma, sino, más bien, al sistema anterior, que pretendía mantenerse a toda costa aún después de la desaparición del propio Franco. No obstante, la principal dificultad que tendrá que vencer el actual gobierno es, sin duda alguna, la misma que en estos momentos tienen planteada casi todos los gobiernos de Europa. Me refiero, claro es, a la situación económica, que puede ser especialmente problemática en España, debido a que la vida se pone cada vez más cara y nadie encuentra remedio eficaz contra ello. Porque lo lógico es que la clase obrera presione, a base de huelgas y otras acciones parecidas, para que se le pague por su trabajo un sueldo justo, por lo menos lo indispensable para vivir decentemente. Pero entonces subirán en seguida la comida, los artículos de primera necesidad y todo lo demás, y los obreros tendrán que pedir otra vez nuevos aumentos, y así sucesivamente. Es como la pescadilla que fríen en muchas casas españolas mordiéndose la cola, ¿verdad? Y, ¿cómo se va a solucionar este problema? Yo creo que la única manera de arreglarlo podría ser llevando a una tienda a los empresarios o al Gobierno, y con el jornal que gana un obrero de los menos cualificados pedir delante de ellos la leche, el pan, los huevos; en fin, todo lo que se necesita para mantener una familia al cabo del día. Así, por lo menos, se enterarían los empresarios y el Gobierno de cuál es el problema. Pero lo malo es que en este país, desde que murió Franco, todo el mundo no piensa más que en política y, por lo visto, nadie se acuerda de la cosa económica. Claro que, después de 40 años sin que nadie pudiera hacer política o hablar de ella, lo lógico era que todos se intentaran desquitar a la primera ocasión.
EC. ¿Usted cómo se definiría políticamente? Para no poca gente, sus simpatías por el anarquismo son indudables.
GB. Bueno, yo no puedo negar que el anarquismo en España fue un tema que me apasionó en su momento, en especial porque se trataba de un asunto casi desconocido en Inglaterra, y que, sin embargo, resultaba fundamental si se intentaba comprender la evolución política española en los años anteriores a la guerra civil. Además, creo que lo que escribí sobre el anarquismo en El laberinto español, es la única parte del libro que todavía sigue conservando todo su valor. Pero la verdad es que, hoy día, aunque siga existiendo en España y constituya quizás un fenómeno único en Europa, no creo que, en realidad, tenga ya mucha importancia. Lo que pasa es que el anarquismo sindical ha trasvasado muchas de sus ideas a los propios socialistas. Por ejemplo, la cuestión de la autogestión, eso de que la fábrica sea gestionada por los propios trabajadores, es una idea netamente anarquista que hoy tienen en programa la mayoría de los sindicatos socialistas y que, en Inglaterra, incluso algunos conservadores están empezando a defender, aunque muy tímidamente, porque va en ella la última posibilidad de asegurarse, en el fondo, el control permanente de la situación.
EC. Entonces, políticamente, ¿dentro de qué tendencia se puede encuadrar a Gerald Brenan hoy día? ¿Se le puede considerar, por ejemplo, y como buen británico que sigue siendo, partidario del sistema monárquico como forma del Estado?
GB. En realidad, yo nunca me he planteado la disyuntiva monarquía o república. Para mí, la cuestión consiste, por el contrario, en democracia o dictadura, socialismo o capitalismo. Y en ese sentido, yo soy socialista desde hace muchos años, pero no partidario del modelo socialista actualmente vigente en los países del Este, sino de un socialismo humanizado, donde no todo consista en suplantar la burguesía por una nueva clase formada por burócratas y dirigentes del partido único. Por eso, en estos momentos estoy muy interesado por el Eurocomunismo, pues creo que los eurocomunistas se declaran en contra del modelo de Rusia, y esto me parece bastante positivo.
EC. ¿A usted le ha interesado siempre la política?
GB. Hasta cierto punto, sí. Todos los temas políticos de actualidad me interesan mucho, aunque la verdad es que nunca me he dedicado a estudiarlos seriamente. A lo que yo he dedicado más tiempo ha sido a la literatura, los viajes e, incluso, la antropología.
Cambios y luchas sociales. En Andalucía no podía perderse el tren de los cambios sociales que acontecían en España, tales como la despenalización del adulterio, el establecimiento de la mayoría de edad a los 18 años, la consecución de elecciones sindicales libres y, como colofón definitivo, la aprobación de la Constitución, no antes sin sufrir por ejemplo la pequeña punzada de la denominada “Operación Galaxia”, el 18 de noviembre: fueron detenidos entonces el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina y el capitán de la Policía Armada Ricardo Sáenz de Ynestrillas como implicados en ese golpe militar que tenía como objetivo asaltar la Moncloa y tomar como rehén a Adolfo Suárez, con el propósito de obligarle a formar un gobierno de concentración nacional. Andalucía, muy sensible a la vorágine de la transición, asiste a lo largo del año a importantísimas movilizaciones jornaleras y grandes protestas como las ocurridas en Cádiz contra la reconversión naval. Y esto mientras el Betis pasea gloriosamente el nombre de Sevilla por Europa sin prever el desenlace fatal del descenso posterior a segunda división y en el Palmar de Troya se produce la autoproclamación de Clemente Domínguez como “Papa alternativo” justo en el mismo año en que fallece Pablo VI y en Granada repican las campanas por la elección de Albino Luciani como el nuevo Papa Juan Pablo I el domingo 27 de agosto. Juan Pablo I sería enseguida rebautizado como “El Breve”, dado su repentino fallecimiento apenas pasado un mes de su elección. Y Juan Pablo II, el papa Wojtila, se convertiría entonces en “el Papa para los tiempos que corren”, frase ésta muy repetida desde la Iglesia.
La lucha de los trabajadores se generaliza desde los primeros días del año y la participación sindical adquiere gran importancia. Por ejemplo, el lunes 30 de enero votaron cuatro mil trabajadores en Granada en las elecciones sindicales, con resultados muy positivos para CC OO, UGT y CSUT. Aún así, la nota más destacable de esas elecciones en Granada la constituyó la imposibilidad de participar en las mismas de más de las dos terceras partes de la población activa total de la provincia, debido, por un lado, a la exclusión de los 90.000 trabajadores del campo que se contaban entonces y, por otro, a que casi la mitad de esa población activa trabajaba en empresas con menos de 6 trabajadores en plantilla, límite para la participación sindical. En el ámbito de la lucha obrera, empresas como Azulejera Granadina se convierten en titular de periódico a lo largo del primer trimestre: en enero aceptan una exposición sobre cooperativismo desde el modelo de Los Pastoreros como posible salida de reorganización, pero pronto empiezan los conflictos, porque, a pesar de ciertos análisis en positivo sobre la viabilidad del sector, a mediados de febrero los trabajadores se encierran como medida de protesta ante la intención de cierre desde la dirección de Azulejera. Apenas un mes después se anuncia el cierre definitivo de la fábrica, contra lo que los obreros vuelven a reaccionar rompiendo además un preacuerdo pactado. Se llega incluso a realizar una campaña de recaudación de fondos para ellos, hasta que, por fin, el jueves 16 de marzo, Magistratura condena a Azulejera a la readmisión de los trabajadores.
Paralelo a este conflicto laboral se vivieron no pocos más en Granada. En enero, los taxistas secundan una huelga ya iniciada en Sevilla que abarca casi una semana. Se solicitan revisiones salariales en empresas de limpieza y embotelladoras. A final de mes se inicia el goteo de los paros de una hora en la construcción, como medida de protesta de los trabajadores ante la postura de la patronal de negarse a iniciar las negociaciones para la revisión del convenio provincial del sector, cuya vigencia finalizó el 31 de diciembre del 77. Las reivindicaciones salariales se hacen extensibles incluso al personal del Ayuntamiento de Granada, firmando estos últimos una subida lineal de cinco mil pesetas a mediados de febrero. Pero el sector de la construcción necesitaría de más lucha para alcanzar el convenio perseguido, por lo que el 20 de febrero se inicia la huelga general de la construcción con una repercusión absoluta y que se prolongaría hasta la primera semana de marzo. La patronal ofrecía un aumento lineal de 64.960 pesetas anuales para todas las categorías, mientras que por su parte, la comisión negociadora de los trabajadores pedía un sueldo base para el peón de 28.000 pesetas al mes. El viernes 10 de marzo se firma por fin el convenio con la fijación de un sueldo base para el peón de 775 pesetas diarias, más dos pluses extrasalariales de cien pesetas cada uno, lo que suponía un sueldo mensual de 27.536 pesetas para dicha categoría.
Nuevas huelgas salpican el horizonte laboral de la provincia, algunas por inercia gremial regional o nacional, otras por propia iniciativa. La prensa se hace eco en marzo del fin de la huelga de funcionarios y del inicio de la de Sevillana con la amenaza incipiente de un “apagón” que no llegaría a producirse tras el oportuno acuerdo por las partes, con firma del convenio el jueves 30 de marzo. En abril es el sector del metal el que inicia su huelga, con paros intermitentes durante su segunda quincena y con la detención total de la producción el 16 de mayo. Igual que en el sector de la construcción, se fija, por parte sindical, la referencia de 28.000 pesetas como sueldo mensual para el peón y se añaden otros puntos importantes a la plataforma reivindicativa, como son la reducción de horas de trabajo semanales, la jubilación obligatoria a los sesenta años y la fijación de la paga extraordinaria de verano en la fecha del 21 de julio, en memoria de los tres albañiles muertos por disparos de la policía durante la huelga de la construcción de 1970. Este conflicto no se solucionaría hasta final de mes, con algún que otro fleco que sería atado unas semanas más tarde. El 15 de junio se declaran en huelga indefinida los funcionarios de la AISS y el 28 se anuncia que habrá huelga en el Hospital Clínico, como anticipo de la que se produciría a mediados de septiembre por parte de los médicos de hospitales de la Seguridad Social. Incluso la asamblea provincial de vendedores de prensa de Gra-nada acordó en marzo tomarse el lunes como día de descanso semanal, permaneciendo los quioscos cerrados desde el mediodía del domingo hasta la mañana del martes. Esta medida progresista en tanto que ahondaba en la disminución de horario de trabajo semanal, era la primera vez que se adoptaba en España y sería igualmente implantada en otras provincias. Y todo este movimiento reivindicativo, toda esta lucha laboral, se realizaba en una situación en la que, además, el paro se convertía en el principal escollo social, señalándose con actos como la “Marcha de los Para-dos” en Madrid –a cuyo acto final del 19 de marzo acudieron 200 granadinos– o la jornada europea de protesta contra el paro del día cinco de abril.
Federica Montseny. En otro espacio distinto a éste de la lucha obrera y sindical, la Granada de la transición continúa en su empeño de sacudirse el sopor heredado con iniciativas que iban sucediéndose entre visita y visita de algún personaje ilustre, como el embajador mejicano en abril o el embajador de la República Federal Alemana en mayo, que traía un mensaje de optimismo industrial desde la CEE. En ese mismo mes se recibió en Granada la visita de la figura histórica del anarquismo y ex ministra de Sanidad Federica Montseny, quien, en el antiguo estadio de fútbol Sánchez Herrera del Zaidín, declara: “Lo que ha pasado después es la apisonadora del franquismo, liquidando a militantes nuestros, miles y miles de militantes muertos; obligando a vivir en las cárceles, a vivir escondidos. Y ha sido preciso que pasasen cuarenta años para que de nuevo la CNT volviera a resurgir y adquiriera otra vez crédito, prestigio y simpatía ante la clase obrera, la juventud y los intelectuales”.
El presidente de Sudán, el vicepresidente de Rumanía o el presidente de Finlandia fueron otras de las visitas que titularon los diarios y que valen como indicativo de la internacionalización de la capital granadina que se pretendía, sobre todo, como vía para potenciar el desarrollo turístico de la ciudad. No era por tanto de extrañar la enorme publicidad que se daba al alto número de visitas que la Alhambra acogía a diario y a sus ilustres visitantes.
Sin embargo, entre las páginas de los periódicos podían leerse aún noticias que daban testimonio del momento exacto, real, de la transición en que se hallaba la sociedad española, granadina, del 78. Aparte de los problemas derivados de la coyuntura económica del momento, que se traducía por ejemplo en el déficit alarmante de más de 45.000 plazas escolares en la provincia, aconteció en noviembre la detención en Granada, de siete hombres y una mujer, militantes de la Convención Republicana –partido no legalizado aún– acusados de asistir a una reunión ilegal preparatoria del segundo pleno regional de dicho partido. Ante esto, en un comunicado firmado por el grupo parlamentario del PSOE, así como por diversos partidos de izquierda y centrales sindicales, se hizo público que cuatro de los ocho detenidos (dos estudiantes, un obrero de la construcción y un campesino) se encontraban encarcelados por mandato judicial. En el comunicado se afirmaba que esos hechos constituían una atentado contra los derechos y libertades democráticas y se pedía la puesta en libertad de los detenidos. Bajo fianza, se concedía dicha libertad a los cuatro detenidos varios días después de su detención.
De destacada mención fueron igualmente los incidentes entre estudiantes universitarios y grupos de extrema derecha los días 12, 13, 14 y 15 de mayo. Estos últimos, armados de cadenas y porras, se identificaban como miembros del FAE (Frente Anticomunista Español), realizaron sus agresiones en las facultades de Medicina, Ciencias y Derecho de la universidad granadina. La acción más violenta tuvo lugar en la Facultad de Derecho, cuando unos veinte jóvenes se dedicaron -dando vivas a Cristo Rey, Blas Piñar y Fuerza Nueva- a arrancar carteles que aludían al aniversario de la República y golpear indiscriminadamente a cuantas personas había en los patios y pasillos del edificio.
Fiesta por la libertad. Otro hecho indicativo del momento histórico que se vivía era la actitud institucional ante el homenaje de junio que en Fuente Vaqueros se preparaba a Federico García Lorca. El gobernador civil de Granada prohibió, en un primer momento, la celebración del homenaje popular al poeta que, con motivo del cumplimiento del ochenta aniversario de su nacimiento, estaba siendo organizado por una comisión de vecinos de dicha localidad de la vega granadina. Curiosamente, aunque en la solicitud sólo se hacía mención a la celebración de una serie de actividades de tipo cultural y recreativo (recitales de poesía, música, teatro, etc.), en la comunicación oficial del Gobierno Civil, para denegar el permiso, se alude a una “concentración” en lugar de acto cultural. Los organizadores pretendían institucionalizar definitivamente este año la fiesta del “cinco a las cinco” como fiesta oficial del pueblo, recogiendo, de esta manera, la idea de la comisión organizadora del histórico homenaje que dos años antes supuso, bajo el nombre de Fiesta por la Libertad y la Democracia, el primer gran acto popular de masas autorizado en España. Finalmente, tras el paréntesis electoral del año anterior, en esta ocasión el acto sí acabó celebrándose, tras las pertinentes correcciones de los innumerables defectos formales que, al parecer del gobernador civil, adolecía la petición inicial. Ese día Fuente Vaqueros vivió una jornada de fiesta grande en homenaje a su paisano Federico García Lorca. Primero fueron los niños del pueblo quienes recordaron por la mañana al poeta con una lectura de poemas en su memoria escritos por ellos mismos. Por la noche, después de cuatro horas de homenaje en sí, la presentación oficial de la primera edición de las dos obras inéditas de Lorca (El público y Comedia sin título), el ofrecimiento de un ramo de flores a Carmen Ramos, una anciana de 86 años que fue en su día niñera de Federico, y la celebración en la plaza de una verbena popular, prolongaron la fiesta. Antes, a las cinco en punto de la tarde, mientras por los altavoces se oía la voz de Nuria Espert recitando el Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, dos palomas blancas volaron sobre la plaza para anunciar el inicio de la fiesta. José Martín Recuerda, Carlos Cano, Paco Moyano, Antonio Mata, Miguel Ángel González, Enrique Moratalla, Ángel Luis Luque, Manolo Montes y el extremeño Juan Antonio Espinosa, entre otros cantantes y cantaores de flamenco, así como los poetas Ladrón de Guevara, Pepe Heredia y Juan de Loxa, protagonizaron a lo largo de la tarde los momentos más destacados. Entre las múltiples adhesiones de organizaciones políticas y personalidades de la cultura que fueron llegando a Fuente Vaqueros durante el acto, dos en especial caben ser destacadas por su significación: la del presidente de la Junta de Andalucía, Plácido Fernández Viagas, y la del poeta y amigo de Lorca, Jorge Guillén, quien, por problemas de salud, no pudo asistir al acto.
Junto a este tipo de noticias, han de encajarse otras que iban marcando determinados ámbitos de la vida granadina, como la propuesta de creación de un hipermercado a principios de año o la celebración del partido de fútbol entre la selección española de Ladislao Kubala frente a México en el estadio de Los Cármenes, o de gran repercusión social, las divagaciones de la institución eclesiástica. El 28 de junio se inició en Granada la V Junta General de la Hermandad Sacerdotal Española, de cuyos debates y sesiones de trabajo se destacó la oposición prácticamente general al texto de proyecto constitucional elaborado por la comisión del Congreso de los Diputados.
A vueltas con el Patrimonio. Este mismo año, en el mes de junio, se produjo la inauguración del Auditorio Manuel de Falla con la presencia del ministro de Cultura de entonces, Pío Cabanillas, y la actuación de la Orquesta Nacional de España bajo la dirección del maestro Antoni Ros Marbá. En dicho mes de junio se celebró en Granada el VI Congreso Nacional de Libreros –presidía el gremio en Granada Manuel Barrera–, en el que se incidió en la necesidad inaplazable de la colegiación de los libreros, a cuya clausura se eligió una comisión representativa encargada de organizar la futura Federación Nacional de Asociaciones de Libreros. El Congreso dedicó un homenaje a García Lorca, al que asistió su hermana Isabel, y algunos expertos en su obra, como Claude Couffon, Marie Lafranque y José Luis Cano. En septiembre se ejecutó la creación del Centro Asesor de la Mujer y en octubre se polemizaba nuevamente sobre la imposibilidad económica de restaurar y reabrir al público el maltrecho Carmen de los Mártires. Se recordaba entonces que el Carmen de los Mártires fue vendido por su propietaria, sor Cristina de la Cruz Arteaga, hija del duque del Infantado, en 1957, al Ayuntamiento de Granada para su tutela y conservación en nombre de la ciudad, con la expresa recomendación de que debería pasar con el tiempo a ser definitivamente propiedad del pueblo granadino y convertirse en un parque público. Sin embargo, cuatro años antes de este 1978, el Ayuntamiento de Granada, en el que figuraba el alcalde del momento Antonio Morales Souvirón como primer teniente de alcalde, firmó un contrato con la empresa IFA-Hotel S.A. para la construcción de un hotel de lujo en el histórico recinto de Los Mártires, contrato incumplido por dicha empresa que llevó la incautación de la fianza hasta las arcas municipales y que, por desgracia, acabó convirtiendo Los Mártires en un carmen tapiado, con el palacete completamente arruinado, los jardines abandonados y el bosque cada vez más deteriorado. Junto a este hecho de carácter monumental, destacaron otros que igualmente se tildan de rabiosa actualidad, como son la polémica suscitada en abril por el derribo de un sector de la Alcaicería, con ratificación incluida desde el Supremo del acuerdo del Ayuntamiento en ese sentido; el alto deterioro de la Casa-Molino de Ángel Ganivet, coincidiendo con el ochenta aniversario de la muerte, por suicidio, del escritor; la negativa del Ayuntamiento al derribo del Café Suizo, o el conocido conflicto en la ciudad referente a la oposición al radiotelescopio que estaba a punto de instalarse en Sierra Nevada. Se hablaba de la ubicación en las cumbres de Sierra Nevada por parte de la entidad científica francoalemana IRAM (dedicada al estudio y desarrollo de la radioastronomía en microondas) de un radiotelescopio con antena parabólica de más de treinta metros de diámetro, el mayor del mundo en su género. Ante esto se organizó una campaña de oposición por parte de un grupo de montañeros y ecologistas granadinos que consideraban que destrozar en nombre de la ciencia la tercera altitud máxima peninsular (el pico del Veleta) en un macizo de tan escasa extensión como Sierra Nevada, sería un ataque en bloque a toda la Sierra y una seria amenaza para su equilibrio ecológico y paisajístico. Se argumentaba que, teniendo en cuenta los fuertes vientos de la divisoria de la Sierra, los cimientos exagerados para el soporte de la antena y edificios anejos harían peligrar la obra geológica de millones de años del macizo montañoso. Como alternativa al proyecto, los ecologistas y montañeros granadinos que encabezaban la campaña de oposición señalaron otros lugares alternativos de menor impacto.
Protagonismo cultural. El dietario cultural granadino se escribió también desde la singularidad del escándalo que traspasaba incluso nuestras fronteras. En la exposición de la UNESCO sobre Granada celebrada en enero en la sede del organismo internacional en París, fueron censuradas, por decisión del embajador español, dos obras de Paco Martín Morales, lo que provocó la reacción de numerosos artistas granadinos que expresaron su enérgica protesta por lo que consideraban un nuevo atentado a la libertad de expresión por motivos políticos. Claudio Sánchez Muros, José Manuel García Agüera, Antonio Ávila y Andrés Vázquez de Sola solicitaron que sus obras fuesen descolgadas de la exposición en solidaridad con Martinmorales. No sorprende por tanto la efervescencia del compromiso político y social de los artistas en aquella Granada de la transición. Manuel García Agüera, a propósito de la inauguración de la exposición colectiva sobre “Arte, cultura y derechos humanos” que se mostró en el Club Larra en la primera semana de marzo, declaró: “La ausencia de las libertades y los derechos humanos perjudica no sólo en la esfera cultural, sino en todas las facetas de la vida ciudadana: recordemos en este sentido la amarga experiencia del movimiento obrero en Granada y provincia, desde la muerte a tiros de tres albañiles durante la huelga de la construcción del año 70”. En un comunicado al público, los participantes –pintores, fotógrafos, poetas, cantantes...– manifestaron su vinculación a la lucha por la consecución en España de las libertades fundamentales de los hombres y por la defensa de los derechos humanos. Y es precisamente en el plano cultural donde se hallan quizás los nombres protagonistas del momento, unas veces desde la importancia del grupo, caso del Colectivo 77, al que pertenecían, entre otros, Álvaro Salvador, José Antonio Fortes, Miguel Ángel González, Andrés Soria Olmedo, José Carlos Gallegos y Joaquín Lobato, premio García Lorca de Teatro de ese año; otras veces desde la individualidad, caso del accitano José Asenjo Sedano, premio Nadal de 1977, que presentaba su novela Conversaciones sobre la guerra. Asenjo Sedano, escritor y andalucista, declaraba que el regionalismo andaluz tenía una deuda pendiente con los llamados escritores, entonces, de la nueva narrativa, debido a la gran influencia que el movimiento tuvo en el desarrollo de la “conciencia andaluza”, pues afirmaba, a propósito del andalucismo literario, que a pesar de que en todas las épocas ha habido grandes escritores andaluces, nunca existió hasta entonces un movimiento literario exclusivamente andaluz.
A esta reivindicación de la cultura andaluza en estricto se unieron hechos tan significativos como la creación de la revista de arte y literatura El Despeñaperro Andaluz –editada por Juan de Loxa, cincuenta años después de la revista Gallo, en la que tuvieron cabida nombres como José Martí, Gerald Brenan, Julio Cortázar, José Infante, José Luis Ortiz Nuevo, Rafael de Cózar, Rafael Pérez Estrada, Francisco Javier Egea, Carmelo Sánchez Muros y Raúl Hernández, seudónimo de quien suscribe– o la presentación de la cooperativa editorial Aljibe, que nace con el único propósito de otorgarle al pueblo andaluz sus propios órganos de expresión. Constanza Fernández, Antonio Ramos, José Heredia Maya, Antonio Burgos, Eladio Fernández-Nieto, José María Rosales, Antonio Checa, Manuel Gómez Cárdeña, Martinmorales, Pope Godoy, Paco Moyano, Carlos Cano y yo mismo fuimos algunos de los nombres propios que se unieron a dicha editorial. En mayo se presentó precisamente el Cancionero del cantautor granadino publicado en dicha editorial. En el acto de presentación Carlos Cano declaraba: “Creo que Andalucía es muy rica y diversa, pero hay una cultura, un lenguaje que nos une a todos los andaluces y que define la realidad de una sola Andalucía [...]. A pesar de los dos tópicos, diferentes y contrapuestos, con que tradicionalmente se ha tratado de entender o explicar la situación andaluza –o todo era la Andalucía de pandereta o, frente a ella, la tierra del eterno luto y de la pena negra–, yo entiendo la canción como una exposición del conjunto de problemas, inquietudes, penas y alegrías, costumbres, etcétera, donde lo que realmente importa es que la gente pueda recoger ese sentimiento”.
Desde el Gabinete de Teatro y Actividades Culturales del distrito universitario de Granada, se organizó el II Festival de Teatro Independiente de Andalucía, con propuestas de cartel como El bello Adolfo, presentado por el Teatro del Mediodía y que clausuró la muestra, o la obra Herramientas, de Salvador Távora, representada por el grupo La Cuadra, la cual se suspendió en una de sus sesiones debido a un incidente protagonizado por unos boicoteadores. La Universidad de Granada propone, en abril, la investidura de doctores “honoris causa” para cinco poetas de la Generación del 27: Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre y Rafael Alberti, aunque más tarde se polemizara con este último. En junio se organiza un seminario-homenaje a Bertolt Brecht, con la intervención del ensayista y crítico francés Bernard Dort, profesor de Estudios Dramáticos de la Sorbona de París, y el profesor Juan Carlos Rodríguez, entre otros. Por fin, antes de acabar el año, Antonio Ramos publicaba en Aljibe su Andalucía, campo de trabajo y represión y mi novela La mala conciencia se alzaba con el premio de narrativa Ángel Ganivet de la Universidad de Granada, compartido (ex aequo) con el veterano José Fernández Castro. Y desde Murtas llegaron ecos del encuentro de troveros alpujarreños, que para fomentar aún más la rivalidad de este arte de los juglares populares presentaban a Epifanio Lupión, por la derecha, y a Miguel García Maldonado (Candiota), por la izquierda.
Pero, sin duda, 1978 fue sobre todo el año de la preautonomía y del referéndum constitucional. La importancia social del mismo no podía valorarse aún, pero sí que se obtuvieron números para la historia de Granada: hubo 477.644 posibles electores en 166 municipios de los que votaron el 69,33 %, con un 91,59 % de votos a favor y un 5,87 % de votos en contra.
Fue también un año de transición entre las nuevas y viejas estructuras. Con más o menos dificultades, la democracia había calado en el pueblo. Pero la gente quería conocer la democracia más cercana. No tardarían en llegar los nuevos alcaldes y concejales en la siguiente etapa de este sueño. |
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