Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
18 de marzo de 2026
 

 
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  1980
  Rafael Rodríguez
  28-F, sí, por los pelos
  Málaga también dice sí. Por los pelos, pero el 28 de febrero, jueves, dice que sí a que Andalucía acceda a la autonomía plena por la vía del Artículo 151 de la Constitución. Tan apretado es el desenlace del Referéndum que hasta las seis de la madrugada, diez horas después del cierre de las urnas, nadie respira tranquilo. Cuando ya amanece, el Gobierno Civil da por bueno que el 50,77% de los malagueños censados, incluidos muertos, nombres duplicados y menores de edad, ha dado su voto afirmativo y, de paso, un enrabietado corte de mangas al Gobierno. En el Salón de los Espejos del Ayuntamiento, donde se dan cita cientos de dirigentes y militantes de todos los grupos menos de la UCD, desaparecen el susto y la congoja vividos durante la tarde-noche y estalla la alegría. Este sí marca 1980, un año en el que ETA P-M siembra otra vez el terror en la Costa del Sol.

Intensa vida cotidiana. I
nmersos, desde el primer día, en una frenética y crispada actividad política y a la espera de que el Gobierno de la UCD convoque de una vez el referéndum de ratificación de la vía para acceder a la Autonomía plena, los malagueños inician el bisiesto 1980 deseosos por vivir una experiencia única: las primeras rebajas de invierno de su historia con El Corte Inglés, que en mayo pasado había abierto sus puertas en la Prolongación de la Alameda. Es, sin duda, un acontecimiento de masas. El 7 de enero, desde muy temprana hora, cientos de personas hacen cola atraídas por el reclamo de las ofertas: abrigos, 5.995 pesetas; pantalones, 1.195; y chaquetones, 1.695. Es todo un reto para el pequeño y mediano comercio tradicional de la ciudad, que tanto había protestado el año anterior por la llegada del gigante del sector. Los comerciantes locales siguen anclados en un concepto empresarial del pasado, sin ambiciones de futuro y con el único objetivo conformista de tener un chalet en El Rincón de la Victoria o en La Cala del Moral. Los establecimientos de siempre (Félix Sáenz, Gómez Raggio, Almacenes Mérida, Álvarez Fonseca, Woolworth y Espejo Hermanos) se ven obligados a ponerse las pilas y a competir. Meses después, dos de ellos, el histórico Gómez Raggio y Woolworth, sucumben en la batalla y cierran.

Enfrascados en las rebajas, los malagueños conviven la primera semana del año con paros del sector pesquero y de los taxistas, en protesta por la subida del precio de los carburantes; con el inicio del desmantelamiento de las casas prefabricadas de La Palma que lindan con el cauce del Guadalmedina; con asaltos a colegios, como el sufrido por el Gálvez Moll, en La Palmilla, con 1.200 alumnos; con un crimen en la barriada 26 de Febrero, donde un hombre mata de varias puñaladas a un vecino porque le molestaba su camión; con la desastrosa temporada liguera del Málaga, que es colista de Primera División, hundido y con cinco negativos; y con el dinero que una serie del segundo premio de la lotería de El Niño deja en Antequera.

La aún incipiente Universidad va construyéndose pasito a pasito. Tras las vacaciones de Navidad, se pone en marcha el primer curso de la Facultad de Derecho. Lo hace tan en precario y tan cogido con alfileres que las clases se imparten en unas instalaciones improvisadas en la Facultad de Medicina, ya que aún no han comenzado las obras de unas previstas aulas prefabricadas en El Ejido. En el inicio cuenta con 346 alumnos oficiales, más otros 80 que pueden matricularse como libres oyentes, y con sólo cuatro profesores, además del decano comisario Antonio Pérez de la Cruz Blanco. Días después se produce un grato anuncio: la creación de 59 nuevas cátedras para las Facultades de Económicas, Medicina, Filosofía y Letras y Derecho. Es una buena noticia que, a finales de mes, tiene el contrapunto de un gran sobresalto de origen desconocido y nunca aclarado: la colocación de dos artefactos explosivos en la Facultad de Económicas que, afortunadamente, son desactivados por artificieros de la Policía Nacional antes de que explosionen.

Entre tanto ajetreo, los seguidores de la canción popular española están de enhorabuena. En enero, por el Teatro Cervantes pasa lo mejor de lo mejor. Entre año nuevo y Reyes, Marifé de Triana ofrece su último espectáculo, La Copla, en el que también figura Enrique Montoya. Una semana después, la cita es con una joven y aún soltera Isabel Pantoja y su "¡¡Así soy yo!!" –textual–, a quien acompaña en el cartel el tradicional galán Máximo Valverde. Y a final de mes el turno es para Manolo Escobar. Las entradas se agotan en todas las actuaciones. Los pintores de casa y con proyección externa abren exposiciones a pares. Evaristo Guerra inaugura el mismo día en la sala de la Caja de Málaga y en el Museo Provincial de Arte y Enrique Brickmann, ya sin escaño en el Senado, expone, también a la vez, en la Diputación y en el Museo Provincial. Comienzan los actos y celebraciones del primer centenario del Conservatorio Superior de Música y el Consejo de Ministros declara monumento histórico-artístico nacional el alminar del municipio de Salares y el convento y la iglesia de los Trinitarios Calzados, en la capital.

En este ambiente de lo cotidiano, y conociendo el dato de que el año arranca con 55.900 malagueños sin un puesto de trabajo, entre el 11 y el 13 de enero, la UGT, totalmente arropada por el PSOE, celebra en Málaga su primer congreso regional de Andalucía. El cónclave, más que por asuntos sindicales, está marcado por el lío nacional montado por el incierto futuro de la Autonomía andaluza. A la inauguración asisten el secretario general, Nicolás Redondo, el responsable de organización y senador malagueño Antonio García Duarte, el también dirigente ugetista y diputado por Cádiz Manuel Chaves y el secretario regional del PSOE, José Rodríguez de la Borbolla. Participan 20 delegados por cada una de las ocho provincias. La UGT asegura que tiene 200.000 afiliados en Andalucía, 20.800 en Málaga. En la clausura, y una vez que Faustino Díaz es elegido por unanimidad secretario regional del sindicato, el secretario general del PSOE, Felipe González, que es la estrella invitada, afirma que “el pueblo andaluz va a superar el reto del 28 de febrero y va a iniciar el proceso autonómico con fuerza”.

Por esos días, el Gobierno Civil y la Diputación andan a la gresca. El gobernador, José Estévez Méndez, se niega a validar un acuerdo plenario de la corporación provincial que fija una subida lineal para sus funcionarios. Este conflicto institucional coincide en el tiempo con un hito de concordia en la breve historia de la democracia municipal: los siete concejales de la UCD en el Ayuntamiento de Málaga aceptan la propuesta del alcalde y se integran en el gobierno local, formado hasta entonces por socialistas, comunistas y andalucistas. Pedro Aparicio reordena su equipo y los centristas asumen competencias cedidas por otros grupos, como cementerios, congresos, mataderos, mercados, abastecimientos y viviendas.

Y se arma el follón. Sin embargo, cuando los partidos aún no han tenido tiempo de saborear el novedoso gobierno municipal de todos con todos, estalla la bomba de la Autonomía andaluza. El día 17, jueves, la ejecutiva nacional de la UCD, presidida por Adolfo Suárez y con varios y cualificados dirigentes andaluces de su partido sentados a la mesa, acuerda que Andalucía debe acceder a su autonomía por la vía lenta del artículo 143, y no por la del 151.

Ante este inesperado y sorprendente giro, en Málaga, como en toda Andalucía, la reacción del resto de partidos e instituciones es inmediata y contundente. El socialista Enrique Linde, presidente de la Diputación, califica la decisión de la UCD de “agresión al sentimiento andaluz”. El diputado comunista y consejero de Industria de la Junta preautonómica, Tomás García, asegura que “se trata de un golpe que muestra el temor a que la voluntad autonómica tenga un contenido progresivo”. Y el parlamentario andalucista y consejero de Medio Ambiente, Miguel Ángel Arredonda, afirma que “lo que se pretende es que Andalucía carezca de poder político y económico” y, en nombre del PSA, propone que todos los partidos abandonen la Junta.

Los responsables de la UCD en Málaga, a quienes la decisión de su ejecutiva nacional les pilla en fuera de juego, no saben qué decir ni dónde meterse. El diputado Ignacio Huelin Vallejo sólo acierta a comentar que hay que ser cautos, que aún es pronto para valoraciones y que hay que esperar a lo que acuerde el consejo político. Lo cierto es que ninguno protesta ni secundan el inmediato zapatazo de su presidente regional y ministro de Cultura, Manuel Clavero, quien proclama su disconformidad con la postura de su partido y quien, de vuelta a casa, en el aeropuerto de Sevilla, grita a los cuatro vientos que votará sí en el referéndum.

En medio de un impresionante chaparrón de críticas y de una tremenda hostilidad social, el comité provincial de la UCD, presidido por Luis Merino Bayona, se reúne dos días más tarde y aprueba “aceptar y ajustarse estrictamente a los acuerdos de la dirección nacional en materia autonómica”. A partir de ese momento, sus líderes se apresuran a vender en los medios de comunicación cercanos la bonanza y las excelencias que para Andalucía tendrá el camino autonómico del 143 y la perversidad que supondrá la del 151, que hasta ahora defendían. El senador Francisco Villodres asegura que “la nueva vía propuesta por la UCD permite alcanzar el mismo techo autonómico que la anterior” y que “nuestro partido prefiere llegar más tarde, pero llegar bien”. En similares términos se pronuncia el diputado Francisco de la Torre, entonces secretario regional de los centristas, quien no duda en aseverar que “el artículo 151 supone una aventura peligrosa para Andalucía” y que “la vía del 143 es más firme, segura y eficaz”.

Las hostilidades se desatan y, secundando la propuesta del presidente de la Junta, Rafael Escuredo, los ayuntamientos malagueños –en un 60% gobernados por la izquierda– convocan plenos extraordinarios para ratificar su firme respaldo a que Andalucía acceda a la autonomía rápida y plena. El de Málaga capital, que se celebra el día 23 en medio de una enorme tensión popular, con cientos de indignados y enfurecidos ciudadanos en el salón, supone todo un papelón para los ediles de la UCD. Su portavoz, Andrés García Maldonado, entre la mofa de sus adversarios políticos, recurre a todos los posibles malabarismos de la oratoria para justificar el cambio de postura de su partido. La sesión llega a su punto cumbre cuando el portavoz del PSOE, Francisco Oliva García, pide que se reproduzca y la corporación escuche la cinta del pleno del 27 de julio pasado en el que el Ayuntamiento había acordado, por unanimidad, su apoyo a la vía autonómica del 151 y en el que el representante del grupo centrista había defendido a ultranza lo mucho y bueno de este camino para Andalucía. Leopoldo del Prado (PCE) y Rafael García Cervantes (PSA) no escatiman en su rapapolvo a la UCD y reiteran su absoluto respaldo al referéndum. También la Diputación adopta un acuerdo similar en otro pleno extraordinario y pide a los alcaldes y concejales de la provincia que se movilicen.

En pleno rifirrafe, la UCD mueve todas y sus muchas estructuras de poder, en un intento desesperado por convencer a los malagueños de que el del 28 de febrero no es su referéndum. El día 24, Rafael Arias Salgado, secretario nacional de los centristas y ministro adjunto a la Presidencia, viaja a Málaga, se reúne con la dirección provincial e insiste en sus argumentos de que lo mejor para Andalucía es la vía del 143 y de que lo bueno es lo que propone su partido y lo malo lo que defiende el resto. Un día después, el 25, el Consejo de Ministros convoca oficialmente el referéndum andaluz para el 28 de febrero. Y nuevo escándalo: la campaña será de 15 días, y no de tres semanas como en las consultas en las que vascos y catalanes habían aprobado sus estatutos.

Los acontecimientos se precipitan vertiginosamente. El Ateneo de Málaga y el club Demos-78 organizan un debate público en el que José Rodríguez de la Borbolla (PSOE), Fernando Soto (PCE) y Salvador Pérez Bueno (PSA), frente a la postura de Francisco de la Torre (UCD), expresan su convencimiento de que Andalucía dirá sí a la autonomía plena y coinciden en que “la mejor manera de manifestar el sentimiento andaluz es acudiendo a las urnas”. Concejales de los ayuntamientos de Marbella, Estepona, Ojén y Monda, con sus alcaldes al frente –Alfonso Cañas (PSOE), Antonio Murcia (PTA), Manuel Lorente (independiente) y Miguel Urbaneja (PSOE), respectivamente–, secundan el encierro y huelga de hambre, de 72 horas, que el presidente Escuredo inicia en la sede de la Presidencia de la Junta. En el medio rural, sobre todo en la comarca de Antequera, PCE, PTA, CC OO y SOC también se movilizan.

Intelhorce, otro mazazo.
Y por si el ambiente no está suficientemente caldeado, se produce otro mazazo. Esta vez en lo laboral y, de nuevo, en Intelhorce. Superado los recientes temores de cierre y acometida la ampliación de capital, la dirección de la textil malagueña se descuelga con la propuesta de una profunda reestructuración de la empresa, que contempla una reducción de la plantilla en 1.180 trabajadores. Los empleados se levantan y los paros y manifestaciones son continuas. Se suceden las reuniones a todos los niveles con las distintas administraciones. Al final, los responsables de Intelhorce ponen sobre la mesa un expediente de regulación de empleo que afectará a 561 trabajadores. Esta movida coincide con una huelga en Citesa y con otra en el campo, convocada por CC OO en contra del acuerdo suscrito por el sindicato UGT y la patronal ASAJA.

En estos intensos días, el pleno de la Diputación pide al Ayuntamiento de la capital que inicie los trámites para nombrar hijo adoptivo al poeta Jorge Guillén, afincado en su casa del Paseo Marítimo desde su regreso a España en 1977; el magistrado Juan de Dios Ramírez Molina toma posesión como nuevo presidente de la Audiencia provincial; el médico Ángel Garijo, al frente de un remozado equipo, es nombrado director de la ciudad sanitaria Carlos Haya; el legendario tenista sueco Bjorn Borg aterriza en Málaga como director del club de tenis de Puente Romano y con un contrato supermillonario bajo el brazo: 200 millones de pesetas por tres años; y la ciudad recupera la tradición del carnaval, que con mucha modestia ya había comenzado el año anterior. Como guinda, el ultraderechista José Antonio Assiego, jefe nacional del Frente Nacional del Trabajo (FNT), resulta herido en un brazo por un disparo de bala, que, según afirma, le efectúan desde un coche en marcha cerca de Antequera.

En el segundo fin de semana de febrero, en plena polémica sobre el referéndum y a punto de comenzar la campaña institucional, Alianza Popular elige Fuengirola para su puesta de largo en Andalucía. Los de AP, que tras los fracasos electorales de los últimos meses están más preocupados por cómo organizarse para sobrevivir que por el debate de la Autonomía, celebran su primer congreso regional en este municipio malagueño. Con Manuel Fraga como padrino, la derecha dura andaluza aparca sus hombres y nombres de siempre y designa como líder y presidente a Antonio Hernández Mancha, un joven abogado del Estado residente en Córdoba, que en su adolescencia había hecho sus pinitos musicales como miembro del grupo rockero Los Infames. Fraga y Mancha les dicen a los andaluces que, el día 28, voten en blanco o que se abstengan y se queden en casa.
Dos semanas antes, el malagueño Manuel Atencia, en sus primeros balbuceos políticos, es elegido secretario general de las Juventudes de UCD en Andalucía. Los jóvenes cachorros centristas, en su cónclave regional de Punta Umbría, no tienen claro qué hacer ante la cita con las urnas. Al final, frente a la postura de su partido y su gobierno, optan por dar libertad de voto a sus afiliados.

Y con la que está cayendo fuera a cuenta del referéndum, la dirección provincial del PSOE, liderada por Carlos Sanjuán y Rafael Ballesteros, actúa con mano de hierro para limpiar el partido de díscolos. Con la ratificación de la ejecutiva federal, los dirigentes críticos son expulsados o sancionados. Luciano González, Rafael Esparza (ex PSP) y José Luis Espejo (ex PSA) reciben la baja definitiva y otros, como el senador Juan Páez, el alcalde de Torrox, Ildefonso Mateos, y el concejal de Ronda Álvaro Alcaide, son suspendidos de militancia durante 18 meses. Francisco Vega, responsable del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), abandona el PTA.

Campaña, pero que nadie se entere. Y así se llega al inicio oficial de la campaña, con el propósito expreso de la UCD y del Gobierno de que nadie se entere de que hay referéndum y que, si alguien se entera, que no sepa qué tiene que votar. El despliegue publicitario del Gobierno de la nación es tremendo, con un mensaje claro: “Andaluz, éste no es tu referéndum”. La voz en las cuñas radiofónicas y espacios publicitarios es la de un conocido de la tierra: Lauren Postigo. La orden a los medios de comunicación dependientes del Gobierno –en Málaga es claro el caso del periódico Sur– es vender las excelencias de la postura del Ejecutivo y esconder o silenciar los argumentos del resto de instituciones y partidos. Y como buen y obligado cumplidor –aunque por dos veces lo niega expresamente en sus páginas– Sur, y en menor medida Sol de España, relega de sus secciones local y provincial toda la información sobre el referéndum y la limita a una auténtica cartelera de espectáculos –de simple relación de mítines– bajo el denostado epígrafe genérico de Grupos políticos. Sólo incumple este comportamiento cuando se trata de un ministro o dirigente nacional de la UCD, que son muchos los que visitan la ciudad durante esos días.

Los ejemplos son numerosos y escandalosos. El primero y más sonado se produce al día después de iniciada la campaña con motivo del mejor escaparate posible para los defensores del sí: el partido internacional amistoso que las selecciones de fútbol de España y Alemania Oriental disputan en La Rosaleda. Los españoles, con Kubala como entrenador, pierden por un gol a cero, pero el resultado es lo de menos. 30.000 malagueños en las gradas convierten el encuentro en una auténtica fiesta deportivo-autonomista, con miles de banderas de España y Andalucía y con pancartas y gritos a favor de la Autonomía andaluza. El presidente Rafael Escuredo está en el palco de autoridades. El problema lo tiene –y también el trabajo sucio– el realizador de la transmisión del partido por Televisión Española, que no saca una sola vez a Escuredo y que logra que los espectadores no vean una sola pancarta a favor del sí. Igual sucede con la prensa local, ni una sola foto del presidente. Tampoco aparece ninguna instantánea de las pancartas sobre la Autonomía o los conflictos de Intelhorce y Citesa que hay colocadas a ambos lados de la avenida de La Rosaleda, ni de las diez mil octavillas que la Federación de Asociaciones de Vecinos reparte en el estadio a favor del sí. Sur omite cualquier referencia, tanto en su crónica deportiva como en la política, mientras que Sol de España lo cuenta en un relato sobre el ambiente del partido.

La actuación de la prensa llega a tal extremo que durante la campaña los periódicos locales apenas ofrecen información o fotografías de los actos públicos, ya sean institucionales o partidarios –otra cosa bien distinta es cuando se trata de convocatorias de ministros–. Sólo, y casi de tapadillo, Sol de España rompe esta regla en dos o tres ocasiones, como cuando cuenta, el día 15, que el PCE ha celebrado un mitin, en el Polideportivo de El Palo, en el que han intervenido Ignacio Gallego, Tomás García e Ignacio Trillo y al que han asistido 300 personas. Sur también lo hace al informar del acto que el PSOE celebra, el día 24, domingo, en el Teatro Cervantes, y en el que, ante más de 2.000 personas, intervienen Felipe González, el consejero de Interior de la Junta, Antonio Ojeda, y el alcalde, Pedro Aparicio. González acusa al Gobierno y a la UCD de atacar a la Constitución al calificar la vía del artículo 151 como peligrosa.

La única excepción informativa general es el acto que, el día 16, Rafael Escuredo celebra en el salón de plenos del Ayuntamiento, con asistencia del alcalde, presidente de la Diputación, concejales, diputados, senadores y dirigentes de todos los grupos políticos, menos de la UCD. Las crónicas periodísticas cuentan que Escuredo, que tiene cierta afonía, se muestra optimista y que acaba con un “viva Andalucía, libre, justa y solidaria”. Ese mismo día, en la plaza de toros de La Malagueta, se celebra la Fiesta de la Autonomía, convocada institucionalmente por la Junta y con intervención final de su presidente. Ningún periódico local cubre el acto. Sólo Sol de España lo cita y habla de que han asistido 4.000 personas. Ni siquiera indica los muchos cantantes y grupos andaluces que han participado, y mira que María Jiménez ese día está explosiva.

Igual sucede con la publicidad. Sur, al pertenecer a la cadena de Medios de Comunicación del Estado, únicamente incluye propaganda gratuita, tan solo tres días y mínima. Sol de España sí admite la pagada, lo que sucede es que todos están muy cortitos de dinero. La Junta de Andalucía, castigada por el Gobierno, carece de un mínimo de infraestructura y sólo dispone de una cantidad irrisoria, con la que, entre otros periódicos, inserta varias páginas de publicidad en Sol. Los partidos se gastan lo que pueden, o tienen. Los que más, el PSOE y la UCD; el resto, muy poco. Y es que las arcas de los grupos están vacías después de lo mucho que habían invertido en las elecciones generales y municipales del año anterior.

Las emisoras de radio hacen lo que pueden –o les dejan–, porque las tres existentes están controladas: Radio Peninsular y Radio Juventud, por el Gobierno, y la COPE, por la Iglesia. La única que busca atajos y callejuelas, sortea la norma y se la juega es Radio Juventud, cuyo director y redactores osan colar informaciones, al margen de los espacios de propaganda gratuitos fijados por ley.

Para facilitarles la labor de obviar la campaña y el referéndum, la vida cotidiana ayuda y depara a los medios de comunicación argumentos fuertes. El 21 de febrero se registra un espectacular caso de violencia doméstica. En Antequera, un hombre de 32 años asesina a su mujer, de 31, y luego se suicida. Ella estaba embarazada y había iniciado los trámites para la separación matrimonial. Los dos trabajaban como profesores de EGB. Ese mismo día, esa trágica noticia comparte titulares y espacio con esta otra: “200 ingleses llegan a Málaga para celebrar sus 40 años de casados”. Es todo un show en el aeropuerto y en los acontecimientos turísticos de la Costa del Sol que visitan, donde una cadena comercial británica, respaldada por la BBC, festeja por todo lo alto estas “bodas de rubí”. En cambio, de extranjis pasa la presencia en Málaga de Antonio Gala. En los periódicos locales nada se dice de su absoluta entrega a la causa de la Autonomía andaluza, de su defensa del sí en el referéndum, ni de su feroz respuesta literaria a la preguntita del Gobierno de la UCD, por la que pide a su perro Troylo que les muerda. Gala participa en la tertulia del bar El Pimpi, pero la prensa sólo habla del triunfo de su Petra Regalada en Madrid, aprovechando que es cierto que está logrando un éxito arrollador.

También es verdad que los partidos pecan de un exceso de confianza con Málaga. Todos parecen convencidos de que el sí de los malagueños está asegurado y de que el voto afirmativo saldrá con la gorra. Todos barajan una amplia serie de argumentos históricos que hacen de Málaga una plaza fácil y ganada: el estallido autonomista del 4 de diciembre de 1977, la muerte de José Manuel García Caparrós aquel mismo día, la firma del Pacto autonómico en Antequera, el deseo de esta localidad por ser la capital de Andalucía, el nacimiento de Blas Infante en Casares, que Ronda es la cuna del andalucismo, y las repetidas y holgadas victorias de la izquierda en las elecciones generales y municipales. Quizás, por eso, la presencia de líderes nacionales y regionales en Málaga es mínima y la programación de mítines es muy corta. Otro ejemplo evidente es que los actos de cierre de campaña son la antítesis de los clásicos y multitudinarios mítines: el PSOE baja el telón provincial, con Rafael Ballesteros, en un cine de Benalmádena, y el PCE, con Fernando Soto, en un bar de San Pedro de Alcantara. Gran error, que a punto está de pagarse bien caro.

En cambio, la UCD sí mueve todas sus piezas, consciente de que su futuro en España se lo juega en Andalucía. En los últimos días se vuelca en Málaga. Para ello cuenta con el respaldo de la prensa, muy especialmente de Sur que, el 23, publica en portada, a bombo y platillo, que ese día estarán en la ciudad los ministros de Cultura, Ricardo de la Cierva, y de Relaciones con las Cortes, José Pedro Pérez Llorca, con fotografías de ambos. Lógicamente, al día siguiente, el de la referencia de lo hecho por los dos miembros del Gobierno, el despliegue es obvio. Los titulares de Cultura y de Relaciones con las Cortes consumen varias páginas, incluida una en exclusiva con las cofradías de Semana Santa, con cuyos dirigentes se reúne De la Cierva. Pérez Llorca lanza varios mensajes: “El día 28 no se pone en juego el ser o no ser de Andalucía”, “la personalidad de Andalucía es incuestionable” y “lo que está en juego es la hegemonía dentro de la izquierda”.

El día 26 los visitantes son, otra vez, Rafael Arias Salgado y el ministro de Interior, Rodolfo Martín Villa. Ni Sur ni Sol de España se cortan un pelo y, el 27, jornada de reflexión y sin tener en cuenta la normativa electoral, informan ampliamente de lo dicho el día antes por los dos miembros del Gobierno. Las declaraciones políticas corren de parte de Arias Salgado, quien asegura sin rubor que “Clavero Arévalo está manipulado por la izquierda” y que “UCD no margina a Andalucía”.

28-F, al final es sí.
Y, así, nos plantamos en el 28-F. El día amanece típico de invierno duro. A las nueve de la mañana, hora de apertura de las urnas, en la capital hace viento y frío, el cielo está cubierto por negros nubarrones y llueve en buena parte de los pueblos. El titular de portada de los dos periódicos es muy similar. Sol de España escribe a toda página: “Hoy, referéndum”. Sur dice: “Hoy, referéndum andaluz”; y subtitula: “Dos caminos para la autonomía: la vía rápida del artículo 151 o el proceso gradual del 143”.
Las primeras horas son un desastre organizativo. Muchos presidentes de las 639 mesas repartidas por la provincia no se presentan, por lo que hay que buscarlos o sustituirlos con urgencia. Los problemas se suceden. El mayor de todos, y con diferencia, es el censo, que está inflado. Rápidamente se detecta que en las listas aparecen numerosas personas que han fallecido, nombres duplicados y miles de menores que, de pronto, son mayores de edad y tienen derecho de voto. A ello se añade que residentes en un barrio, sin saberlo, aparecen censados en otro, por lo que tienen que realizar un largo peregrinaje si quieren votar. Solo la UCD dispone de interventores en todos los colegios electorales, en su mayoría llegados desde otros puntos de España. Para colmo, muy pronto salta la alarma: la participación es mínima, muy por debajo de las previsiones más pesimistas. Los optimistas tranquilizan y echan la culpa al mal tiempo de la mañana. El alcalde, Pedro Aparicio, vota en una mesa del colegio Platero de El Candado y el presidente de la Diputación, Enrique Linde, en una del barrio de Las Lagunillas.

A medida que avanza el día la afluencia a las urnas va mejorando, quizá porque los trabajadores hacen entonces uso de su tiempo legal para acudir a votar. A mediodía, y sobre todo a la hora de la comida, la cosa se anima. En las sedes de los partidos hay frenesí telefónico para que militantes y simpatizantes se acerquen a las urnas. Durante la tarde crece la tranquilidad: la participación será baja, pero suficiente. Y existe el convencimiento de que, entre los votantes, el voto afirmativo será ampliamente mayoritario.

Y, cerradas las urnas, llega el tiempo de la espera y la incertidumbre. El recuento oficial se hace en el Gobierno Civil. Ningún representante político, excepto los de la UCD, se acercan al edificio de la Aduana. Los partidos siguen la noche desde sus sedes. El punto de encuentro popular es el Salón de los Espejos del Ayuntamiento, donde se han instalado dos grandes pizarras, una para los datos de la capital y otra para los de la provincia. Tiza en mano, se anotan los resultados que van llegando a cuentagotas.

La situación está tan en el aire que la prensa local, que aguanta el cierre de sus ediciones hasta después de las cuatro de la madrugada, sale a la calle sin los resultados definitivos de Málaga. Sur titula en portada: “Almería y Jaén decidieron” y “A la autonomía, por el artículo 143”. En primera página publica un editorial, titulado “Ha sonado la hora de Andalucía”, en el que afirma que “nadie ha perdido, nadie ha ganado y, ahora, todos a trabajar”. Sol de España escribe “28-F, referéndum andaluz: aunque no prosperó la vía del 151, amplia votación por el sí” y “4.15 de la madrugada: Málaga, a un paso del 50%”.

Y es que hasta las seis de la madrugada no se despeja la incógnita. A esa hora, el Gobierno Civil hace oficial que 344.908 malagueños, el 50,77 por ciento de los 679.355 supuestamente censados, han votado afirmativamente. La abstención ha sido del 42,48%, la más alta en la provincia, y con diferencia, de todas las convocatorias electorales del nuevo periodo democrático (dos referéndum, dos elecciones generales y una municipal). Entre los que han acudido a las urnas, el sí ha sido abrumador: por encima del 88%. Los votos en contra (20.969, el 3,08%), los blancos (22.090, el 3,25%) y los nulos (2.770, el 0,40%) son prácticamente testimoniales. La alegría se desborda entre quienes aún permanecen en el Ayuntamiento. Málaga ha cumplido. Sin embargo, abandonan el edificio municipal y se marchan a dormir con un sentimiento agridulce, porque Almería no ha superado el listón, y con una sensación de gran incertidumbre, porque nadie sabe qué va a pasar a partir de ahora.
En los días posteriores se desata el nerviosismo y la crispación. En la mañana del día 29, a las pocas horas de conocerse los resultados, el Ayuntamiento celebra un pleno que es varias veces interrumpido por el público –en su mayoría trabajadores de Intelhorce–, que abuchea a los concejales de la UCD y les grita “No queremos el 143”. En la tarde del 4 de marzo, varios partidos minoritarios convocan una concentración ante el Ayuntamiento para exigir al Gobierno que reconozca el sí mayoritario del pueblo andaluz al artículo 151. La convocatoria termina con incidentes y cargas policiales.

El 6 de marzo se hace público el escrutinio oficial. Y… ¡sorpresa! El censo electoral sufre un fuerte repaso a la baja en el recuento definitivo. 17.146 personas son descontadas de un plumazo, porque está claro que están muertas, son menores de edad o sus nombres aparecen duplicados. El reajuste supone que, oficialmente, el 52,40% de los malagueños ha votado sí. Con la rebaja, el censo se queda en 661.825 personas, de las que 392.379 fueron a las urnas. En cuanto a los votos, 346.819 son afirmativos; 20.822, negativos; 22.020, blancos; y 2.718, nulos. Esta corrección, que se reproduce en todas las provincias andaluzas, espolea aún más a los partidos. En el Palacio de Congresos de Torremolinos, el PSOE reúne a su comité director regional y aprueba un documento: Por la autonomía plena. En la reunión –a la que sólo falta Felipe González por enfermedad de su madre–, Escuredo afirma que “los andaluces ni queremos ni vamos a aceptar el estatuto del 143” y Guerra acusa a Suárez y al Gobierno de “estar llevando al país a un progresivo hundimiento”.

Mientras que los partidos buscan una salida que desbloquee el proceso autonómico andaluz, la vida sigue. En marzo, el Ayuntamiento nombra a Jorge Guillén hijo adoptivo de la ciudad de Málaga y la Facultad de Filosofía y Letras tiene que cerrar por grietas en su edificio de San Agustín. Los trabajadores del servicio de recogida de basuras están cuatro días en huelga, 4.000 personas se manifiestan en apoyo de Intelhorce y varios cientos lo hacen en contra del estatuto de centros docentes no universitarios. El día 21, una fuerte tormenta descarga 53 litros de agua por metro cuadrado y convierte Málaga en una laguna. En deportes se monta el lío. Tras los incidentes del partido frente al Rayo Vallecano, el Comité de Competición cierra el estadio de La Rosaleda y obliga al Málaga a jugar su partido de liga frente al Almería en El Mirador de Algeciras. El Málaga no acepta el castigo y no se presenta, por lo que es sancionado con la pérdida del encuentro y se hunde aún más como colista. Como hecho positivo, Heredia III vuelve a ser campeón de España de boxeo del peso ligero, al vencer a los puntos a Nino Jiménez. En abril, Salvador Dalí pasa una semana enfermo en la clínica Incosol de Marbella y, en la segunda quincena, el periódico Sol de España deja de salir a la calle porque sus trabajadores hacen huelga.

Sangre malagueña. En las semanas siguientes, ya en mayo, el Málaga baja definitivamente a Segunda División, con varios de sus jugadores acusados de un presunto caso de soborno en el partido perdido ante el Salamanca, y termina la huelga de los trabajadores del metal, que se ha prolongado durante 49 días. No obstante, lo que conmociona a todos es el terrorismo de ETA que se ceba con policías y guardias civiles malagueños que trabajan en el País Vasco. El día 9, en Santurce, es asesinado Antonio Moreno Núñez, de 27 años, natural de Cortes de la Frontera, que es enterrado en Gaucín. El día 15, en San Sebastián, muere en otro atentado el también policía Jesús Holgado Sabio, que recibe sepultura en Jimera de Líbar. Y el 16, en Goizueta (Navarra), la nueva víctima mortal es el guardia civil Francisco Ruiz Fernández, cuyos restos son trasladados al cementerio de San Miguel de la capital. Es el prólogo de la campaña de terror que ETA va a desarrollar durante todo el verano en la Costa del Sol, con la colocación de artefactos explosivos en zonas turísticas desde Málaga capital hasta Estepona.

En los primeros días de junio la provincia concentra todo el protagonismo político: es el punto central de la semana de lucha por la Autonomía que convoca la Junta de Andalucía y es escenario del congreso regional de la UCD, con el presidente Suárez en la clausura. El día 2, el alcalde y 21 concejales del Ayuntamiento de Málaga –todos, menos los de la UCD–, al igual que decenas de corporaciones municipales de la provincia, realizan un encierro y, secundando la llamada del Ejecutivo preautonómico, celebran plenos en los que ratifican la vía del artículo 151, piden la modificación de la Ley de Referéndum y exigen que se celebre una nueva consulta popular en Almería. La semana concluye, el día 8, con una multitudinaria fiesta-mitin en el campo de fútbol de Antequera. 25.000 andaluces, llegados de las ocho provincias, escuchan la rotunda afirmación de Escuredo, quien al día siguiente es recibido por el Rey en La Zarzuela: “El 151, o ninguno”. En el acto participan Rodríguez de la Borbolla (PSOE), Fernando Soto (PCE) y Alejandro Rojas Marcos (PSA). No puede hacerlo el alcalde de Antequera, el independiente José María González Bermúdez, que es abucheado cuando intenta hablar.

Esos mismos días, la UCD celebra su congreso regional en Torremolinos. Lo abre su secretario nacional, Rafael Calvo Ortega, quien anuncia que el referéndum no se repetirá en Almería. Lo cierra Adolfo Suárez, quien asegura que “la autonomía andaluza no será inferior a la vasca ni a la catalana” y que “nada le será recortado a Andalucía”. Los centristas andaluces eligen a Félix Manuel Pérez Miyares como nuevo presidente regional, tras imponerse a la candidatura de Pedro Valdecantos, y a Soledad Becerril y Luis Merino como vicepresidentes. Días más tarde, Carlos Rosado es designado secretario regional. En el marco de este cónclave, el diputado malagueño José García Pérez anuncia que abandona la UCD y que se pasa al Grupo Mixto del Congreso.

En lo económico, Intelhorce respira. El vicepresidente segundo del Gobierno, Fernando Abril Martorell, propone un plan de reconversión que es aceptado por los trabajadores. Por los pelos, pero es aceptado. 1.306 votan a favor y 1.070 en contra. Marruecos apresa 20 barcos pesqueros, ocho de ellos malagueños. Ronda está más cerca, porque es inaugurada la carretera de San Pedro de Alcántara. También en Ronda, al final, se asienta la Legión, pese al rechazo de la mayoría de sus habitantes, que no quieren convivir con un cuerpo tan histórico como polémico. Nerja cobra aún más fama gracias a la serie de televisión Verano azul, dirigida por Antonio Mercero, con su entrañable Chanquete como protagonista (el actor Antonio Ferrandis), su barco y su pandilla de chavales, entonando su particular No nos moverán de la localidad del Balcón de Europa. Victoria Abril rueda en Sotogrande y, tras la marcha de Viberti, Ben Barek es nombrado nuevo entrenador del Málaga. En el Ayuntamiento se reúnen alcaldes y representantes de las 20 ciudades españolas con más habitantes –todos, menos los de Oviedo, Santander y Tenerife–, que exigen al Gobierno autonomía municipal, diálogo entre las administraciones y que solucione la crítica situación económica de las corporaciones locales, empezando por pagarles los 15.000 millones de pesetas que les adeuda y que necesitan para abonar las nóminas de junio. Esta reunión coincide con la tempestad que vive el Ayuntamiento malagueño. Francisco Oliva (PSOE) y Leopoldo del Prado (PCE) cesan como portavoces de sus grupos municipales y son sustituidos por José Asenjo (PSOE) y Luis Asenjo (PCE). A partir de aquí se abre una etapa de durísimo enfrentamiento entre socialistas y comunistas en la corporación local.

ETA se ceba con la Costa del Sol.
Llega el verano y aparece otra vez ETA. Al igual que en el año anterior, pone en marcha una cadena medida y planificada de atentados contra intereses turísticos de la Costa del Sol que se prolonga desde finales de junio hasta principios de agosto. Alguien dice que se trata de una campaña terrorista que no causa muertos, pero que sí produce hambre y miseria. El 22 de junio hace explosión el primer artefacto, que contiene dos kilos de goma-2. Estalla en los jardines a la entrada del restaurante Misono, en el complejo Las Pirámides de Fuengirola, y provoca escasos daños materiales. En las horas siguientes se suceden las llamadas telefónicas que anuncian la colocación de otros explosivos y que obligan a numerosos desalojos, entre ellos el de 6.000 personas del parque de atracciones Tívoli. En un primer momento el GRAPO asume la autoría, que se descarta de inmediato. Poco después, ETA p-m reivindica el que sería su primer atentado. La madrugada del día 27 se convierte en una auténtica pesadilla. La banda terrorista anuncia que ha colocado nuevas bombas y la policía opta por desalojar hoteles, apartamentos y viviendas de urbanizaciones de la mayoría de los municipios de la Costa del Sol occidental. El 28, un artefacto estalla a 400 metros del hotel Atalaya Park de Estepona, también con escasos daños materiales.

El 1 de julio, ETA p-m avisa de que ha colocado explosivos en el campo de golf de Mijas y en el hotel Tritón de Benalmádena, que son explosionados a tiempo. El día 4, la bomba está en Puerto Banús, donde se encuentra don Juan de Borbón, conde de Barcelona, a bordo de su yate Giralda. El complejo es desalojado durante 24 horas y el artefacto es localizado y desactivado. En medio de la enorme preocupación del sector turístico, el Gobierno asegura que los turistas siguen llegando a la Costa del Sol y que las anulaciones son mínimas. El ministro del Interior, Juan José Rosón, afirma que “los turistas tendrán seguridad”, y el titular de Comercio y Turismo, Luis Gámir, visita Málaga, recorre las playas, se reúne con el presidente de la Junta, Rafael Escuredo,  y anuncia un plan de ayuda para el turismo. La campaña de los polis-milis de ETA no terminará hasta el 8 de agosto, cuando la policía desactiva un artefacto, con siete kilos de goma-2, colocado en el Palacio de Congresos de Torremolinos.

En el verano también se suceden los incendios. En menos de un mes, la factoría de Intelhorce sufre tres siniestros –uno causa destrozos por valor de 14 millones–. También se ven afectados por las llamas el Palacio de Congresos de Torremolinos y la capilla de la Exaltación, en la iglesia de San Juan, donde quedan destruidas las imágenes de las Cofradías Fusionadas. Incendios forestales se registran en zonas de Marbella, Ojén, Benahavís y montes de Málaga. El alcalde de Marbella, el socialista Alfonso Cañas, protagoniza una huelga de hambre en protesta por los ataques personales que padece por parte de la emisora Radio Costa del Sol. El malaguista Salguero es traspasado al Real Madrid por 25 millones y el presidente del Málaga, Federico Brikman, tira la toalla y dimite. La gran fiesta del año tiene lugar en la discoteca Regine, en Puente Romano, donde, entre un tumulto de fotógrafos, el tenista Bjorn Borg es agasajado por su reciente boda.

La pelea municipal. En octubre, al fin, el Gobierno de la UCD asume que Andalucía acceda a la autonomía por la vía del artículo 151 de la Constitución, y así lo anuncia el propio presidente Adolfo Suárez. Con la autonomía plena ya en el bolsillo, la convivencia política estalla en el Ayuntamiento. El PCE le presenta una moción de censura al alcalde, Pedro Aparicio, a quien acusa, entre otras cosas, de haberse apropiado indebidamente de la primera tenencia de alcaldía. La moción es derrotada. Obtiene 14 votos a favor –siete del PCE y otros siete de la UCD– y 15 en contra –los 11 del PSOE y cuatro del PSA–. Días después, Aparicio reestructura su gobierno municipal, reparte los cargos entre socialistas, centristas y andalucistas y deja fuera a los comunistas. El enfrentamiento ya no cesará. A finales de noviembre, con el consiguiente enfado de los grupos feministas, el Ayuntamiento rechaza una moción del PCE que pide amnistía para los presos políticos procesados por prácticas abortivas y una ley que regule la interrupción voluntaria de los embarazos a cargo de la Seguridad Social.

El final de año está marcado por la elección de Antonio Pérez de la Cruz, catedrático de Derecho Mercantil, como nuevo rector, y por dos protestas: la de 3.000 vecinos de Nerja, que se manifiestan por el cierre del servicio de urgencia del ambulatorio, y la de 17 alcaldes de la comarca de Vélez-Málaga, que se encierran en la Diputación en demanda de soluciones para los freseros y agricultores de la Axarquía. Pero, sobre todo, el año se marcha con dos trágicos casos de violencia doméstica, entonces no conocida como tal. En Moclinejo, un hombre, de 44 años, Miguel Vara Martín, asesina de varias puñaladas a su mujer, Adela Díaz Aranda, de 40, y luego se suicida ahorcándose. Y en el Paseo del Parque, junto al edificio de Correos, Antonio Mostazo Mateos, de 22 años, natural de Periana, también acaba con las vidas de su mujer, Isabel Serralvo Santiago, de 18 y madre de tres hijos, y con la de su amante, Andrés Villaraso Aguilar, de 19. Dicen que la causa son los celos. Y, a todo esto, la manifestación del Día de Andalucía, esta vez el 7 de diciembre, es la más pobre de todas: solo reúne a 5.000 personas.
   
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