Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
18 de marzo de 2026
 

 
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  1981
  Andrés Cárdenas Muñoz
  El año que se nos fue el miedo
  “No pongas tus sucias manos sobre Mozart”. Así se llamaba el artículo con el que Manuel Vicent ganó el premio González Ruano de periodismo en febrero de 1981, días antes de producirse el intento de golpe de Estado, cuando doscientos guardias civiles irrumpieron en las Cortes al grito de ‘¡Todos al suelo!’. La historia que cuenta Vicent es la de un padre tolerante que un día le arreó un bofetón a su querida hija de quince años, la echó de casa y se liberó de una vez por todas del trauma de la paternidad responsable. La niña entendía mal la libertad,  entró a saco en el despacho de su padre con sus amigos melenudos y pretendió coger la Sinfonía número 40 de Mozart. Entonces el padre saltó como impulsado por un muelle y dijo aquello que le liberó para siempre de la tiranía de los hijos: ¡¡Mozart, no!! ¡¡No pongas tus sucias manos sobre Mozart!!

Pues bien, ese parece que fue el grito que dieron todos los españoles que se sentían democráticos a aquellos que el 23 de febrero de 1981 entraron en el Congreso y pretendieron implantar una nueva dictadura: ¡¡No pongáis vuestras sucias manos sobre la democracia!! Así lo expresaron también los jiennenses que por miles se concentraron en la Plaza de Santa María de la capital para expresar su rechazo al intento de golpe de estado. De esa forma se deshizo de una vez por todas en nuestro país la sombra de la dictadura.

En el año 1981 el dólar costaba cien pesetas, la bombona de butano 500 pesetas y la gasolina estaba a 70 pesetas el litro la súper y a 62 la normal. Un periódico podía adquirirse por 35 pesetas. El litro de leche se podía comprar a 38 pesetas en esas botellas de litro que acabaría definitivamente con aquellos vendedores de leche que iban ofreciendo el producto por las calles de los pueblos en grandes cántaras. El salario mínimo estaba en 842 pesetas diarias, algo más de cinco euros de los de hoy.

En aquellos primeros días de ese año en el Congreso se debatía la Ley del Divorcio, ETA seguía matando a militares y, como noticia más cercana, comenzaba la remodelación del Hospital Capitán Cortés. Aquel fue el año de los intentos de magnicidios. Dos de ellos acabarían frustrados pero un tercero consiguió el objetivo. Un turco atentaba el 13 de mayo contra el Papa Juan Pablo II y el 30 de marzo el presidente de los Estados Unidos resultaba herido en Washington por la bala de un perturbado con ganas de notoriedad. En octubre, el día 6, el presidente egipcio Sadat muere a manos de los soldados de su propio ejército mientras presenciaba un desfile militar. En julio, el día 20, muere José María Pemán, un autor que llevaba la etiqueta del régimen franquista y que de alguna forma iba a simbolizar que en la cultura española comenzaba una nueva etapa. Ese mismo mes se casan el Príncipe Carlos de Inglaterra con Diana Spencer, más conocida por Lady Di. Lejos estaba aún su trágico final en uno de los túneles de París. El Guernica nos llega desde Nueva York y las fuerzas armadas dicen sí a la OTAN. El jugador del Barcelona Quini es secuestrado y puesto en libertad días después. Todo pasa desde enero a diciembre. El vértigo comenzaba apoderarse de la sociedad. En España fue un año para no olvidar jamás.

Agua, ni para llenar una damajuana. 1981. En la provincia de Jaén hay 640.000 habitantes. Las pequeñas localidades menguan pero las grandes urbes crecen. La capital jiennense tiene entonces 96.000 almas y Linares 56.000.
 
Empecemos por la economía. Año de los malos de calendario para los agricultores. Fue el de la gran sequía. Con lo que llovió ese año no hubo ni para llenar una damajuana de dos litros. Fueron 365 días tan secos que hizo perder la renta agraria de las dos últimas campañas. Al finalizar octubre, en muchas casas se sacaron los cántaros para almacenar agua porque llegaron las restricciones a muchos pueblos de la provincia, sobre todo a los de la comarca de la Loma. Las únicas lluvias que llegaron lo hicieron en forma de tormentas furiosas, como aquella que el 22 de agosto acabó con la vida de una súbdita francesa que se había casado con un emigrante de Torredonjimeno y que en el viaje de novios vino a conocer a sus suegros en la citada localidad jiennense. Debido al aguacero el coche en el que viajaba fue arrastrado por una riada, convirtiendo la luna de miel en un tristísimo recuerdo.

Ese verano fue tremendamente caluroso. El 30 de julio Jaén capital llegó a registrar 43,5 grados y en algunos pueblos de Sierra Mágina los termómetros alcanzaron los 44 grados. Aquellas temperaturas favorecieron el calentamiento de los ánimos de algunos sectores productivos, como el de los ladrilleros, que ese mes iniciaron en Bailén una huelga que duró varios días para protestar por las condiciones laborales y por una crisis en el sector que hizo bajar el precio del producto a cotas nunca alcanzadas. Fue también el verano de una de las muchas movilizaciones de Santana. Los ojos rasgados de los japoneses empezaron a mirar con visión de futuro la fábrica linarense y los sindicatos y el comité de empresa se preparaban para que la venta fuera lo menos traumática posible. Para empezar Land Rover solicitó la extinción de 392 puestos de trabajo y la suspensión temporal de 223 más. El acuerdo con Suzuki podría ser la solución a la crisis, pero éste aún tardaría casi un año en llegar. Mientras tanto, 110 obreros se encierran en los locales de la AISS. Fueron diez días comiendo bocadillos y durmiendo en mantas. El encierro termina cuando llega la noticia de que un modelo del coche Suzuki se iba a fabricar en Linares. El futuro marchaba sobre ruedas.
 
Ese año la cosecha de aceituna se prevé raquítica. No es de los mejores. A pesar de todo, en Martos deciden organizar una fiesta en homenaje a ese fruto que a tantas generaciones de jiennenses le ha dado de comer. Será la I Fiesta de la Aceituna y para pregonarla se piensa en Vicente Oya, quizás el hombre vivo que más sa-be sobre Jaén.

Todos estamos un poco locos. Ese año no es difícil ver a personas con la mirada perdida paseando por Jaén. Se pueden encontrar en el autobús agarrados a la barra, delante de los estantes de Galerías Preciados, en la redacción del diario Jaén viendo como se hace un periódico... Son los enfermos mentales que residen en Los Prados y que gracias a un programa de reinserción pueden salir del manicomio para pasear por la ciudad. Es la reforma psiquiátrica ideada por el doctor González Duro. “Todo enfermo que ingresa en un manicomio sale mucho peor de lo que entra”. Esa era su idea y en Jaén quiso ponerla en práctica. El doctor y sus colaboradores comienzan por toda la provincia una serie de charlas para decirle a la población que existe otra alternativa a los manicomios para tratar a las personas con sus capacidades mentales disminuidas. Mucha gente lo cree pero hay otros que no. Son los que tienen miedo a la violencia de los locos, a la mixtificación de la locura. Cuando el programa se pone en marcha los enfermos mentales que pueden manejarse salen a la calle. La reforma sale adelante, aunque tiene que pasar algún tiempo más para que los desconfiados la asuman como algo positivo y sin otro peligro que el de comprobar que, en el fondo, todos estamos un poco locos.

Jaén sigue siendo ese año provincia propicia para titulares que tienen que ver con la marginalidad o la pobreza. Por ejemplo, somos la primera provincia de España en casos de enfermos de lepra, esa enfermedad que tanto se ha identificado desde siempre con el atraso y la miseria. Tal vez por eso se quiere empezar la reforma sanitaria por las comarcas de Cazorla y Segura.

En las estadísticas socioeconómicas estamos de los últimos, lo mismo que en la renta per capita. Aún quedan años para acabar con el caciquismo, el paro, el hambre, el analfabetismo, las incomunicaciones...Los de fuera siguen viéndonos con cara de autosuficiencia cuando oyen hablar de casos relacionados con la magia o el más allá, por ejemplo, el de las caras de Bélmez. El fenómeno no deja de dar titulares, pero ya cada vez más propensos al cachondeo. “A las caras de Bélmez le salen tetas”, decía una revista erótica mostrando en portada aquella figura desnuda que salió en la modesta casa número cinco de la calle Rodríguez Acosta de Bélmez. Los parasicólogos y estudiosos se retiran porque no le encuentran explicación al caso. Y lo que es la gente, las va olvidan-do. Hoy es un enigma aún sin resolver.

Ese año el escándalo del aceite de colza está en su apogeo. En octubre se llega a la cota de los cien muertos por intoxicación al ingerir el aceite adulterado. Hay miedo, mucho miedo, en la población. El ministro de Sanidad de entonces, Sancho Rof, llega a decir que la enfermedad es provocada por un “bichito muy débil que si se cae se mata”. Hace el ridículo con sus declaraciones ya que la alarma está en todos los hogares  españoles. Por supuesto, Jaén es una de las zonas españolas más perjudicadas por el escándalo ya que la gente comienza a desconfiar de todos los envases con el rótulo de “aceite de oliva”. La preocupación aumenta entre los productores. Nuestro producto básico por excelencia está en el ojo del huracán. Cualquier sustancia que contiene es analizada hasta la saciedad. Un profesor de la Facultad de Veterinaria de Córdoba llega a decir que la presencia de aflatoxina en el aceite virgen sin refinar puede ser perjudicial para la salud. El dirigente de UCD Arenas del Buey, enseguida le contesta: “Eso es una solemne tontería”. Un año después el aceite de Jaén también sería titular de muchos periódicos cuando se conoció el “caso UTECO”.

En ese año Jaén es la única provincia andaluza cuyas imágenes por televisión se daban aún con voz en “off”. De ahí la anécdota del inefable Higinio Montes, cámara de TVE que un diputado, al verlo mohino y cabizbajo cubriendo una rueda de prensa, le dijo: “Higinio estás muy callado”. “Es que sin cámara sonora no puedo hablar”, le contestó el reportero resuelto a que el diputado tomara nota de su particular reivindicación. Una reivindicación que pasaba también porque en los pueblos de la comarca de la Sierra de Segura se viera el segundo canal de TVE.

Jaén sigue siendo también la primera provincia española que más jornaleros envía a la vendimia francesa. En la campaña de ese año fueron ocho mil. Casi el mismo número de personas que se presentaron para aspirar a uno de las cien plazas que se ofertaban para la residencia de pensionistas de Linares. Todos tienen un parado en su casa.

El “Todos al suelo” en Jaén.
Por todos estos condicionantes sociales y económicos negativos, Jaén (y en general todas las provincias de nuestra comunidad autónoma) era de las más interesada en que llegara de una vez por todas el progreso a nuestro país.
 
Pero ese progreso estuvo a punto de ser interrumpido cuando el 23 de febrero un teniente coronel de la Guardia Civil y casi doscientos miembros de la benemérita irrumpieron en el Congreso de los Diputados. Fue la noche de los transistores porque aún no ha-bía móviles. Los de dentro no sabían lo que estaba pasando fuera y los de fuera no sabían lo que estaba pasando dentro. Horas de tensión e intranquilidad, de angustia y nerviosismo. Ese día todos los sinónimos de miedo se agotaron. “Más que por mí estaba muy preocupado por la familia y por los compañeros de partido de la provincia, toda vez que no teníamos contacto con el exterior y nos llegaban informaciones intoxicadas”, dijo el diputado socialista Fernando Calahorro Téllez al salir del Congreso tras deponer las armas los guardias golpistas. También José Salabete, diputado por UCD, explicó que “fueron horas muy tensas en las que se temió lo peor”. Felipe Alcaraz, diputado por el PCA, fue incluso más sincero: “Por un momento creí que acabábamos todos en una fosa”.
 
El momento quizás más emotivo fue cuando todos los diputados jiennenses se abrazaron al salir del congreso, sin importarles la ideología. Era un peligro contra algo por lo que todos estaban luchando. Y más emocionante aún cuando, ya en Jaén, el veterano socialista Cándido Méndez Nuñez abrazó a su hijo, el joven Cándido Méndez Rodríguez, que se estrenaba como diputado en el Congreso y que quizás aún no tenía constancia del peligro que acarreaba luchar por las libertades en un país aún con muchos partidarios del involucionismo. Dos generaciones de socialistas fundidas en un abrazo con el que se afianzaba la democracia. “Ya no hay nada que temer”, le dijo el padre al hijo con lágrimas en los ojos.
 
Partidos políticos y centrales sindicales instaron a todos los ayuntamientos de la provincia a que celebren plenos extraordinarios en el que se aprobara un comunicado de repulsa. “Manifestamos nuestra más decidida repulsa y condena de tales hechos y reafirmamos nuestro propósito de defender resueltamente la Constitución, garantía de las libertades democráticas a la que el pueblo español ha demostrado reiteradamente su apoyo”. Ese era el texto del primer punto del orden del día en los plenos que todos los ayuntamientos de la provincia celebraron días después de la intentona golpista.

El gobernador civil, Antonio Ortega Jiménez, declara entonces que los jiennenses “se han portado con una serenidad digna de elogio”. Durante toda la noche estuvo constituida la Junta de Orden Público para garantizar la seguridad ciudadana. La Alcadía de Jaén y la Diputación envían sendos telegramas al Rey en los que se muestra la “inquebrantable defensa del sistema democrático”.
 
La voluntad democrática de los jiennenses se hace patente con la multitudinaria manifestación que se desarrolló por las calles de la capital el día 27 de febrero. “Jaén, por la libertad”, rezaba la pancarta que encabezaba la manifestación. Los miedos involucionistas, los brillos mortales de los uniformes y aquellos oligarcas que deseaban los puestos de privilegio que estaban perdiendo, se evaporaron para siempre ese día.

El Estatuto, por fin. 1981 fue un año importante también para nuestra comunidad autónoma desde el punto de vista político. El día 25 de julio se aprueba por fin el texto del Estatuto de Andalucía y se fija la fecha tope para la celebración del referéndum el día 20 de octubre. Según el Estatuto, Jaén tendría 13 diputados en el Parlamento andaluz y su aprobación supondría la equiparación con el resto de las nacionalidades históricas.

 Los resultados del referéndum del 28 de febrero de 1980 fueron claros: “Andalucía quiere la autonomía por la vía rápida y sin regateos”, decían los titulares de los periódicos. El 55,55% de los andaluces “Sí” a la vía del artículo 151. Sólo Almería no rebasó el 50% exigido. En Jaén, en un primer recuento, se creyó que tampoco lo había rebasado pero al final “pasó por los pelos”, como vulgarmente se dice.
 
Nuestra provincia se sacó la espina en la consulta para ratificar el Estatuto celebrada el 20 de octubre de 1981. Fue una de las provincias que más fuerte apostó en el nuevo referéndum. Durante la campaña el presidente de la Junta Rafael Escuredo visitó varios pueblos de la provincia jiennense con el mismo mensaje: “Andalucía necesita a Jaén más que nunca para desarrollar su autonomía”. Al final se pasó el listón del 50% (un 58,05% del censo electoral se acercó ese día a las urnas). De los votantes, el 85,94% de los jiennenses votaron ‘Sí’ a favor del Estatuto. Jaén era claramente favorable a la autonomía que hoy disfrutamos. La campaña había sido larga y costosa (cien millones de pesetas) pero dejó a todos los políticos que pedían el voto afirmativo satisfechos. A todos menos a Cándido Méndez Nuñez, el concejal de limpieza del Ayuntamiento de Jaén. “Es que me dejan la ciudad hecha un asco”, diría el veterano socialista. Ese año fue reelegido secretario general del PSOE Fernando Calahorro Téllez. El alcalde de Jaén, Emilio Arroyo, era apeado de los órganos de dirección al no ser votado por el comité federal. Se hacían hombres fuertes dentro del PSOE de Jaén Leocadio Marín, Cristóbal López, Antonio Ortega, Gaspar Zarrías y Cándido Méndez. Muchos de estos políticos jiennnenses ocuparían puestos claves en el primer gobierno andaluz.

En diciembre de ese año se remodeló el Gobierno de UCD. Soledad Becerril fue nombrada responsable de Cultura. Sería la primera mujer ministro desde la II República. Una de sus primeras visitas tras ser ministra la hizo a Jaén para inaugurar dos salas del Museo Provincial con esculturas de arte ibérico.

El pintor y el guitarrista. Jaén aprovecha estos nuevos tiempos para rescatar a sus artistas y hombres de la cultura, huérfanos de homenajes y reconocimientos en la época de la dictadura. El caso quizás más significativo fue el del pintor Manuel Ángeles Ortíz, que recibió la Medalla de Oro de la ciudad el día 16 de julio de 1981. Fue el pintor Miguel Viribay el que lo echó en falta al instalarse entre nosotros la democracia. Se lo dijo a la concejal de Cultura del Ayuntamiento de Jaén Pilar Palazón y ésta se puso a trabajar en rescatar de la zona del olvido a un artista que había triunfado en las galerías pictóricas de medio mundo.

Este pintor vivía en París desde 1939 en que huyó exiliado al país vecino. Al contactar con él el ayuntamiento jiennense, el artista tenía 80 años. Sin embargo aún recordaba su niñez en la calle Espartería de la capital y cómo un día bebiendo agua en una fuente recibió una pedrada en la cabeza. Manuel Ángeles Ortiz se siente muy agradecido de que el Ayuntamiento de la localidad en la que naciera se acordara de él y entonces dice aquella frase que tanto emocionó a los habitantes de Jaén y Granada, ciudades en las que había pasado su infancia y su juventud: “Cuando muera quiero que me entierren en mi tierra, debajo de un olivo”.

Manuel Ángeles Ortíz era un pintor vanguardista de la célebre Escuela de París. Había sido amigo de García Lorca y Picasso. Murió el 4 de abril de 1984, tres años después de que viajara hasta Jaén para recibir la Medalla de Oro de la Ciudad que el Ayuntamiento le había otorgado.
 
1981 fue también el año en que Linares reconoció a su hijo más ilustre: el guitarrista Andrés Segovia. En diciembre de ese año lo nombró Hijo Predilecto y le otorgó la Medalla de Oro de la Ciudad.
Andrés Segovia había nacido en Linares el 21 de febrero de 1893. Murió en 1987, cuando tenía 94 años de edad. Con 88 años era un anciano torpe y con problemas de vista que visitaba su ciudad natal para recibir la Medalla de Oro y asistir a la inauguración de un monumento que se instaló en el Paseo de Santa Margarita. Andrés Segovia era el intérprete español más conocido mundialmente. Entre sus logros estuvo el de dignificar la guitarra, hasta ese momento concebida sólo para acompañamiento de cantes flamencos. Linares le agradecía así en 1981 todo lo que aquel hombre había hecho por la música.
   
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