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21 de junio de 2011 |
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Antonina Rodrigo |
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Manuel Ángeles Ortiz. Memoria Incandescente |
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Evoco a Manuel Ángeles Ortiz en Jaén, en su Jaén, en junio de 1981. El pintor tenía ya 86 años. A esa edad provecta conservaba la aureola de superviviente de una generación deslumbrante, del que se sabe elegido por los dioses para transferir una sabiduría recibida de unas gentes irrepetibles, como su amigo de infancia Federico García Lorca. Este año le esperaban venturosas vivencias, capaces de alentar una vida y dar sentido a una dilatada ausencia y comprobar así la proverbial generosidad de las gentes de la tierra que lo vio nacer: Jaén. Sus paisanos decidieron rendirle homenaje en el verano de 1981, a quien desde niño creció, por circunstancias familiares en Granada. Sin embargo, la prodigiosa retentiva del pintor guardó siempre recuerdos precisos y fugaces vivencias de su primera infancia en Jaén. Retuvo la gozosa presencia de unas calles entrevistas y unas plazuelas soñadas. Jaén acogió a este hijo descastao con las puertas abiertas de la cordialidad de par en par. Le otorgó la Medalla de Oro de la ciudad; pero, sobre todo, le nombró Hijo Predilecto. Y él aceptó profundamente conmovido, gozoso y lleno de admiración ante la proverbial nobleza de sus paisanos. Para el octogenario pintor fueron días pletóricos. De haber estado junto a García Lorca, se hubieran repetido aquella frase que tanta gracia les hacía: No salgo de mi apogeo. Una noche, clara y tibia, alto el cielo de estrellas, Manuel Ángeles hizo una peregrinación, con sabor a rito, en la que su prodigiosa memoria descifró el laberinto de las calles de su infancia, al llegar a la calle del Portillo, el pintor señaló con su bastón los balcones de la casa donde había nacido al filo de la medianoche de un 13 de enero de 1895. A lo largo del itinerario, el pintor recordaba el lugar y el emplazamiento de antiguos vestigios: Aquí había una puerta; allí un lienzo de muralla, por allí corría una fuente. ¡Qué momentos irrepetibles para la emoción del hombre que evocaba sus visiones de niñez! Y para las gentes que lo acompañábamos: el alcalde Emilio Arroyo, Pilar Palazón, Miguel Viribay... Hubo otras vivencias memorables, la Peña Flamenca, de la revista Candil, en recuerdo de su colaboración en el Concurso de Cante Jondo de 1922, le dedicó una fiesta en el impresionante palacio del siglo XV, del Condestable Miguel Lucas de Iranzo. Aquella noche Mágica, Manuel Ángeles, con el duende desatao cantó por bajines, la toná que, con su ayuda, transcribiera Manuel de Falla:
Señor alcalde del crimen señores oidores que esta penita que yo tengo no me la redoblen.
En el año de 1981, el Ministerio de Cultura le concedía a Manuel Ángeles el Premio Nacional de Artes Plásticas, como ...máximo representante pictórico del 27 e integrante de la Escuela Española de París, cuya obra poscubista aparece impregnada de poética granadina. En este año de grandes emociones y reconocimientos a su persona y arte, la enfermedad empezó a cerrar su testamento vital. El pintor que se había doctorado en las mejores universidades; en El Rinconcillo, la tertulia vanguardista de la cultura y arte de la juventud granadina de los años veinte, con sede en el café Alameda. En la taberna culta y popular El Polinario, nombre artístico de don Antonio Barrios, que estaba asentada sobre unos baños árabes, en el corazón de la Alhambra. En el Concurso de Cante Jondo, con dos Manuel de Falla y Federico García Lorca... Trasplantado el artísta a París entra en relación con Picasso. Hace los decorados para el Retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla, y los de Genoveva de Brabante, de Eric Satié; practica el boxeo con Miró; regresa a la España de la República, y hace decorados para La Barraca, que dirige García Lorca en Madrid. Cuando llega la guerra se incorpora a la Alianza de Intelectuales Antifascistas, con Neruda, María Teresa León, Alberti, Ontañón, Bergamín... En febrero de 1939, forma parte del exilio español, y a su entrada en Francia es internado en el campo de concentración de Saint-Cyprien, de donde lo reclama Picasso. Al día siguiente, cuando un Manuel Ángeles depauperado baja del tren, en la estación de Austerlitz, lo esperaba el propio Picasso, que lo lleva a su casa. Lo inmediato es recuperar su estudio en la rue Vercingétorix. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, el pintor se va a Argentina, donde vivirá nueve años. De regreso a París hace cerámica en el taller de Picasso. Y lentamente, su personalidad deslumbrante de gracia e ingenio, su pintura joven como su espíritu, llegan a la crítica y las nuevas generaciones. Pintura interior, fantástica y misteriosas como sus series de albaicines y generalifes, pero siempre con aquella carga de poesía que reconoció Federico: Su pintura y mi poesía nacen del mismo manantial.
Manuel Ángeles moría en París el 4 de abril de 1984. En Granada, por expreso deseo del pintor, su sepultura la preside un olivo, ¿quiso unir con este símbolo el recuerdo de Jaén y el de Federico asesinado en tierra de olivos? |
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