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24 de septiembre de 2008 |
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Francisco Moncada |
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Manolo Escobar, voz de emigrante |
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Manolo Escobar, (El Ejido de Dalías, 1932), acudía regularmente con sus hermanos Salvador, Baldomero y Juan Gabriel en formidable compañía de sus guitarras a los programas cara al público de la inolvidable Radio Juventud. Los cuatro formaban un grupo de tres guitarras y una voz que actuaba generalmente en locales de la Costa Brava. Cuanto podían se desplazaban hasta Almería, su tierra, para actuar en las fiestas de los pueblos y, cuando estaban en la capital, acudían a la emisora de la Plaza de San Fernando donde les presentaban Sigfredo Ortega y Emilia Martín en el estudio grande, con un público siempre dispuesto al aplauso y a la participación en los concursos. Su estrella se apagó un poco durante la Transición que fue el momento de los cantautores y de los artistas denuncia. Pero siempre ha estado ahí, llevando el nombre de Almería por medio mundo.
En aquellos años, tanto Manolo como sus hermanos, conservaban cierto aspecto pueblerino no exento de viveza y simpatía que caía bien entre los oyentes. Supieron utilizar la radio para su lanzamiento, tanto en Almería como en otras provincias, y se adaptaron pronto al, para ellos, mundo nuevo del espectáculo con todo lo que lleva implícito de aventura diaria. Sólo el tesón y la imperiosa necesidad de salir adelante hicieron posible el éxito que en sueños vislumbraba aquel espabilado muchacho que encabezaba el grupo "Manolo Escobar y sus guitarra". Atrás quedaban los trabajos primeros como albañil, metalúrgico y ebanista, aunque mantendría constante ese espíritu de superación suficiente para estudiar por las noches el bachillerato elemental que le permitiría aprobar unas oposiciones de auxiliar de Correos. Madrecita María del Carmen estaba orgullosa de sus hijos, y la modesta fonda de El Ejido era ya un lejano recuerdo de aquella familia que tuvo que emigrar a Barcelona, como tantas otras familias almerienses, cuando el Campo de Dalías era un territorio estéril, años antes del milagro de los invernaderos.
Contratos mínimos en compañías de variedades, paso a paso hasta la grabación de los primeros discos: Debajo de los olivos (1958) y Yo soy un hombre del campo (1959). La consagración popular llegaría en 1960 con El porompompero, que se cantó hasta en Japón, y su primer espectáculo propio se iniciaría en el Teatro Duque de Rivas de Córdoba. Luego vendría la primera película, Los guerrilleros (1963), que contribuiría al aumento de su popularidad. Protagonizó y cantó en otras cintas muy taquilleras: El padre Manolo, Relaciones casi públicas, En qué país vivimos, Entre dos amores y Juicio de faldas. Pero antes fueron muchos los éxitos discográficos, aunque habitualmente no figuraran en el ránking que confeccionaban los comentaristas de música. Su repertorio alcanza más de quinientas canciones, muchas de ellas tan populares como Pasodoble te quiero, Mi carro, Almería, espejo del mar, Ni se compra ni se vende, La morena de mi copla y Que viva España, pasodoble escrito por unos holandeses del que se vendieron más de seis millones de discos, cifra no alcanzada hasta entonces por ningún cantante español.
El repertorio de Manolo Escobar entra dentro de lo que Vázquez Montalbán clasifica como canción nacional. Heredero de Angelillo, Juan Valderrama y Antonio Molina, Manolo ha representado durante muchos años a la canción española y andaluza en todos los escenarios del territorio nacional, y fuera -especialmente en Alemania- ha sido la voz de España para los emigrantes. Como índice de audiencia hay que señalar que sustituyó a legendarias figuras en las peticiones de los oyentes y en los discos dedicados de las emisoras de radio, y supo adaptarse a las distintas épocas, siempre con el número uno según la apreciación popular. Es curioso que su interpretación de El porompompero, de Rodríguez, Ochaíta y Solano, fuera la canción que más dinero recaudó durante los años sesenta, según datos de la Sociedad General de Autores de España (SGAE). Sin embargo, insisto, nunca apareció como tal en la lista de éxitos.
A pesar del tiempo, la popularidad de Manolo Escobar no ha llegado a eclipsarse nunca. Ahí sigue, con esporádicas intervenciones en televisión y actuaciones en vivo y donde sea menester. Le vemos con su característica sencillez, con su sonrisa y su estilo de cantante masculino, sin amaneramientos en el pregón de la copla, voz del pasodoble y voz del pueblo, viejo amigo de la radio y ejemplo siempre. De constancia en el trabajo. Y es que Manolo, con tacones o sin tacones, sigue siendo -como Marcial- el más grande. |
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