Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
18 de marzo de 2026
 

 
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  1982
  Antonio Ramírez Garrido
  Entre las mayorías electorales y las crisis
  Mil novecientos ochenta y dos  resultará fácil recordarlo como el año de la mayoría absoluta del PSOE, como el año de los mas de 10 millones de votos para Felipe González, como un año clave de la transición, en su sentido más amplio, o como el año de la famosa y polémica promesa de la generación de 800 mil empleos. En Andalucía, lo podemos recordar como el año en el que se constituyó el  Parlamento Andaluz, también con mayoría socialista.  Y sin embargo, 1982 tiene, junto a éstos destacados hechos en la memoria colectiva de los andaluces, por ende de los jiennenses, otras historias ligadas con la vida social, económica, cultural, política, si quieren política sobre todo porque fue un año eminentemente electoral, que merecen su hueco en la pequeña historia de la provincia.

Suerte y elecciones.
Suena completamente a tópico, pero en el diario Jaén del 6 de enero tenemos la constatación con alardes tipográficos y en crónica de Pepe Gutiérrez: el “gordo” del Niño había estado muy repartido.

Los jienneses por aquél entonces empezamos a ver alguna relación entre año de convocatorias electorales y suerte a modo de lotería. Estábamos tan poco acostumbrados a las dos cosas: a las elecciones y a los premios de lotería, y tan necesitados de ellas
-de democracia y de riqueza- que en cuanto nos llegaron un par de coincidencias, enseguida hicimos nuestras cábalas.

Lo cierto es que la lotería del Niño ya dejó en Jaén en 1979, el año de las primeras elecciones locales tras la dictadura, mas de mil millones de pesetas. Muy repartidos que se diría: La suerte llegó a Martos, a Cazorla, a La Iruela, a Beas de Segura, a La Carolina... Suerte y elecciones. Este año del relato, éste 1982, es año eminentemente electoral: en mayo, las primeras autonómicas en nuestra comunidad, lo que habría de ser el primer Parlamento Andaluz. Luego, allá por octubre, las generales.

Pues bien, el 5 de enero, sorteo del Niño y premio repartido de mas de doscientos millones de pesetas entre decenas de vecinos del populoso barrio de Peñamefécit, en la capital. La administración número 1 de Jaén aportó los décimos y un revendedor, de calle, Antonio Cruz, repartió la suerte. Un número bajo, el 0549, llevó la alegría a numerosos hogares del entorno de la calle Gran Capitán. Una tienda de comestibles había vendido numerosas participaciones del número premiado: seis millones para la dueña de la tienda, dos para un pensionista, otros tantos para un albañil, veinte para un reparador de electrodomésticos, dos para un jubilado del ayuntamiento, para un trabajador del Princesa de España, seis para una empleada de la limpieza... los vecinos del lotero. Suerte en fin, de nuevo, en año electoral.

El  ambiente electoral, empezó a vivirse nada mas salir de la Navidad. El último día de 1981 el Rey Juan Carlos I sancionaba la Ley Orgánica del Estatuto de Autonomía para Andalucía. La carrera  estaba servida. No la pudo vivir desgraciadamente el alcalde de Linares, Julián Jiménez Serrano. Un excelente alcalde y mejor socialista que había contribuido al crecimiento del PSOE jiennense del que fue secretario general. Julián Jiménez falleció en Linares el 20 de enero. Antes de ser alcalde había ocupado escaño en el Congreso de los Diputados en las primeras cortes constituyentes. Su fallecimiento fue ciertamente sentido y en torno a la capilla ardiente instalada en el ayuntamiento linarense se dieron cita miles de ciudadanos anónimos, así como numerosos representantes de partidos e instituciones.

Las autonómicas.
Trece candidatos debía presentar cada formación política a las elecciones autonómicas. Desde primeros de febrero los partidos estaban ya decididamente metidos en faena: confección de listas, elaboración de programa, diseño de campaña, actos, mítines, recorrido por los pueblos. En la sede socialista de la calle Hurtado, con la confianza y la ilusión de quien se sabe favorito, Antonio Ojeda era candidato incuestionable. Encabezó la lista del PSOE y terminó el año presidiendo el primer Parlamento andaluz.

En Alianza Popular se movían seguros de que la crisis de UCD era su mejor aliado. José Rodríguez que  más tarde terminaría enfrentado a Gabino Puche era, junto al propio Puche, la apuesta de la derecha. Presidente y secretario respectivamente de AP. Con Mollinedo como fontanero de lujo, los populares, a base de hacer muchos kilómetros por los pueblos de la provincia, iban ganándole  terreno a una UCD que no lograba escapar de sus acentuados personalismos.

Aquí, en la sede centrista, intentaban que todo el capital acumulado en los últimos años, que todo el caudal de votos obtenido en las elecciones municipales no se les escapara de entre las manos en las peleas suicidas  entre liberales, conservadores, y socialdemócratas ;que los cambios de Gobierno, las disputas por la ley del divorcio, y las heridas del 23 F, no terminaran por instalarse en la calle Carmelo Torres, sede ucedea. Fernando Arenas del Buey constituía su más sólido capital de cara a las elecciones autonómicas. Como también ocurriera con Antonio Ojeda, Arenas del Buey tenía la experiencia y un plus de notoriedad que le daba su acta de senador y, sobre todo su presencia en el Gobierno de la preautonomía. Desempeñaría  un notable papel en la cámara andaluza donde asumió con brillantez la portavocía de su grupo.

En las filas del Partido Comunista se aprovechaba la plataforma que suponía la omnipresencia de Manuel Anguita Peragón en los debates municipales del ayuntamiento de la capital, para lanzarlo como candidato. Contaba la dirección provincial comunista  con una excelente cantera de políticos(as) que a partir del 82 han ido ocupado tareas de responsabilidad  orgánica e institucional fuera de la provincia. Es el caso no solo de Felipe Alcaraz, granadino afincado en Jaén por ejercer como profesor del Colegio Universitario, que ya ocupaba escaño en el Congreso y que optaba al Parlamento Andaluz desde la capital hispalense, sino también de Concha Caballero o Pilar García Márquez. En una época en la que aún no había cuotas, ni presión social suficiente para llevar a cabo la denominada discriminación positiva en la mujer, era justo en dos partidos no mayoritarios como el PCE y  el PSA , -en el primero no sólo con Concha y con Pilar, sino también con Rosario Ramírez-, donde había mujeres liderando o coliderando el momento. En las filas andalucistas Pilar Palazón constituía un baluarte importante, aunque la apuesta electoral se hizo sobre el trabajo de Eduardo Gallardo, un profesor de Instituto que durante muchos años trabajó con entusiasmo en el andalucismo.

Felipe González y Alfonso Guerra se dejaron ver pronto por Linares, escenario propicio para un gran mitin. Los socialistas obtendrían en la ciudad minera  mas del triple de votos que Alianza Popular. 56 por ciento frente a un 17 por ciento de los conservadores.

Por aquellas fechas, febrero, cerraba el PSOE su cartel electoral con Antonio Ojeda de número 1, Leocadio Marín, que entonces ocupaba la presidencia de la Diputación como número 2 y Gaspar Zarrías, como número 3. Zarrías desempeñaría posteriormente un papel clave en la organización de la campaña de las elecciones generales y, una vez resueltas las contiendas electorales, en el diseño del partido en la provincia .

González diría en Jaén que su partido estaba apoyando al mortecino gobierno de Calvo Sotelo “en un ejercicio de responsabilidad y de solidaridad”. Rafael Escuredo, ya metido  en su papel de más que probable presidente de la Junta de Andalucía, había asegurado en plena precampaña que no estaba dispuesto a gobernar con los comunistas. Santiago Carrillo, entre Felipe Alcaraz y Manuel Anguita Peragón, y minutos antes de firmar en el libro de honor del ayuntamiento de la capital, se preguntaba ¿por qué? El líder comunista dijo no entender por qué si estaban el PSOE y el PCE gobernando juntos ayuntamientos y diputaciones, no podían pactar en las comunidades autónomas. 

La campaña centrista se entremezclaba con las visitas a la provincia de los ministros del Gobierno de Calvo Sotelo. Soledad Becerril, la ministra de Cultura, se mostraba en Úbeda y Baeza sensible a los problemas del patrimonio histórico. En ésta segunda localidad, y en presencia del alcalde y candidato de su partido José Luis Puche, definía Baeza como ciudad modélica. Antes, en Úbeda, era ella la que recibía elogios. Los corresponsales informativos de la localidad le entregaban la distinción de Personaje del Año 1981.

Y si la ministra de Cultura optaba por dos ciudades monumentales, su homólogo de Agricultura acudía a Mengíbar a prometer obras para nuevos regadíos. José Luis Álvarez, que así se llamaba el mi-nistro, en uno de los años de mayor sequía de ésta década, aseguraba la inversión de dos mil millones de pesetas  con los que saciar la sed de la campiña jiennense. Antonio Barahona, alcalde de Mengíbar, no se cortaba un pelo: “Mi pueblo es un pueblo agradecido. Sabrá merecer con su esfuerzo estos beneficios de los nuevos regadíos”. UCD fue la segunda fuerza política en Mengíbar, con más del 32 por ciento de los votos, triplicó los que obtuvo el Partido Popular. El respaldo porcentual obtenido en Mengíbar fue el doble del que la formación centrista logró en la provincia.

Manuel Fraga vino a Jaén a presentar la candidatura del Partido Popular. “La oferta socialista no les sirve a los andaluces, como no les sirve la gestión de un gobierno -UCD- que ha fracasado en todo” sentenció. Fraga avalaba con su presencia el cartel que representaba José Rodríguez Fernández y Gabino Puche.

Las declaraciones calentando la campaña electoral se fueron sucediendo: El PSA, con una infraestructura lejos de las posibilidades de los partidos de izquierdas o de la mayor dotación de quien ostenta el gobierno, afirmaba, sin embargo, que haría más de cien actos de campaña. Eduardo Gallardo daba muestras de una fe inquebrantable “Estas son nuestras elecciones”. Pilar Palazón pedía anteponer los intereses de los jiennenses a los intereses de los partidos.
Se oyeron afirmaciones como éstas: Fernando Calahorro, secretario provincial del PSOE: “La transformación política hay que hacerla con un mínimo de base técnica”. Santiago Carrillo: “A Andalucía le hace falta un gobierno de izquierdas”. José Rodríguez Fernández  “Andalucía no es de izquierdas”. Manuel Anguita: “Si el PSOE go-bierna en solitario, para abrir la Junta tendrá cada mañana que pe-dir permiso a los señoritos”. Fernando Arenas: “Para el PSOE no hay mas que su capricho”. Guerra: “Hemos establecido nuestra es-trategia para gobernar solos en Andalucía”.

El 21 de mayo los partidos -también los empresarios- pusieron fin a una larga campaña. Entre otros muchos actos lo haría UCD en Jaén con la intervención de  Landelino Lavilla y Fernando Arenas. El PSOE doblete en Quesada y Cazorla con Javier Solana y Gaspar Zarrías. Decía también los empresarios porque este último día de campaña, 21 de mayo, la CEA, la Confederación de Empresarios de Andalucía,  lanzaba una última proclama después de la prohibida campaña del gusano -un gusano que salía de una manzana que simulaba el puño socialista y se comía  la rosa-,  en la que se mostraban decididos a defender la libertad que consagraba la Cons-titución, por encima, decían, incluso de los partidos políticos...

Ya el día 23, el mismo día de las elecciones, el diario Jaén, publicaba en portada un recuadro de llamamiento institucional al voto del gobernador civil de la provincia. Que fuera un llamamiento institucional no querrá decir, pensaría el gobernador, que no pueda llevar su mensaje. Y aprovechó Antonio Ortega Jiménez para recordar que... “en las urnas de hoy, tanto se decidirán los contenidos de las nuevas libertades como los rasgos del propio modelo económico”.


Cara y cruz del agua. La víspera de la jornada electoral, el 22 de mayo, el día de reflexión, y sin que evidentemente tenga nada que ver con el proceso electoral, se conoció uno de los desastres ecológicos más graves de los habidos en la provincia. Miles de peces muertos se encontrarían a ambos lados de la orilla del Guadalén. Todo el trayecto entre Vilches y Arquillos era un espectáculo. Se-gún la crónica del corresponsal del diario Jaén, Juan Antonio Rome-ro, “miles de peces putrefactos hacían insoportable el olor”.
También y como contraposición, en víspera electoral dieron positivos los sondeos efectuados por el Instituto Geogológico y Minero en la localidad de Bélmez de la Moraleda y un chorro de agua soltaba 24 litros por segundo. Cura párroco y gobernador civil se apresuraron uno a bendecir las obras y otro a celebrarlo junto a los vecinos de la localidad.

Entra la mala y la buena noticia se coló la Andalucía más profunda: En Montizón, decían, “La imagen del Cristo de la Expiración de Venta de los Santos mueve los ojos y la boca”.


Récord de participación y mayoría socialista. Los resultados electorales permitieron decir a Rafael Escudero aquello de “No gobernaremos Andalucía desde la arrogancia”. El PSOE obtuvo una contundente mayoría absoluta. 66 de los 109 escaños estarían ocupados por socialistas, 17 por Alianza Popular, 15 por UCD, 8 por el PCE-PCA y tres por el PSA-PA. Los andaluces hicieron pagar caro a centristas y andalucistas sus errores anteriores. La participación andaluza fue del 66.02 por ciento. De ellos el 52,70 por ciento votó PSOE.

En la provincia, las cifras fueron similares a las obtenidas en la comunidad. Jaén, se pudo escribir con letras grandes, votó socialista. Un titular de prensa que veríamos reproducido ese año en otra ocasión más. Se registró además el índice mas alto de participación: 74,46 por ciento.

El PSOE obtendría ocho escaños (52,06 %). AP, el 16,40 por ciento de los votos y dos escaños; los mismos que UCD con el 16,22 por ciento de apoyos  El Partido Comunista rozó el nueve por ciento y se hizo con un acta de diputado. Los andalucistas no lograron situar a su candidato Eduardo Gallardo en la cámara autonómica.

Los parlamentarios elegidos fueron:
PSOE: Antonio Ojeda Escobar, Leocadio Marín Rodríguez, Gaspar Zarrías Arévalo, José Maria Sánchez Muñoz, Luis Benavides Cano, Jesús Peinado Quintana, Juan Carmona Infantes y Ángeles Cobo López.
PP: José Rodríguez Fernández, y Gabino Puche Rodríguez Acosta.
UCD: Fernando Arenas del Buey y José Luis Puche Pardo.
PCE: Manuel Anguita Peragón.

“Bajonazo para UCD”, “decepción entre los andalucistas”, “Alianza Popular se aprovechó de la debacle centrista”, “barrió el PSOE” o “retroceso comunista”, fueron de manera escueta algunas de las frases que interpretaban lo ocurrido. Para Gaspar Zarrías, 27 años, el más joven de los 13 parlamentarios que accedía a la cámara, se había producido deslizamiento de votos de UCD no sólo hacia AP sino también hacia el PSOE que a cambio no había dejado escapar ni un voto por su izquierda. Fernando Arenas atribuía el fracaso electoral de su formación a espectáculo interno dado y a los errores del proceso autonómico. Para Gabino Puche, UCD había devuelto a Alianza Popular los votos que cogió prestados en el 79, y para Manuel Anguita, el pueblo andaluz había optado por el voto útil del PSOE.

Baeza colocó los doses. Una de las curiosidades del resultado de las urnas lo titularía el diario Jaén con un quinielístico “Baeza colocó los doses“. Alusión a la circunstancia de que Leocadio Marin, Gabino Puche, y José Luis Puche, los tres de Baeza y los tres en el numero dos de las candidaturas de sus partidos (PSOE, Alianza Popular y UCD) estarán en la cámara autónoma.
Linares, Andújar, Alcalá la Real, Úbeda, Baeza, Martos, Bailén, Jaén, incluso La Carolina, el respaldo a la candidatura socialista fue importante en toda la provincia en la que sin embargo si estuvo mas dividido el voto entre populares y centristas. Ya por entonces Torredonjimeno votaba las candidaturas comunistas en una de las pocas excepciones al mayoritario voto socialista que se había producido.

No había transcurrido un mes -21 de junio- cuando Antonio Ojeda, el notario de Úbeda y Villacarrillo, jiennense de adopción política, y parlamentario por la circunscripción de Jaén, tomaba la palabra como presidente del primer Parlamento Andaluz para proponer la empresa de “construir Andalucía como comunidad y recuperar nuestras señas de identidad como pueblo”.

Tres semanas más tarde, el 15 de julio Rafael Escuredo formaba gobierno con un jiennense al frente de la consejería de Salud: Pablo Recio. Posteriormente dos viceconsejerías recaerían en jiennenses. Julio Artillo sería viceconsejero de Educación, y José Recio, que ya lo había sido en la preautonomía, seguía en el primer gobierno de Escuredo al frente de la viceconsejería de Interior.

Estas  elecciones al Parlamento andaluz fueron importantes para todos, no en vano se trataba de las primeras elecciones autonómicas que darían paso a la constitución del primer Parlamento; pero fueron especialmente significativas en Jaén porque supusieron el lanzamiento a la escena política de un buen número de jiennenses que son o han sido un importante capital en sus respectivos partidos: Antonio Ojeda fue el presidente del primer Parlamento Andaluz; Leocadio Marin ostentó durante años la representación del gobierno de Felipe González en Andalucía; Gaspar Zarrías, el indiscutible número dos del ejecutivo de Chaves, y antes ocupando lugar relevante en el de Rodriguez de la Borbolla; Gabino Puche ha liderado el PP andaluz durante años; Felipe Alcaraz saltó de Jaén a la secretaría general del Partido Comunista de Andalucía y allí ha estado dos décadas; Concha Caballero sigue ocupando espacio por derecho propio en la organización comunista andaluza; Fernando Arenas del Buey fue durante una brillante legislatura el portavoz del grupo centrista en la cámara andaluza. Un buen ramillete, sin duda, de políticos jiennenses nacidos de la transición.


Cándido Méndez al frente de UGT.
Agosto, lejos de ser ese mes  tórrido, seco, soso y aburrido desde el punto de vista informativo  deparó tres o cuatro pinceladas interesantes, además de servir de paréntesis para que las distintas formaciones fueran digiriendo sus crisis y preparando lo que ya se intuía como claro adelanto electoral.

El primer día de agosto, la Unión General de Trabajadores celebró congreso provincial extraordinario. Tres candidaturas había sobre la mesa a primera hora de la mañana: una encabezada por Manuel Rodríguez Méndez, otra por Ramón Padilla y una tercera por Cándido Méndez Rodríguez. Fue éste último quien terminaría haciendo una candidatura integradora aprobada casi por unanimidad de los delegados asistentes y en la que figuraban los dos candidatos alternativos. Junto a ellos, otros miembros como Juan Canovaca, Tomás Cabrera, Rafael Valera o Francisco García Martínez.

Cándido Méndez, una vez proclamado secretario provincial, basó en tres pilares la tarea que tenían por delante: organización, disciplina y voluntad de trabajo. Veinte años mas tarde éstos pilares le acompañan en su responsabilidad al frente de la organización federal ugetista.

Historia de Jaén.
No deja de ser una opinión personal, pero por el carácter de permanencia en el tiempo y por la necesidad de establecer algún contacto riguroso con nuestro pasado, el más inmediato, el contemporáneo, pero también el originario pasado, 1982 en el aspecto cultural quizás lo más interesante que aporta es un libro. Una publicación de la Diputación Provincial: Historia de Jaén. Un valioso trabajo de investigación y análisis de un grupo de profesores del Colegio Universitario. No me resisto a detallar sus nombres. Por el mismo orden por el que aparecen sus trabajos son Rafael Machado, Emilio Arroyo, Arturo Ruiz, Carmen Argente, Javier Aguirre, José Rodríguez Molina, José Smolka, Julio Artillo y Pedro Galera. A buen seguro, con ellos colaboraron otros estudiosos que hicieron posible una publicación de más de 700 páginas de historia global de Jaén. “Desde los tiempos más remotos a los actuales”. El objetivo de la obra: “plantear el pasado jiennense y explicar sus peculiaridades desde una perspectiva rigurosa de servicio a la comunidad”.

También  desde el punto de vista cultural, 1982 aportó el inicio de las excavaciones arqueológicas para desenterrar el poblado ibérico de Puente Tablas. Dirigidas por los profesores Arturo Ruiz y Manuel Molinos, en septiembre se puso en marcha este trabajo que dividido en varias campañas sacará a la superficie el poblado ibérico existente en aquella zona.

Apuntó Julio Artillo en su trabajo sobre la Historia de Jaén el grave perjuicio que para el envejecimiento de la población y la limitaciones productivas supuso  la emigración en la década de los 60. Dos décadas después, en este 1982 seguían saliendo los jiennenses  de nuestra tierra  para ganarse la vida. Ocho mil jornaleros lo hicieron a mitad de agosto con dirección a la vendimia francesa. De Quesada, Pozo Alcón, Alcalá la Real, Jabalquinto... Los organiza la Federación de Trabajadores de la Tierra. Por vez primera parten con contrato y billete desde los lugares de origen. Se quiere evitar el espectáculo en Figueras de años anteriores donde se produjeron aglomeraciones de miles de jornaleros procedentes de toda España, en esperas interminables. Cobrarán entre 20 y 25 francos la hora, unas 400 pesetas.

Fue también en agosto, cuando Morenito de Jaén, novillero en alza, sufrió una aparatosa cogida en Francia. Cuentan las crónicas que con una herida de 30 centímetros en la pierna mató al novillo que le tocó en suerte, en mala suerte habría que decir, cortándoles las dos orejas.

ETA sigue matando. Mucho más drama proporcionaba ETA. La organización terrorista  todos los meses dejaba su reguero de sangre en el País Vasco. Hasta 40 víctimas mortales se contabilizaron en 1982. Una de ellas, en septiembre, de un policía nacional nacido en Jaén. Jesús Ordóñez Pérez, caía muerto, junto a otros tres compañeros, en una emboscada de ETA en Rentería. Cuatro víctimas más de la violencia etarra que sacudió fuerte los últimos meses del gobierno de Calvo Sotelo.

Entre tanta muerte se preparaba el viaje que el Papa iba a hacer a España. Jaén no estuvo en el itinerario de Juan Pablo II, pero miles de jiennenses se organizaron para acompañar distintas rutas de las que habría de hacer el Santo Padre. Por su proximidad la expedición más numerosa se acercó hasta Granada. Los Hermanos Senise le prepararon una composición de dibujos con el escudo de la ciudad, la corona real, la paloma de la paz con un ramo de olivo en su pico, y el paisaje de Jaén con la catedral como centro referencial. Un regalo del arte de la tierra para Juan Pablo II que en octubre estuvo en nuestro país.

Solís a prisión.
También en octubre y sólo 10 días antes  de la cita con las urnas que depararía a Felipe González el acceso al Gobierno, la opinión pública se sorprendería con el ingreso en la cárcel de Carabanchel de Domingo Solís, su hijo Felipe y Ricardo Cruz Tuñón. Se les acusaba de presuntos delitos monetarios y quiebra fraudulenta al formalizar en Francia préstamos sin la debida autorización administrativa.

El ingreso en prisión de los dirigentes de UTECO y de Caja Rural, sembró aún más de incertidumbre el sector que acababa de conocer la intervención que un mes antes había hecho el Banco de España de la propia Unión Territorial de Cooperativas del Campo, la Cooperativa Provincial Agrícola y la Caja Rural de Jaén.
Informes, contrainformes, asambleas, declaraciones de dirigentes políticos y de miembros del gobierno: el cooperativismo se enfrentaba a su peor crisis, a una nueva situación que, además, iba a coincidir con un cambio del gobierno de la nación.

Las buenas expectativas tras el compromiso para poner en marcha la I Feria del Aceite que el presidente de la Cámara de Comercio, Hermegildo Terrados, había logrado de las instituciones, se tornaban preocupación ante la crisis desatada. Uteco recibiría más tar-de créditos suficientes para su reflotación; Caja Rural logró remontar su situación años después; Domingo Solís, su hijo Felipe y Ri-cardo Cruz Tuñón estuvieron unos meses en la cárcel. La Feria Internacional del Aceite de Oliva, que arrancó con un compromiso  verbal de la Junta y la Diputación, es hoy el mejor escaparate de nuestra producción oleícola.


Las generales. El éxtasis socialista. Cuando el Banco de España interviene Uteco y Caja Rural estábamos en la recta final del proceso electoral que llevaría a Felipe González hasta la Moncloa con mas de 10 millones de votos y que supondría la definitiva defenestración del centrismo como opción política concreta. También su-pondría un considerable traspié, para andalucistas y comunistas. Ambos, bajaron sus porcentajes y los resultados les generaron crisis internas que, en el caso del PCE, alcanzó a su secretario general Santiago Carrillo.

Los partidos políticos mayoritarios ya en las anteriores elecciones generales habían tenido que situar al frente de sus candidaturas a los llamados “candidatos cuneros”. Si en el 79 el PSOE situaba a Miguel Boyer como número uno, en el 82 sería Fernando Morán a quien hubo que instruir en lo que era y suponía la provincia de Jaén. Moran trabajó a su aire en un despacho de la calle Hurtado y dicen que un poco desatendido por el aparato del partido en Jaén. En más de una ocasión se le pudo ver almorzando solo en Casa Vicente, con sus  lecturas, sus artículos periodísticos, sus entrevistas para la prensa nacional y su tono seco aunque casi siempre cortés. Morán tenía todas las papeletas para ser, como así ocurrió, ministro de Asuntos Exteriores en el primer gobierno de Felipe González. Tras las elecciones se marcharía de Jaén califican-do la experiencia de inolvidable y señalando que el pueblo asturiano, donde había nacido, y el jiennense, tenían como analogía co-mún que el socialismo es algo natural en ellos. Un solo reproche a la campaña: el incidente con el PCE al que me referiré posteriormente. La lista socialista seguía con Fernando Calahorro, que durante el verano había podido comprobar que algo estaba pasando en el interior de su partido en la provincia.

Alianza Popular, en las autonómicas de mayo había visto multiplicar por cinco el número de votos obtenidos en las elecciones respecto a las generales del 79. Por tanto ya no tenían  dudas de que UCD estaba llegando a su fin. La dimisión de Suárez, y la posterior creación del CDS, las peleas entre sectores, las crisis de gobierno de Calvo Sotelo y los movimientos congresuales del partido centrista, daban pistas mas que evidentes para intuir que tenían ante sí un panorama del que se beneficiarían tanto PSOE como Alianza Popular.

Gabriel Camuñas, vicepresidente entonces de AP fue la opción para Jaén de esta formación que partía de un importante crecimiento en las autonómicas. La preocupación mayor del partido conservador estaba en la falta de una financiación suficiente. Venía Alianza Popular de tener tan solo 9 escaños en las generales del 79. No llegaba al seis por ciento de los votos, y esas raquíticas cifras de anteriores comicios generales tenían su repercusión en los dividendos económicos procedentes del Estado. Esa preocupación por la falta de recursos era lo que más traía de cabeza a Gabriel Camuñas, un político que había llegado de Madrid con su propio gerente para la campaña y que se jugaba bastante en el envite. Llegaron de un sitio y otro los recursos, y finalmente hizo Camuñas  una campaña directa al voto conservador que le dio sus frutos. Dos representantes lograron situar en Madrid: el propio Camuñas y Ramón de Villegas. 

UCD intentaba en España salvar los muebles con Landelino Lavilla como referente del partido heredado de Suárez, una vez que se fuera al traste  el intento de que cuajara un triunvirato fuerte con el propio expresidente Suárez, Calvo Sotelo y Landelino Lavilla.  En Jaén iba a ser Fernando Jurado quien encabezara el cartel centrista. Junto al abogado jiennense, se situaría un rodado Luis Miguel Payá que venía desarrollando un buen trabajo en el ayuntamiento de la capital. Fernando Jurado y UCD basaron su campaña en el riesgo de la bipolarización. No lo vieron así ni los jiennenses ni los españoles en general.

Tachar a Calahorro. Tampoco dio resultado una maniobra  política de dudosa ética que el PCE intentó en la recta final de su campaña. Encabezaba lista Ignacio Gallego. La presencia del histórico comunista había sido reclamada expresamente por la dirección provincial del PCE que lideraba Manuel Anguita Peragón, decidido a cambiar el rumbo descendente que las urnas ya  habían  apuntado en las autonómicas. Optaron por el posible tirón que para el electorado de izquierdas, sobre todo en los núcleos rurales, esperaban que deparara  Ignacio Gallego. No fue así; perdieron el escaño que tenían en Madrid y al final de la campaña perdieron algo más. Perdieron las formas. Me explico.

Acababa de saltar el escándalo Solís. Fernando Calahorro en su calidad de secretario provincial del PSOE jiennense, en plena campaña, efectuó sobre éste asunto unas declaraciones a la prensa quizás algo tibias. El PCE vio la oportunidad de desgastar al adversario y fotocopió por miles las declaraciones de Calahorro que re-partió por los mítines afirmando algo así como que el candidato socialista defendía a Solís. Hasta aquí todo casi en la ortodoxia política visto como han ido las cosas, visto como han evolucionado los rifirrafes electorales posteriores. Sin embargo, el PCE hizo una maniobra más al pedir a los electores que si querían votar PSOE lo hicieran tachando el nombre de Calahorro. Evidentemente la tachadura suponía de inmediato la anulación de la papeleta. No debieron ser muchos los que picaron a juzgar por los 208.396 votos que obtuvo el PSOE, treinta mil más que en las autonómicas de mayo. Manuel Anguita y Fernando Calahorro, secretarios provinciales del PCE y PSOE respectivamente, estuvieron no menos de dos años sin hablarse. La noche electoral dicen que se escuchó en el PSOE un “come mierda” como respuesta a la protocolaria llamada de felicitación efectuada desde la sede comunista.

Esa noche, la del jueves 28 de octubre, sólo dos sedes, la del PSOE y la del PP respiraban ambiente de fiesta. En la calle Hur-tado, Ramón Béjar -más de dos décadas de anónimo trabajo-, ejercía de anfitrión mientras los dirigentes socialistas confirmaban con datos oficiales las estimaciones efectuadas previamente con muestreo propio. Juan Miguel García Bueno, Tomás Cabrera y Enrique Ruiz Roldán eran los encargados de una manera más directa de la operativa de datos.  Morán y Calahorro, atendían a los medios y otros dirigentes, Zarrías -Juan y Gaspar- García Vico, Pajares, Cándido Méndez...  elaboraban porcentajes, atendían los teléfonos con las agrupaciones de la provincia y celebraban cada dato que iba llegando. Cuando la mayoría absoluta en el Congreso era una evidencia, empezaron a saberse las cifras del Senado: Juan Zarrías, Miguel Cobo y Francisco García Vico obtendrían escaño en la cámara alta. Tres de tres posibles. Fernando Morán declaró esa noche que los resultados suponían el punto y final al periodo de la transición, al tiempo que consideraba una proeza el haber subido el alto listón que el PSOE había alcanzado en las autonómicas.

En Alianza Popular la abrumadora victoria socialista se compensaba con el fuerte crecimiento que la opción conservadora había experimentado en todo el territorio nacional donde había pasado de 9 a 106 escaños. Los datos provinciales también eran considerados óptimos. Junto a Camuñas, en el Congreso estaría Ramón de Villegas, una segunda plaza que los populares no habían visto clara en ningún momento de la campaña. Más de un 23 por ciento de votos frente al 9 por ciento de UCD, aunque muy lejano del 57 por ciento socialista. José Bautista de la Torre obtendría escaño en el Senado.

Camuñas valoraría como espectacular el salto dado por su partido y felicitó al pueblo de Jaén por su comportamiento. El resto de formaciones había quedado sin representación parlamentaria por la provincia y sus sedes reflejaban esa situación. Fernando Jurado se lamentaba de que se hubiera impuesto el bipartidismo y reconocía estar decepcionado por los resultados obtenidos en la provincia. Carlos Avilés, sin embargo, que encabezó la lista que a toda prisa montó el partido de Suárez en Jaén, estaba satisfecho. “Éramos 14 amigos y ahora somos cuatro mil”. El Partido Comunista no ha-bía logrado retener con Ignacio Gallego el escaño que tenía Felipe Alcaraz y en general en todo el país tuvo un notable retroceso que hizo dimitir a Santiago Carrillo. En Jaén, el PCE perdió tres mil votos respecto a las autonómicas y quince mil respecto a las generales del 79. Por tanto, era obvio que los resultados habían causado desesperanza entre los dirigentes de ésta formación. Más desastre electoral habían cosechado los andalucistas. Apenas cuatro mil setecientos votos, menos de la mitad que cuatro meses antes. La debacle afectó a todo el territorio andaluz. El partido andalucista perdió los cinco escaños que tenía en el Congreso de los Diputados en 1979.

Los diputados elegidos fueron:

CONGRESO DE LOS DIPUTADOS
PSOE: Fernando Morán López, Fernando Calahorro Téllez, Cándido Méndez Rodríguez, José Manuel Pedregosa Garrido y Juan Ramón Pajares Gutiérrez.
AP: Gabriel Camuñas Solís y Ramón de Villegas Villar.

SENADO : Miguel Cobo Martín, Francisco García Vico y Juan Zarrías Jareño (PSOE) y José Bautista de la Torre (AP)

Relevo en el PSOE. El Congreso de Linares.
Noviembre. Como hemos visto, el Partido Socialista Obrero Español se despachó dos procesos electorales con mayorías absolutas en la provincia, mayorías que no le sirvieron al secretario provincial Fernando Calahorro para evitar un Congreso Extraordinario al que le forzó parte de su propia dirección. Por aquél entonces, cada dos años celebraba el PSOE sus congresos. En el último, 1981, Emilio Arroyo había dejado las secretaría provincial para no simultanear la alcaldía con la dirección del partido. Fernando Calahorro pugnó con Marcos Gutiérrez -Izquierda Socialista posteriormente- y, con bastantes apuros, se hizo con la dirección del partido. Posiblemente fuera a costa de configurar una ejecutiva demasiado heterogénea en la que no le iba a resultar fácil ejercer su liderazgo.
 
La Agrupación Provincial de Jaén era la más numerosa del país, la más potente, la que más votos aportaba en cualquier proceso de votación en los órganos regionales y federales del partido; y Fernando Calahorro ya se había desmarcado de algunas decisiones de la ejecutiva regional que lideraba entonces un Borbolla en plena sintonía todavía con Alfonso Guerra. Durante todo el año, el trabajo orgánico del partido había generado diferentes desencuentros más evidentes en el proceso de confección de listas.
El hecho cierto es que a Calahorro, prácticamente el mismo día que el PSOE ganaba las elecciones generales, la mitad más uno de su Ejecutiva le pedía un Congreso Extraordinario para elegir nueva dirección. Se celebraría en Linares el 21 de noviembre. Ya en la elección de mesa se constató que la oposición a Fernando Calahorro, desde dentro de su propia ejecutiva, iba a ser fuerte. Ojeda resultó elegido presidente de la mesa, superando en votos al candidato propuesto por el propio secretario provincial. Después, en el turno de intervenciones se evidenció una mayoría cualitativa y cuantitativa dispuesta al cambio de dirección.
 
No parece que hubiera consigna de ningún lugar supraprovincial;  por supuesto no en Málaga -Sanjuan- ni en Sevilla -Borbolla-, para acabar con el “calahorrismo”, concepto éste que a la postre resultó ser poco relevante analizado con historicidad. José María de la Torre, Gaspar Zarrías, Leocadio Marín posiblemente quien más tiró de la disidencia a la secretaría provincial, Antonio Ojeda, García Vico, Julio Artillo... un 72 por ciento de apoyos contó la candidatura presentada por López Carvajal en un congreso en el que antes del mediodía, y a la vista de las intervenciones de unos y otros po-sesionando su voto, Calahorro optó por no presentarse a la reelección. Dicen los cronistas del momento que fue una intervención de Antonio Ojeda, que presidía el Congreso pero que tomó también la palabra en su calidad de delegado por Sabiote, la que definitivamente volcó la balanza. Ni siquiera la intervención de Alfonso Fernández Malo en desacuerdo con la necesidad de un congreso extraordinario pudo equilibrar las posiciones. Fernando Calahorro no sería el gestor de las dos victorias electorales que los socialistas obtuvieron ese año.

Cristóbal López Carvajal resultó elegido secretario provincial del PSOE, con una ejecutiva en la que dos históricos del socialismo en Jaén, como Juan Zarrías y Cándido Méndez Nuñez dejarían la presidencia y la secretaría de administración respectivamente. López Carvajal, que meses mas tarde sustituyó a Leocadio Marín al frente de la Diputación, dirigió el partido  hasta finales de 1993. Perdió en diciembre de ese año un comité provincial en el que Gaspar Zarrías le lanzó un fuerte envite que le dejó sin posibilidades de optar a la reelección. No lo haría. No lo pudo hacer. Como no lo hizo Calahorro en éste Linares-1982 .

De pubs y de otras cosas. Entretanto, en un año de marcado carácter electoral, los jiennenses llenábamos los pubs de la capital  que por aquellas fechas crecían como hongos. Decían algunos dirigentes del PCE que nada les sentaba mejor después de dar un mitin en cualquier pueblo de la provincia que un par de copas en el Alfil. Otros se decantaban por el más clásico Biango, por el Libra, por el Fedra, el Indalo o por el renovado Aloha con sus paragüitas, sus grandes espacios y sus exóticos combinados. Puestos a ser rigurosos, hay que decir que una tertulia política en el callejón, en casa de Tomás Barranco, se convirtió en cita preelectoral y postelectoral casi obligada. En el mismo sector de la hostelería, Juanito empezó a consolidar en Baeza su generoso reencuentro con la gastronomía de la tierra. Eras las jornadas gastronómicas en las que el paté de perdiz de Luisa ya hacía furor.

En el terreno futbolístico el año estaba marcado por los mundiales que se jugaron en España. La selección española tuvo una deficiente actuación, como deficiente fue la temporada que hizo el Real Jaén. El conjunto jiennense terminaría en décimoquinta posición. El verano sirvió para relanzar el “Trofeo El Olivo”, de la mano de la Diputación Provincial y para la clásica campaña de captación de socios. 5.000 era la cifra buscada para alcanzar el ascenso a Segunda  Amadeo Pérez sustituyó a Antonio Ruiz en la presidencia. El equipo se reforzó sin que se lograra, ni de lejos, la meta buscada. La temporada terminaría, ya en el 83, con un discreto duodécimo puesto.

Ruptura con el manicomio.
Durante todo el año, aunque con distintos niveles de intensidad, la denominada reforma psiquiátrica ocupó buena parte de la atención informativa. El psiquiatra Enrique González Duro llegó a Jaén a mediados de 1981. Vino fichado para desarrollar el Plan de Reforma Psiquiátrica que la Diputación de Jaén había aprobado a finales de 1980 bajo la denominación de “Plan Montoya”, un plan de profunda transformación de la asistencia psiquiátrica en la provincia  y que debía nombre a su autor, el psiquiatra José Luis Montoya Rico a quien se lo había encargado Cristóbal López Carvajal en su calidad de presidente de la Fundación Pública Miguel Servet. El “Plan Montoya de Reforma Psiquiátrica” fue aprobado en 1980 con la oposición de UCD y partía de una descripción casi apocalíptica de la situación del manicomio Los Prados: “hacinamiento de pacientes, carencias en el mobiliario, acumulación de camas, división de sexos entre los trabajadores, separación por niveles económicos”.

“Los Prados”, un manicomio al que los ciudadanos de Jaén llevábamos ignorando cerca de 30 años, dando la espalda, ocultando, sin apenas hablar de lo que era y suponía, saltó de pronto a la opinión pública con fuerza y polémica. No ya sólo por las fiestas que se celebraban abiertas a la comunidad, como gustaba llamar al psiquiatra González Duro, sino porque los artífices asistenciales de la reforma habían optado por salir a la calle a explicar la misma a la vista, dijeron, de la rumurología imperante en la ciudad. Una rumurología que ciertamente se sustentaba para desgracia de las tesis de González Duro en no menos de tres o cuatro accidentes mortales con internos como víctimas.
Fue lo que se conoció como “los muertos de la reforma”: Una interna, en lo que eran habituales salidas de algunos locos a la calle, resultó atropellada; un anciano, también interno, se perdió y fue hallado muerto días más tarde; y un tercero, en régimen de hospitalización parcial, se quitó la vida.

González Duro, en su libro Memoria de un manicomio, culpó a la prensa local y más en concreto al diario Jaén de la época, del clima de rechazo social que por momentos parecía imponerse en la opinión pública. También a los responsables políticos del proyecto a los que acusó de haberse asustado, de haber arrojado la toalla an-tes de tiempo. La verdad es que López Carvajal, el artífice inicial de la reforma se fue distanciando de ella conforme iban asumiendo competencias sobre la misma el gerente de la Fundación Miguel Servet, Francisco Colmenero y el presidente de la misma Arturo Azorit. También posiblemente conforme ganaba en impopularidad y en conflictividad interna. La reforma logró algo tremendamente importante: romper los muros del manicomio y empezar un valiente trabajo de externalización de la asistencia. González Duro, y así se le reconoce, hizo entrar al manicomio como institución en crisis. Fue cesado -despido improcedente sabríamos después- antes del verano del 83. Tomaría el relevo de la reforma psiquiátrica Manuel Bellido.

El año se despediría casi como vino, con aroma electoral porque las municipales estaban a la vuelta de la esquina. Será recordado posiblemente en Jaén, como en el resto del país por las contiendas electorales, por los mundiales del fútbol o por la visita del Papa. De manera más especifica en nuestra provincia por las mayorías absolutas que las elecciones procuraron al PSOE y por las distintas crisis: Las de los partidos pero también las del cooperativismo, o la del manicomio. En todo caso, está claro que no pasó inadvertido.

Para el pequeñísimo universo de los periodistas de la tierra  bien pudiera recordarse también como el año que se decidió formalmente, publicación en BOE,  incluída la desaparición de la extinta cadena Medios de Comunicación Social del Estado. El diario Jaén, junto con el resto de periódicos del Estado, saldría a subasta aunque la definitiva venta no se concretaría hasta dos años mas tarde. Para el periódico Jaén, también para un buen número de periodistas -los del adiós pero también los del qué tal-, los que terminaron yéndose y los que llegaron, empezaría entonces una nueva etapa. Una etapa, también salpicada de sus pequeñas crisis.
   
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