Warning: pg_result() expects parameter 2 to be long, string given in /var/www/webs/transicion/web/admin/F_bd.php on line 33 La transición de Andalucía
18 de marzo de 2026
 

 
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  1983
  Manuel Fernández
  La supermayoría de Anguita
  La opinión pública puede que esté pensando de otra manera, a la vista de los resultados de las elecciones municipales del domingo 8 de mayo de este año de 1983. Pero no así la opinión publicada, la de los medios de comunicación, que no le da a los comunistas ni siquiera la oportunidad de ser la segunda fuerza política en la Corporación municipal que habrá de formarse en esta primavera. Los “expertos” analistas sitúan la batalla electoral, como cosa hecha, entre socialistas y aliancistas, una repetición lógica de las pugnas y resultados electorales del año anterior en los terrenos autonómico y nacional. En este tiempo, de UCD no quedan sino sólo deudas en los bancos y a andalucistas y comunistas casi se les ignora, a pesar de que Julio Anguita sea reclamado, en esta época, para participar en programas de TVE, como el de ‘La Clave’ y ocupe importantes espacios en revistas nacionales, como Interviú.

Bipartidismo.
Y no les falta razón a quienes así piensan. En octubre del año anterior, los socialistas habían arrastrado en las elecciones generales del país y su euforia la creían transmutable a cualquier evento electoral al que acudiesen. El bipartidismo PSOE-AP, estaba servido. Era un sueño pasado el que los comunistas gobernasen una capital de provincia y hay que impedir, a toda costa, que “Córdoba quede descolgada del resto de Andalucía”, según dice Antonio Ojeda, socialista, presidente del Parlamento andaluz. Porque el PCE, dicen, quiere hacer de esta ciudad una nueva Covadonga o un Palmar de Troya.

Además, los socialistas presentan como cabeza de lista a un peso pesado en la ciudad y que, según opiniones, debería haber sido el candidato de éstos en las municipales de 1979: Joaquín Martínez Bjorkman, abogado y senador. El segundo lugar de la lista socialista es otra fuerza de choque de avance irresistible: el joven José Miguel Salinas, propuesto desde ese lugar como candidato a la presidencia de la Diputación. El tercer puesto lo ocupa Carmen del Campo Casasús, diputada en el Congreso y esposa de Juan Ignacio González Merino que, con el tiempo, llegaría a ser delegado de Cultura de la Junta de Andalucía en Córdoba y portavoz del grupo socialista en la Corporación municipal surgida tras las elecciones de 1987.

Por lo demás, los aliancistas llevan como cabeza de cartel a un desconocido abogado montillano llamado Rafael Molina Requena; los andalucistas repiten en el primer puesto de su lista con Francisco Martín López; el CDS, escindido de UCD, prueba suerte con un 25 por ciento muy adelantado para estos tiempos: Pura Rus. También concurre a las elecciones, aunque más bien de forma testimonial, el PST, cuya lista encabeza Florentina Rodríguez Borrego. El PCE-PCA, que les había “robado” Cristina Bendala –concejala en la Corporación de 1979 a 1983– a los andalucistas, no tiene duda: vuelve a encabezar su lista Julio Anguita, seguido de Herminio Trigo, tándem que funcionaría hasta febrero de 1986, municipalmente hablando.

Cábalas electorales. Es el año de las segundas elecciones municipales democráticas y el primero en que el Ayuntamiento de Córdoba recupera los carnavales, tan denostados por el franquismo. La ciudad sigue su marcha normal, pero lo noticiable está en las elecciones que se van a celebrar en mayo. En este año se decide definitivamente que los antiguos locales de la SEAT en Ciudad Jardín (calle José María Herrero) no se destinen a aparcamiento (con el tiempo allí se alzaría un polideportivo municipal), los sindicatos vetan a Lovera como gerente de Emacsa, se adjudican y se inician las obras de remodelación del Gran Teatro, se habla –como se haría a lo largo de los 20 siguientes años– de las viviendas que se construirán en los terrenos liberados de Renfe tras las obras de la nueva estación, proyecto que rechaza la Cámara de Comercio, se da a conocer el déficit de la empresa de autobuses urbanos durante el año anterior (348 millones de pesetas) y el alcalde denuncia indicios de abuso en la utilización del Centro Radiológico Cordobés, uno de los casos de esta época de la Seguridad Social relacionados con la medicina privada y que suscita, en el barrio del Parque Cruz Conde, una notable polémica en la que tiene que intervenir el mismísimo vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra.

También queda aprobado el Reglamento de Participación Ciudadana, elaborado por la Coordinadora de Asociaciones de Vecinos y el Ayuntamiento le declara la guerra, por enésima vez, a las urbanizaciones clandestinas, con el tiempo, parcelaciones ilegales. Y se reabre el Museo Municipal Taurino, la última gesta cultural del concejal andalucista Francisco Martín.

Pero el ambiente ciudadano, el auténtico gusanillo del momento, son las cábalas sobre el resultado de las elecciones municipales. La campaña, que no comienza oficialmente hasta el 16 de abril, se desata, de forma imprevista, en marzo, cuando los cabezas de lista comunista y socialista, Anguita y Martínez Bjorkman –que en enero se había descolgado con unas declaraciones en las que decía que no quería ser alcalde “por razones ético-dialécticas”– entran en un abierto litigio dialéctico a causa del uso de unos locales, llamados de “San José Obrero”, en el barrio de Fuensanta-Cañero. A partir de ahora todo está permitido y cada aspirante a la Alcaldía se preocupa de traer a la ciudad los respaldos necesarios para sumar puntos.

Vázquez Montalbán presenta, en el antiguo salón de actos del Monte de Piedad, el libro de Anguita Textos y discursos, y el secretario general del PCE, Gerardo Iglesias, se baja hasta el califato rojo, bastión que los comunistas españoles cuidan como algo emblemático. Adolfo Suárez hace lo posible por esgrimir las razones de su candidata Pura Rus, lo mismo que Tierno Galván o Antonio Ojeda, por el PSOE.

Confesiones en una taberna
. Para esta época, la Corporación municipal ha abandonado el viejo caserón de la calle Pedro López y se ha instalado, provisionalmente, en el antiguo edificio de Hacienda, en la Avenida del Gran Capitán frente al Gran Teatro desde donde, al año siguiente, el Ayuntamiento vería cómo se frustraba el deseo de hacer un aparcamiento subterráneo en esa zona. Al final de la mañana, a la hora de las copas del mediodía, tras el trabajo, los concejales trasladan su sede a la taberna Guzmán, a espaldas del Gran Teatro, sobre cuyo solar se levantaría, posteriormente, el restaurante El Blasón. (La taberna Salinas, cercana a La Corredera, había sido hasta meses atrás el escenario escogido por periodistas y concejales para convenir informaciones). Cercano el día de las elecciones ocurre que, en cumplimiento de mis tareas informativas, me encontraba tomando una copa en esa taberna con Julio Anguita. Sin esperármelo, el alcalde de Córdoba, histriónico por naturaleza y conocedor, como pocos, de poses, estilos y frases que habrían de servir, al día siguiente, a los periodistas para lucirse, se lleva las manos a la frente, en posición reflexiva:
–Me da miedo, Manolo, de lo que se me avecina –me dice–. Y no sé qué responder porque no sé a qué se refiere.

–Óyelo bien. Esto es la locura. Voy a sacar mayoría absoluta aplastante.
¿Pitoniso? ¿Alumbrado? ¿Confabulado con el más allá? El 25 de abril el PCA dio los resultados de una encuesta, encargada por este partido a Sigma Dos, en la que se daba, casi por seguro, que Anguita ganaría las elecciones, aunque quedaba en entredicho la mayoría absoluta. La encuesta falla en su apreciación sobre la segunda formación más votada: no sería el PSOE, como auguraba, sino AP.

Aparte de Manuel Chaves, que con el tiempo llegará a ser el presidente del Ejecutivo autonómico a su pesar, que vaticina el triunfo del socialismo en “la batalla” por Córdoba, el PSOE finaliza la campaña con dos estruendosos cañonazos de artillería pesada: Rafael Escuredo, presidente de la Junta de Andalucía, y Alfonso Guerra, vicepresidente del Gobierno. El primero reclama la hegemonía socialista también para Córdoba –“¿Cómo se puede hacer una política económica integradora en el ámbito de nuestra comunidad autónoma si eso no pasa por que haya hombres socialistas en los ayuntamientos?”–, mientras que el segundo consigue llenar La Corredera. (Cada formación política se ha hecho acompañar, en esta campaña, de una música que se relacione, de inmediato, con sus ideas. Josele y Manzanita han sonado para el PSOE; los Medina Azahara, rock de pura cepa cordobesa, han cantado para el PCA. Los de AP se han conformado con artistas menos conocidos: Giorgio, Alcazaba y Canela Pura).

La suerte está echada. Unos días antes de la cita electoral del domingo 8 de mayo, la Corporación anterior se despide de la misma forma que vivió: dividida. Para la historia de la ciudad quedan los nombres de los primeros concejales elegidos democráticamente después de la dictadura: alcalde: Julio Anguita González (PCA); tenientes de alcalde: Herminio Trigo Aguilar (PCA), Francisco Martín López (PSA), José Luis Villegas Zea (PCA), Francisco Sánchez González (UCD), Manuela Corredera Gallego (PCA), Rafael González Barbero (PSOE), Antonio Herrera Aranda (UCD), Antonio Zurita de Julián (PSOE), Enrique Rivas (PSOE), Cristóbal Mesa Rodríguez (PSOE) y Juan Antonio Hinojosa Bolívar (UCD); concejales: José Luis Gracia Sabada (PCA), Rafael Muñoz Peinado (PCA), Ildefonso Jiménez Delgado (PCA), Rafael Carmona Muñoz (PCA), Matías Camacho Llóriz (PSOE), Ángeles Aparici Castillo (PSOE), José Santiago Murillo (PSOE), Diego Romero Marín (UCD, presidente de la Diputación), Práxedes Cañete Cruz (UCD), Abdón Ángel López Provencio (UCD), José Luis Fernández de Castillejo y Algaba (UCD), José Manuel Martín Soto (PSA), Cristina Bendala García (PSA), Jorge Heredia Ramos (PSA) y Pedro Castro Santos (PSA). También fueron concejales de esta Corporación, aunque dimitieron por distintos motivos a lo largo de estos cuatro años, José Aumente Baena (PSA), Teresa de Blas (UCD), Rafael Sarazá (independiente por el PCA), Miguel Galadí (PCA) y Félix Moles (PCA).

A las 21.40 horas de aquel domingo 8 de mayo de 1983 –el mes en que los sindicatos celebran el Primero de Mayo divididos, una profanación gamberra retuerce los faroles del Cristo de la Plaza de Capuchinos, la huelga de la banca levanta fricciones, el alcalde, sin hacer concesiones electorales, se muestra displicente con los funcionarios y en que la cruz del Huerto Hundido gana el popular concurso de mayo– Julio Anguita descorcha la primera botella del champán de la victoria. Sin embargo, como una especie de fiera acorralada, anonadado por las circunstancias, el recién elegido alcalde por mayoría aplastante –17 de los 27 concejales de la Corporación– se recluye en una habitación de la sede de su partido, en la calle Ambrosio de Morales, donde se ha improvisado una emisora rudimentaria junto a una vieja mesa y una estantería desvencijada. Allí atiende, como puede y como le dejan, a los periodistas. Ahora, con el triunfo festivo en la calle, pero con la posibilidad de ensimismarse en su soledad, recuerda unos versos de Odiseas Elitis, su filosofía, y el comienzo de aquel año de 1981, cuando la famosa polémica de las llaves de Santa Clara y su primera crisis de gobierno: “Yo tengo que decir que cuando me encontré tan solo en aquel enero de 1981, cuando tantas veces hemos estado criticados, incomprendidos...”

Los resultados que arrojan las votaciones de este día dan lugar a una Corporación municipal con 17 concejales comunistas, seis de Alianza Popular y cuatro del PSOE. El PSA queda excluido del nuevo Ayuntamiento. Esta misma noche el nuevo gobernador civil –Gregorio López Martínez– envía un telegrama, antes de las 23 horas, a Julio Anguita y, más tarde, en la Plaza de las Tendillas, debajo de la sede del PSA, se congrega una multitud para rendir un homenaje a los máximos perdedores: los andalucistas.

Huída a la Corte de M. Bjorkman. Cercana ya la Feria de Mayo –donde actúan Luis Eduardo Aute, Elsa Baeza y Juan Pardo–, que se celebra en los Jardines de la Victoria, la nueva Corporación municipal toma posesión y surge una polémica a nivel ciudadano al no asistir a este solemne acto el gobernador civil de Córdoba, Gregorio López Martínez. Acto al que también falta el candidato socialista a la Alcaldía, Joaquín Martínez Bjorkman, que ha renunciado a su condición de concejal para volverse a Madrid a ejercer de senador. (Conforme fueron avanzando el tiempo y los acontecimientos políticos, abandonarían sus respectivos puestos como concejales del Ayuntamiento de Córdoba los dos siguientes de la lista socialista: José Miguel Salinas, que se iría al Gobierno de la Comunidad autónoma, y Carmen del Campo Casasús, mujer que, de siempre, se sintió más atraída por sus tareas de diputada en Cortes que por cualquier otro cargo de la ciudad en la que, también durante un tiempo, ejercería como delegada de Gobernación de la Junta de Andalucía.)

Así, la nueva Corporación surgida tras las elecciones del 8 de mayo es la siguiente: Julio Anguita González, Herminio Trigo Aguilar, José Luis Villegas Zea, Cristina Bendala García (independiente), Manuela Corredera Gallego, Ildefonso Jiménez Delgado, Rafael Carmona Muñoz, Lucas León Simón, Juan José Giner Martínez, María José Moruno (independiente), Antonio Santacruz Fernández, Emilio Lucena Santos, Leonardo Rodríguez García (independiente), Marcelino Ferrero Márquez, Fausto Contreras Hervás, Cándido Jiménez y Teresa Álvarez (independiente), todos ellos por la lista del PCA; Rafael Molina Requena, Enrique García Montoya, Antonio de la Cruz Gil, Pilar Sarazá Cruz, Pedro Moreno Campos y Francisco Mansilla Cuevas (PDP), por Alianza Popular, y José Miguel Salinas Moya, Carmen del Campo Casasús, Cristóbal Mesa Rodríguez y Miguel Zamora Lozano, por el PSOE. Esta Corporación variaría de composición por parte de los tres partidos a lo largo de su mandato. El cambio más sonado, evidentemente, el del alcalde Julio Anguita, –que en mayo de este año de 1983 interviene en el programa de televisión de Mercedes Milá, ‘Buenas noches’– quien delega en su segundo, Herminio Trigo, el 25 de febrero de 1986.

De aquí a final de año la nueva Corporación municipal, cuya responsabilidad de gobierno recae en la mayoría absoluta del PCA –aunque reparte algunas delegaciones de poca monta, una de ellas, la de Salud, que la ostenta el PSOE–, emprende sus trabajos de gobierno y oposición, apartado éste en el que destaca, por su constancia machacona, el portavoz de AP, Rafael Molina Requena. Un experimento que dura escaso tiempo pues, en septiembre, dimite y se va del Ayuntamiento.

Por junio se anuncia el presupuesto de las obras del proyectado aparcamiento subterráneo de la Avenida del Gran Capitán que, a la postre, sería el inicio del cambio de fisonomía del centro de la ciudad y José Miguel Salinas toma posesión de la Presidencia de la Diputación –cargo que le dura casi el tiempo de un embarazo, ya que en marzo del año siguiente le deja el puesto a Julián Díaz– al tiempo que anuncia su intención de sacar a esta institución a la calle. (José Miguel Salinas, que en octubre de 1982 obtiene un escaño en el Congreso de los Diputados, se lanza a la vida pública cordobesa, desde la Secretaría general de su partido, y en el 1983 llega a la Presidencia de la Diputación. En 1984 accede a la Consejería de Gobernación de la Junta de Andalucía y en 1985 es elegido vicesecretario general del PSOE andaluz y presidente del PSOE cordobés. Ya como vicepresidente del Gobierno andaluz y consejero de Economía, Salinas es “rescatado” para luchar por la conquista de la Alcaldía de Córdoba en las elecciones de 1987, que pierde. A partir de este momento la fulgurante estrella del joven socialista comienza a dejar de alumbrar poco a poco, dimite como portavoz de su grupo en el Ayuntamiento de Córdoba y comienza una etapa en su vida alejada un tanto de la política y en la que adquiere auge la dedicación a negocios privados. En 1989 sería elegido presidente del Consejo Social de la Universidad de Córdoba). Por este tiempo aparecen las primeras peleas entre Ayuntamiento y Diputación a causa de los malos entendimientos en el recién estrenado Patronato de Turismo.

Las primeras acciones de la nueva Corporación municipal no resultan muy populares, pues aparte de incrementar el precio del agua se suben los impuestos municipales. Actitud ésta que conlleva una ola de protestas y los correspondientes recursos de la Coordinadora de Asociaciones de Vecinos. La impopularidad llega a la propia Casa Consistorial al ser protestada fuertemente la aplicación del Decreto 211 a los funcionarios, que descargan sus iras en el concejal–delegado de personal, Lucas León. A finales de 1983, el Ayuntamiento toma dos acuerdos: cambiar el escudo de la ciudad y declarar a Córdoba zona desnuclearizada.

El Rey y el alcalde en la Mezquita. Termina la primera época de Julio Anguita como alcalde de Córdoba –que se había iniciado en 1979– y empieza su última y definitiva, la que dará paso a la era Herminio Trigo, aquel inseparable compañero de Magisterio que, debido a la amistad, ascendió a la Alcaldía de Córdoba en 1986. Este mayo de 1983 los comunistas, todavía eufóricos porque el desgaste político aún no ha tenido tiempo de hacer estragos, se beben el último champán a gusto. Y no sólo lo beben, sino que, incluso, lo derrochan porque una victoria tan aplastante en las elecciones municipales no había memoria que lo recordase. Sobre todo los más jóvenes, educados en una España de dictadura que se alargaba hasta 1936.

En el Teatro Góngora, en este mes de mayo, se celebra el X Concurso Nacional de Arte Flamenco cuya clausura tiene como escenario el Teatro Municipal al Aire Libre (o de La Axerquía) y en la capilla de Villaviciosa de la Mezquita, el día 13, se inviste doctor “honoris causa” por la Universidad cordobesa al arabista Emilio García Gómez, ilustre personalidad de las letras (traductor, entre otros títulos, de El collar de la paloma de Ibn Hazm) que muchos mayos después, en 1989 –precisamente cuando en la ciudad se celebraba otra edición del Concurso Nacional de Arte Flamenco, la XII, pero esta vez en un Gran Teatro remozado– recibiría de manos del alcalde de Córdoba, Herminio Trigo, el título de Hijo Adoptivo de la Ciudad.

Es precisamente ese día, el 13 de mayo de 1983, bajo los arcos de la Mezquita, cuando el deán de la catedral, Alonso García Molano, anuncia la apertura de los actos conmemorativos del XII Centenario (o 1.200 aniversario) de la construcción de la mezquita de Abderramán I –1 de julio del 785–, que tendrán lugar durante los años de 1985 y 1986. (Lo que no sabe en estos momentos el canónigo encargado de dar a conocer tan brillante efemérides es que la conmemoración, pretenciosa en un principio, dará pie, hasta su clausura oficial –el 18 de enero de 1987, en la Diputación Provincial, con la presencia del presidente de la Junta de Andalucía, José Rodríguez de la Borbolla, y del escritor Antonio Gala, que inauguraban ese día el congreso ‘Al-Ándalus: tradición, creatividad y convivencia’, que se alargaría hasta el 24 de este mismo mes– a una serie de malentendidos, incomprensiones, posturas encontradas y actitudes de escasa tolerancia entre organizadores eclesiásticos y autoridades civiles cuyo punto álgido y delicado tuvo lugar el día en que el Rey se negó a venir a la ciudad a inaugurar el evento –el 4 de febrero de 1985– debido “al ambiente enrarecido de la ciudad”, aunque dejaba una puerta abierta “si ésta tiene lugar en condiciones distintas a las que últimamente se han producido”. Anguita había aprovechado con anterioridad que el Rey venía a inaugurar el XII Centenario de la Mezquita para invitarlo a hacer lo mismo con la nueva Casa Consistorial, invitación que declina la Casa Real. A continuación, Anguita anuncia que no estaría en los actos del XII Centenario e insinúa su no asistencia el día de la inauguración, el mismo en que el Rey vendría a la ciudad. “Esta Alcaldía –dirá Anguita– sabrá estar a la altura de la dignidad de la ciudad, pase lo que pase con quien sea”. “Somos representantes de los intereses políticos de la ciudad; los cordobeses no nos legaron con su voto sus creencias religiosas”.

Pero las aguas vuelven a su cauce. El 27 de mayo de 1985 el Rey visita el campamento militar de Cerro Muriano y tanto él como Anguita se saludan cortésmente. Justamente un año después, el 28 de mayo de 1986 don Juan Carlos presidiría en la Mezquita el acto más solemne del XII Centenario. Pero ya se daban “las condiciones distintas”: el alcalde, aunque también comunista, se llamaba ahora Herminio Trigo. El edificio del nuevo Ayuntamiento, por cierto, sería inaugurado el 28 de febrero de 1985, Día de Andalucía, sin la presencia del Rey, pero sí con la del obispo, monseñor Infantes Florido, al que el alcalde, en aquella polémica de primeros de enero de 1981, le dio trato de “ciudadano Infantes Florido”.

Contaminación de Valdeolleros.
El año 1983 comienza con la noticia de la reedición, por parte de la Fundación Paco Natera, de dos mil ejemplares de la Historia general de Andalucía de Guichot, mientras que la cementera Asland anuncia que dejará de contaminar a Valdeolleros al instalar filtros en su factoría. Por otra parte, la Caja Provincial de Ahorros se opone a que el archivo del Palacio de Viana salga de Córdoba y en el Círculo de la Amistad se coloca una placa –descubierta por el presidente de la Junta, Rafael Escuredo– en recordatorio del 50 aniversario de la Asamblea Regional Andaluza.

En febrero se desencadena una batalla política en el Centro de Observación de Menores que lleva al cese de la subdirectora y a la no renovación del contrato de varios educadores. Por otra parte, la plantilla del Córdoba C.F. acosa a José María Romeo y los socios no le aceptan su gestión como presidente, el aliancista Hernández Mancha ataca al socialismo en el madrileño Club Siglo XXI y, según un informe del Banco Exterior de España, entregado por Fernández Ordóñez a Escuredo, Córdoba está situada en el eje económico de Andalucía. UCD se queda sin un duro y Luis Marín Sicilia se encarga del luctuoso trabajo de saldar las últimas cuentas de este partido en Córdoba, que ha anunciado su muerte definitiva. La Junta apuesta por la reconversión de Iccosa y la expropiación de Rumasa señala a Córdoba en Galerías Preciados, el Hotel Los Gallos, así como en distintas bodegas, bancos y latifundios. En marzo, el Ayuntamiento organiza la I Muestra de Grupos de Teatro Cordobés, se presenta Superafoco, la primera muestra de cine super-8, y se inician los III Coloquios de Historia de Andalucía al tiempo que la Universidad anuncia que albergará un Centro de Estudios Islámicos. También se anuncia la reactivación del proceso de remodelación de los albergues provisionales de Las Moreras y Las Palmeras. En abril, el mes en que la Diputación homenajea al poeta Juan Bernier y al Grupo Cántico, en el estadio de El Arcángel se produce lo más notable de toda la temporada: el gol que cuela el portero del Mallorca al del Córdoba directamente, al sacar, sin que el balón lo toque jugador alguno.

Mayo se inaugura con la representación de la obra teatral de Antonio Gala El cementerio de los pájaros mientras que en la Universidad los estudiantes analizan la LRU y el equipo rectoral de José Peña da a conocer que no se presentará a la reelección en su día. El comercio sigue con su lucha y unas 4.000 personas, en manifestación, reclaman un horario único ya que consideran desleal la competencia de los grandes almacenes. Por cierto que, cerca de Galerías Preciados muere una mujer a causa del desprendimiento de un muro.

Rafael Gómez en escena. En junio, cuando un mortecino Córdoba C.F. desciende de categoría y aparece en escena el joyero Rafael Gómez, que intenta, aunque se echa atrás, hacerse cargo del equipo (en las temporadas de 1993 a 1998 y de 2001 a 2002, este joyero, apodado en la ciudad “Sandokán” y ya, también, famoso empresario de la construcción, asciende a la presidencia del club blanquiverde, pero no consigue las glorias futbolísticas que pretendía), en el castillo de la Albaida se reúnen los “fantasmas” de la extinta UCD para dejar de ser almas en pena y convertirse en reformistas de los de Luis Marín Sicilia. Es también el triste mes –aunque todo el año 1983 es una escalada continua de la delincuencia– en que se multiplican los asaltos a las gasolineras, apuñalan a un joven en Las Palmeras y tiene lugar el famoso crimen de un guarda de Urende, donde participan tres personas encapuchadas y en el que se ve implicado un taxista. Por su parte, el Pleno del Ayuntamiento reclama para el poeta cordobés Pablo García Baena el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

En julio, el director general de Tráfico, Martín Palacín, inaugura en Villafranca la zona de descanso para automovilistas marroquíes y los vecinos de Valdeolleros y del Barrio del Naranjo toman el Cerro de la Mesa, que reivindican como zona escolar. También se presentan las figuras que intervendrán en el III Encuentro Flamenco de Paco Peña, embrión del futuro Festival Internacional de la Guitarra, el Ayuntamiento pide para Alberti el Premio Miguel de Cervantes y Priego de Córdoba estrena Universidad de verano con unos cursos sobre el Barroco. En este mismo mes, como una premonición de lo que ocurriría muchos años después con el subsidio del Plan de Empleo Rural, se abre una investigación en la provincia sobre el funcionamiento de las cartillas agrícolas. En agosto se anuncia la primera tienda de sexo en Córdoba, Víctor Manuel se entrevista con el alcalde Anguita y salta a la palestra el posible cierre del aeropuerto de Córdoba.

En septiembre es el comisario responsable de la ampliación de las Comunidades Europeas, Lorenzo Natali, el que visita la ciudad, y afirma que la entrada de España en la Comunidad Europea no supondrá el arranque del olivar, se desata la llamada “guerra de los catecismos”, en la que interviene el obispo y Antonio Gala se suma a la marcha jornalera por la reforma agraria aprovechando su estancia en Palma del Río, a donde ha ido a inaugurar un instituto con su nombre. El delegado provincial de la Federación Andaluza de Fútbol, José Santiago Murillo, es cesado en su cargo por haber llamado “chorizo” a Ginés López Cirera, presidente a nivel andaluz. Es entonces cuando se produce lo que se llamó la revolución del fútbol modesto en apoyo del cesado Santiago Murillo.

Campanero por Romeo. En este mes de octubre se inaugura el curso académico con la presencia del consejero de Educación, el cordobés Manuel Gracia, y el rector, José Peña, anuncia la convocatoria de un claustro constituyente. Este aviso hace que profesores y catedráticos numerarios de la Universidad pidan una representación del 60% en dicho Claustro y se desencadena una polémica entre los firmantes y los integrantes de la Asociación para la Reforma Universitaria (APRU), que declaran que tras este manifiesto se esconde un boicot a la LRU. Las peleas entre los profesores no cesan y en noviembre la Asociación de Catedráticos de la Universidad de Córdoba, en un manifiesto, afirma que la composición del Claustro es ilegal.

El mes se cierra con la noticia de la suspensión de pagos de la factoría Westinghouse y la consiguiente sorpresa de sus 1.229 trabajadores. El embajador de la URSS en España, Yuri Dubinin, visita Córdoba en octubre y en noviembre, mes en el que inaugura la Semana de Uzbeiquistán, al tiempo que se celebran las II Jornadas de Jazz. Se produce relevo en la presidencia del Córdoba, tomando Campanero las riendas que deja Romeo, mes en que las aguas hacen presencia de forma tumultuosa, que arrecian lo mismo que las protestas de los barrios de Las Palmeras y del Campo de la Verdad, no sólo por las condiciones suburbiales en que viven sino también por el incremento de la escalada de la violencia. En diciembre aparece en el BOE la subasta del diario Córdoba hasta este momento perteneciente a la cadena de Medios de Comunicación Social del Estado, Córdoba se proclama campeona de España de Judo Infantil mientras que el cordobés Álvaro Pablo Campos recibe el Premio Nacional de Violonchelo.
   
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