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1983 |
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Juan Espejo |
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El susto olivarero |
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Veníamos de la colza y el derrumbe de UTECO, cuando Europa daba a entender que la entrada de España a la civilización democrática a través de la Comunidad Económica Europea dependía de algunos ajustes en los excedentes agrícolas. Y para desesperación de Jaén, se colocaba al olivar como motivo de ese parón en las negociaciones con Europa; pasaron semanas y meses de atragante hasta que llega septiembre y se supera el gran susto. Sería entonces cuando un italiano, Lorenzo Natali, a la sazón presidente de la Comisión de Agricultura europea y principal negociador comunitario, calmaba los ánimos de los agricultores y de los políticos jiennenses al anunciar en Baeza que no era necesario arrancar olivos para entrar en la CEE. Paradojas de la vida, luego Italia se inventaría los olivos de cartón para llevarse el aceite de Jaén en barco y venderlo como si fuera suyo.
Con el visto bueno de Italia a nuestro aceite de oliva quedaba aparcado uno de los más serios obstáculos en las negociaciones, a decir de los entendidos en diplomacia y política económica comunitaria, para sorpresa jaenera, que siempre vivió del olivar y que aunque lejos de las 600.000 toneladas de aceite de oliva de 2002, en 1983 ya producía 100.000 toneladas de aceptable calidad pese a los procesos tan rudimentarios de molturación que aún existían. Apenas si se recuerda, pero Fernando Morán, durante años epicentro del gracejo popular, era entonces diputado socialista por Jaén, en la misma legislatura que Cándido Méndez hijo, luego líder ugetista regional y nacional. Y además de congresista y ministro de Asuntos Exteriores, Morán fue el encargado de llevar a buen puerto las negociaciones de entrada en Europa. Por aquello de no enturbiar nada el proceso y también porque como diputado cunero casi nunca tuvo nada que ver con sus electores con la excusa de su responsabilidad institucional, el ministro no abriría la boca para decir que los olivos de Jaén no se tocaban; por eso mismo que la máquina chirrió mucho más hasta que llegó Natali y zanjó la cuestión.
Eran otros tiempos aquellos, veinte años no serán nada, pero una barra de pan costaba 25 pesetas, un litro de leche, diez duros; siete el periódico y cinco duros el chato de vino. En Jaén, el coche que más se vendía era el Seat 127 y en la capital nacían el doble de niños que ahora (2.935 nacimientos en 1983 frente a los 1.406 registrados en 2001) y se morían la mitad de los jiennenses que hoy (964 entonces frente a los 1.721 del último año). ¿Y el aceite? En la tienda se podía comprar a 190 pesetas el litro, pero en las almazaras era más barato; el aceite de oliva de toda España lo garantizaba entonces el FORPA a los agricultores a 158 pesetas el kilo, un precio estatal que desapareció hace sólo cuatro años, cuando otro eurocomisario, esta vez el austríaco Franz Fischler, sí que le dio un palo a los olivareros de Jaén y de fuera al hacer desaparecer de un plumazo el precio de intervención del aceite de oliva. Aquello, pese a todo, está siendo llevadero, la puntilla vendrá cuando se eliminen las subvenciones europeas a la producción de aceite, que tanto bien han hecho para Jaén y sus minifundios y, cómo no, para los terratenientes que nunca pisaron el olivar y sus cuentas corrientes se agrandan año tras año vía Bruselas.
La primera Expoliva. Conocida ahora mundialmente, con un pabellón ferial construido por el Consorcio para el Desarrollo de la Provincia, que para sí quisieran otras capitales, la Feria Internacional del Aceite de Oliva e Industrias Afines que disfrutamos cada dos años tuvo sus inicios en 1983. Partió la idea de la Cámara de Comercio e Industria y tuvo a su principal mentor en su presidente, Hermenegildo Terrados, un asturiano afincado en Jaén que daría mucho que hablar en las dos últimas décadas del siglo.
Sorprendentemente, la cuna del olivar no tenía un escaparate, pero lo que era más grave, tampoco sabía lo que era vender directamente el aceite y que las plusvalías se quedaran entre los propios olivicultores y sus almazaras. Ni lo sabía entonces ni parece haberse despertado mucho ahora, porque sólo envasa entre el 5 y el 6 por ciento de la producción jiennense anual, que ya conocen, es casi la mitad de la española. Muchos fueron hasta entonces los intentos de crear una Feria del Olivar, incluso en 1953 se llegó a cursar al Ministerio de Comercio una solicitud para hacer algo parecido, pero sólo hasta el 2 de mayo de 1983 sería una realidad, que inauguraba el ministro de Agricultura Carlos Romero. El flamante nuevo equipo ministerial de Felipe González se encontró con el pastel de Uteco, la Cooperativa Provincial Agrícola y la Caja Rural Provincial nada más hacerse con las manijas del Gobierno de la nación. Un pastel envenenado al que hubo de insuflarle vía Consejo de Ministros 27.000 millones de pesetas en marzo de ese año para poner a flote todo el imperio agrícola diseñado por Domingo Solís Ruiz y que cual castillo de naipes había caído para sorpresa de una provincia que tenía en los altares a esta familia criada en Cabra (Córdoba) pero afincada aquí. Carlos Romero llegó a Expoliva entre algodones, con el sector contrariado por las acusaciones contra Solís y compañía y la propaganda oficial adornaría la visita con los miles de millones que eran necesarios para sacar adelante a los pueblos y a las cooperativas que se habían quedado colgadas con Uteco. El trabajo incesante y la labor de recomposición política y económica del juguete roto realizada desde dentro para apuntalar la estructura estuvo en manos de personas como el economista y entonces diputado socialista Fernando Calahorro, los presidentes interinos del imperio, Francisco Castaño (Caja Rural); Miguel Bueno (Uteco) y Gaspar Mata (CPA) o, a otros niveles, Julio Rodríguez (consejero de Economía andaluz) y Miguel Boyer (todopoderoso ministro de Economía del primer Gobierno socialista, que la legislatura anterior había sido diputado por Jaén). De todo aquello, la Caja Rural es hoy lo único vivo y con buena vida.
Aquella Expoliva del 83 se cerró con éxito. Por primera vez se hacían operaciones de compra y venta al calor de un escaparate público se celebró la primera edición en el recinto del Felipe Arche, reconvertido ahora en parque de cemento y a Jaén le gustó como nunca la idea de hacerse reconocer por algo tan inscrustrado en su cultura como el aceite de oliva. No le agradó mucho, es más, no supo digerir durante años, el trago de UTECO, las entradas y salidas de la cárcel de Domingo Solís, su hijo Felipe y el que fuera director general del desaguisado, Ricardo Cruz Tuñón. La supuesta financiación ilegal de UCD a través de Jaén, no certificada judicialmente, y las investigaciones de la comisión del Parlamentario andaluz, que avalaban la conexión jiennense con el golpe de Estado de Tejero a través de la propia caja intervenida, acabaron por oscurecer un sector que navegó contracorriente toda la década de los ochenta, asombrado y avergonzado a la vez, endeudado también porque la colza había arruinado los precios y bajado las ventas y porque era necesaria una inversión mayúscula para reconvertir tecnológicamente las almazaras. Entre nubarrones pues hasta que el ingreso en la Comunidad Económica Europea avaló una nueva política agraria y empezaron a llegar las subvenciones agrícolas al olivar en forma de millones de pesetas a espuertas. Mientras tanto, los campos de olivares se pueblan cada invierno de manos expertas curtidas a sol y escarcha dispuestas a recoger el fruto del olivo, un árbol que trajeron a Jaén los fenicios y cuyos jornaleros fueron retratados como nadie por Miguel Hérnandez en su Viento del pueblo:
Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, decidme en el alma: ¿quién, quién levantó los olivos (...)
¿Cuántos siglos de aceituna, los pies y las manos presos, sol a sol, luna a luna, pesan sobre vuestros huesos Jaén, levántate brava sobre tus piedras lunares, no vayas a ser esclava con todos tus olivares. (...)
Jarcha inmortalizaría durante esos años de esperanza democrática y construcción autonómica estos versos con aroma de himno para una tierra arrinconada, donde la apatía y la falta de combatividad, la resignación y el victimismo tenían su origen y su fundamento en ese olvido secular de siglos y siglos.
Título para Cazorla. Sonaba Jaén por todas partes y queda dicho que no para bien mayormente en este año 83 de marras, así que vino que ni anillo al dedo para atemperar tanta borrasca la declaración de Cazorla y Segura como reserva de la Biosfera. Tuvo que llegar de fuera el aplauso, pero quedará para los anales de la historia porque fue el primer paso hacia la universalización de unas sierras que hasta entonces disfrutaban casi en exclusiva unos pocos. Ministros, jefes del movimiento, altos funcionarios y empresarios y gentes de la farándula afectos al régimen franquista conocían al dedillo el coto nacional de Cazorla, incluso el propio Franco descerrajaba cuatro tiros a las cabras monteses, ciervos o muflones que le salían al paso con la magnífica colaboración de los guardas forestales de entonces. Allí habitaban desde siempre, entre valles y montañas, animales y plantas y el despertar de la nueva España democrática turística hacía presagiar la masificación de lugares y parajes tan bellos, con el consiguiente deterioro del espacio natural.
Corría el mes de abril de 1983 cuando el Consejo Internacional del Comité Hombre y Biosfera, dependiente de la UNESCO, acordaba la declaración de las sierras de Cazorla y Segura como reserva de la Biosfera, por su alto valor ecológico y la importancia que tenían para el entorno natural del sur de la península. La comisión general de Medio Ambiente del Gobierno andaluz había cursado la petición, entonces atendida por la UNESCO, al contrario que la de Úbeda y Baeza como patrimonio de la Humanidad, que lleva hasta la fecha dos intentos fallidos de declaración. Que en 1983 el mundo se fijara en Jaén para recordarle que tenía un tesoro y que era menester conservarlo fue un aldabonazo y un paso sin precedentes para que además de los enchufados, los furtivos y los lugareños disfrutaran todos los mortales de un espacio hasta entonces ensalzado de una forma singular a través de la serie televisiva El hombre y la tierra, de Félix Rodríguez de la Fuente. Nadie hizo desde entonces una campaña publicitaria más efectiva y efectista de nuestra tierra; las imágenes de aquellos parajes y soberbios animales retratados como nadie con el singular habla del naturalista, aún permanecen en nuestra memoria, con la viola cazorlensis, el endemismo más conocido de la sierra, como estandarte de una tierra singularmente embaucadora y sorprendente como pocas.
Cerrojazo de la UCD. Resulta que habían estado vegetando desde la debacle electoral de octubre de 1982. Fue un calvario para los que aún en las duras creían firmemente en el centro político, gentes como Fernando Jurado, Fernando Arenas del Buey o Félix Martínez Cantos. Sería precisamente Félix, entonces secretario de organización y administración centrista y ahora militante de base socialista, quien tras seis meses levitando políticamente dio el cerrojazo a la sede que UCD tenía en Jaén, un chalé de la calle Carmelo Torres, otrora epicentro de repartos y dádivas políticas de alta alcurnia. Fue un día antes del comienzo de la campaña electoral para las elecciones municipales, el 15 de abril, cuando se devolvieron las llaves a su dueño, tras dos meses de impago del alquiler y después de la venta pausada y sistemática de los muebles de la casa para atender facturas perentorias de cartelería e intendencia de anteriores campañas electorales. Félix Martínez certificaba la defunción en Jaén de unas siglas que antes habían sustentado más de 5.000 militantes y personajes como el ingeniero José Antonio De Simón, Luis Miguel Payá o Ángel Cachón, un funcionario de toda la vida que recibiría el encargo de la propia dirección nacional del Movimiento de constituir en Jaén la Unión de Centro Democrático sólo cinco años antes. La UCD concurrió con candidaturas propias a las primeras elecciones democráticas de junio del 77, pero se constituiría como partido en Jaén meses después, por falta de tiempo para hacer el papeleo. Cuando lo hizo, siempre estuvo bajo el manto del poder, de hecho, Landelino Lavilla fue su presidente desde la segunda asamblea provincial en el 79 y lo sería en el momento del cerrojazo, cuando el propio Lavilla, presidente del Congreso y diputado por Jaén, era el gran timonel de la UCD en las elecciones generales que se presumían victoria por goleada para Felipe González y nadie, salvo Landelino, quiso ponerse enfrente. UCD desaparecería y Landelino Lavilla dejó de venir a los tajos a saludar a los jornaleros de la aceituna, inmaculado traje azul.
Jaén siempre tuvo cuneros, políticos de alto glamour en su partido, pero sin acomodo en las listas, que aterrizaban en el granero de votos que siempre fue esta tierra para unos y para otros. La Unión de Centro Democrático desapareció pero a Jaén la representarían en el Parlamento andaluz hasta nuevas elecciones José Luis Puche y Fernando Arenas del Buey, que junto a otros compañeros andaluces crearon el Grupo Centrista. Con el cierre de UCD se ponía fin también aquí a un partido nacido de la necesidad de ahormar el ejercicio del poder franquista a la higiene democrática, aunque para ello el ciudadano tuviera que taparse la nariz con algunos cambios de chaqueta. El naufragio centrista jiennense apenas tendría acomodo político postrero Jurado es hoy un empresario alejado de toda mesa de poder; Arenas del Buey un abogado de prestigio y el natural traspaso hacia AP que se dio en el resto de España apenas si se contabilizó en Jaén el concejal Miguel Ángel García Anguita podría ser la excepción.
El vuelco socialista. Estaba cantado, pero tenían que cerciorarlo los votos libres y democráticos de 460.695 electores jiennenses convocados a las urnas el domingo 8 de mayo de 1983. Así sucedió: De los 342.573 que ejercieron su derecho al voto (el 74 % del electorado), el PSOE consiguió 185.831 escrutinios (660 concejales); AP-PDP-UL, 102.999 votos (349 concejales), el Partido Comunista de Andalucía, 34.365 (89); el PSA, 3.040 votos (1 concejal); CDS, 2.173 votos (2 concejales); y los Independientes, 5.762 votos (35 concejales). El triunfo socialista fue incontestable, con victoria por mayoría absoluta en 71 de las 96 ayuntamientos. Es más, por primera y última vez, el PSOE, con Emilio Arroyo a la cabeza, conseguiría el apoyo necesario para gobernar en solitario en Jaén capital; 14 concejales frente a los 10 de Alianza Popular que comandaba Felipe Oya y 1 del PCA (Manuel Molinos). Jaén ya está relatado, pero en Andújar, el socialista Pedro Calero ganó con 12 de los 21 concejales mientras que en Úbeda, Arsenio Moreno cazaba 14 de los 21. En Linares (Alfredo Catalán), Alcalá la Real (José Marañón) y Martos (Antonio Villargordo) repetiría el alcalde, también con sonoro triunfo para las listas del puño y la rosa. Miguel Anguita, cabeza de lista independiente en las listas del PCA, arrasaba en Torredonjimeno, y hoy por hoy es, junto a Roque Lara (Villanueva de la Reina), el único alcalde que se mantiene desde 1979. Eran aquellas las primeras elecciones tras la marejada socialista del 82, ya sin la UCD y con España camino de la normalización democrática absoluta, tras los sustos y sobresaltos de los primeros años de la transición y todos los partidos tenían algo que ganar o perder en la cita municipalista. Así lo vieron entonces los líderes de aquella época, en una edición especial que realizaba el Diario Jaén la jornada del lunes 9 de mayo. Puedo considerarme un presidente satisfecho, apuntaba José Rodríguez, alcalde saliente de La Carolina y responsable de Alianza Popular en la provincia. Manuel Anguita, el líder de los comunistas jiennenses, decía: Siempre se desea más, pero estoy satisfecho. Era esperable que ocurriera, reconocía el alcalde electo Emilio Arroyo mientras que el jefe de la oposición, Felipe Oya, no ocultaba su alegría: Los resultados son muy positivos; yo era el único concejal de AP y ahora somos 10. En el barco de la tristeza, José Visedo (CDS): No caemos en el desánimo, pero nuestra alegría está defraudada o Antero Jiménez (PSA) que fue mucho más claro a preguntas de los periodistas sobre su opinión de los resultados: Valoramos que otra vez será, dijo tras conocer que el PSA de Pilar Palazón desaparecía del Ayuntamiento capitalino.
El 8-M transcurrió con normalidad (hasta el mismísimo obispo, Miguel Peinado Peinado, acudió a votar) y salvo anécdotas propias de una jornada dominical como unos novios ejerciendo su derecho al voto en Bailén o el billete de 20 duros que apareció junto a un voto en Albanchez de Úbeda ahora de Mágina, el grano estuvo en Noalejo. Allí el alcalde saliente por UCD y nuevo candidato al Ayuntamiento por AP, Cesáreo Titos Arriaza, se paseó por las distintas mesas electorales exhibiendo una pistola y lo justificó en las radios nacionales que se hicieron amplio eco del asunto: Tengo licencia de armas y la llevo para defenderme. El comandante de puesto de la Guardia Civil se la requisó como medida precautoria, certificaría oficialmente una nota del Gobierno Civil, aunque según Alianza Popular, el arma la llevaría el propio alcalde hasta el cuartel. Pese a todo el lío, el pueblo no tuvo dudas de a quien colocar como alcalde democrático y le daría esa jornada un nuevo respaldo mayoritario en las urnas. Pero singularidades sangrantes aparte, la izquierda palpaba en Jaén su verdadera dimensión con la administración democrática de los recursos de la comunidad más cercana, el municipio, en un nuevo ejercicio de poder político en el que se pusieron las bases del cambio social, económico y cultural de los pueblos.
Don Ramón. Ramón Palacios lo celebró como si fuese la primera vez, pero no lo era. Después de cuatro años apartado de la primera línea política local y provincial, aunque ejerciendo como concejal carolinense y mentor de Gabino Puche en la secretaría general de Alianza Popular, el nuevo alcalde de La Carolina ya conocía de las mieles del poder. Aparecía por primera vez como candidato en unos carteles electorales democráticos, pero su historia venía de largo: concejal y primer teniente de alcalde (1951-1957), presidente de la corporación municipal (1969-1979), procurador en las Cortes (1976) y presidente de la Diputación (1967-1976), además de los máximos cargos anexos en el Movimiento Nacional. Como se ve, nunca se había apeado y aún hoy, pese a su edad -es un misterio si nació en septiembre de 1920 o de 1925 sigue en pie y amasando amigos poderosos a los que invita a su finca y su especial cortijo democrático, el Ayuntamiento de la capital de las nuevas poblaciones de Sierra Morena. Palacios consiguió 10 de los 17 concejales en aquellas elecciones del 8 de mayo de 1983. Encabezaba la candidatura de AP y ya se había desecho de un peso pesado en la derecha de la época, el alcalde saliente y presidente provincial del PP, José Rodríguez Fernández.
Rodríguez, hoy concejal independiente y muy lejos de AP, formación que abandonaría en 1985, fue el cabeza de lista en las primeras elecciones democráticas municipales y nunca le perdonaría Palacios que no respondiera al pacto entre compañeros de partido de dos años de Alcaldía para cada uno. El presidente Rodríguez siempre negó el acuerdo, aunque tuvo que hacer valer su poder orgánico para no salir trasquilado en aquella legislatura; de hecho en 1983, José Rodríguez se enfrentó a un intento de moción de censura de su número 2, Ramón Palacios, que en una comisión de Gobierno del Ayuntamiento y ante la ausencia del alcalde (parlamentario andaluz y senador a la vez) le brindó el Ayuntamiento al secretario general socialista de La Carolina, Pedro Valcárcel. Palacios gobernaría con holgura esa legislatura (famosa por su discurso más cercano a las tesis del 18 de julio que a la democracia en el 772 aniversario de la batalla de las Navas de Tolosa) y en la siguiente, el PSOE le arrebataría la Alcaldía merced a un pacto con el único concejal del CDS (Emiliano Vázquez) tras el empate a 8 concejales de socialistas y populares. Volvería por tercera vez al Ayuntamiento de alcalde en 1995, ya cuando era senador por la provincia de Jaén, cargo desde el que ha catapultado en esta definitiva etapa su relación con las más altas instancias políticas, sociales, económicas e institucionales del Estado. Nunca un político de Jaén estuvo tan cerca de un presidente del Gobierno y su familia como lo estuvieron don Ramón y doña Teo. No ha importado la época.
Carvajal y cierra Jaén. Con el inicio del año 1983, Cristóbal López Carvajal era elegido presidente de la Diputación Provincial de Jaén. La mañana del lunes 3 de enero, Leocadio Marín cedía el testigo del Ayuntamiento de ayuntamientos a su segundo, López Carvajal, ya investido también secretario general de los socialistas jiennenses. El baezano Leocadio Marín Rodríguez tomaba posesión como delegado del Gobierno en Andalucía un día después. Fue una transición dulce entre dos políticos adscritos al guerrismo, que se encargaron de desmantelar toda la rémora franquista de la Diputación, empezando por altos funcionarios que se negaban a aceptar que vivíamos una época muy distinta. Carvajal llevaba hasta la fecha las riendas de la sanidad pública adscrita a la Diputación y de la recién constituida Caja Provincial de Ahorros de Jaén, además de la vicepresidencia de la corporación provincial. Pero con su llegada al más alto despacho de la plaza de San Francisco no abandonaría ninguna de esas responsabilidades y gobernaría con mano de hierro sin apenas delegación, rodeado en los primeros compases de un equipo que sembró por igual iras, chascarrillos y adhesiones inquebrantables (Agustín Colodro, Manuel Urbano, Isidro Reverte, Francisco García Vico, Arturo Azorit, Felipe Morente o José María de la Torre, que sustituiría a Emilio Arroyo como alcalde de Jaén antes de que concluyera la legislatura).
La línea política y orgánica que el propio Carvajal trazó a inicios de 1983 se vería refrendada de forma mayúscula tras las elecciones municipales de mayo, cuando el PSOE consigue 20 diputados provinciales frente a los 7 de la coalición que entonces formaban Alianza Popular, Partido Democrático Popular y Unión Liberal. En esta legislatura se pondrían las bases a la remodelación del edificio de la Diputación y sus sótanos de pésimo recuerdo para una generación de jiennenses porque durante muchos años fueron los calabozos de la Comisaría del régimen franquista, se convertiría además Carvajal en el principal valedor del director general de la Caja, José Luis Ruiz de Marcos el iliturgitano Francisco Valverde Trigo rechazó el cargo y para acallar toda la locura que se cocía no sólo en Jaén sino en el resto de España a propósito de la reforma psiquiátrica que se inventó Enrique González Duro lo cesó fulminantemente como jefe de los servicios psiquiátricos de la Fundación Pública Miguel Servet. Esa mano de hierro orgánica e institucional, que no dejó de reportarle grandes dividendos y una presidencia fructífera y placentera porque las críticas nunca fueron públicas, la sostuvo Cristóbal López Carvajal, hoy senador adscrito a temas sanitarios, durante toda la década de los 80 y buena parte de los 90 en 1995 fue sustituido al frente de la Diputación Provincial por Felipe López.
El homenaje de la libertad. Corrían otros tiempos de libertad y esperanza desde hacía años, pero quedaban asignaturas pendientes, lagunas en la memoria que un día deberían despertar. Así sucedió con uno de los restos morales de la España poética del exilio. Hoy el poder no se manifiesta de manera agria y agresiva (...) Hace 17 años quisimos estar aquí pero no fue posible porque tacharon el acto de subversivo. (...) Ahora, aires de libertad han sustituido al sonido de silbatos y tambores anunciando el ataque (...) Así de rotundo se manifestaba ante unas 5.000 personas, el fiscal José Vicente Chamorro, miembro de la comisión organizadora de un homenaje a Antonio Machado en esa Baeza añorada por el poeta: Campo, campo, campo, entre los olivos, los cortijos blancos. ¡Campo de Baeza, soñaré contigo cuando no te vea!
Llega 1983 y el homenaje público y popular, libre y democrático a Machado suponía el aldabonazo definitivo a la transición cultural en esta tierra. Desde que el 20 de febrero de 1966, el Gobierno franquista prohibiera que gentes de la cultura de toda España rindieran tributo en Baeza a unos de sus escritores más representativo, habían pasado dicesisiete años, un mundo, especialmente porque los españoles arroparon mayoritariamente la Constitución española en 1978 y esa cuenta pendiente parecía estar en el olvido de una generación y de un pueblo que lució siempre con orgullo el nombre de Antonio Machado. Alfonso Sastre, Agustín García Calvo, Raimón, Alfonso Guerra, Aurora Gil de Albornoz, Vicente Molina Foix, Javier Solana o Terenci Moix se desplazaron aquella mañana fría de 1966 hasta Baeza y corrieron de la Policía Armada, que cargó contra los homenajeadores sin contemplaciones. Hubo un intento de la España postfranquista de tapar aquella herida en el año 1976, un día de junio, pero el homenaje al poeta acabó siendo un acto de exaltación política de los viejos camisas azules León Herrera Esteban a la cabeza sin la participación de los mentores libertarios de los sesenta. Así las cosas, aquel emocionado Paseo con Machado en una calurosa mañana del domingo 10 de abril de 1983 venía a cubrir el ingrato hueco dejado a la memoria jiennense. La comisión organizadora del homenaje entregó al pueblo de Baeza un busto en bronce del poeta obra del escultor Pablo Serrano, guardado en una caja hasta ese día. Al pueblo y no a ningún señor que muere, porque los hombres mueren, pero los pueblos, no. Las vidas siguen y las sombras pasan, por eso no hay presidencias ni liturgias. No es esto procesión ni desfile, es un paseo en el recuerdo de Machado, decía entonces Chamorro, claramente contrariado por la suspensión de 1966, que la Prensa de la época achacó a que las obras del paseo diseñado por el arquitecto Fernando Ramón no se terminaban por el mal tiempo. Allí estaba adherida media España a un homenaje frustrado casi cuatro lustros antes y hasta allí se desplazaron, entre otros Francisco Rabal y Rafael Alberti, durante muchos años icono del cambio político y cultural que se presumía, también para Jaén. Baeza guarda desde entonces en su memoria el acto del homenaje a su cantor principal y además del busto, el Paseo de las Murallas lleva desde entonces el nombre de Profesor Machado al igual que se rendiría tributo al Instituto de Bachillerato a través de la clase en la que impartió Francés durante 7 años (1912-1919), el poeta nacido en Sevilla, inmortalizado por su amor en Soria y muerto como exiliado en Francia. Baeza, con José Luis Puche como alcalde y el socialista Eusebio Ortega como uno de los mentores principales, cerraba así una vieja herida del alma de un pueblo, restañada sólo al final de la transición democrática jiennense, seis años después de las primeras elecciones libres.
La cultura reverdecía con las universidades populares Jaén, Linares, Andújar y Villacarrillo fueron a partir de 1983 los primeros experimentos en socializar la enseñanza y el aprendizaje unido a la formación y a la creación artística y el deporte en Jaén seguía siendo sinónimo de fervor popular y alimento de masas, es decir, de fútbol, después de que se apagaran las brasas del balonmano. El Linares se medía sin excesivos problemas con el Deportivo de La Coruña, el Alavés o el Castilla en Segunda División A mientras que el Real Jaén navegaba sin rumbo nada nuevo en el pozo de la Segunda B. Por si algo faltaba en aquel año despuntaba como negocio la comercialización de los pajarillos: hasta dos millones de aves denunciaron los ecologistas que eran abatidas cada campaña para consumo en hogares y tabernas de la provincia, además de para la exportación clandestina al resto de España. Quede dicho también que éste fue el año en que falleció Luis Buñuel, José Luis Garci ganó el Óscar con la película Volver a empezar; Carolina de Mónaco se casó de nuevo, esta vez con el italiano Stéfano Casiraghi o que se ordenó búsqueda y captura para José María Ruiz Mateos tras la intervención de Rumasa. Ángel Nieto seguía escalando méritos como el mejor motociclista español de todos los tiempos y era asesinado el líder filipino Benigno Aquino, opositor al dictador Ferdinand Marcos. En junio salvaba la vida de milagro tras un grave accidente de tráfico en Bailén el seleccionador de fútbol Miguel Muñoz y las caras de Bélmez vivían su eclosión una década después.
Además, Diario Jaén, periódico del Movimiento desde su nacimiento en abril de 1941, saldría a subasta en 1983 y meses después, Felipe Pedregosa cogería el testigo a Luis Martínez en la dirección del periódico, ya en manos completamente privadas. Una nueva hornada de periodistas se encargaría de lavarle la cara a un referente claro del añejo Santo Reino. Con la desaparición de la linotipia y la llegada del offset se daba otro salto más hacia la democratización de la información. Nacía un nuevo periodismo de la mano de los paracaidistas, como el alcalde socialista de entonces bautizó a los plumillas que asaltaron cual elefante en una cacharrería el viejo sistema de una sociedad tradicionalmente conservadora: Luis Cátedra, Ramón Triviño, Yaya Hernández, Manolo Bello, Antonia Peinado, Baldomero Villanueva, Basi Berlanga, Fernández Trevijano, Paco Quesada, Rafael Olmo, Alfredo Martínez, Antonio Avendaño, Ana Mercedes Cano, Carmen Jiménez, Julián Rojas, Francisco Romacho y quien escribe estas líneas. Pero ésa es otra historia, la de un sueño, construir Jaén desde un velero que navegara libre en un mar de olivos. |
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